como si yo observara el lento rodar de Urth por el vacio.
Al cabo vi una cabana con las paredes y la chimenea de piedra todavia en pie; la puerta abierta parecia hacerme senas. Senti un terror subito y desesperado como el dia en que me habia ahogado en el Gyoll, y nade hacia arriba en busca de la luz.
Mi cabeza rompio la superficie; la nariz me chorreaba agua. Por un momento tuve la impresion de que balsa y barco habian desaparecido, pero una ola levanto el barco y divise las curtidas velas. Comprendi que, aunque no lo pareciese, habia estado bajo el agua mucho tiempo. Nade con todas mis fuerzas, pero cuidandome de mantener la cara en el aire todo lo posible y cerrando los ojos cuando la hundia en el agua.
A popa estaba Odilo con una mano en la cana; al verme agito el brazo y me animo con gritos que yo no oia. Un momento despues aparecio en la regala la cara redonda de Pega, y luego otra cara desconocida, castana y arrugada.
Una ola me recogio como una gata recoge sus crias; cai cabeza abajo por la otra falda y en el seno me encontre con la soga. Odilo abandono la cana (que de todos modos, como vi al trepar a bordo, estaba sujeta con una cuerda) y se unio a los demas para subirme. Como la barquita tenia apenas dos codos de francobordo, no me costo mucho apoyar un pie en el timon y dejarme caer por encima de la popa.
Aunque me habia visto hacia menos de una guardia, Pega me abrazo como a un muneco de pano.
Odilo se inclino como si nos hubieran presentado en el Hipogeo Amarantino.
—?Sieur, temi que hubiera perdido usted la vida en estos mares tempestuosos! —Hizo una nueva inclinacion.— ?Sieur, es un extremo placer y un completo asombro, sieur, si se me permite decirlo asi, volver a verlo, sieur!
Pega fue mas directa. —?Todos pensamos que habia muerto, Severian!
Le pregunte a Odilo donde estaba la otra mujer; entonces la divise, justo cuando devolvia al mar el agua de un cubo. Como mujer sensata, estaba achicando; y como mujer sensata, lanzaba el agua a favor del viento.
—Esta aqui, sieur. Ahora estamos todos aqui, todos juntos, sieur. Yo mismo fui el primero en llegar a esta embarcacion. —Odilo hincho el pecho con disculpable orgullo.— Pude ayudar un poco a las mujeres, sieur. Pero a usted, sieur, nadie lo habia visto desde que, si cabe formularlo asi, sieur, echamos nuestros destinos a las olas. Es una enorme felicidad, sieur, si, una verdadera delicia… —Se recompuso.— Claro que un joven oficial de su constitucion fisica e indudable arrojo no podia correr gran peligro, sieur, alli donde humildes personas habiamos salido con bien, sieur. Aunque por poco margen, sieur. Por escasisimo margen. Y sin embargo a las jovenes les inquietaba no verlo, sieur, por lo cual espero y confio que las perdone.
—No hay nada que perdonar —le dije—. Gracias a todos por vuestra ayuda.
El dueno del barco, un viejo marino, hizo un gesto complejo (medio oculto por la gruesa chaqueta) que fui incapaz de entender y escupio a barlovento.
—Nuestro salvador —dijo Odilo, radiante— es…
—No importa —espeto el marino—. Vaya alli y adrice la mayor. El foque tambien se ha enredado. Vamos, muevase o esto se va a la banda.
Hacia diez anos o mas que habia navegado en el Samru, pero entonces habia aprendido como opera un aparejo de largo a largo y yo no me olvido de nada. Antes de que Odilo y Pega lograran vislumbrar los misterios de un simple cordaje, ya habia adrizado la hinchada vela mayor, y con la ayuda del estay, librado el foque y recogido el pano.
Vivimos el resto del dia con miedo a la tormenta, impulsados por los fuertes vientos que la precedian, siempre escapando pero nunca del todo seguros. Hacia la noche el peligro parecio reducirse, y nos pusimos al pairo. El marino nos dio una taza de agua a cada uno, una racion de pan duro y una rebanada de carne ahumada. Yo sabia que tenia ganas de comer, pero descubri que estaba desesperadamente hambriento, como todos los demas.
—Hay que abrir bien los ojos y buscar comida —instruyo solemnemente a Odilo y las mujeres—. A veces en los naufragios se encuentran cajas de galletas o barriles de agua. Supongo que este es el mayor naufragio que ha habido nunca. —Hizo una pausa, escrutando el velero y el mar de alrededor, alumbrado aun por la demorada incandescencia del nuevo sol de Urth.— Hay islas, o habia, pero tal vez no las encontremos, y no tenemos comida ni agua suficiente para llegar a las Tierras Janticas.
—He observado —dijo Odilo— que en el curso de la vida los acontecimientos alcanzan un nadir a partir del cual luego se elevan. La destruccion de la Casa Absoluta, la muerte de nuestra amada Autarca… si por piedad del Increado no esta viva aun en algun lugar…
—Esta viva —le dije—. Creame. —Cuando vi que me miraba con ojos esperanzados, solo pude agregar debilmente:— Siento que esta viva.
—Confio en usted, sieur. Pero como decia, entonces las circunstancias empeoraron. — Miro en torno, e incluso Thais y el viejo marino asintieron.— Y no obstante vivimos. Yo descubri una mesa que flotaba y pude ofrecer mi auxilio a estas pobres mujeres.
Juntos descubrimos mas muebles y construimos la balsa, en la cual no tardo en sumarsenos nuestro eminente huesped; y por ultimo nos rescato usted, capitan, por lo cual le estamos enormemente agradecidos. Diria yo que hay en esto una tendencia. Creo que por algun tiempo nuestras circunstancias se inclinaran a mejorar.
Pega le toco el brazo.
—Usted habra perdido a su mujer, Odilo, y a su familia. Es admirable que no los mencione, pero sabemos como puede sentirse.
El sacudio la cabeza. —Nunca me case. Aunque a menudo lo he lamentado, hoy me alegro. Ser mayordomo de todo un hipogeo, y particularmente del Hipogeo Amarantino en los tiempos del padre Inire, como era yo en mi juventud, requiere un esfuerzo incesante; apenas queda una guardia para dormir. Con anterioridad al lamentado deceso de mi padre, hubo cierta joven, servitrix confidencial de una chatelaine, si puedo decirlo asi, con quien tenia esperanzas… Pero la chatelaine se retiro a sus dominios. La joven y yo nos escribimos durante un tiempo. —Suspiro.— Indudablemente encontro otro, pues una mujer siempre encontrara otro si lo desea. Espero y confio que fuera digno de ella.
De haber sido capaz, yo habria intervenido para aliviar la tension; pero dividido como estaba entre la comprension y la gracia, no se me ocurrio nada inocuo que decir. Las infladas maneras de Odilo lo hacian parecer ridiculo, y sin embargo yo tenia conciencia de que esas maneras habian evolucionado a lo largo de muchos anos, a traves de los reinados de muchos Autarcas, como forma de preservar a la gente de palacio, asi como Odilo habia sido preservado ultimamente de la destitucion y la muerte; y ahora tenia conciencia de que yo mismo habia sido uno de esos Autarcas.
Pega habia empezado a hablarle en un tono que era casi un susurro y, aunque yo oia la voz por encima del golpeteo de las olas contra la banda, no alcanzaba a discernir que decia. Tampoco estaba seguro de querer oirlo.
El viejo marinero habia estado hurgando en la pequena boveda que cubria las dos ultimas anas de la popa.
—Solo tengo cuatro mantas —anuncio.
Odilo interrumpio a Pega para decir: —Entonces yo me las arreglare sin nada. Ya se me ha secado la ropa y no tengo por que sentirme incomodo.
El marino arrojo una manta a cada mujer y otra a mi y se quedo con la restante.
Puse la mia en las rodillas de Odilo.
—Yo no voy a dormir por un rato; tengo que pensar algunas cosas. ?Por que mientras tanto no la usa? Cuando tenga sueno tratare de tomarla sin despertarlo.
Thais empezo: —Yo… —Y vi casualmente que a Pega le daba un codazo tan fuerte que le corto la respiracion.
Odilo dudada; en la luz declinante yo apenas le distinguia la cara demacrada, pero sabia que seguramente estaba muy cansado. Por fin dijo: —Es una gran amabilidad, sieur. Gracias, sieur.
Hacia rato que yo habia terminado mi racion de pan y carne ahumada. No deseando darle tiempo a que se arrepintiera, fui a la proa y contemple el mar. Las olas guardaban todavia un fulgor de crepusculo, y yo sabia que esa luz era mia. En aquel momento comprendi que puede sentir el Increado y conoci los dolores que el conoce por la muerte de las cosas que crea. Incluso el, me parece, estara sujeto a la ley —es decir, a la necesidad logica— de que no puede existir nada eterno en el futuro que no este, como el mismo, arraigado en la eternidad pasada. Y
