– Yo no se si la conocia o no. Pero lo dudo

– ?Por que lo dice?-dijo Aimee

– No podia, digamos, tener contacto con los judios-dijo Monsieur Rambuteau

– ?Podria llevar sus sentimientos hasta el extremo?

Monsieur Rambuteau desvio la mirada sobresaltado

– No. Nunca. Le he dicho que puede dejarse llevar, pero eso es todo. Es culpa mia, en realidad. Yo lo he animado. Bueno, al principio me alegre de que se metiera en politica. Una buena causa

Obviamente, de casta le venia al galgo. Aimee se esforzo por hablar en un tono neutro

– En su opinion, ?una buena causa incluye grupos a favor de la supremacia aria?

– Yo no he dicho esos-dijo con un carraspeo-. Al principio, Thierry y yo hablabamos sobre su ideologia. Hay algunos puntos de su programa, se este o no de acuerdo, que tienen sentido. Esta claro que no disculpo la violencia, pero, que yo sepa, Thierry no ha tenido nada que ver con ellos ultimamente. Su campo es la filmacion.

– ?Diria usted, Monsieur Rambuteau, que la educacion de su hijo se produjo en un ambiente politicamente conservador?-dijo

El enarco las cejas y se encogio de hombros

– Digamos que servimos le sucre a droite, y no a gauche.

Se estaba refiriendo al azucar blanco y al moreno, la metafora para referirse a los conservadores de la derecha y a los socialistas de izquierda. Sabia que en muchos hogares las inclinaciones politicas se identificaban con el tipo de azucar que se encontraba en los azucareros.

– ?Tenia su esposa las mismas ideas?-dijo ella

– No me averguenza decir que teniamos en buena consideracion al mariscal Petain y su Gobierno de Vichy. Usted no ha vivido una guerra. Usted no podra entender como intento el mariscal limpiar la reputacion de Francia-dijo el

Aimee se inclino hacia adelante

– ?Es por eso por lo que Thierry recibe fondos de una organizacion alemana de extrema derecha y por lo que usted apoya a Les Blancs Nationaux?

El achico los ojos

– No puede usted probarlo

– No es demasiado dificil comprobar que a Les Blancs Nationaux los financia el grupo de supremacia aria de la DFU. Y seguro que eso molesta a los que todavia recuerdan a los alemanes como nazis y “boches”.

Las mejillas de monsieur Rambuteau se habian puesto rojas y su respiracion se habia vuelto dificultosa. Tomo el frasco de pildoras amarillas de encima de la mesa que tenia delante. Lo agito para sacar tres, se sirvio un vaso de agua y las trago de golpe. Su debil respiracion era entrecortada.

Finalmente, tomo aire y junto las manos

– Estoy enfermo-dijo-. Sera mejor que se vaya.- Se levanto haciendo un esfuerzo evidente y la acompano a la puerta-. Mi hijo no seria capaz de hacer dano a nadie-dijo. Aimee vio el dolor en sus pequenos ojos cansados.

– No me ha convencido, monsieur.-Se ajusto la boina y lo miro resuelta-.Volvere

El cerro la puerta y Aimee anduvo bajo la lluvia incesante hasta la parada del autobus

Con la ayuda de Rene y su habilidad con el ordenador, demostraria que Les Blancs Nationaux existian gracias al dinero neonazi. Veinte minutos mas tarde bajo del autobus en la calle St. Louis cerca de su casa y entro en el cafe de la esquina de su calle. Chez Mathieu le resultaba mas apetecible y calido que su apartamento.

– Bonjour, Aimee-la saludo un hombre bajo y fornido vestido con un delantal blanco que jugaba a la maquina de dardos en un rincon. Sonaba un tintineo de campanillas cuando los darlos daban en el blanco.

– Ca va, Ludovice? Un cafe creme, por favor.

El asintio. El cafe estaba vacio

– Tengo unos huesos para tu chico.-Se referia a Miles Davis

– Merci.-Aimee sonrio y escogio una mesa junto a las empanadas ventanas que daban al Sena. Extendio sus papeles para que se secaran y saco el ordenador portatil, pero la encimera de marmol estaba pegajosa y necesitaba cubrirla con algo. Saco algo de papel y se dio cuenta de que lo que tenia en las manos era el folio de monsieur Rambuteau. Y tambien la carpeta, que habia cogido por error. La abrio

Las listas con las posesiones personales de Nathalie Rambuteau llenaban dos paginas. Sobados guiones de cine y viejos programas de teatro se alineaban en la carpeta junto a dos fajos de fotocopias, uno de los cuales llevaba la etiqueta: “Ultimas voluntades y testamento”. Aimee lo abrio con curiosidad. En la parte superior se encontraba un codicilo con fecha de tres meses antes: “Enferma terminal, yo, Nathalie Rambuteau, no puedo mantener en secreto los origenes de mi hijo con la conciencia tranquila. No puedo romper la promesa que hice a la madre biologica de mi hijo. Tras mi fallecimiento, solicito que mi hijo sea informado sobre sus verdaderos progenitores”.

Grapada en la parte posterior habia una nota escrita con caligrafia alargada: “S:S.carta con el notario Maurice Barrault”. Aturdida, se acomodo en el asiento. ?Quien era la verdadera madre de Thierry?

– Ca va? – le pregunto Ludovice cuando le puso el cafe sobre la mesa

– ?Dios! No se. ?Tienes un cigarro?

– Pensaba que lo habias dejado.-Se froto las manos mojadas en el delantal y metio la mano en el bolsillo

– Pues si.-Acepto un Gauloise sin filtro y el se lo encendio. Mientras inhalaba profundamente, el acre humo le golpeo la garganta y sintio la familiar sacudida cuando lleno sus pulmones. Exhalo el humo saboreandolo.

Aimee le senalo una silla. Se desato el delantal, se sento y encendio un cigarrillo

– Deja que te pregunte una cosa…-comenzo a decir ella

– Tomamos algo. Yo te invito.-Cogio una botella de Pernod y dos vasos de chupito y lo sirvio-. ?De que se trata?

El cafe vacio estaba silencioso a no ser por la lluvia que rebotaba en el tejado

– ?Crees en los fantasmas?-pregunto Aimee-. Porque creo que yo estoy empezando a hacerlo

Aimee abandono el cafe cuando dejo de llover y entro en su piso con aire cansado. Antes de que pudiera desprenderse de sus ropas humedas, comenzo a sonar el telefono

Contesto. La enfermera a la que habia dado unos cuantos francos para que la informara de cualquier cambio en el estado de Soli Hcht le hablaba deprisa.

– Soli Hecht ha salido del coma hace quince minutos-dijo

– Voy ahora mismo

Se puso rapidamente unos pantalones negros y botines rojos de lona, se enrollo al cuello un panuelo de Channel bajo la chamarra vaquera y bajo corriendo los dos tramos de escaleras de marmol. Su ciclomotor se tambaleaba y rebotaba sobre los irregulares adoquines del muelle. Al cruzar el Sena, el aire renovado por la lluvia se mezclaba con un ligero olor a caneria. Su padre lo llamaba “el perfume de Paris”. Se mantuvo en las calles pequenas del Marais. En el exterior del hospital St. Catherine, empotro el ciclomotor contra otros en fila y lo aseguro.

El olor a tabaco y el timbre amortiguado de un altavoz la saludaron cuando aparecio en el quinto piso del hospital. Ceniceros desbordados ensuciaban la sala de espera cerca de una fila de tiestos con plantas marchitas.

Se dirigio a grandes zancadas sobre el gastado linoleo hacia la habitacion 525. Sonaban estridentes zumbidos al tiempo que un equipo de enfermeras y medicos paso volando a su lado

– ?Attention! Liberen el paso-grito un medico que paso junto a ellos empujando una unidad medica

Ella lo siguio mientras sentia un terrible presentimiento. Un medico estaba arrodillado junto a un policia

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