flores y con petalos en las manos.

»—?Es este el aroma de una nina mortal? —me susurro—. Louis, amado.

»Recuerdo haberla abrazado y puesto mi cabeza en su pequeno pecho, aplastando sus hombros de pajaro, y sus manos pequenas acariciando mi pelo, tranquilizandome, abrazandome.

»—Yo fui mortal para ti —dijo, y cuando alce la vista, la vi sonriente; pero la suavidad de sus labios era evanescente y, en un momento, su mirada paso de largo como alguien escuchando una musica distante, importante—. Tu me diste tu beso inmortal —dijo, pero no a mi sino a si misma—. Tu me amaste con tu naturaleza de vampiro.

»—Te amo ahora con mi naturaleza humana, si es que alguna vez la tuve —le dije.

»—Ah, si… —contesto ella, aun pensativa—. Si, ese es tu fallo y la razon de por que tu rostro se puso tan triste cuando dije, como dicen los mortales: “Te odio”; y la razon de por que me miras ahora asi: la naturaleza humana. Yo no tengo naturaleza humana. Y ninguna historia del cadaver de la madre y de habitaciones de hotel donde los ninos pueden aprender las monstruosidades que yo se. Yo no tengo nada. Tus ojos se entristecen cuando te digo esto. No obstante, tengo tu lengua. Tu pasion por la verdad. Tu necesitas llevar la aguja de la mente hasta el corazon de las cosas, como el pico de un colibri, que golpea con tal rapidez y salvajismo que los mortales piensan que no tiene patitas diminutas, que jamas se puede posar, que siempre va de una busqueda a otra llegando al corazon de las cosas. Yo soy mas tu ego de vampiro que tu mismo. Y ahora el sueno de sesenta y cinco anos ha terminado.

»?El sueno de sesenta y cinco anos ha terminado! Se lo oi, incredulo, sin querer creer que ella sabia y habia querido decir exactamente lo que habia dicho. Porque habia pasado justamente ese tiempo desde esa noche en que yo tratara de dejar a Lestat y fracasara; y me enamorara de ella y olvidara mi hormigueante cerebro, mis espantosas preguntas. Ahora ella tenia las espantosas preguntas a flor de labios y debia saber. Camino lentamente por la habitacion y tiro la alhucema estrujada a su alrededor. Rompio el tallo quebradizo y se lo llevo a los labios. Y, habiendo escuchado toda la historia, dijo:

»—Entonces, el me hizo… para que fuera tu companera. Ninguna cadena te podria haber sujetado en su soledad y el no te podia dar nada. El no me da nada… Antes lo encontraba encantador, me gustaba su manera de caminar, la manera en que tocaba las piedras con su baston y como me tenia en sus brazos. Y el abandono con que mataba, que era como yo lo sentia. Pero ya no lo encuentro encantador. Y tu nunca lo has encontrado asi. Hemos sido sus marionetas, tu y yo; tu, quedandote para cuidar de mi, y yo, siendo tu companera. Ya es hora de terminar con esto, Louis. Ya es hora de dejarlo.

»Hora de dejarlo.

»Hacia tanto tiempo que no pensaba en ello, que no sonaba con ello…; me habia acostumbrado a el, como si fuera una condicion de la misma vida. Pude oir un vago ruido, lo que significaba que el habia entrado con el carruaje; que pronto estaria en las escaleras. Pense en lo que siempre sentia cuando lo oia llegar, una vaga ansiedad, una vaga necesidad. Entonces, la idea de quedar libre de el para siempre paso por mi mente como el agua que habia olvidado; olas y olas de agua fresca. Entonces le dije en voz baja que el estaba llegando.

»—Lo se —dijo con una sonrisa—. Lo oi cuando dio vuelta a la esquina.

»—Pero el jamas nos dejara ir —le susurre, aunque habia comprendido las implicaciones de sus palabras; su sentido de vampira era agudo. Se puso en garde magnificamente—. Tu no lo conoces si piensas que nos dejara ir —le dije, alarmado ante su confianza—. No nos dejara ir.

»Y ella, sonriente, dijo:

»—Oh…, ?en serio?

»Entonces —prosiguio el vampiro tras una pausa—, acordamos hacer planes. De inmediato. A la noche siguiente vino mi agente con sus acostumbradas quejas sobre como hacer negocios a la luz de una vela miserable y recibio mis ordenes explicitas acerca de un crucero por el oceano. Claudia y yo partiriamos en el primer barco que se hiciera a la mar y no importaba que puerto fuera el destino. Y era de maxima importancia que se embarcara un gran arcon, un arcon que tendria que ser llevado con cuidado desde nuestra casa durante el dia y puesto a bordo, no en la bodega sino en nuestra cabina. Y luego estaban los arreglos para Lestat. Yo habia pensado dejarle las rentas de varias tiendas y casas en la ciudad y una pequena compania constructora que operaba en el Faubourg Marigny. Firme inmediatamente estos papeles. Yo queria comprar nuestra libertad: convencer a Lestat de que nosotros unicamente queriamos hacer un viaje juntos y que el podia quedarse viviendo en el estilo al que estaba acostumbrado; contaria con su propio dinero y no tendria necesidad de venir a buscarme para nada. Durante todos esos anos, yo habia hecho que dependiera de mi. Por supuesto, exigia sus fondos como si yo unicamente fuera su banquero, y me agradecia con las palabras mas mordaces que conocia; pero detestaba su dependencia. Yo esperaba distraer sus sospechas satisfaciendo su codicia. Convencido de que el podia leer la menor emocion en mi rostro, senti mas que miedo. No creia que fuera posible escaparnos de el. ?Comprendes lo que eso significa? Actue como si lo creyese, pero no era asi.

»Claudia, en el interin, cortejaba con el desastre; su ecuanimidad me abrumaba mientras leia sus libros de vampiros y le hacia preguntas a Lestat. Permanecia indiferente ante los causticos arrebatos de este; a veces hacia la misma pregunta una y otra vez en formas diferentes y considerando cuidadosamente cualquier pequena informacion que el pudiera dejar escapar, pese a si mismo.

»—?Que vampiro te convirtio a ti? —le preguntaba sin sacar la vista de sus libros y dejando los parpados bajos para evitar sus miradas furibundas—, ?Por que nunca hablas de el? —continuaba preguntando, como si sus furiosas objeciones no existieran. Parecia inmune a la irritacion de Lestat.

»—?Sois unos codiciosos, vosotros dos! —dijo el la noche siguiente, mientras caminaba por toda la habitacion, y miro a Claudia con ojos vengativos; ella estaba en su rincon, en el circulo de luz de una vela, con los libros a su alrededor—. ?La inmortalidad no es suficiente para vosotros! ?No! ?Le mirariais los dientes al caballo regalado por el mismo Dios! Se le podria ofrecer a cualquier hombre de la calle y aceptaria de inmediato…

»—?Es lo que hiciste tu? —pregunto ella con suavidad, moviendo apenas los labios.

»—Pero tu, tu tienes que saber la razon de ello. ?Quieres que termine? ?Te puedo dar la muerte con mas facilidad de la que tuve al darte tu vida de ahora!

»Se dirigio hacia ella, y la fragil llama de Claudia me arrojo encima la sombra de Lestat. Formo una aureola sobre su cabeza rubia y dejo su cara, salvo por la mejilla brillante, en la oscuridad.

»—?Quieres la muerte?

»—La conciencia no es la muerte —susurro ella.

»—?Contestame! ?Quieres la muerte?

»—Y tu das todas esas cosas. Proceden de ti. La muerte y la vida —dijo ella, riendose de el.

»—Si —dijo el—. Lo hago.

»—Tu no sabes nada —le dijo ella seriamente, y su voz era tan baja que el mas minimo ruido de la calle la podia interrumpir, alejar sus palabras, y me encontre haciendo un esfuerzo por escucharla desde mi posicion, recostado en el respaldo de la silla—. Supongamos que el vampiro que te creo a ti no sabia nada, y el vampiro que creo a ese vampiro tampoco sabia nada y el vampiro anterior, tampoco, y asi hasta que la nada procede de la nada, hasta que no hay mas que nada. Y nosotros debemos vivir con el conocimiento de que no hay conocimiento.

»—?Si! —exclamo el subitamente, con su voz impregnada de algo distinto a la furia.

»Quedo en silencio. Ella tambien. El dio media vuelta lentamente, como si yo hubiera hecho algun movimiento que lo hubiese alertado, como si me hubiese levantado detras de el. Me hizo recordar como giran los seres humanos cuando sienten mi aliento en su piel y, de repente, saben que alli donde pensaban estar completamente solos no lo estan…, y luego ese momento de espantosa sospecha, antes de que vean mi rostro y abran la boca. Ahora me miraba y yo apenas podia ver el movimiento de sus labios. Y entonces lo senti. Tenia miedo. Lestat tenia miedo.

»Ella lo miraba con la misma mirada, sin la menor emocion ni pensamiento.

»—Tu la infestaste con esto… —susurro el.

»Encendio una cerilla con un ruido subito, prendio las velas de la chimenea, levanto las pantallas opacas de las lamparas y paseo por la habitacion encendiendo las luces hasta que la pequena llama de Claudia quedo abatida; se apoyo de espaldas contra la chimenea, mirando de luz en luz, como si ellas restableciesen una especie de paz, y dijo:

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