—Ahora.
Los dos a la vez. Tomo la energia de la mujer gorda y del mexicano y la paso a traves de si y envio al hombre y la mujer a los Sapiil. La facilidad con que lo hizo le sorprendio. Nunca antes habia enviado a dos al mismo tiempo.
El hombre y la mujer se desplomaron y yacieron boca arriba, con la maravillosa sonrisa del Cruce en el rostro. Tom se arrodillo y palpo suavemente sus mejillas. Esa sonrisa era hermosa. Los habia enviado a los Sapiil, bajo aquellos gloriosos nueve soles, mientras el permanecia aqui, en el barro. Pero eso estaba bien, penso Tom. Tenia que cumplir primero su mision.
Bajo de nuevo la colina. Todo a su alrededor era gente que chillaba y gritaba y sacudia los brazos histericamente.
—Paz a todos vosotros —dijo Tom—. Hoy es el Tiempo del Cruce, y todo va a salir bien.
Pero la gente seguia corriendo, confundida y furiosa. Por un momento, Tom fue arrastrado por la confusion, zarandeado y empujado, y cuando logro salir ya no vio a la mujer gorda ni al mexicano. Bueno, ya los encontraria mas pronto o mas tarde, se dijo. Sabian que se dirigia al autobus e irian a esperarle, porque eran sus ayudantes, parte del gran suceso que tenia lugar aqui, con la lluvia, el barro y el caos.
Alguien le agarro por el brazo y lo detuvo.
—Tom.
—?Charley? ?Todavia estas aqui?
—Te lo dije. Te estaba esperando. Ahora ven conmigo. Tenemos la furgoneta en el bosque. Tienes que salir de aqui.
—Ahora no, Charley. ?No comprendes que el Cruce ya ha empezado?
—?El Cruce?
—Ocho o nueve personas ya han iniciado el viaje. Y habra mas. Siento la fuerza dentro de mi, Charley. Este es el dia para el que naci.
—Tom…
—Ve a la furgoneta y esperame alli. Ire con vosotros dentro de poco y os ayudare a realizar el Cruce en cuanto encuentre a mis ayudantes. Iras al Mundo Verde dentro de una hora, te lo prometo. Lejos de toda esta locura, de todo este ruido.
—Oye, no comprendes. La gente se esta matando aqui. Hay cuerpos aplastados por todas partes. Ven conmigo. No estas a salvo en este sitio. No sabes cuidar de ti mismo. No quiero que te pase nada, ?sabes, Tom? Hemos viajado mucho juntos y…, no se, siento que debo cuidarte.
Charley agarro a Tom por el brazo y tiro de el suavemente. Tom sintio el calor del alma de este hombre, de este saqueador, este asesino vagabundo. Sonrio. Pero no podia marcharse. Ahora no. Se solto. Charley meneo la cabeza y empezo a decir algo mas.
Entonces la horda enloquecida los envolvio y Charley fue arrastrado por la marea humana como una estaca por la corriente de un rio que se desborda.
Tom se hizo a un lado y dejo que pasaran de largo, pero vio que ahora resultaba imposible llegar al autobus. En la pradera las cosas se habian vuelto demasiado salvajes.
Creyo ver a la mujer gorda y se encamino hacia ella, pero tropezo con las tablas de una cabana destrozada y resbalo. Por un momento, quedo aprisionado en el barro. Algo se agito delante de el y alguien empezo a arrastrarse sobre la pila de maderas.
Era Stidge.
Los ojos del pelirrojo se agrandaron al ver a Tom.
—Que demonios, si es el loco. Hola, loco, maldito liante. ?Como es que Charley no esta aqui cogiendote de la mano?
—Estaba aqui, pero la multitud lo arrastro.
—Que pena, ?no?
Se echo a reir. Metio la mano en la chaqueta y saco el punzon. Sus ojos resplandecian como canicas a la luz de la luna. Apreto la punta contra el pecho de Tom una, dos, tres veces, provocando cada vez un dolor lacerante y agudo.
—Te tengo donde queria, chalado. Charley me dio una paliza por culpa tuya, ?te acuerdas? El primer dia, en el valle, cuando apareciste. Me golpeo porque te puse la mano encima, no lo olvido. Y las otras veces, cuando nos metiamos en lios por tu causa, Charley me hablaba como si yo no fuera mas que un monton de mierda, ?sabes?
—Aparta el punzon, Stidge. Ayudame a salir de aqui, ?quieres? El pie del pobre Tom esta atascado. Pobre Tom.
—Pobre Tom, si. Pobre y maldito Tom.
—Es el dia del Cruce, Stidge. Tengo trabajo por hacer. Tengo que encontrar a mis ayudantes y enviar a la gente donde quiera ir.
—Te enviare donde quieras —dijo Stidge, y conecto el punzon—. Como hice con ese loco del autobus. Por una vez te tengo, y Charley no esta…
—No.
Stidge lanzo el punzon contra el pecho de Tom. Este se movio rapidamente y agarro a Stidge por la muneca, reteniendola un momento, intentando con todas sus fuerzas que aquella pequena barra de metal no le tocara. Temblo y por un momento forcejearon sin que el arma se desviase. Entonces Stidge empezo a acercar inexorablemente la punta del punzon al pecho de Tom. Tom tenia que mantener esa cosa lejos de el. Temblaba. Miro a los duros ojos del saqueador, casi pegados a los suyos.
Y entonces recogio el alma de Stidge y la envio a Luiiliimeli.
Lo hizo facil, suavemente, como se arroja una piedra a un estanque. Lo hizo solo, porque tenia que hacerlo y sus ayudantes no estaban a la vista. No le costo trabajo. Simplemente, enfoco sus energias, reunio la fuerza y levanto el alma de Stidge y la lanzo hacia los cielos. Stidge lo miro sorprendido. Entonces la sorpresa desaparecio de su cara y en ella aparecio la sonrisa del Cruce, y el punzon resbalo de su mano muerta, y Stidge se desplomo sobre el monton de tablas.
Tom se apoyo en el, sorprendido, temblequeante, sintiendo el estomago enfermo.
Lo he hecho solo, penso.
Nunca habia matado a nadie antes.
?Lo comprendes, Stidge? No te he matado, Stidge. Te he hecho el mayor favor de tu vida.
Tom noto que empezaba a calmarse. La inquietud le abandono. Se inclino hacia las tablas e intento liberar el pie.
—Espera. Voy a ayudarte.
Era la mujer gorda, que se le acercaba. Su cara estaba roja, sus ojos miraban de un modo extrano. Tenia el vestido roto por dos o tres sitios.
—Mi pie ha quedado atrapado —dijo Tom—. Dame la mano.
—Ese es el hombre que mato al del autobus, ?no? Todo el mundo lo esta buscando. ?Esta muerto?
—Ha Cruzado. Lo envie a Luiiliimeli. Ahora puedo hacer los Cruces sin ayuda.
—Creo que esta es la que te tiene atrapado. Ya esta.
Aparto una de las tablas y la arrojo a lo lejos. Tom libero el pie y se froto la espinilla. Ella le sonrio. Tom pudo sentir la tristeza de su sonrisa.
—?Donde quieres que te envie? —dijo Tom, cogiendola de la mano.
—?Que?
—Ahora puedo prescindir de ti. Puedo darte tu Cruce.
Ella aparto la mano como si el contacto con el la quemara.
—No…, por favor…
