Ella lo miro fijamente en la oscuridad. En el otro extremo de la habitacion, la ventana del oeste despedia una luz tenue. La colera obstinada, implacable y misteriosa que habia en la voz de Ged la enfurecio.

—?Tu, el Archimago, me preguntas a mi? ?Por que me haces parecer mas tonta de lo que soy, Ged?

El se puso de pie. Le temblaba la voz. —?Pero no ves…, no puedes ver…, que todo se ha acabado…, ha desaparecido?

Ella se quedo sentada con la mirada fija, tratando de verle la cara.

—No tengo poder, no tengo nada. Lo entregue, lo consumi…, todo lo que tenia. Para cerrar…, de modo que… ya esta, se ha acabado.

Ella trato de negar lo que el decia, pero no pudo.

—Como echar un poco de agua —dijo el—, un vaso de agua en la arena. En la tierra yerma. Tenia que hacerlo. Pero ahora no me queda nada para beber. ?Y de que sirve, de que sirvio un vaso de agua en todo el desierto? ?Ha desaparecido el desierto acaso?… ?Ah! ?Escucha!… Solia susurrarme eso del otro lado de esa puerta: ?Escucha, escucha! Y me marche a la tierra yerma cuando era joven. Y la encontre alli, me converti en ella, despose a mi muerte. Me dio vida. Agua, el agua de la vida. Yo era una fuente, un manantial vivo, generoso. Pero las fuentes estan secas alli. Al final todo lo que me quedaba era un vaso de agua y tuve que vaciarlo en la arena, en el lecho del rio seco, sobre las rocas en la oscuridad. De modo que ha desaparecido. Se ha acabado. Ya esta hecho.

Habia aprendido bastante, de Ogion y del mismo Ged, como para saber a que tierra se referia y aunque hablaba en imagenes esas imagenes no eran mascaras que ocultaran la verdad sino la verdad misma como el la habia visto. Sabia tambien que debia negar lo que el le decia, aunque fuese cierto. —No te das tiempo, Ged —le dijo—. Se ha de tardar mucho en regresar de la muerte… aunque sea volando en un dragon. Te llevara mucho tiempo. Tiempo y calma, silencio, quietud. Te han herido. Sanaras.

El se quedo en silencio por largo rato, de pie. Ella sentia que habia dicho lo que debia decir y que le habia dado cierto consuelo. El hablo al cabo.

—?Como la nina?

Fue como un cuchillo tan afilado que no sintio cuando se le clavaba en el cuerpo.

—No se —dijo el en el mismo tono suave y seco— por que te hiciste cargo de ella, sabiendo que no podia curarse. Sabiendo lo que ha de ser su vida. Supongo que es parte de la epoca en que hemos vivido…, una epoca sombria, de destruccion, una epoca en que algo se acaba. Supongo que te hiciste cargo de ella asi como yo sali al encuentro de mi enemigo, porque era lo unico que podias hacer. Y tenemos que seguir viviendo con el botin de nuestra victoria sobre el mal hasta que llegue la nueva era. Tu con tu nina quemada, yo sin nada en absoluto.

La desesperacion se expresa con una voz tranquila, serena. Tenar se dio vuelta a mirar la vara del mago en el espacio oscuro a la derecha de la puerta, pero no habia luz alli. Todo estaba a oscuras, dentro y fuera. A traves de la puerta abierta se divisaban un par de estrellas, lejanas y difusas. Las miro. Queria saber que estrellas eran. Se levanto y se dirigio a tientas a la puerta, pasando delante de la mesa. La bruma se habia elevado y no se veian muchas estrellas. Una de las que habia visto desde el interior era la estrella blanca del verano que en Atuan, en su propia lengua, llamaban Tehanu. No conocia la otra estrella. No sabia que nombre le daban a Tehanu alli, en la lengua hardica, o cual era su nombre verdadero, como la llamaban los dragones. Solo sabia como la habria llamado su madre, Tehanu, Tehanu. Tenar, Tenar…

—Ged —dijo desde la puerta, sin darse vuelta—, ?quien te trajo aqui, cuando eras nino?

El se le acerco y se quedo de pie, contemplando tambien el brumoso horizonte del mar, las estrellas, la oscura mole de la montana por encima de ellos.

—Nadie en realidad —dijo el—. Mi madre murio poco despues de que naci. Tenia hermanos mayores. No los recuerdo. Estaba mi padre, que era herrero. Y la hermana de mi madre. Era la bruja de Diez Alisos.

—?Tia Musgo? —dijo Tenar.

—Mas joven. Tenia cierto poder.

—?Como se llamaba? El se quedo en silencio.

—No recuerdo —dijo lentamente.

Al cabo de un rato, dijo: —Ella me enseno los nombres. Halcon, halcon peregrino, aguila, halieto, milano, gavilan…

—?Que nombre le das a esa estrella? La estrella blanca, alla en lo alto.

—El Corazon del Cisne —dijo el, alzando los ojos—. En Diez Alisos la llamaban Flecha.

Pero no dijo su nombre en la Lengua de la Creacion ni los nombres verdaderos que la bruja le daba al halcon, al gavilan.

—Lo que dije… alli… estuvo mal —dijo suavemente—. No deberia hablar. Perdoname.

—Si no hablas, ?que puedo hacer sino dejarte solo? —Se volvio hacia el.— ?Por que piensas solo en ti, siempre en ti? Sal por un rato —le dijo furiosa—. Quiero acostarme.

El salio de la casa, perplejo, musitando una disculpa; y ella fue hasta el rincon, se quito la ropa y se acosto, y oculto la cara en la dulce tibieza de la nuca sedosa de Therru.

«Sabiendo lo que ha de ser su vida…»

Su colera contra Ged, su estupido rechazo de la verdad que encerraba lo que le habia contado, surgian de una decepcion. Aunque Alondra habia dicho muchas veces que no habia nada que hacer, habia tenido la esperanza de que Tenar pudiese curar las heridas; y aunque insistia en que ni siquiera Ogion podria haberlo hecho, Tenar habia tenido la esperanza de que Ged curase a Therru…, pudiese apoyar la mano en la cicatriz y que la cicatriz desapareciese y sanara, que el ojo ciego brillara, que la mano contraida se aflojara, que la vida quedara intacta.

«Sabiendo lo que ha de ser su vida…»

Los rostros que se apartaban, los gestos para conjurar el mal, el horror y la curiosidad, la malsana piedad y la amenaza punzante, porque las heridas atraen nuevas heridas… Y jamas los brazos de un hombre. Nunca nadie que la abrazara. ?Si!, el tenia razon, la nina deberia haber muerto, deberia estar muerta. Deberian haberla dejado marcharse a esa tierra yerma, ella y Alondra y Hiedra, viejas entrometidas, compasivas y crueles. El tenia razon, siempre tenia razon. Pero, entonces, los hombres que se habian aprovechado de ella para satisfacer sus apetitos y para jugar con ella, la mujer que habia permitido que lo hicieran…, habian tenido razon al golpearla hasta dejarla inconsciente y al arrojarla al fuego para que muriera quemada. Solo que no habian consumado lo que se proponian. Habian perdido la calma, le habian dejado algo de vida. Habian hecho mal. Y todo lo que ella, Tenar, habia hecho estaba mal. La habian entregado a los poderes sombrios cuando era nina: habia sido devorada por ellos, habian permitido que la devoraran. ?Creia acaso que por cruzar el mar, por aprender otras lenguas, por ser la esposa de un hombre, una madre, simplemente por vivir su vida podria ser alguna vez algo distinto de lo que era: su sierva, su alimento, alguien a quien podian utilizar para satisfacer sus apetitos y para jugar con ella? Por estar destruida, habia atraido lo que estaba destruido, parte de su propia ruina, el cuerpo de su propio mal.

La nina tenia cabellos finos, tibios, fragantes. Estaba acurrucada en los tibios brazos de Tenar, sonando. ?Que de malo podia haber en ella? Le habian hecho dano, un dano irreparable, pero no habia nada malo en ella. No estaba perdida, no estaba perdida, no estaba perdida. Tenar la abrazo y se quedo quieta y se concentro en la luz de su sueno, los remolinos de luz resplandeciente, el nombre del dragon, el nombre de la estrella, Corazon de Cisne, la Flecha, Tehanu.

Estaba peinando a la cabra negra para quitarle la delicada lana pegada a la piel que luego hilaria y llevaria donde una tejedora para que hiciera con ella un trozo de sedosa tela afelpada de la Isla de Gont. Miles de veces le habian quitado la lana de esa manera a la cabra negra y le gustaba que lo hicieran, se inclinaba hacia el peine de alambre que se hundia y tironeaba. La lana gris negruzca se fue apilando en una nube suave y polvorienta que Tenar guardo finalmente en una bolsa de malla; para agradecerle, le quito a la cabra algunos cardos de las puntas de las orejas y le dio una afable palmada en el flanco redondeado. «?Baaa!», dijo la cabra y se alejo trotando. Tenar salio de la dehesa cercada y camino hasta la entrada de la casa, mirando el prado para asegurarse de que Therru seguia jugando alli.

Musgo le habia ensenado a la nina a tejer cestas de hierba y, a pesar de la torpeza de su mano contraida, habia empezado a aprender a hacerlo. Estaba sentada en el prado con su labor en el regazo, pero sin trabajar. Miraba a Gavilan.

El estaba bastante lejos, hacia la orilla del precipicio. Estaba de espaldas y no sabia que alguien lo miraba, porque observaba atentamente a un pajaro, un cernicalo joven; y, a su vez, el pajaro observaba atentamente a

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