Dante Corelli vino corriendo del gimnasio. Elszabet se volvio hacia ella.

—Era Bill, ?has visto? —dijo en tono casi conversacional—. Salto sobre Tom, y Aleluya simplemente se lo quito de encima y…

—Elszabet, tenemos que salir de aqui, o vamos a morir aplastadas.

—Creo que Bill debe de estar muerto, Dante. Por la forma en que su cabeza choco contra ese arbol…

—Dan viene de camino. Estara aqui dentro de un minuto, y los tres vamos a correr al bosque, ?me oyes, Elszabet? Mira, hay otra multitud bajando por la colina. ?Los ves venir? Dios Santo, ?los ves?

Elszabet asintio. Estaba confundida. Sabia que se hundia mas y mas en la extrana paralisis de la voluntad. Solo prestar atencion a lo que sucedia requeria grandes esfuerzos. ?Una multitud, decia Dante? ?Donde? Si. Oh, si. Alli. Se unio al caos principal como un torrente imparable, arrasandolo todo a su paso. Se dirigian hacia el lugar donde estaban Tom y su pequeno grupo de seguidores.

—Oh, Dios —murmuro Elszabet—. Tom. ?Tom!

El padre Christie corria al encuentro de los tumbonde, agitando los brazos, gritandoles algo. Tal vez los bendecia. El consuelo de la Iglesia en tiempos de caos. Los tumbonde cargaron sobre el y desaparecio bajo sus pies. Aleluya estaba al lado. Se planto en el camino de la turba y con una energia sorprendente que parecia diabolica, empezo a levantarlos uno a uno y a lanzarlos contra los arboles, uno, cinco, una docena, hasta que tambien fue arrasada y se perdio de vista.

—Tom… —dijo Elszabet tranquilamente.

Ya no podia verle, ni a April, ni a Menendez.

—Es como si se hubiera vuelto loca —oyo decir a Dante—. Esta aqui, mirando.

—Eh, Elszabet. —Alguien le toco el brazo. Era Dan Robinson—. Tenemos que salir de aqui mientras podamos, Elszabet. El Centro esta en ruinas. La muchedumbre se halla absolutamente fuera de control. Nos dirigiremos al bosque y seguiremos la senda de rododendros, ?de acuerdo? Nos internaremos lo suficiente para que no puedan molestarnos y…

—Tengo que encontrar a Tom —dijo Elszabet.

—A estas alturas Tom estara muerto.

—Tal vez si, tal vez no. Pero si esta vivo tengo que encontrarlo. Y descubrir que es. Tenemos que saber cosas sobre el, sobre lo que esta haciendo, ?no lo ves, Dan? Por favor, Dan. ?Crees que estoy loca? Si, lo crees, lo creeis los dos. Puedo verlo. Pero os digo que tengo que encontrar a Tom. Entonces podremos marcharnos. Solo entonces. Por favor, intentad comprenderme. Por favor.

7

Tom sostuvo a la mujer gorda con una mano y al mexicano con la otra y permanecio tranquilamente donde estaba, mientras la gente enloquecida pasaba corriendo junto a el. Sabia que no le harian dano. No ahora, no mientras el Cruce tuviera lugar. Estaba a salvo porque era el vehiculo escogido por los habitantes de las estrellas, y seguramente todos lo sabian.

Lastima haber perdido al sacerdote y la mujer artificial, penso. Ahora nunca tendrian oportunidad de realizar el Cruce. Pero incluso sin ellos, aun le seria posible invocar el poder. Cada vez se hacia mas facil. Con cada nuevo envio, su fuerza crecia. Una gran tranquilidad inundaba su alma, un sentido de la divina rectitud de su mision.

—Aqui —dijo Tom—. Este es el proximo que enviaremos.

—Doble Arcoiris —dijo el mexicano—. Si, ese es bueno. Se lo entregaremos a Maguali-ga.

Este era un indio. Tom se dio cuenta inmediatamente. Habia visto muchos indios en sus tiempos. Este era un hombre grande, de nariz chata, tal vez un navajo, o de otra tribu, pero ciertamente un indio. Permanecia de espaldas a un edificio que ardia, lanzando punados de barro a los alborotadores que corrian y llamandoles cosas en un lenguaje que Tom no comprendia. El mexicano se le acerco y le dijo algo, y las cejas del indio se alzaron y se echo a reir; y el mexicano dijo algo mas y los dos se palmearon la espalda, y el indio se aproximo a Tom.

—?Donde vas a mandarme?

—A los Nueve Soles. Caminaras con los Sapiil.

—?Estaran alli mis padres?

—Tus nuevos padres te daran la bienvenida.

—Los Sapiil. ?Que tribu es esa?

—La tuya. A partir de este momento.

—Iras a Maguali-ga —dijo el mexicano—. Nunca mas conoceras el dolor, ni la pena, ni el vacio del corazon. Ve con Dios, amigo Nick. Este es el momento mas feliz para ti.

—Permaneced cerca de el —dijo Tom—. Unid las manos.

—Maguali-ga, Maguali-ga —dijo el mexicano.

El indio asintio y sonrio. Habia lagrimas en sus ojos.

—Ahora —dijo Tom.

Fue rapido. Una onda repentina y el hombreton se deslizo tranquilamente al suelo, y se acabo.

Cada vez es mas y mas facil, penso Tom.

Condujo a la mujer gorda y al mexicano mas alla de un edificio que habia sido destruido, y empezo a bajar hacia el autobus que se encontraba en el centro de todo. Penso que podria sentarse en los escalones del autobus y usarlos como una especie de plataforma para realizar los Cruces, pero apenas habia empezado a andar, cuando un hombre y una mujer se le acercaron. Parecian demacrados e intranquilos, e iban cogidos de la mano como si su vida dependiera de permanecer juntos o no. La mujer era pequena y atractiva, con pelo rojo rizado y cara bonita. El hombre, delgado y sombrio, tenia aspecto erudito.

El hombre senalo al indio, que yacia en el barro con la sonrisa del Cruce pintada en la cara.

—?Que le ha hecho usted?

—Ha ido a Maguali-ga —dijo Menendez—. Este hombre tiene en las manos el poder de los dioses.

El hombre y la pelirroja se miraron el uno al otro.

—?Eso es lo que le paso al otro tipo, el del dormitorio?

—Fue al Doble Reino —asintio Tom—. He enviado a algunos mas a Ellullimiilu, y a algunos a la Gente Ojo. Todo el universo esta ahora abierto a nosotros.

—?Envianos a los Nueve Soles! —pidio la mujer.

—Lacy… —dijo el hombre.

—No, escuchame, Barry. Esto es real, lo se. Unen las manos y el te envia. ?Ves la sonrisa de esa cara? El espiritu salio de el, lo viste. ?Donde fue? Apuesto a que a Maguali-ga.

—El hombre esta muerto, Lacy.

—Ha dejado su cuerpo. Escucha, si nos quedamos aqui mas tiempo, nos van a aplastar igualmente. ?No ves como estan destrozandolo todo desde la muerte del Senhor? Hagamoslo, Barry. Dijiste que tenias fe, que habias visto la verdad. Bien, la verdad esta aqui. Este es el momento, Barry. El Senhor lo habia entendido al reves, eso es todo. Los dioses no van a venir a la Tierra, ?no lo ves? Somos nosotros quienes tenemos que ir a ellos. Y este es el hombre que nos va a enviar.

—Venid —dijo Tom—. Venid.

—?Barry?

El hombre parecia asustado, desconfiado, temeroso. Parpadeo, meneo la cabeza, miro en derredor. Para ayudarle, Tom le envio una vision, solamente el reflejo de los nueve soles en todo su esplendor. El hombre contuvo la respiracion, se llevo las manos a la boca y parecio relajarse. La mujer pronuncio otra vez su nombre y lo tomo de la mano, y al cabo de un momento el asintio.

—De acuerdo. Si, ?por que no? Esto es lo que andabamos buscando, ?no?

Se volvio hacia Tom.

—?Donde vamos a ir?

—Al reino Sapiil. Al imperio de los Nueve Soles.

—A Maguali-ga —dijo Menendez.

Tom asio las manos de la mujer gorda y del mexicano. Se elevo sobre sus talones un par de veces.

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