Pega respondio algo pero no le hice caso. Me habia llamado la atencion un cuerpo que cabeceaba a una cadena de la balsa, y pense cuan absurdo era estar agachado sobre los muebles de un muerto, disimulando ante sirvientes, mientras Valeria se pudria bajo el agua. ?Como se habria burlado ella! Durante una pausa en la charla, le pregunte a Odilo si su padre no habia servido en el mismo puesto.
Se ilumino de placer.
—Por cierto que si, sieur, y toda su vida cumplio a enterisima satisfaccion. Fue en los grandes dias del padre Inire, sieur, cuando, si es licito decirlo asi, nuestro Hipogeo Apotropaico era famoso en toda la Comunidad. ?Puedo saber por que lo pregunta, sieur?
—Pensaba, nada mas. Es mas o menos lo habitual, se me ocurre.
—Si, sieur. Le dan al hijo la oportunidad de mostrar un buen temple; y si aprueba, conserva el cargo. Tal vez no lo crea, sieur, pero una vez mi padre encontro al tocayo de usted antes de que llegara a ser Autarca. ?Sabe algo de la vida y los hechos de ese hombre, sieur?
—No tanto como me gustaria, Odilo.
—Airoso modo de hablar, sieur. Sumamente airoso, en verdad. —Asintiendo, el gordo mayordomo echo una luminosa sonrisa a las mujeres, para asegurarse de que apreciaban la exquisita cortesia de mi respuesta.
Pega estudiaba el cielo. —Parece que llovera. Puede que al fin y al cabo no muramos de sed.
Tahis replico: —Otra tormenta. En cambio nos ahogaremos.
Les dije que esperaba que no, y habia empezado a examinar mi estado emocional cuando recorde que la acumulacion de nubes en el este ya no podia atribuirse al influjo de mi estrella.
Odilo no iba a privarse de contar la historia que habia anunciado. —Era noche entrada, sieur, y mi padre estaba haciendo la ronda final cuando vio una persona vestida con un habito fuligeno de carnifex, aunque sin la acostumbrada espada de ejecuciones. Como cabia esperar, lo primero que se le ocurrio fue que el hombre se habia disfrazado para una mascarada, de las cuales hay varias en cualquier noche en uno u otro sector de la Casa Absoluta. Sin embargo el sabia que en el Hipogeo Apotropaico no iba a haber ninguna, poco afectos a tales diversiones como eran el padre Inire y el entonces Autarca.
Sonrei, recordando la Casa Azur. La mujer morena me miro un instante y se tapo ostentosamente los labios con la mano, pero yo no tenia deseos de cortar el recital de Odilo; ahora que ya no vagaria mas por los Corredores del Tiempo, todo lo concerniente al pasado o el futuro me parecia infinitamente precioso.
—Su siguiente ocurrencia, que mas le habria valido fuese la primera, sieur, como tantas veces nos concedio a madre y a mi, sentados junto al fuego, fue que aquel carnifex, considerandose apto para pasar inadvertido, se disponia a cumplir alguna mision siniestra. Mi padre comprendio de inmediato que era vital, sieur, averiguar si su tarea servia al padre Inire o a algun otro. Por lo tanto se le acerco, audaz como si lo respaldara una cohorte de hastarii, y le pregunto directamente que hacia alli.
Thais murmuro: —Seguro que si hubiera andado en algo malo se lo habria dicho.
Odilo dijo: —Mi querida dama, puesto que se ha abstenido de informarnos, aun cuando nuestro alto huesped nos participo amablemente de su patricia identidad, ignoro quien puede ser usted. Pero es obvio que nada sabe de artificios, ni de las intrigas que se desarrollan dia a dia, ?y noche a noche!, en la miriada de pasillos de la Casa Absoluta. Mi padre sabia muy bien que ningun agente encargado de una mision secreta la habria descubierto, por abrupta que fuese la inquisitoria. Se confio al albur de que algun gesto involuntario o alguna expresion fugaz delatara la intencion traicionera, en caso de que la hubiese.
—?No llevaba ninguna mascara ese Severian? —pregunte—. Ha dicho que iba vestido de torturador.
—Estoy absolutamente seguro de que no, sieur, ya que mi padre lo describia a menudo: un semblante de hombre salvaje, sieur, crudamente marcado en una mejilla.
—?Lo conozco! —prorrumpio Pega—. He visto un retrato y un busto. Estan en el Hipogeo Absciticio; los puso la Autarca cuando se volvio a casar. Tiene aspecto de poder cortarte la garganta mientras silba entre dientes.
Senti como si me hubieran cortado la mia.
—?Muy acertado! —aprobo Odilo—. Algo muy parecido decia mi padre, aunque nunca de modo tan sucinto como para que yo pudiera recordarlo.
Pega estaba examinandome. —Nunca tuvo hijos, ?no es cierto?
Odilo sonrio: —Me figuro que eso se habria sabido.
—Hijos legitimos. Pero le habria bastado levantar una ceja para cubrir a cualquier mujer de la Casa Absoluta. Todas exultantes.
Oclilo le dijo que se mordiera la lengua. Ya mi: —Espero que perdone a Pega, sieur. Al fin y al cabo es casi un cumplido.
—?Que me digan que parezco un degollador? Si, es la clase de cumplidos que recibo siempre. —Yo hablaba sin reflexionar y de esa manera continue, buscando llevar la conversacion hacia el segundo matrimonio de Valeria y a la vez esconder la pena que sentia.?Pero no tendria que ser mi abuelo, ese degollador? Si Severian el Grande estuviera vivo, seguro que tendria mas de ochenta anos. ?A quien tendria que preguntarle por el, Pega? ?A mi madre o a mi padre? ?Y no creen que al fin y al cabo algo habra tenido ese hombre, para disponer de tantas chatelaines hermosas cuando de joven habia sido torturador, aun si la Autarca tomo un nuevo marido?
Para llenar el silencio que siguio a mi pequeno discurso, Odilo dijo: —Ese gremio fue abolido, sieur, creo yo.
—Por supuesto. Es lo que siempre cree la gente.
Todo el este se habia puesto negro ya, y el movimiento de la improvisada balsa era perceptiblemente mas vivo.
Pega susurro: —No queria ofenderlo, hiparca. Lo unico es que…
Lo que quiso decirme se perdio en el estruendo de la rompiente.
—No —le dije—. Tienes razon. Por lo que se era un hombre duro; y tambien cruel, al menos por reputacion, aunque puede que en esto el no hubiera estado de acuerdo. Muy posiblemente Valeria se caso con el por el trono, aunque a veces, se dice, no fue por eso. Al menos el segundo marido la hizo feliz.
Odilo rio entre dientes.
—Bien dicho, sieur. Limpia estocada. Has de cuidarte, Pega, cuando cruzas espadas con un soldado.
Thais se levanto, aferrando una pata de la mesa y senalando con la otra mano.
—?Mirad!
XLV — El barco
Era un velero; unas veces se alzaba tanto que veiamos el casco oscuro y otras casi se perdia, hundido y girando en los abismos de las olas. Gritamos hasta enronquecer, todos, y dimos saltos y agitamos los brazos, y por ultimo yo me puse a Pega en los hombros, donde se balanceo tan precariamente como yo en el bandeante howdah del balucho de Vodalus.
La tensa cangreja del barco oscilo en el viento. Pega gimio.
—?Se estan hundiendo!
—No —le dije yo—, estan saliendo.
El pequeno foque se vacio a su vez, aleteando, y luego volvio a llenarse. No se decir cuantos alientos o cuantos latidos de mi corazon pasaron hasta que vimos al agudo botalon apunalar el cielo como un mastil clavado en una colina verde. Pocas veces el tiempo paso para mi tan lentamente, y me parece que podrian haber sido varios cientos de latidos.
Un momento mas y teniamos el barco a un tiro de flecha, arrastrando una soga por el agua. Yo me zambulli, nada seguro de que los demas me seguirian pero pensando que a bordo los podria ayudar mas que en la balsa.
En seguida me parecio que habia caido en otro mundo, mas extravagante que el arroyo Madregot. Las infatigables olas y el cielo nublado desaparecieron como si no hubieran existido nunca. No habria podido decir por que medios, pero percibia una corriente poderosa; aunque los inundados pastizales de mi inundada nacion pasaran debajo de mi y sus arboles me llamaran con miembros suplicantes, el agua en si parecia en calma. Era
