grande e intensa que las demas. Incluso mientras la miraba iba creciendo, con lo que pronto entendi que no estaria tan lejos como yo suponia. Propulsada por la luz, la nave era mas rapida que la luz, tal como los barcos de los inquietos mares de Urth, propulsados por el viento, eran mas rapidos que el viento. Pero aun asi la estrella azul no podia ser un objeto remoto; y si era una estrella de cualquier tipo estabamos perdidos, pues ibamos directamente al centro.
Se hizo mas grande, y mas, y en el centro aparecio una sola y negra linea curva, una linea como la Garra: la Garra del Conciliador como la habia visto yo la primera vez, cuando la habia sacado del talego y Dorcas, asombrada por aquel fulgor azul, la habia alzado contra el cielo nocturno.
Si como he dicho la estrella crecia, la negra linea curva crecia mas deprisa aun, hasta que practicamente eclipso el disco azul (pues ahora ya era un disco). Por fin la vi tal como era: el unico cable que seguia sujetando el palo volado por los mutistas. Me aferre a el, y desde ese punto de privilegio vi como nuestro universo, que llaman Briah, se apagaba hasta desvanecerse como un sueno.
XV — Yesod
Lo logico habria sido bajar a la nave por ese cable, pero no lo hice. Me habia aferrado en un punto lo suficientemente cercano a la cubierta para que los foques me la ocultaran en parte, y en cambio (no se si creyendome indestructible o ya destruido) trepe hasta llegar al palo suelto, y luego por una jarcia inclinada hasta el final; y alli, abrazado, mire.
Lo que vi no puede describirse de verdad, aunque lo intentare. La estrella azul era ya un disco de azur claro. He dicho que no estaba tan lejos como las estrellas fantasma; pero, al contrario que ellas, estaba realmente alli; ?quien dira pues cual estaba mas lejos? Mientras la miraba, cobre mas conciencia de la falsedad de las otras; no solo de que no eran lo que parecian, sino de que no existian en absoluto, de que eran no meros fantasmas sino, como la mayoria de los fantasmas, solo mentiras. El disco de azur se fue ensanchando hasta que al fin lo vi veteado por jirones de nube. Entonces me rei solo, y mientras me reia tome conciencia subita del peligro, de que por haber hecho lo que habia hecho podia morir en cualquier momento. Y sin embargo me quede un rato mas donde estaba.
Nos zambullimos en el centro del disco, de modo que por un momento un anillo de ebano cino la nave con estrellas fantasmales, la Diadema de Briah.
Luego emergimos y fue como si estuvieramos suspendidos en el azur; detras, donde antes habia visto la corona lucis de los soles jovenes, veia ahora nuestro universo, un circulo no mas grande que el satelite de ebano del cielo de Yesod, un satelite que pronto quedo reducido a una mota solitaria y luego desaparecio.
Si los que acaso un dia lean esto conservan por mi el menor respeto pese a las multiples extravagancias que he narrado hasta aqui, ahora lo perderan; pues voy a contarles como me sobresalte igual que un nino que ve un fantasma color de nabo. Cuando Jonas y yo viajabamos hacia la Casa Absoluta, nos atacaron las notulas de Hethor, criaturas atraidas por los espejos que vuelan como fragmentos de pergamino quemado en una chimenea, y que aunque insustanciales, pueden matar. Ahora, mirando a lo lejos como Briah se desvanecia, crei ver de nuevo aquellas criaturas, ya no fuligenas como las notulas sino plateadas.
Y el terror me fulmino y busque esconderme detras de las jarcias. Un momento despues comprendi que eran, como sin duda ya habreis comprendido vosotros: meros anicos de la carga sutil que habia soportado el palo roto y que el viento revolvia freneticamente. Pero eso significaba que habia alli una atmosfera, por tenue que fuese, y no vacio. Mire la nave y en su inmensidad desnuda, desaparecidas todas las velas, vi diez mil mastiles y cien mil cables erguidos como un bosque en invierno.
Que extrano era estar alli aferrado, respirando una atmosfera propia ya mermada, consciente de la poderosa tempestad que bramaba a mi alrededor pero sin sentirla. Me quite del cuello los dos collares y al instante me vi casi arrancado de la pertiga; el rugido de un huracan me lleno los oidos.
?Y bebi ese aire! No hay palabras que puedan hacerle justicia, salvo si digo que era el aire de Yesod, helado y dorado de vida. Nunca habia saboreado un aire asi, y no obstante era como si lo conociese.
Me quite de la espalda la camisa raida y la envie ondeando a unirse a los fragmentos de las velas rotas, y en ese instante al fin lo supe. La noche de mi partida al exilio desde la Ciudadela Antigua, mientras andaba por la Via del Agua viendo los navios y galeones que surcaban el ancho Gyoll, el rio-camino, un viento subito me sacudio la capa del gremio, hablandome asi del norte. Ahora ese viento volvia a soplar, alabando a toda voz los anos nuevos y cantando todas las canciones del nuevo mundo.
?Pero donde? Bajo nuestra nave no se veia mas que un cuenco de azur y rabos de nube como los que yo habia mirado mientras aun estabamos en el viejo y manchado universo anterior. Unos momentos despues (porque permanecer inactivo en ese aire era un suplicio) abandone el acertijo y empece a bajar hacia la nave.
Y entonces lo vi; no abajo, donde habia buscado, sino sobre mi cabeza: una vasta, noble curva que se extendia de un lado a otro, separada de nosotros por flotantes nubes blancas, un mundo enteramente moteado de azul y verde como un huevo de pajaro salvaje.
Y vi una cosa todavia mas extrana: la llegada de la Noche a ese mundo nuevo. Como un hermano del gremio, llevaba una capa fuligena, que mientras yo miraba extendio entera sobre el; entonces recorde que en el cuento del libro marron que yo le habia leido una vez a Jonas, ella era la madre de Noctua, que a sus talones los lobos retozaban como cachorros y que habia pasado entre Hesperus y Sirus, y me pregunte que hacia volar asi a la nave, mas rapido que la noche, cuando se habian recogido todas las velas y ninguna luz podia impulsarla.
En el aire de Urth, las naves de los hierodulos iban adonde querian, y aun la barca que me habia llevado a esta nave (con Idas y Purn, aunque entonces yo no lo supiera) se habia servido de otros medios. Estaba claro que tambien los tenia esta nave, pero resultaba raro que el capitan la impulsase adelante tan directamente. Considere estas cosas mientras bajaba, encontrando mas facil considerarlas que sacar conclusiones.
Antes de que alcanzara la cubierta la nave misma se hundio en la oscuridad. El viento no dejaba de soplar, como si quisiera barrerme. Me parecio que ahora deberia sentir la atraccion de Yesod, pero solo senti la leve atraccion de las bodegas, como en el vacio. Al final fui tan estupido como para ensayar un salto corto. El aliento huracanado de Yesod me alcanzo como a una hoja y el salto me envio a la cubierta a los tumbos como un gimnasta; tuve suerte de que no me estrellara contra un palo.
Magullado y atonito, anduve a tientas buscando una compuerta. No encontre ninguna, y me habia resignado a esperar el dia cuando el dia llego, repentino como la voz de una trompeta. El sol de Yesod era del mas puro oro al rojo vivo, y se elevaba sobre un horizonte oscuro tan curvo como el borde superior de un escudo.
Por un instante me parecio que oia las voces de los Gandharvas, los cantantes que flanquean el trono del Pancreador; luego, muy adelante de la nave (pues vagabundeando en busca de una compuerta habia llegado casi a la proa), vi las alas desplegadas de un ave enorme. Nos precipitamos hacia ella como un alud pero nos vio, y batiendo una sola vez las alas poderosas se alzo por encima de nosotros sin dejar de cantar. Las alas eran blancas, el pecho como escarcha; y si las alondras de Urth pueden compararse con las flautas, la voz de esa ave de Yesod era una orquesta, porque parecia tener muchas voces que cantaban juntas, algunas altas y de una dulzura penetrante, otras mas bajas que cualquier tambor.
Por mucho frio que yo tuviera —y me sentia casi helado— no pude dejar de pararme a escucharla; y cuando estuvo a popa y ya no pude oirla, el tropel de palos me la oculto, y volvi a mirar adelante buscando otra.
No habia ninguna, pero el cielo no estaba vacio. Una nave de una clase que yo desconocia lo surcaba con alas mas anchas que las del ave y delgadas como hojas de espada. Pasamos por debajo, como habiamos pasado por debajo del ave; en ese momento plego las largas alas y se dejo caer hacia nosotros, con lo que por un momento pense que iba a estrellarse y morir, porque no tenia ni una milesima parte de nuestra masa.
Paso por sobre las puntas de los mastiles como un dardo sobre las lanzas de un ejercito, viro una vez mas hacia la proa y se poso en nuestro baupres como un leopardo que se tiende en una rama delgada para observar rastros de ciervos o calentarse al sol.
Espere que apareciera la tripulacion de la nave menor, pero no bajo nadie. Al cabo de un momento parecio que la nave abordaba la nuestra mas firmemente de lo que yo habia supuesto; un momento mas y empece a preguntarme si no habia sido un error tomarla por una nave, y no me habia equivocado del todo al creer que la veia, flotando, alli, sola, toda de plata contra ese mundo cerulento, o remontandose sobre el bosque de los
