encerro en la sala trasera. Y me parecio escuchar otra voz, un susurro. Claudia jamas traia a nadie al piso; nadie, salvo Lestat, lo hacia. El si traia a sus mujeres. Pero supe que alli habia alguien; sin embargo, no me llego ningun olor, ningun sonido preciso. Luego, hubo aromas de comida y bebida. Y los crisantemos estaban en la jarra de plata; flores que para Claudia significaban la muerte.

»Luego vino Lestat, cantando algo entre dientes. Su baston hizo un ruido continuo en la barandilla de la escalera de caracol. Vino por el largo pasillo, con su rostro encendido por la matanza, y los labios rojos, y puso su musica en el piano.

»—?Lo mate o no lo mate? —me hizo la pregunta, senalandome con un dedo—. ?Que opinas?

»—No lo hiciste —dije torpemente—. Porque me invitaste a ir contigo y jamas compartes conmigo tus muertes.

»—Ah, pero… ?lo mate porque me enfureciste rechazando mi invitacion! —dijo, y levanto de un golpe la tapa del teclado.

»Pude ver que continuaria en esa vena hasta la madrugada. Estaba excitado. Lo mire tocando la musica, pensando, ?Puede morir? ?Puede realmente morir? ?Y ella piensa hacerlo? En un momento, quise ir a verla y decirle que abandonara todo, incluso el proyectado viaje, y que vivieramos como hasta entonces. Pero tuve la sensacion de que ya no habria marcha atras. Desde el dia en que ella habia empezado a hacerle preguntas, esto —fuera lo que fuese— era inevitable. Y senti un peso encima de mi clavandome en la silla.

»Hizo dos acordes con las manos. Tenia un gran alcance y, en una vida mortal, hubiera sido un buen pianista. Pero tocaba sin sentimiento, siempre estaba fuera de la musica, sacandola del piano como por arte de magia, por el virtuosismo de sus sentidos y su dominio de vampiro; la musica no salia a traves de el, no era arrancada por el mismo.

»—Y bien, ?lo mate o no lo mate? —volvio a preguntarme.

»—No, no lo hiciste —le respondi, aunque facilmente podria haber asegurado lo contrario. Me concentraba en mantener la mascara.

»—Tienes razon. No lo hice —dijo—. Me excita estar a su lado, pensarlo una y otra vez: lo puedo matar y lo hare, pero no ahora. Y luego lo dejare y encontrare a alguien que se le parezca lo mas posible. Si tuviera hermanos…, los mataria uno a uno —dijo, con una especie de rugido burlon—. A Claudia le gustan las familias. Hablando de familias, supongo que lo has oido. Se supone que la casa Freniere esta encantada; no pueden conservar ningun superintendente y los esclavos se escapan inevitablemente uno tras otro.

»Esto era algo de lo que yo no queria oir hablar. Babette habia muerto joven, demente; al final, no le permitian caminar por las ruinas de Ponte du Lac, porque ella insistia en que alli habia visto al diablo y que lo debia encontrar; oi hablar de ello. Y luego vinieron las noticias del funeral. Yo habia pensado de tanto en tanto ir a verla, tratar de encontrar algun medio de rectificar lo que habia hecho; en otras ocasiones, pense que el tiempo todo lo curaria. En mi nueva vida de matanzas nocturnas, me habia alejado de la intimidad sentida con ella o con mi hermana o con cualquier mortal. Y observe la tragedia finalmente como desde un palco del teatro, emocionado de tanto en tanto, pero nunca lo suficiente como para bajarme por las barandillas y sumarme a los actores en el escenario.

»—No hables de ella —le dije.

»—Muy bien. Hablaba de la plantacion. No de ella. ?Ella! Tu dama amorosa, tu fantasia —me sonrio—. ?Sabes?, al final todo salio como yo queria, ?no es asi? Pero te cuento de mi joven amigo y como…

»—Ojala tocaras su musica —dije en voz baja, sin agresividad, pero lo mas persuasivo posible.

»A veces esto funcionaba con Lestat. Si yo le decia algo especificamente correcto, se ponia a hacerlo. Y entonces lo hizo; con una leve mueca, como diciendo: “Tu, tonto”, empezo a tocar la musica. Oi las puertas de la sala trasera y los pasos de Claudia por el corredor. “No vengas, Claudia —pense yo, sintiendola—, alejate antes de que todos quedemos destrozados.” Pero ella vino y se detuvo ante el espejo del pasillo. Pude oirla abrir la pequena mesa tocador y luego el susurro de su peine. Tenia un perfume floral. Me di vuelta lentamente para verla cuando apareciese en la puerta, aun de blanco, y se encaminara por la alfombra hacia el piano en silencio. Se quedo al lado del teclado, con sus manos sobre la madera, su menton sobre las manos y los ojos fijos en Lestat.

»Pude ver el perfil de Lestat y la pequena cara de Claudia mas alla, mirandolo.

»—?Que pasa ahora? —dijo el, doblando la pagina y dejando que su mano le cayera sobre la pierna—. Me irritas. ?Tu mera presencia me irrita!

»Volvio la vista a la pagina.

»—?De verdad? —dijo ella con su voz mas dulce.

»—Si. Y te dire algo mas. He conocido a alguien que seria mucho mejor vampiro que tu.

»Esto me dejo perplejo. Pero no tuve necesidad de decirle que continuara.

»—?Entiendes lo que quiero decir? —prosiguio.

»—?Se supone que lo dices para asustarme? —pregunto ella.

»—Eres una malcriada porque eres la unica nina —dijo el—. Necesitas un hermano. O, mas bien, yo necesito un hermano. Me aburris vosotros dos. Unos vampiros egoistas, meditabundos, que agobiais nuestras propias vidas. No me gusta.

»—Supongo que podriamos poblar el mundo de vampiros, solo nosotros tres —dijo ella.

»—?Lo crees? —dijo el, sonriente, y en su voz hubo una nota de triunfo—. ?Piensas que lo podrias hacer? Supongo que Louis te ha contado como se hace o lo que el piensa que se debe hacer. Vosotros no teneis ese poder. Ninguno de los dos.

»Esto parecio perturbarla. Era algo que ella no habia previsto. Lo estudiaba. Pude ver que no se lo creia por completo.

»—?Y quien te dio ese poder? —pregunto ella en voz baja, pero con un dejo de sarcasmo.

»—Eso, querida mia, es algo que jamas sabras. Porque hasta el Erebus en que vivimos debe tener su aristocracia.

»—Eres un mentiroso —dijo ella con una corta carcajada y, en el instante en que el volvio a posar los dedos en el teclado, prosiguio—: Pero tu dificultas mis planes.

»—?Tus planes?

»—Vine en son de paz a ti, aunque seas el padre de las mentiras. Tu eres mi padre —dijo ella—. Quiero hacer las paces contigo. Quiero que las cosas sean como antes.

»Entonces el fue el incredulo. Me echo una mirada, luego la miro a ella.

»—Eso puede ser. Pero entonces deja de hacerme preguntas. Deja de seguirme. Deja de buscar vampiros en todas las callejuelas. ?No hay otros vampiros! Aqui es donde vives y aqui es donde debes quedarte. —Parecio confuso un momento, como si el volumen de su propia voz lo confundiera—. Cuidare de ti. Tu no necesitas nada.

»—Y tu no sabes nada y, por eso, detestas mis preguntas. Todo esta en claro. Por tanto, tengamos paz porque no podemos tener nada mas. Tengo un regalo para ti.

»—Espero que sea una mujer hermosa con unos atractivos que tu jamas tendras —dijo el, y la miro de arriba abajo.

»Ella cambio de cara. Fue como si casi perdiera un dominio que jamas la habia visto perder. Pero entonces movio la cabeza y, estirando un brazo pequeno y redondo, le tiro de la manga.

»—He hablado en serio. Estoy harta de discutir contigo. El infierno es odio, gente que vive en odio eterno. Nosotros no estamos en el infierno. Puedes aceptar el regalo o no. No me importa. Pero terminemos de una vez por todas con este problema. Antes de que Louis, disgustado, nos abandone a ambos.

»Lo obligo a que dejara el piano, bajo la tapa de madera sobre el teclado e hizo girar el taburete para que los ojos de Lestat le siguieran hasta la puerta.

»—Hablas en serio. Un regalo. ?Que quieres decir con un regalo?

»—No te has alimentado lo suficiente. Lo puedo ver por tu color, por tus ojos. Nunca estas lo bastante alimentado a esta hora. Digamos que te puedo hacer disfrutar mucho. Dejad que los ninos vengan a mi —susurro ella y se fue. El me miro. Yo no dije nada. Era como si hubiera estado intoxicado. Note la curiosidad en su rostro, la sospecha. La siguio por el pasillo. Y luego oi que emitia un largo y consciente gemido, una mezcla perfecta de hambre y lujuria.

»Cuando llegue a la puerta, y tarde un rato, el estaba agachado sobre el sofa. Alli habia dos ninos, echados

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