A su alrededor, la gente tropezaba y caia por todas partes. De vez en cuando alguien se le acercaba con lo que parecia una suplica en los ojos, y Tom lo tocaba y lo enviaba a uno de los mundos que los recibian. Al cabo de un rato vio otra cara familiar surgir de la confusion, un hombre con ojos azules y el rostro picado de viruelas.
—?Hola, Buffalo! ?Como te va?
—Tom… Eh, ese de alli es Charley, ?no?
Tom se volvio. Por un momento vio a Charley una vez mas, intentando abrirse camino entre un grupo de seis o siete exaltados.
—Si. Es Charley. Estaba con el antes, pero nos separamos. Mira, ahi viene.
Charley consiguio zafarse de la multitud y corrio hacia ellos, agitado, con la cara cubierta de lluvia y sudor.
—Hola, Buffalo. Cristo, me alegro de verte.
—Charley, ?y los demas?
—No hay nadie. No quedamos mas que tu y yo. Y tal vez Mujer, pero no estoy seguro. Vamos a buscar la furgoneta, ?vale? Tenemos que salir pitando de este sitio.
—Apuesta a que si.
—?Y tu, Tom? —dijo Charley—. Ven con nosotros. Nos vamos al sur, como habiamos dicho.
Tom asintio.
—Tal vez dentro de un rato, unas pocas horas.
—Nos vamos
—Entonces marchaos sin mi.
—Por el amor de Dios…
—Tengo que quedarme unas cuantas horas. La gente de aqui me necesita. No puedo ir todavia. Dentro de un rato si. Tal vez al anochecer.
Si, penso, al anochecer. Entonces ya habria hecho todo lo que tenia que hacer, y podria marcharse a otro sitio. Habia hecho amigos aqui y los habia enviado a las estrellas. Ahora enviaria a unos pocos mas, a los que habian seguido al hombrecito negro de San Diego, al taxista. Y entonces encontraria a Charley y a Buffalo y se marcharia con ellos. Iria a otro lugar. Haria nuevos amigos. Los enviaria tambien.
—Id a buscar la furgoneta —dijo Tom—. Eso os llevara un rato. Mas tarde ire al bosque y me reunire con vosotros, ?de acuerdo?
Miro mas alla de los dos saqueadores y le parecio que podia ver a Elszabet sonriendo. «Ven conmigo», habia dicho. No puedo, le habia contestado. Muy bien. Pobre Tom. Apenas podia pensar en ella. ?Donde estaria? En el Mundo Verde, alli. Al menos le habia dicho que la amaba. Al menos se las habia arreglado para decirlo. «Ven conmigo», le habia dicho ella. Cuando pensaba en aquello, sentia ganas de llorar. Pero no podia permitirselo. Hoy no tenia tiempo para las lagrimas. Tal vez mas tarde. Habia tanto trabajo por hacer… Caminar entre esa gente, tocarlos, ayudarlos a marchar. Elszabet resplandecia en su mente con el brillo de un sol nuevo. «Ven conmigo, ven conmigo». No puedo, le habia dicho. Meneo la cabeza.
Charley y Buffalo aun permanecian alli, mirandole.
—?Vas a quedarte por fin? —pregunto Charley.
—Solo unas pocas horas —repitio Tom muy suavemente—. Entonces tal vez me reuna con vosotros. Id a buscar la furgoneta, ?de acuerdo, Charley? Id a buscar la furgoneta.
10
A Dan Robinson le parecia haber estado corriendo durante horas; el corazon le latia como una maquina incansable, y las piernas le conducian sin esfuerzo por el terreno empapado. Sabia que era la furia lo que le mantenia asi. Hervia de una rabia tan intensa que solamente podia contenerla con esta furiosa huida a traves del bosque. La locura andaba suelta por el mundo, el Centro estaba en ruinas, Elszabet muerta…
Elszabet muerta.
«Pon tus manos en las suyas», habia dicho. «Confia en mi y hazlo, Dan. Hazlo. Pon tus manos en las suyas».
No tenia idea de donde se encontraba. A estas horas podria estar en el otro extremo del bosque, o quizas habia corrido en circulo, recorriendo una y otra vez su propio camino. No habia marcas para guiarse. Cada pino parecia exactamente igual que el anterior. El cielo, lo poco que podia ver a traves de las copas de los gigantescos arboles, estaba oscuro. Pero no podia decir si se debia a la caida de la tarde o simplemente a un efecto de la tormenta que arreciaba.
Sabia que no podria correr mucho mas, pero tenia miedo de detenerse. Si lo hacia, tendria que pensar. Y habia demasiadas cosas en las que no queria pensar ahora.
«Tom nos enviara al Mundo Verde», habia dicho ella. «A ti y a mi. Iremos juntos». Parecia tan tranquila, tan segura de si misma… Eso era lo peor, su calma. Todavia podia oirla: «Ahora solo quiero marcharme y empezar de nuevo en otro lugar. ?No tiene sentido? Tom nos enviara al Mundo Verde». En ese momento, ella quedo fuera de su alcance. Al verla asi, estuvo a punto de golpearla. Pero todo lo que pudo hacer fue darse la vuelta y correr, y todavia no habia parado de hacerlo.
De repente, en su mente se abrio paso un sonido como el distante rugir del mar. Sombras titilantes de luz verde danzaron en su interior. Asi que ni siquiera aqui habia escape a las visiones… Todavia estaba infestado por la locura general.
«Tom nos enviara al Mundo Verde», habia dicho ella. «A ti y a mi».
Robinson se pregunto si habria sido capaz de impedirle hacerlo si se hubiera quedado con ella, si hubiera intentado hacerla razonar, si la hubiera apartado de Tom por la fuerza, de ser necesario. No, maldicion. No habria podido hacerlo. Ella ya se habia decidido. Se habia vuelto completamente loca. Tal vez, penso, ver a la multitud arrasar el Centro la habia desequilibrado. Habia querido tomarla por los hombros y sacudirla, decirle que era una locura suicida entregarse al poder que Tom tenia, poner las manos en las suyas y caer muerta en redondo con aquella maldita sonrisa de felicidad en la cara.
El sonido del mar se hizo mas intenso; una ola se alzo y restallo. El aire a su alrededor se volvia denso, cubierto por una pesada capa verde. Oyo musica lejana, tintineante, como agujitas de sonido plateado.
Noto que la punta del zapato tropezaba contra la raiz desnuda de un pino gigantesco, y resbalo y se precipito al suelo. Al intentar recobrar el equilibrio, mientras manoteaba en el aire, lo mejor que pudo hacer fue intentar abrazarse la cabeza para protegerla del golpe, y trato de rodar con la caida. Aterrizo bruscamente contra el hombro y la cadera izquierdos.
Yacio alli durante un momento, conmocionado, boquiabierto, los brazos extendidos, la mejilla hundida en el barro. No hizo ademan de incorporarse. Por primera vez sintio el cansancio de su larga carrera bajo la lluvia: espasmos musculares, dolor, nauseas. La luz verde se hizo mas brillante en su mente. Nada que pudiera hacer podria repeler aquella vision. El cielo verde, la niebla densa, la musica intrincada, aquellos pabellones resplandecientes…
—Sal de mi cabeza… —dijo con voz desesperada, y golpeo con los punos el suelo empapado por la lluvia.
Vio las figuras cristalinas moviendose delicadamente por aquel paisaje verde sin macula. Los cuerpos altos y delgados, los brillantes ojos facetados, los miembros resplandecientes como espejos. Principes y princesas, damas y senores. Dan recordo lo mucho que habia deseado tener su primer sueno espacial, cuanto habia esperado para que esas visiones fluyeran a su mente, lo excitante que le habia parecido la primera vez, cuando habia corrido a altas horas de la noche a la cabana de Elszabet, como un colegial, para contarselo.
Ahora no deseaba otra cosa sino deshacerse de aquello.
Le hablaban. Le decian sus nombres… «Somos la Triada Misilyna», decian, «y nosotros somos los Suminoors, y nosotros los Gaarinar, y nosotros…»
—No. No quiero saber nada de vosotros, lo que quiera que seais. Sois fantasmas, alucinaciones.
«Te amamos», dijeron. Aquel extrano susurro reverberaba en su mente.
