Retrocedio. El rugido en sus oidos habia vuelto, esta vez incluso mas fuerte. Escruto en la oscuridad barrida por la lluvia, intentando localizar a Dan Robinson, pero el se habia marchado.

—Dejame pensar —pidio. Tom empezo a decir algo, pero ella le detuvo con un gesto de urgencia—. Dejame pensar, Tom.

«?De verdad crees eso?», habia dicho Dan. ?El chasquea los dedos y ahi vas?

No lo se, penso Elszabet. ?De verdad lo creo?

«?Puedes dejarlo todo, abandonar tus responsabilidades, escaparte al Mundo Verde?», habia dicho Dan luego.

No estoy segura, penso. ?Puedo hacerlo? ?Puedo?

Tom la miraba sin decir nada, dejandola pensar. Elszabet seguia perdida en sus dudas.

?Lo creo? Si, penso. Si, porque no hay otra alternativa. Lo creo porque tengo que creerlo.

?Y puedo sacudirme mis responsabilidades y marcharme? Si, mis responsabilidades aqui han terminado. El Centro ha sido destruido. Mis pacientes se han marchado. No me queda nada que hacer.

Escruto en la distancia una vez mas, en busca de Dan Robinson. Habria sido tan maravilloso si el la hubiera acompanado, si los dos hubieran comenzado juntos sus nuevas vidas en el Mundo Verde, aprendiendo a vivir de nuevo, aprendiendo a amar… Habria salido bien, penso. ?No? Pero el habia corrido hacia el bosque. Muy bien. Si eso es lo que necesita hacer, que lo haga. No comprende. Su Tiempo no ha llegado. Todavia.

—Creo que ya estas lista —dijo Tom.

Elszabet asintio.

—Vayamos los dos juntos al Mundo Verde, Tom. Tu y yo. ?No seria bonito? Nos convertiremos en cristalinos y nos encaminaremos juntos al Palacio de Verano, y nos reiremos y hablaremos de este dia, de la lluvia, del barro, de toda esta locura. ?Si? ?Si? ?Que dices? Cuando me envies, enviate tu tambien. ?Lo haras?

Tom guardo silencio largo rato.

—Ojala pudiera —dijo por fin, suave, tiernamente—. Sabes que lo que mas me gustaria hacer es ir al Mundo Verde contigo, Elszabet. Ojala pudiera. Ojala.

—Entonces hazlo, Tom.

—No puedo. Tengo que quedarme aqui. Pero al menos te ayudare. Dame las manos.

Una vez mas Tom tendio las suyas. Ella temblaba de arriba abajo, pero esta vez no retrocedio. Estaba lista. Sabia que lo estaba.

—Adios, Elszabet. Y…, oye, gracias por escucharme, ?sabes? —Su voz era muy gentil, y habia en ella un dejo cercano a la pena—. Eso significo mucho para mi, cuando fui a tu oficina y me escuchaste. Nadie lo habia hecho antes, excepto Charley algunas veces, aunque con el era diferente. Charley no es como tu.

Que triste, penso ella. Yo puedo ir y Tom, que hace todo esto por mi, tiene que quedarse.

—Ven conmigo.

—No puedo. Tienes que ir sin mi, ?de acuerdo?

—Si. De acuerdo.

—Ahora.

El le agarro las manos. Elszabet contuvo la respiracion y espero. Un sentido de felicidad y gracia la invadia. Se sentia maravillosamente calmada y segura. Lo habia hecho aqui lo mejor que habia sabido, pero ahora era realmente el momento de marcharse. Una nueva vida empezaria para ella en un mundo nuevo. Le parecio que nunca antes habia sentido tanta certeza.

Sintio un repentino momento de tension, una tension que jamas habia experimentado, una especie de suspension del alma; y entonces vino una descarga de liberacion. Lo ultimo que vio fue la cara de Tom llena de amor desesperado hacia ella. Entonces el color verde crecio a su alrededor como una fuente de luz enjoyada, y se sintio enviada, iniciando el maravilloso viaje.

9

Parecia un campo de batalla. La lluvia caia cada vez con mas fuerza, y los jardines, el cesped y las praderas se habian convertido en un mar de suciedad; todos los edificios se hallaban arrasados o ardian, o ambas cosas. Algunas personas deambulaban como ciegos, tambaleandose bajo la tormenta, y otros varios se acurrucaban bajo los coches y autobuses, disparandose mutuamente. Tom miro por ultima vez a la mujer sonriente que yacia a sus pies, y se marcho. La voz de Elszabet pidiendole que le acompanara todavia resonaba en sus oidos, y la suya propia contestando que no podia, que no podia, que no podia.

?Como podria marcharse ahora, cuando el Cruce estaba apenas empezando?

Se pregunto si lo terminaria alguna vez. Habia tantos por enviar… Y el era el unico con el poder, ?no? Tal vez pudiera ensenar a otros. Pero incluso asi, habia tantos que tenian que ir… Y como tantas otras veces, penso en Moises, conduciendo a su pueblo a la tierra prometida y contemplandola desde lejos, pues el Senor le habia dicho: «Te permitire que la veas con tus ojos, pero no iras mas alla».

?Que le iba a pasar a el?

Tom miro al cielo, intentando ver las estrellas mas alla de las nubes. Aquellos imperios dorados esperando, los seres como dioses, aquellas ciudades resplandecientes de millones de anos de antiguedad…

Vosotros, Kusereen, que planeasteis todo esto… ?Es ese vuestro plan? ?Usarme solamente como el instrumento, el vehiculo, y entonces dejarme cuando el mundo acabe?

No podia creer que fuera asi. No queria. Vendrian por el al final, cuando todos los otros hubieran hecho el Cruce. Tenian que hacerlo.

Pero tal vez no lo harian. Tal vez le dejarian aqui, solo. ?Como podia pretender comprender a los Kusereen? Bueno, penso, si es asi, que asi sea. Lo averiguare cuando llegue el momento. Mientras tanto, tenia trabajo que hacer.

Charley se le acerco, cubierto de barro.

—Aqui estas. Crei que no iba a volver a encontrarte.

Tom sonrio.

—?Estas dispuesto para tu Cruce ahora, Charley?

—?Lo estas haciendo de verdad? ?Envias a la gente? ?Al Mundo Verde y los otros sitios?

—Eso es. Los he estado enviando toda la manana. A mundos diferentes, el Mundo Verde, los Nueve Soles, a todos ellos. Incluso he enviado a Stidge. Intento matarme con el punzon y lo envie.

Charley se sorprendio.

—?Que lo enviaste? ?Donde fue?

—A Luiiliimeli.

—Lolymoly. Al viejo Lolymoly. Espero que sea feliz alli. Ese maldito Stidge… Ir a vivir a Lolymoly…

Charley se echo a reir. Miro a Tom, casi sin verlo. Parecia perdido en sus propios suenos sobre los otros mundos. Entonces salio de su ensimismamiento y dijo, con voz diferente, en un tono rapido, como de negocios:

—Vale, salgamos de aqui, Tom.

—No puedo. Todavia no puedo. Tengo unas cuantas cosas que hacer primero.

—Cristo. Cristo. Tom, ?que pasa contigo? Busquemos la furgoneta y marchemonos antes de que uno de esos locos nos pegue un tiro. ?No los ves como se estan matando?

—?Quieres hacer el Cruce, Charley?

—Muchas gracias, pero no es eso lo que tengo en mente.

—Te dare el Mundo verde.

—Gracias igualmente —repitio Charley.

Entonces dijo algo mas, pero Tom no pudo entenderlo. Todo ese ruido, los gritos, el tamborileo de la lluvia… La turba paso envolviendolos y Charley fue arrastrado por ella. Tom se encogio de hombros. Bueno, tal vez no era el tiempo de Charley todavia. Se dio la vuelta.

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