se me puede desalentar.

»Y se alejo en un remolino de lazos de sombrero y ecos de pasos. Me di vuelta, sin prestar atencion a la direccion que tomaba, deseando que la ciudad me tragara, consciente ahora del hambre que crecia hasta abrumar mi razon. Casi deteste tener que ponerle punto final. Necesitaba dejar que la lujuria y la excitacion destruyeran toda mi conciencia, y pense en matar una y otra vez, caminando lentamente por esa calle y la siguiente, moviendome inexorablemente hacia la muerte, diciendo: “Es un hilo que me empuja por el laberinto. No tiro del hilo. El hilo tira de mi…”. Me quede inmovil en la rue Conti, escuchando un rugido sordo, un sonido conocido. Eran los esgrimistas, arriba, en el salon, avanzando en el piso de madera, precipitandose, adelante, atras, y el entrechocar plateado de las espadas. Me apoye en una pared desde donde los podia ver a traves de las altas ventanas desnudas: los jovenes batiendose en la noche, el brazo izquierdo curvo como el brazo de un bailarin, la gracia acercandose a la muerte, la gracia lanzandose al corazon; las imagenes del joven Freniere empunando ahora hacia adelante la hoja de plata, o siendo empujada por ella hasta el infierno. Alguien habia llegado a la calle por los angostos escalones de madera; un chico, un chico tan joven que estaba colorado y encendido por la esgrima, y bajo su elegante abrigo gris y su camisa de seda flotaba el dulce aroma de la colonia y las sales. Pude sentir su calor cuando salio a la luz mortecina de la calle. Se reia consigo mismo, hablando casi imperceptiblemente, con su pelo castano cayendosele sobre los ojos mientras caminaba, sacudiendo la cabeza, con los rizos que subian y bajaban. Y entonces se detuvo en seco, con sus ojos fijos en mi. Miro y sus parpados temblaron un poco y se rio nerviosamente.

»—Perdoneme —dijo a continuacion en frances—. ?Me asusto!

»Y cuando se movio para hacer una reverencia ceremoniosa y quiza pasar a mi lado, se quedo inmovil y la sorpresa le cruzo el rostro. Pude ver latir su corazon en la carne rosea de sus mejillas, oler el subito sudor de su cuerpo fuerte y joven.

»—Me viste a la luz del farol —le dije—. Y mi cara te parecio la mascara de la muerte.

»Abrio los labios y los cerro e, involuntariamente, asintio, con los ojos deslumbrados.

»—?Vete! —le dije—. ?Rapido!

El vampiro hizo otra pausa, y luego se movio como si quisiera continuar. Pero estiro sus largas piernas debajo de la mesa y, echandose para atras, se llevo las manos a la cabeza haciendo una gran presion en sus sienes.

El entrevistador, que estaba acurrucado y con los brazos cruzados, se relajo. Miro las cintas y luego al vampiro.

—Pero usted mato a alguien esa noche.

—Todas las noches —dijo el vampiro.

—?Por que lo dejo ir, entonces? —pregunto el chico.

—No lo se —dijo el vampiro, pero no empleo el tono de no saberlo, realmente, sino de no querer comentarlo—. Pareces cansado —dijo el vampiro—. Pareces tener frio.

—No tiene importancia —dijo rapidamente el muchacho—. La habitacion esta un poco destemplada. No me importa. Usted no tiene frio, ?verdad?

—No. —El vampiro sonrio y, entonces, sus hombros se sacudieron con una subita risa.

Paso un momento en el que el vampiro parecio estar pensando y el muchacho estudiando el rostro del vampiro. Los ojos del vampiro se posaron en el reloj del entrevistador.

—Ella no tuvo exito, ?no es asi? —pregunto en voz baja el muchacho.

—?Que te imaginas, honestamente? —pregunto el vampiro. Se habia vuelto a apoyar en el respaldo de la silla. Miro fijamente al muchacho.

—Que ella…, como usted dice…, fue destruida —dijo el muchacho, y parecio sentir las palabras, de modo que trago saliva despues de haber dicho destruida—. ?Fue asi?

—?No piensas que ella lo pudiera lograr? —pregunto el vampiro.

—El era tan poderoso… Usted mismo dijo que nunca supo el poder que tenia, los secretos que conocia. ?Como podia ella estar segura de matarlo? ?Como lo intento?

El vampiro miro al muchacho largo rato, con una expresion ilegible para el joven entrevistador, que se encontro mirando para otro lado como si los ojos del vampiro fueran luces ardientes.

—?Por que no bebes de la botella que tienes en el bolsillo? —pregunto el vampiro—. Te dara calor.

—Oh, eso… —dijo el muchacho—. Estaba a punto de… El vampiro se rio.

—?Y pensaste que seria una falta de educacion! —dijo, y se dio una subita palmada en la pierna.

—Es verdad —dijo el muchacho, y se encogio de hombros, ahora sonriente. Saco un pequeno frasco del bolsillo de su chaqueta, abrio la tapa dorada y tomo un trago. Levanto la botella en direccion al vampiro.

—No —dijo el vampiro e hizo un gesto con la mano para rechazar la oferta.

Entonces volvio a ponerse serio y continuo hablando.

—Lestat tenia un musico amigo en la rue Dumaine. Lo habiamos visto en un recital en casa de Madame LeClair, que tambien vivia alli, pues en aquel entonces era una calle que estaba muy de moda; y esta Madame LeClair, con quien tambien Lestat se divertia de vez en cuando, le habia encontrado al musico una habitacion en una mansion cercana, donde Lestat lo visitaba a menudo. Te conte que jugaba con sus victimas, se hacia amigo de ellas, las seducia hasta que confiaban en el y le tenian simpatia, antes de matarlas. Aparentemente, jugaba con este muchacho, aunque su amistad habia durado mas que ninguna de las anteriores que yo habia visto. El joven componia buena musica y a menudo Lestat traia nuevas partituras a casa y tocaba las canciones en el gran piano de nuestra sala. El chico tenia talento, pero se podia ver que su musica no tendria exito porque era demasiado perturbadora. Lestat le daba dinero y se pasaba las tardes con el; con frecuencia lo llevaba a restaurantes a los que el joven no podria haberse permitido el lujo de ir por su cuenta, y le compraba todas las partituras y los lapices para que escribiera su musica.

»Como te dije, esa amistad habia durado mucho mas que cualquiera de las anteriores de Lestat. Y yo no podia saber si en realidad se habia hecho amigo de un mortal, pese a si mismo, o si simplemente planeaba una gran traicion y una crueldad especiales. Varias veces habia indicado a Claudia y a mi que pensaba matar directamente al muchacho, pero no lo habia hecho. Y, por supuesto, nunca le hice esa pregunta porque no valia la pena el escandalo que hubiera armado. ?Lestat, encarinado con un mortal! Probablemente hubiera roto los muebles de la sala en un ataque de furia.

»A la noche siguiente —despues de la que acabo de describirte—, me irrito miserablemente pidiendome que fuera con el al piso del musico. Estaba evidentemente simpatico, en uno de esos dias en que queria mi compania. Cuando se divertia, le sucedia eso. Deseaba ver una buena obra de teatro, una opera, un ballet, y siempre queria que lo acompanase. Pienso que debo de haber visto Macbeth con el unas quince veces, ibamos a cada actuacion, incluso a las de aficionados, y Lestat luego caminaba a casa, repitiendo lineas conmigo e incluso gritando a los transeuntes con un dedo estirado: “Manana, y manana, y manana”, hasta que nos evitaban como si estuviesemos ebrios.

Pero esta efervescencia era febril y muy susceptible de terminar en un santiamen; nada mas que una o dos palabras de simpatia de mi parte, alguna sugerencia de que habia encontrado agradable su compania, podian borrar esas situaciones durante meses. Incluso anos. Pero ahora se acerco a mi muy simpatico y me pidio que lo acompanara al cuarto del joven. Hasta me apreto el brazo cuando me lo pidio. Y yo, aburrido, paralizado, le di una excusa miserable —pensando unicamente en Claudia, en el agente, en el desastre inminente—. Lo podia sentir y me pregunte si el no lo sentia. Y, por ultimo, recogio un libro del suelo y me lo arrojo, gritando:

»—?Lee entonces tus malditos poemas! ?Pudrete!

»Y se alejo hecho una furia.

»Esto me preocupo. No te puedes imaginar lo que me preocupo. Queria que el siguiera frio, impasible, distante. Resolvi rogarle a Claudia que se olvidara del asunto. Me senti impotente y terriblemente cansado. Pero la puerta de Claudia estuvo cerrada hasta que salio y yo solo la habia visto un segundo mientras Lestat hablaba, una vision de lazos y hermosura mientras se ponia el abrigo; nuevamente las mangas anchas y un lazo violeta en el pecho, sus medias blancas de hilo bajo el dobladillo de su pequeno vestido y sus zapatitos de un blanco inmaculado. Me lanzo una mirada distante al salir.

»Cuando regrese mas tarde, saciado y por un rato demasiado perezoso como para que me molestaran mis pensamientos, empece a sentir gradualmente que esa seria la noche. Ella lo intentaria esa noche.

»No te puedo decir como lo supe. Habia cosas en el piso que me molestaban, me alertaban. Claudia se

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