Papamacer sacudio la cabeza y se precipito hacia delante, agarrando al saqueador por los hombros, sacudiendole furiosamente, increpandole con lo que parecian obscenidades en brasileno. Toda la monstruosa intensidad del alma del Senhor Papamacer se acumulaba en un ataque desesperado contra este extrano que habia osado violar el sagrado santuario. El saqueador, parpadeando y boqueando, parecia no saber como reaccionar.

Un par de miembros de la Hueste se abria paso a traves de la multitud. Jaspin los vio debajo, a diez, quince metros de los escalones de acceso al autobus.

El saqueador tambien los vio. Alzo su punzon en un intento desesperado y lo presiono contra el pecho del Senhor Papamacer. Hubo otro estallido de luz azul y el Senhor, meneando convulsivamente brazos y piernas, salto en el aire, cayo, se desplomo pesadamente. El saqueador, sin detenerse, salto detras de el, hizo un ultimo intento infructuoso por coger el pectoral y se perdio en la multitud justo cuando Bacalhau y Johnny Espingarda llegaban corriendo.

Bacalhau se arrodillo junto al Senhor. Con manos temblorosas toco las mejillas, la frente, la garganta del Senhor. Entonces levanto la cabeza, y su cara era la de alguien que ha visto el fin del mundo.

—Esta muerto —grito con una voz como un trueno—. El Senhor esta muerto.

Entonces estallo la locura.

6

Elszabet se dio cuenta de que, sin saber como, habia cruzado de los dormitorios al gimnasio, aunque no tenia conciencia de haberlo hecho. Ahora se encontraba en el borde del jardincillo de rosas fuera del gimnasio, aturdida, contemplando incredula como la muchedumbre tumbonde destrozaba el Centro.

Parecia un sueno. No un sueno espacial, sino el tipo ordinario de sueno ansioso, penso, el tipo de sueno en que es el primer dia de clase y no sabes donde se halla el aula del curso en que te has matriculado, o uno de esos en que intentas atravesar una habitacion abarrotada de gente para hablarle a alguien importante y el aire es denso como la melaza y nadas y nadas y nadas y no puedes llegar a ningun sitio.

Esta gente iba a destrozarlo todo. Y no podia hacer nada para evitarlo. Sabia lo que tenia que hacer: reunir a los pacientes, llevarlos a sitio seguro —si quedaba alguno— y encontrar a Tom antes de que siguiera efectuando mas Cruces. Pero estaba petrificada. Se sentia paralizada. Habia intentado proteger el Centro y habia fallado, y ahora era ya demasiado tarde para hacer nada excepto mirar.

Todo se volvia mas y mas demente.

Ya habia sido bastante malo al principio, cuando simplemente entraban con las furgonetas y los coches, que dejaban aparcados por todas partes, chocando unos con otros con el gran alboroto tipico del metal al aplastarse, y luego salian y corrian hasta que no habia sitio para nadie mas. Pero ahora era mucho peor: habia entrado en una fase completamente diferente y mucho mas frenetica.

El autentico problema comenzo despues de que el hombrecito negro de ropajes extranos hubiera sido asesinado en los escalones del autobus de colores. Elszabet decidio que debia de tratarse de su lider, su profeta.

Lo habia visto todo cuando salia del dormitorio en busca de Tom. El hombrecito negro y el otro, el vagabundo pelirrojo que la habia acosado antes, saliendo del autobus y peleando; el tercer hombre, con la pesada estatuilla de madera con la que intentaba golpear al saqueador. Y entonces el saqueador golpeando al lider del culto con su punzon. Fue en ese momento cuando las cosas se volvieron autenticamente incontrolables.

En su dolor, los tumbonde lo estaban destrozando todo. Se moviar como las olas de un oceano humano, golpeando las cabanas y derribandolas hasta los cimientos, arrancando setos y arbustos, volcando sus propios coches. La locura se nutria de si misma. Parecia que los tumbonde intentaban superarse en su exhibicion de furia y pesar, y que incluso aquellos que no tenian idea de lo que habia desatado el estallido de la violencia se unian a la estampida.

Desde su lugar de observacion, Elszabet lo habia visto casi todo. El edificio central parecia estar ardiendo, un humo negro se elevaba bajo la lluvia. Al otro lado, las cabinas donde realizaban el tratamiento estaban siendo reducidas a astillas. Todo ese equipo intrincado y costoso, penso tristemente Elszabet, medido y calibrado tan exactamente, todos los archivos, todos los registros… Y mas alla, en las cabanas del personal, la gente entraba a saco y arrojaba las cosas por las ventanas, pateaba las paredes, incluso arrancaba los helechos de la colina. Sus libros, sus grabaciones, el pequeno diario que llevaba a veces… Todo estara ahora en el lodo, supuso, aplastado…

No podia hacer otra cosa que mirar. Con una calma fantasmal contemplaba la escena de norte a sur, de sur a norte, extranamente calmada, paralizada por el shock y la desesperacion, mirando. Mirando.

Entonces diviso a Tom. Ese de alli era Tom, claro. Si. Habia aparecido de la nada un poco mas alla de los dormitorios, y habia girado hacia la izquierda, justo hacia el centro de la locura.

Como todo el mundo, estaba cubierto de barro y calado hasta los huesos; la ropa se le pegaba al cuerpo huesudo. Y sin embargo parecia ajeno a todo, invulnerable al clima, como si estuviera rodeado por una esfera invisible que le protegiera. Caminaba despacio, casi despreocupado. Llevaba una especie de escolta: el padre Christie, Aleluya, April, Tomas Menendez. Iban cogidos de la mano, como si se dirigieran a un picnic en el bosque, y todos parecian extraordinariamente serenos.

Tengo que alcanzarlos, penso Elszabet. April y los demas no estan en condiciones de vagabundear solos con todo este alboroto. Y tengo que evitar que Tom ayude a nadie mas a hacer el Cruce. Debo encontrar un lugar seguro, penso. Y entonces coger a Tom y llevarle a salvo, donde no pueda lastimar a nadie y nadie lo pueda lastimar a el.

Pero no se movio. Dar un simple paso parecia imposible.

—?Elszabet?

Alguien la llamaba. Se dio la vuelta lentamente.

Bill Waldstein. Parecia salido de una cloaca. Grandes manchas de lodo negro cubrian su bata blanca.

—?Que estas haciendo aqui, Elszabet?

—Mirar. Es peor de lo que imaginaba.

—Por el amor de Dios, Elszabet. Pareces absolutamente estupefacta, ?lo sabes? ?Donde esta April?

Elszabet senalo vagamente.

—La deje contigo —dijo Waldstein—. Fui a la enfermeria a buscar un sedante. ?Como pudiste dejarla sola? ?Por que estas aqui? ?Que pasa contigo, Elszabet?

Ella se encogio de hombros.

—Mira lo que sucede.

—Vamos, espabila. Tenemos que reunir a los pacientes antes de que resulten heridos. Y tenemos que encontrar a Tom y neutralizarle antes de que…

—?Tom? Tom esta alli.

Waldstein escruto la oscuridad.

—Jesus, si. Y April esta con el, y Menendez, y el padre Christie. ?Vas a dejar que ande suelto de esa forma? ?Sabes que es lo que pretende hacer con ellos? —De repente, Waldstein parecia tan salvaje como cualquiera de los tumbonde—. Voy a matarlo, Elszabet. El ha provocado toda esta locura, y lo que esta por venir. Hay que detenerlo. Voy a matarlo.

—Bill, por el amor de Dios…

Pero Waldstein ya habia echado a correr. Ella le vio cruzar el terreno enlodado, caer, ponerse en pie, caer de nuevo, volver a incorporarse. Con agilidad, rebaso a un grupo de tumbonde que llevaba lo que parecian tuberias arrancadas de las calderas de alguno de los edificios y que sacudian como bates de beisbol. Corrio hacia Tom, gritando y gesticulando. Elszabet vio que Tom se volvia hacia el con una sonrisa benevola, y que Waldstein se abalanzaba sobre Tom y los dos caian.

Entonces vio que Aleluya apartaba a Waldstein de encima de Tom como se sacude un insecto de una manga, y lo lanzaba por el aire quince o veinte metros, hasta hacerlo chocar contra el tronco de un pino.

Incluso a la distancia, Elszabet oyo claramente el ruido del impacto. Waldstein choco contra el arbol y se desplomo sin un gemido, y permanecio inmovil en el suelo.

Вы читаете Tom O'Bedlam
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату