un vals y los pisos de madera crujieron con las parejas de bailarines. El jazmin del muro me rodeo y luego se alejo como el agua que deja la playa impecable y limpia. Y nuevamente senti su perfume salado. Se habia ido a la puerta de la cocina y tenia su largo cuello graciosamente inclinado mientras miraba debajo de la ventana iluminada.
»—?Monsieur! —me dijo, y salio entonces al rayo de luz amarilla. Esta cayo sobre sus grandes pechos redondos y sus largos brazos sedosos, y sobre la larga y fria belleza de su cara—. ?Esta buscando la fiesta, senor? —pregunto ella—. La fiesta es arriba…
»—No, querida, no estaba buscando la fiesta —le dije al salir de las sombras—. Te estaba buscando a ti.
»Todo —prosiguio el vampiro— estaba preparado cuando me desperte a la tarde siguiente: el baul de ropa estaba camino del barco, asi como la caja que contenia el ataud. Los criados se habian ido; los muebles estaban cubiertos de lienzos blancos. La vision de los pasajes y de una coleccion de notas de credito bancario y algunos otros papeles, todo metido en una gruesa cartera, hizo que el viaje saliera a la luz brillante de la realidad. Habria dejado de matar de haber sido posible y, por tanto, me ocupe de ello a hora temprana al igual que Claudia; y cuando se acercaba el momento de irnos, me encontre a solas en el piso esperandola. Habia tardado demasiado para mi estado de nervios. Temia por ella, aunque podia enganar a cualquiera y hacerse ayudar si se encontraba demasiado lejos de la casa. Muchas veces habia convencido a desconocidos de que la trajeran a la misma puerta de su “padre”, quien les agradecia profusamente por haber devuelto a su hija perdida.
»Cuando llego, lo hizo corriendo, y cuando deje mi libro, me imagine que se habia olvidado de la hora. Creeria que era mas tarde de lo que era en realidad. Por mi reloj de bolsillo aun teniamos una hora. Pero, apenas llego a la puerta, supe que estaba equivocado.
»—?Louis, las puertas! —dijo sin aliento; su pecho estaba agitado, tenia una mano sobre el corazon. Corrio por el pasillo, conmigo detras, y, cuando me hizo una senal desesperada, cerre las puertas que daban a la galeria.
»Pero se acerco a las ventanas de la calle, las largas ventanas francesas que jamas se abrian a los angostos balcones sobre la calle. Levanto la pantalla de la lampara y rapidamente apago las velas de un soplido. La habitacion quedo a oscuras y luego se ilumino poco a poco con las luces de la calle. Claudia se quedo de pie y agitada, con una mano sobre el pecho, y, entonces, me cogio de la mano y me llevo hasta la ventana.
»—Alguien me ha seguido —me susurro entonces—. Lo podia oir manzana tras manzana detras de mi. ?Al principio pense que no era nada! —Hizo una pausa para recuperar el aliento; su cara estaba blanca por la luz azulada que llegaba de las ventanas de enfrente—. Louis, es el musico —musito.
»—Louis, esta alli abajo. Mira por la ventana. Trata de verlo.
»Ella parecia muy conmovida, casi temerosa. Como si no pudiera soportar que la vieran por la ventana. Sali al balcon, aunque mantuve mi mano cogida a la suya mientras ella se escondia tras los cortinados y me la apretaba como si temiera por mi. Eran las once de la noche y la rue Royale en ese momento estaba tranquila. Las tiendas estaban cerradas y el publico del teatro habia desaparecido. Una puerta se cerro en algun sitio a mi derecha y vi que un hombre y una mujer salian rapidamente y se dirigian hacia la esquina. Sus pasos se alejaron. No podia ver a nadie, no podia sentir a nadie. Solo podia oir la respiracion agitada de Claudia. Algo se movio en la casa; di un respingo y entonces reconoci el aleteo y el movimiento de los pajaros. Nos habiamos olvidado de los pajaros. Pero Claudia se habia sobresaltado peor que yo y se me acerco.
»—No hay nadie, Claudia… —empece a decirle.
»Y entonces vi al musico.
»Habia estado tan inmovil en la puerta de la muebleria que no me habia percatado de su presencia, y el debe de haber querido que asi fuera. Porque entonces levanto la mirada hacia mi y su rostro brillo en la oscuridad como una luz. La frustracion y el temor se habian borrado por completo de sus facciones severas; sus grandes ojos oscuros me contemplaban desde su carne blanca. Se habia convertido en un vampiro.
»—Lo veo —le murmure a Claudia, con mis labios lo mas cerrados posible, y mis ojos fijos en los suyos.
»Senti que ella se acercaba aun mas a mi; le temblaba la mano, el corazon le latia en la palma de la mano. Dejo escapar un gemido cuando lo vio. Pero, en ese mismo momento, algo me dejo helado cuando lo mire y no se movio. Porque oi unos pasos en el pasillo de abajo. Oi el ruido de los goznes de la puerta. Y luego nuevamente esos pasos, deliberados, sonoros, familiares. Esos pasos avanzaban ahora por la escalera de caracol. Claudia dejo escapar un leve grito y de inmediato lo sofoco con una mano. El vampiro en la puerta de la tienda no se habia movido. Y yo conocia esos pasos en la escalera. Conocia esos pasos en el porche. Era Lestat, que abria la puerta y la cerraba de un portazo como si quisiera arrancarla de sus goznes. Claudia se metio en un rincon, con el cuerpo agachado como si alguien le hubiera dado un fuerte golpe. Sus ojos se movian freneticos, yendo de mi a la figura en la calle. Los golpes en la puerta eran cada vez mas fuertes. Y entonces oi su voz:
»—?Louis! —me llamo—. ?Louis! —rugio tras la puerta. Y entonces se produjo la rotura de la ventana de la sala trasera. Pude oir que, de adentro, se abria el picaporte. Rapidamente, agarre la lampara, trate de encender una cerilla y la rompi a causa de mi nerviosismo; finalmente consegui la llama que queria y aferre el pequeno recipiente de keroseno.
»—Alejate de la ventana. Callate —le dije a Claudia, y ella me obedecio como si la orden subita y sonora la liberara de un paroxismo de miedo—. Y enciende las demas lamparas. De inmediato.
»La oi llorar mientras encendia las cerillas. Lestat se acercaba por el pasillo.
»Y entonces aparecio en la puerta. Deje escapar un suspiro y, sin quererlo, di varios pasos atras cuando lo vi. Pude oir que Claudia lloraba. Era Lestat, sin duda, restaurado e intacto en el marco de la puerta, con su cabeza inclinada hacia adelante y los ojos fuera de las orbitas como si estuviera ebrio y necesitara del marco de la puerta para no caer hacia adelante. Su piel era una masa de cicatrices, una horrenda envoltura de carne herida, como si cada arruga de su “muerte” le hubiera dejado una huella. Estaba arrugado y marcado como por golpes al azar y sus ojos, una vez verdes y claros, estaban ahora llenos de venillas de hemorragias.
»—No te muevas…, por el amor de Dios… —susurre—. Te la arrojare. Te quemare vivo —le dije; y, en ese mismo instante, pude oir un ruido a mi izquierda, algo que raspaba y raspaba la fachada de la casa. Era el otro. Vi entonces sus manos en el hierro forjado del balcon. Claudia lanzo un grito penetrante cuando el musico arrojo su peso contra los cristales.
»No te puedo contar lo que entonces sucedio. No me es posible reconstruirlo tal como sucedio. Recuerdo haber arrojado una lampara a Lestat; se rompio a sus pies y las llamaradas se elevaron de inmediato de la alfombra. Yo tenia una antorcha en las manos, un gran pedazo de sabana que habia arrancado del sofa y encendido con las llamas. Pero luche con el antes de eso, pateando y golpeando salvajemente su gran fortaleza. Y en algun sitio detras de mi se oian los aullidos de panico de Claudia. Y la otra lampara estaba rota. Y los cortinados de las ventanas ardian. Recuerdo que, en un momento, las ropas de Lestat estaban empapadas de keroseno y que golpeaba freneticamente las llamas. Estaba torpe, enfermo, incapaz de mantener el equilibrio. Pero, cuando me agarro, tuve que morderle los dedos para que me soltara. Empezaron los ruidos en la calle, gritos, el sonido de una campana. La habitacion se habia convertido rapidamente en un infierno y, en un relumbron de luz, vi a Claudia luchando contra el otro vampiro. El parecia incapaz de agarrarla, como un ser humano torpe tratando de agarrar un pajaro. Recuerdo haber rodado de un lado para el otro con Lestat en las llamas, haber sentido el calor sofocante en la cara, haber visto las llamas en la espalda de Lestat cuando me quede debajo de el. Y entonces aparecio Claudia en la confusion y lo golpeo una y otra vez hasta que se le rompio el mango del atizador, y pude oir los grunidos de Claudia al son de los golpes, como el impetu de un animal inconsciente. Lestat seguia aferrado; su cara era una mueca de dolor. Y alla, echado sobre la mullida alfombra, estaba el otro, y la sangre le manaba de la cabeza.
»No se con exactitud que es lo que sucedio entonces. Pienso que me hice con el atizador y le di un fuerte golpe en el costado de la cabeza. Recuerdo que el parecia imparable, invulnerable a los golpes. El calor, por entonces, deshacia mis ropas y habia hecho presa del vestido de Claudia; la subi a mis brazos y corri por el pasillo tratando de apagar las llamas con mi cuerpo. Recuerdo haberme sacado el abrigo y golpeado las llamas en el espacio abierto; unos hombres pasaron a mi lado corriendo y subieron las escaleras. Una gran multitud llenaba la entrada del patio y alguien estaba en el techo de la cocina de ladrillos. Yo tenia a Claudia en mis brazos y pase
