mastiles. Era mas bien como si fuese parte de nuestra nave, de la nave en la cual ya hacia tanto que yo viajaba (eso me parecia), un baupres o beque extranamente grueso, las alas no mas que brazas volantes para afirmarla mejor a la proa.
Pronto recorde que, cuando habian llevado al viejo Autarca a Yesod, lo habia recogido una nave como esa. Regocijado, me lance por la cubierta buscando un escotillon; y era bueno correr en ese aire y ese frio, aunque cada paso renqueante me aguijoneara los pies; y por fin di un salto, y el viento me embolso como yo habia previsto y me llevo muy lejos a lo largo del casco enorme antes de que lograra agarrarme a un brandal que casi me descoyunta los brazos.
Fue suficiente. En el desbocado vuelo habia divisado la abertura por la que mi pequeno comando habia salido a cubierta. Corri hasta alli y me zambulli en el calor familiar y los errantes resplandores del interior.
La voz que nunca se oye claramente pero siempre se entiende resonaba en todos los pasillos llamando al Epitome de Urth; y yo corri, feliz por el calor, sintiendo que incluso alli entraba el aire puro de Yesod, seguro de que al fin habia llegado el momento de la prueba, o casi.
Habia piquetes de marineros recorriendo la nave, pero por largo rato no pude entrar en contacto con ellos, aunque los oia continuamente alrededor y de vez en cuando divisaba alguno. Por ultimo, abriendo una puerta en sombras, sali a una plataforma de rejilla y en el tenue fulgor del techo vi un amasijo de maderas y maquinaria cubierto de papeles como bancos de nieve sucia y polvo oloroso y encharcado como si fuese agua. Si no era el lugar de donde me habia tirado Sidero, se le parecia mucho.
Por ese espacio avanzaba hacia mi una pequena procesion, y al cabo de un momento me di cuenta de que era triunfal. Muchos de los marineros llevaban luces y azotaban la penumbra con los haces para crear dibujos fantasticos, mientras otros daban saltos o danzaban. Algunos iban cantando:
Y asi una y otra vez.
No todos en la procesion eran marineros, sin embargo. Divise varios seres de metal pulido, y por cierto que tras un momento me di cuenta de que uno era Sidero; aun no le habian reparado el brazo.
Un poco separadas del resto habia tres figuras para mi nuevas, un hombre y dos mujeres con capa; y al frente, al parecer encabezando la columna, un hombre desnudo, mas alto que todos, que andaba con la cabeza gacha y el largo pelo rubio caido sobre el rostro. Al principio lo crei absorto en sus pensamientos, porque parecia llevar las manos unidas detras de el y mas de una vez yo habia caminado asi, sopesando las multiples dificultades que agobiaban a nuestra Comunidad; luego vi que tenia las munecas atadas.
XVI — El Epitome
No tan ignorante como en otros tiempos, salte de la plataforma y despues de una larga, suave caida mas placentera que otra cosa, sali al paso de la procesion.
El prisionero casi no levanto la mirada. Aunque no le vi bien la cara, basto para asegurarme de que no la habia visto nunca. Era por lo menos tan alto como un exultante, y a mi juicio media cabeza mas alto que la mayoria. Tenia el pecho y los hombros magnificamente desarrollados, lo mismo que los brazos, por lo que podia verse. Con el pesado avance, los grandes musculos de los muslos se le deslizaban como anacondas bajo una piel de una palidez traslucida. En el pelo dorado no habia un solo rastro gris; y de esto y la delgadez de la cintura deduje que no tendria mas de veinticinco anos, acaso menos.
Los tres que seguian al extraordinario prisionero no habrian podido ser mas comunes. Todos eran de altura corriente y parecian no haber llegado a la mediana edad. Bajo la capa, el hombre llevaba tunica y calzas; las dos mujeres, vestidos sueltos hasta debajo de las rodillas. Ninguno estaba armado.
Cuando se acercaron di un buen paso al costado, apartandome, pero solo los marineros me prestaban atencion. Varios (aunque yo no reconocia a ninguno) me hacian senas para que me uniera a ellos, con las caras de esos juerguistas que en el exceso de alegria llaman a su celebracion a todos los paseantes.
Me apresure, y antes de que me diese cuenta Purn me habia agarrado de la mano. Senti un escalofrio — estaba lo bastante cerca para apunalarme—, pero la expresion era de bienvenida. Grito algo que no oi del todo y me palmeo la espalda. Un momento despues Gunnie lo aparto de un empujon y me beso tan robustamente como la primera vez.
—Farsante rastrero —dijo y me dio otro beso, menos violento pero mas largo.
Interrogarlos en medio de ese clamor no tenia sentido; y en verdad, si ellos querian hacer las paces, yo (sin otro amigo a bordo que Sidero) lo aceptaba mas que contento.
Cruzando un umbral, la procesion ondulo por un largo pasaje que bajaba abruptamente hasta un sector de la nave distinto de cuantos yo habia visto. Las paredes eran insustanciales, no a la manera de los suenos, sino porque en cierto modo sugerian la delgadez de un tejido y la posibilidad de que reventaran en cualquier momento; de modo que recorde los pabellones y puestos de baratijas de la feria de Saltus, donde habia matado a Morwenna y conocido al hombre verde. Y por unos momentos me quede parado en el alboroto, intentando comprender a que se debia.
Una de las mujeres con capa se subio a un asiento y golpeo las manos pidiendo silencio. Como el animo de los marineros no habia sido incentivado con vino, la obedecieron en seguida y mi enigma se develo: a traves de las finas paredes se oia, aunque muy debilmente, el rumor del aire helado de Yesod. Sin duda ya lo habia oido antes sin darme cuenta.
—Queridos amigos —empezo la mujer—. Gracias por el recibimiento y la ayuda, y por todas las gentilezas que hemos recibido a bordo de vuestro velero.
Varios marineros hablaron o gritaron respuestas, algunas meramente educadas, otras brillantes de esa cortesia rustica junto a la cual tan baratos parecen los modos de los cortesanos.
—Se que muchos sois de Urth. Tal vez sea util determinar cuantos. ?Podeis mostrarme las manos? Por favor, que levanten una mano los que nacieron en el mundo llamado Urth.
Casi todos los presentes levantaron la mano.
—Ya sabeis que hemos condenado a los pueblos de Urth, y conoceis la razon. Ahora esos pueblos piensan que se han ganado el perdon, y la oportunidad de recobrar los lugares que detentaban antano…
La mayoria de los marineros lanzaron abucheos y burlas, incluido Purn; pero no Gunnie, adverti.
—… y han despachado a su Epitome para que los reivindique. El hecho de que se haya descorazonado y escondido de nosotros no ha de disponernos contra el ni contra ellos. Al contrario, consideramos que esa manifestacion de un sentimiento de culpa de alguna manera los favorece. Como veis, estamos a punto de llevarlo a Yesod para la audiencia. Asi como el representara a Urth en el banquillo, otros deben representarla en las gradas. Ninguno esta obligado, pero tenemos permiso de vuestro capitan para llevarnos a quienes quieran venir. Todos ellos seran devueltos a la nave antes de que zarpe de nuevo. Los que no nos acompanen deben irse ahora mismo.
Unos pocos tripulantes se escabulleron detras del gentio.
La mujer dijo: —A los que no nacieron en Urth tambien les pedimos que nos dejen.
Se marcharon algunos mas. De los que quedaban, muchos me parecian muy poco humanos.
—?Todos los demas vendreis con nosotros?
La multitud asintio a coro.
Yo exclame: —?Un momento! —e intente abrirme paso hasta el frente, donde podria hacerme oir—. Si decidiesemos…
De inmediato pasaron tres cosas: la mano de Gunnie me tapo la boca; Purn me sujeto los brazos a la
