bondadosamente, como para tranquilizarme:
»Por un momento lo mire. Senti la tentacion de sonreir. Entonces se me ocurrio aceptar. Pero incluso cuando lo seguia por el pasillo, en las sombras del vestibulo, sabia que no seria nada, que era una locura. No obstante, me arrodille en el pequeno cubiculo de madera, con mis manos cruzadas y el se sento dentro del confesionario y abrio la ventanilla para mostrarme el esbozo mortecino de su perfil. Lo mire un momento. Y entonces dije, levantando la mano para hacer la senal de la cruz.
»—Bendigame, padre, porque he pecado, he pecado tan a menudo y hace tanto tiempo que no se como cambiar ni como confesar ante Dios todo lo que he hecho.
»—Hijo, Dios es infinito en su capacidad de misericordia —me dijo—. Diselo a El de la mejor manera que conozcas y desde el fondo de tu corazon.
»—Asesinatos, padre, muerte tras muerte: la mujer que murio hace dos noches en Jackson Square. Yo la mate. Y a miles de otros antes que a ella, uno o dos por noche, padre, durante setenta anos. He caminado por las calles de Nueva Orleans como el Segador Maldito y me he alimentado de vida humana para mantener mi propia existencia. No soy un mortal, padre; soy inmortal y condenado, como los angeles puestos en el infierno por Dios. Soy un vampiro.
»El cura me miro:
»Salio del confesionario con un portazo. Rapidamente abri la puerta y lo vi de pie.
»Me miro furioso. Entonces me acerque, lenta, muy lentamente, y, al principio, parecio mirarme indignado; luego, confuso, dio un paso atras. La iglesia estaba vacia, oscura; el sacristan se habia retirado y las velas ardian, fantasmales, en los altares mas distantes. Producian como una especie de corona, encima de su cabeza cana y de su cara.
»Lo mantuve en un abrazo sobrenatural, del que no podia esperar apartarse, y lo acerque aun mas a mi cara. Abrio la boca horrorizado.
»Hundio sus unas en mis manos tratando de liberarse, y el misal cayo al suelo, y su rosario repiqueteo entre los dobleces de su sotana. Fue como si luchara contra las estatuas animadas de los santos. Estire los labios hacia atras y le mostre mis dientes virulentos:
»—?Por que permite El que yo viva?
»Su cara me enfurecio, su miedo, su desprecio, su furia. Vi todo eso; era el mismo odio que me habia tenido Babette, y el me susurro, pero con panico mortal:
»—?Dejame, demonio!
»Lo deje, contemplando con fascinacion siniestra como se alejaba, moviendose por el pasillo central como si caminara entre la nieve. Y entonces me lance en pos de el tan rapidamente que en un instante lo abrace con mis brazos estirados, y lo envolvi con mi capa en la oscuridad. Hizo un ultimo intento desesperado por desasirse, mientras me maldecia y llamaba en su ayuda a Dios en el altar. Y entonces lo agarre en los primeros escalones de la barandilla de la Comunion y alli lo di vuelta para que me viera, y le hundi los dientes en el cuello.
El vampiro se detuvo.
Un minuto antes, el entrevistador habia estado a punto de prender un cigarrillo. Pero ahora se quedo sentado con las cerillas en una mano y el cigarrillo en la otra, inmovil como un maniqui de vitrina, mirando al vampiro. Este tenia la vista fija en el suelo. Se dio vuelta de repente, le quito las cerillas al muchacho de la mano, encendio una y se la ofrecio. El chico se inclino. Inhalo y expulso el humo rapidamente. Destapo la botella y tomo un largo trago, con sus ojos siempre fijos en el vampiro.
Nuevamente fue paciente, a la espera de que el vampiro reanudara el hilo de la narracion.
—No recordaba la Europa de mi infancia. Ni siquiera el viaje a America, en realidad. Que yo hubiera nacido era una idea abstracta. No obstante, ejercia una atraccion en mi tan poderosa como Francia puede tenerla para un hombre de las colonias. Yo hablaba frances, leia frances, recordaba haber esperado los informes sobre la Revolucion y leido los reportajes de las victorias de Napoleon en los diarios franceses. Recuerdo la rabia que senti cuando el vendio la colonia de Luisiana a los Estados Unidos. Yo no sabia cuanto del mortal frances aun vivia en mi. En realidad, ya habia desaparecido, pero yo sentia un inmenso deseo de ver Europa y de conocerla, lo que me venia no solo de haber leido toda su literatura y filosofia, sino tambien de una sensacion de haber sido formado en Europa con mas profundidad y agudeza que el resto de los norteamericanos. Yo era un
»Y entonces, en ese momento, me concentre en ello, empezando a sacar de mis armarios y baules todo lo que no me fuera esencial. Y la verdad es que muy pocas cosas me eran esenciales. La mayor parte se quedaria en la casa de la ciudad, a la que estaba seguro de retornar tarde o temprano, aunque solo fuera para pasar mis posesiones a otra parecida y asi empezar una nueva vida en Nueva Orleans. No podia concebir la idea de irme para siempre. Pero tenia mi corazon y mis pensamientos en Europa.
»Empece a darme cuenta por primera vez de que podria ver el mundo, si asi lo deseaba. Que era, como habia dicho Claudia, libre de ir a donde quisiera.
»Mientras tanto, ella hizo un plan. Su idea mas decidida era que primero debiamos ir a Europa central, donde los vampiros parecian ser mas numerosos. Ella estaba segura de que alli podriamos encontrar algo que nos instruyera, nos explicara nuestros origenes. Pero parecia ansiosa por algo mas que respuestas: queria una comunion con los de su propia especie. Lo mencionaba sin cesar:
»—Mi propia especie… —y lo decia con una entonacion diferente a la que yo podria haber usado.
»Me hizo sentir el abismo que nos separaba. En los primeros anos de nuestra vida en comun, yo habia pensado que ella era como Lestat, empenada en su instinto de matar, aunque compartiera mis gustos en todo lo demas. Ahora sabia que ella era mas inhumana de lo que jamas podriamos haber sonado ni Lestat ni yo. Ni la mas remota concepcion la vinculaba con la simpatia por la existencia humana. Quizas esto explica por que —pese a todo lo que yo habia hecho o dejado de hacer—, ella se aferraba a mi. Yo no era de
—Pero, ?no era posible —pregunto el muchacho de repente— ensenarle los resortes del corazon humano del mismo modo que usted le enseno todo lo demas?
—?Para que? —pregunto francamente el vampiro—. ?Para que sufriera como yo? Oh, te aseguro que deberia haberle ensenado algo para impedir que matara a Lestat. Lo tendria que haber hecho por mi propio bien. Pero, ?ves?, yo habia perdido
El muchacho asintio con la cabeza.
—No era mi intencion interrumpirle. Usted estaba por llegar a algo —dijo.
—Unicamente a que me fue posible olvidarme de lo que le habia sucedido a Lestat concentrandome en Europa. Y la idea de que hubiera otros vampiros tambien me inspiraba. Ni por un instante habia sido cinico acerca de la existencia de Dios. Simplemente estaba alejado de ella. Era un sobrenatural andando por el mundo natural.
»Pero teniamos otro asunto importante antes de partir a Europa. Oh, por cierto, sucedio algo importante. Empezo con el musico. Vino la tarde en que yo estaba en la catedral y volveria a la noche siguiente. Yo habia despedido a los criados y le fui a abrir en persona. Su aspecto me sorprendio de inmediato.
»Estaba mucho mas delgado de lo que recordaba. Y muy palido, con un brillo humedo en el rostro que sugeria la fiebre. Y tenia un aspecto absolutamente miserable. Cuando le dije que Lestat se habia ido, al principio se nego a creerme y empezo a insistir en que Lestat le tenia que haber dejado algun mensaje, algo. Y luego subio por la rue Royale, hablando solo como si apenas se diera cuenta de que habia gente a su alrededor. Lo segui hasta un farol de gas.
