linterna. Me hizo un gesto cuando retrocedio un pie tras el otro.
»—Louis, baja… —hasta que amenazo con desaparecer en la oscuridad. Y, en un segundo, quite la linterna del gancho y estuve a su lado entre las altas hierbas.
»—?No sientes el peligro? —le susurre—. ?No lo puedes respirar en el viento?
»Una de esas sonrisas rapidas y elusivas aparecio en sus labios cuando se dio vuelta para dirigirse a la colina. La linterna mostro un sendero entre el alto bosque. Se abrocho su abrigo de lana y avanzo.
»—Espera un momento…
»—El miedo es tu enemigo… —me contesto, pero no se detuvo.
»Avanzo delante de la luz, con el paso seguro, sereno, aun cuando las altas hierbas cedieron el lugar a montones de piedra y el bosque se espeso y la torre distante desaparecio con la retirada de la luna y con las grandes redes de las ramas en lo alto. Pronto el ruido y el olor de los caballos murieron en el viento bajo.
»Entonces algo resono en la oscuridad y fue como el viento en las hojas, pero era algo distinto. Vi que se crispaba la espalda de Claudia, vi el relampago de su blancura cuando aminoro el paso. Y supe que era el agua abriendose paso lentamente por la montana, y la vi alli delante, una cascada recta e iluminada por la luna que caia en una laguna burbujeante. Claudia aparecio en el resplandor de la cascada y su mano se aferro a una raiz en la tierra humeda; y entonces la vi escalar aquel risco; sus brazos temblaban ligeramente; sus pequenas botas oscilaban, luego se afirmaban en la tierra, luego subian nuevamente. El agua estaba fria, de modo que el aire era fragante. Descanse un momento. Nada se movio a mi alrededor en el bosque. Escuche, separando quedamente el sonido del agua del sonido de las hojas, pero nada se movia. Y entonces, poco a poco, y como un frio que me subio por los brazos y la garganta para llegar finalmente a la cara, cai en la cuenta de que la noche era demasiado desolada, demasiado exanime. Era como si los pajaros evitaran aquel lugar; lo mismo parecia suceder con la miriada de criaturas que tendrian que haber estado a la orilla del agua. Pero Claudia, alla encima, necesitaba la linterna y su abrigo me rozo la cara. La levante de modo que ella aparecio de golpe en la luz como un querubin fantasmagorico. Alargo una mano como si, pese a su pequeno tamano, pudiera ayudarme a subir. En un momento, volvimos a avanzar, contra la corriente y subiendo la montana.
»—?Lo sientes? —me pregunto—. Todo esta demasiado silencioso.
»Pero su mano se aferro a la mia como para rogarme silencio. La colina se volvio mas escarpada y la quietud era exasperante. Trate de mirar los limites de la luz, de ver cada tronco nuevo cuando se presentaba ante nosotros. Algo se movio y cogi a Claudia, casi empujandola. Pero solo fue un reptil que marchaba entre las hojas con el latigo de su rabo. Las hojas volvieron a quedarse inmoviles. Pero Claudia se apreto aun mas contra mi, bajo los dobleces de mi capa, con una mano aferrada firmemente a la tela de mi abrigo; y parecio empujarme adelante, y mi capa cayo sobre la suya.
»Pronto desaparecio el olor del agua y, cuando la luna brillo clara un instante, pude ver delante lo que me parecio un camino. Claudia agarro la linterna y cerro su portezuela de metal. Quise detenerla, mi mano lucho con la suya, pero entonces me dijo en voz baja:
»—Cierra los ojos un momento. Luego abrelos lentamente. Y, cuando lo hagas, lo veras.
»Me estremeci cuando lo hice, aferrado a su hombro. Pero cuando abri los ojos, vi detras de los troncos distantes de los arboles, los largos muros del monasterio y la alta cima cuadrada de la masiva torre. Mucho mas lejos, encima de un inmenso valle negro, brillaban los picos nevados de las montanas.
«—Ven —me dijo—, serenamente, como si tu cuerpo no tuviera peso.
»Y, sin vacilar, empezo a caminar hacia aquellos muros, hacia lo que nos esperase en aquel refugio.
»En pocos segundos, encontramos la abertura que nos permitiria pasar, la gran entrada que era aun mas negra que las paredes a su alrededor, con las enredaderas tapando sus bordes como para mantener a las piedras en su sitio. Arriba, a traves del techo abierto, el olor humedo de las piedras me crispo la nariz, y alli arriba, detras de las masas de nubes, vi un debil relumbrar de estrellas. Una inmensa escalera iba de esquina a esquina hasta el alto ventanal que se abria al valle. Y debajo del primer rellano, en la oscuridad, aparecio la gran puerta negra que daba a los demas recintos del monasterio.
»Claudia se quedo quieta como si se hubiera convertido en piedra. Bajo la humeda boveda, no se le movia ni un cabello. Estaba escuchando. Y entonces me puse a escuchar tambien, a su lado. Solo se oia el rumor de viento. Ella se movio, lenta, deliberadamente y, con un pie, abrio poco a poco un espacio en la tierra humeda delante de ella. Alli pude ver una piedra chata y ancha que resono hueca cuando ella la piso suavemente con el tacon. Luego pude ver como se levantaba una de las esquinas; y se me ocurrio una imagen, mortifera en sus formas; la de la banda de hombres y mujeres del pueblo que rodeaban a la piedra y la levantaban con una inmensa cuna. Los ojos de Claudia repasaron las escaleras y se fijaron en la ruinosa puerta arruinada debajo de ellas. La luna ilumino un instante a traves de una ventana baja. Entonces Claudia retrocedio tan subitamente que quedo a mi lado sin haber hecho un solo sonido.
»—?Lo oyes? —susurro—. Escucha.
»Era tan debil que ningun mortal podia haberlo oido. Y no provenia de las ruinas. Venia no del distante sendero por el que habiamos subido sino de otro, en las alturas de la colina, directamente unido al pueblo. Por ahora nada mas que un crujido, pero era continuo; entonces, lentamente, se pudo distinguir el redondo apisonar de unos pasos. Claudia me cogio de la mano y, con una presion silenciosa, me hizo avanzar hasta debajo de la escalera. Pude ver las dobleces de su vestido que se movian suavemente debajo del borde de su capa. El resonar de los pasos aumento y empece a percatarme de que un paso seguia al otro con energia, pero que el primero se arrastraba en la tierra. Era un paso de cojo que se acercaba cada vez mas por encima del suavisimo silbido del viento. Me latio fuerte el corazon y senti que se me hinchaban las venas, un temblor me recorrio los miembros y sentia la tela de mi camisa contra la piel, la dureza del cuello, el frotar de los botones contra mi capa.
»Luego me llego un vago aroma. Era el olor de la sangre, que, de inmediato, me excito, en contra de mi voluntad; el olor calido y dulce de la sangre humana; sangre que habia sido derramada, que fluia; y entonces senti el olor de la carne viva y oi, al son de los pasos, una respiracion ronca y agitada. Pero, ademas, habia otro sonido, debil y entremezclado con el primero, a medida que los pasos se acercaban a los muros, el sonido de la respiracion dificultosa de otra criatura. Y pude oir el corazon de esa criatura, latiendo de forma irregular, un latido temeroso, pero debajo habia otro corazon, un corazon que latia cada vez mas sonoro, ?un corazon tan fuerte como el mio! Entonces, en el tupido sendero por el que habiamos venido, lo vi.
»Su hombro inmenso aparecio primero y luego un brazo largo y caido; los dedos curvos de su mano; entonces vi su cabeza. Sobre el otro hombro cargaba un cuerpo. En la puerta rota se enderezo, cambio de posicion su carga y miro directamente a la oscuridad, hacia nosotros. Todos lo musculos se me pusieron como de acero cuando lo mire, vi el contorno de su cabeza contra el cielo. Pero ninguna de sus facciones era visible salvo el pequeno brillo de luna en los ojos, como si fueran fragmentos de vidrio. Entonces vi el brillo de los botones y oi el ruido cuando movio el brazo libre y una de sus largas piernas avanzo y se metio en la torre, directamente hacia nosotros.
»Me aferre a Claudia, listo para ponerla detras de mi en un segundo, para salir a su encuentro. Pero entonces vi, perplejo, que sus ojos no me veian como yo los veia y que caminaba luchando contra el peso de su carga. La luna cayo sobre su cabeza gacha, sobre una masa de negros cabellos cerosos y la manga negra de su abrigo. Vi algo extrano en ese abrigo; la solapa estaba rota y la manga parecia descosida. Casi me imagine que le podia ver la piel a traves del hombro. Entonces se movio el ser humano que tenia en sus brazos y gimio de forma lastimera. La figura se detuvo un momento y parecio golpear con la mano al humano. Y en ese momento sali de mi escondrijo y fui a su encuentro.
»No pronuncie una sola palabra; no conocia ninguna que pudiera decir. Solo supe que me movia a la luz de la luna y que su cabeza oscura y cerosa dio un respingo y que le vi los ojos.
»Durante un instante me miro, y vi la luz que brillaba en esos ojos y que alumbro los dos largos dientes caninos. Un ronco giro estrangulado parecio elevarse de las profundidades de su garganta y, por un segundo, pense que era la mia. El humano cayo sobre las piedras y se le escapo un agudo gemido de los labios. El vampiro se arrojo contra mi, y su grito estrangulado subio de volumen a medida que un olor fetido llegaba a mis fosas nasales y unos dedos como garras se hundian en la piel de mi capa. Me cai hacia atras y me golpee la cabeza contra el muro; mis manos le buscaron la cabeza y se aferraron a la masa de mugre enredada que era su cabello.
