y bajo el tono de su voz, sin emocion—. Y entonces, ?que hizo? Para mi, esta claro. Si no pudo regresar a Nueva Orleans a tiempo, es casi seguro que llego al antiguo cementerio de Bayou. El hospital de caridad lleva alli cada dia nuevos ataudes. Y puedo verlo abriendose paso en la tierra humeda hasta uno de esos ataudes, echando el reciente contenido en el pantano y encerrandose alli hasta el siguiente atardecer en esa tumba en la que ningun hombre osaria molestarlo. Si… eso es lo que hizo. Estoy segura.

»Lo pense largo rato, imaginandome todo, viendo lo que debia haber ocurrido. Y luego la oi agregar, pensativa, cuando bajo una carta y miro el rostro ovalado de un rey vestido de blanco:

»—Yo podria haberlo hecho. ?Por que me miras de ese modo? —me pregunto, reuniendo sus cartas. Sus pequenos dedos batallaron para hacer un buen mazo y barajarlas.

»—Pero, ?tu crees realmente que, si hubieramos incinerado sus restos, se hubiera muerto» — pregunte.

»—Por supuesto que lo creo. Si no hay con que levantarse, no hay quien se levante. ?A donde quieres llegar?

»Estaba repartiendo las cartas, dandome una mano a mi sobre la pequena mesa de roble. Mire las cartas pero no las toque.

»—No lo se… —le susurre—. Unicamente que quiza no hubo voluntad de vivir, ni tenacidad…, porque simplemente no hubo ninguna necesidad de ello.

»Sus ojos me miraron serenos, sin dar la menor senal de sus pensamientos ni de que comprendia los mios.

»—Porque quiza —prosegui yo— es incapaz de morir. Tal vez el y nosotros somos… verdaderamente inmortales.

»Durante largo rato se quedo mirandome.

»—Consciente en aquel estado —agregue por ultimo, cuando desvie la mirada—. De ser asi, ?no tendria tambien conciencia en cualquier otro estado? El fuego, la luz del sol…, ?que importancia tiene?

»—Louis —dijo ella en voz baja—, tu tienes miedo. No te mantienes en garde contra el miedo. Sabremos esas respuestas cuando encontremos a quien pueda contestarnoslas, quien posea el conocimiento de los siglos, de todo el tiempo en que criaturas como nosotros han pisado la tierra. Ese conocimiento fue nuestro derecho de nacimiento y el nos privo de el. Se gano la muerte.

»—Pero no murio… —dije yo.

»—Esta muerto —dijo ella—. Nadie puede haber escapado de esa casa a menos que saliera con nosotros, a nuestro mismo lado. No. El esta muerto y lo mismo le sucede a su esteta tembloroso, a su amigo. La conciencia, ?que importancia tiene?

»Junto las cartas y las puso a un lado, haciendome un gesto para que le pasara los libros que estaban al lado del baul, esos libros que habia desempacado apenas subiera a bordo, las pocas narraciones selectas de vampiros que ella habia tomado como guias. No incluian ninguna ficcion desorbitada de Inglaterra, ni historias de Edgar Allan Poe, nada de fantasia. Unicamente esos contados textos del este de Europa que se habian convertido en una especie de Biblia para ella. En esos paises sin duda incineraban los restos de un vampiro cuando lo encontraban, le atravesaban el corazon con una estaca y le cortaban la cabeza. Ella leia esos libros durante horas, esos antiguos libros que habian sido leidos y releidos antes de que llegaran a cruzar el Atlantico; eran narraciones de viajeros, narraciones de sacerdotes y eruditos. Y entonces ella planeaba nuestro viaje, sin necesidad de lapiz o papel, sino unicamente en su cabeza. Un viaje que nos alejaria al instante de las capitales brillantes de Europa y nos llevaria al mar Negro, donde ella se alojaria en Varna y empezaria a realizar su busqueda en las zonas rurales de los Carpatos.

»Para mi se trataba de una propuesta no muy deseable puesto que me ataba a ella; yo tenia deseos de otros lugares y de otros conocimientos que Claudia ni siquiera habia empezado a comprender. Hacia anos que se habian plantado en mi las semillas de esos deseos, semillas que se transformaron en flores amargas cuando el barco paso el estrecho de Gibraltar y entro en las aguas del Mediterraneo.

»Yo queria que esas aguas fueran azules. Y no lo eran. Eran las aguas de la pesadilla, ?y como me hicieron sufrir entonces cuando me esforce por recordar las aguas que los sentidos incultos de una jovenzuela habian dado como realidad, que una memoria indisciplinada habia dejado que pasaran al olvido! El Mediterraneo era negro, negro en la costa de Italia, negro en la costa de Grecia, siempre negro, negro cuando, en las primeras horas frias antes del alba, mientras Claudia dormia preocupada por su aspecto y por la misera racion que la precaucion permitia a su hambre de vampira, yo bajaba una linterna, la hacia pasar por el vapor que subia hasta que las llamas practicamente lamian las aguas; y nada salia a la luz de esa superficie pesada salvo la misma luz, el reflejo de ese rayo que viajaba constante a mi lado, un ojo fijo que parecia fijarse en mi desde las profundidades y decirme: “Louis, tu unica busqueda es de oscuridad. Este mar no es tu mar. Los mitos de los nombres no son nuestros mitos. Los tesoros del hombre no son tuyos”.

»Pero, ?oh, con que amargura me llenaba en esos momentos la busqueda de los vampiros del Viejo Continente, una amargura que apenas podia siquiera saborear, como si el mismo aire hubiera perdido su frescura! Porque, ?que secretos, que verdades tenian para nosotros esos monstruos de la noche? ?Cuales, necesariamente, serian sus limitaciones en caso de que los encontraramos? Realmente, ?que pueden decir los condenados a los condenados?

»Nunca pise tierra en El Pireo. No obstante, en mi imaginacion anduve por la Acropolis de Atenas, mirando como se elevaba la luna desde el techo abierto del Partenon, midiendo mi altura con la grandeza de esas columnas, caminando por las calles de esos griegos que murieron en Maraton, y escuchando el sonido del viento en los antiguos olivares. Esos eran los monumentos de los hombres que no podian morir; no eran las piedras de los muertos vivientes. Alli estaban los secretos que habian superado el paso del tiempo; secretos que yo apenas habia empezado a entender.

»Y, sin embargo, nada me desvio de nuestra busqueda y nada me podia hacer desviar, comprometido como estaba; y me pregunte sobre el riesgo grave de nuestras investigaciones, el riesgo de cualquier pregunta que es hecha de verdad, ya que la respuesta debe representar un precio incalculable, un peligro tragico. ?Quien sabia eso mejor que yo, que habia presidido sobre la muerte de mi propio cuerpo, viendo todo lo que yo llamaba humano desvanecerse y morir unicamente para formar una cadena irrompible que me ato a este mundo y, al mismo tiempo, me hizo un exiliado en el mismo, un espectador eterno con un corazon que latia?

»El mar me produjo malos suenos, agudos recuerdos. Una noche invernal en Nueva Orleans, cuando caminaba por el cementerio de St. Louis, vi a mi hermana, vieja y jorobada, con un ramo de rosas blancas en los brazos, las espinas cuidadosamente escondidas en un viejo pergamino, la cabeza cana gacha, mientras sus pasos la llevaban serena por la peligrosa oscuridad hasta la tumba donde estaba la lapida de su hermano Louis, al lado de la de su hermano menor… Louis, quien habia muerto en el incendio de Pointe du Lac dejandole un generoso testamento a un ahijado que ella nunca conocio. Esas flores eran para Louis, como si no hubiera pasado medio siglo desde su muerte, como si su memoria, como si la memoria de Louis, no la dejara en paz. La pena habia aguzado su belleza cenicienta, la pena habia doblado su espalda angosta. ?Y que no hubiera dado yo, mientras la contemplaba, por tocar su pelo gris, susurrarle unas palabras de carino, como si el amor no hubiera liberado en los anos siguientes un horror peor que el dolor? La deje con dolor. Una y otra vez.

»Y entonces sone demasiado. Sone demasiado tiempo, en la prision de ese barco, en la carcel de mi cuerpo, a ritmo con la salida del sol como ningun ser humano lo estaba ni jamas lo habia estado. Y mi corazon latia mas fuerte a la espera de las montanas del este de Europa; finalmente, latia mas rapido con la esperanza de que, en algun sitio, pudieramos encontrar en ese paisaje primitivo la respuesta a por que se ha permitido este sufrimiento en el reino de Dios o como pudiera terminarse. Yo no tenia el valor de terminarlo, lo sabia, sin esa respuesta. Y llego el momento en que las aguas del Mediterraneo se transformaron en las del Mar Negro.

El vampiro suspiro. El muchacho descansaba sobre un codo, con la cara apoyada en la palma de su mano; y su expresion avida era incongruente con lo rojizo de sus ojos.

—?Piensas que estoy jugando contigo? —pregunto el vampiro, y sus finas cejas se arquearon un instante.

—No —dijo rapidamente el joven—. Es mas sabio no hacerle preguntas. Usted me lo contara todo a su debido tiempo.

Y cerro la boca como si ya estuviera listo para que continuara el vampiro.

Se oyo un ruido a la distancia. Provino del viejo edificio Victoriano que los rodeaba; era el primer ruido que

Вы читаете Entrevista con el vampiro
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату