»—?Ya mismo! —gruno.

»—Morgan —dije, pero el no me oyo. No podia oirme.

»—Dejelo asi —dijo la mujer con furia.

»—Pero es estupido lo que estan haciendo, ?no lo comprenden? ?Esa mujer esta muerta!

»—Louis —susurro Claudia para que no pudieran oirla, y me apreto el cuello con su brazo debajo de la piel de mi abrigo—, deja en paz a esta gente.

»Los otros, entonces, entraron en la habitacion y se pusieron alrededor de la mesa, con rostros graves.

»—Pero, ?de donde vienen esos vampiros? —pregunte—. Han revisado el cementerio. Si se trata de vampiros, ?donde se ocultan? Esa mujer no les puede hacer ningun dano. Atrapen solo a los vampiros, si quieren hacer algo.

»—Durante el dia —dijo ella gravemente, guinando un ojo y moviendo la cabeza con lentitud—. Durante el dia; los atrapamos durante el dia.

»—?Donde? ?Alli en el cementerio, cavando en las fosas de su propia gente?

»Ella nego con la cabeza.

»—En las ruinas —dijo—. Siempre en las ruinas. Nosotros estabamos equivocados. En los tiempos de mis abuelos, fueron las ruinas y ahora son nuevamente las ruinas. Removeremos piedra por piedra si es necesario. Pero ustedes…, vayanse a su cuarto ahora. Porque si no se van ahora mismo, los sacaremos a esa oscuridad…

»Y entonces, de debajo del delantal, saco su puno cerrado alrededor de una estaca y la mostro a la luz de la vela.

»—Ya me han oido: ?vayanse! —dijo, y los hombres empujaron detras de ella, con las bocas cerradas y los ojos brillando en la oscuridad.

»Si… —le dije—. Saldremos afuera. Lo prefiero asi. Afuera. —Y pase a su lado, casi arrojandola a un costado, viendo como los demas me abrian paso. Puse la mano en el picaporte de la posada y la abri con un rapido movimiento.

»—?No! —grito la mujer con su aleman gutural—. ?Usted esta loco! —y se me acerco corriendo. Luego miro el picaporte, aterrorizada, y puso las manos contra los rusticos tablones de la puerta—. ?Sabe usted lo que hace?

»—?Donde estan las ruinas? —le pregunte con calma—. ?A que distancia? ?Estan a la izquierda o a la derecha del camino?

»—No, no —dijo sacudiendo violentamente la cabeza; empuje la puerta y senti el aire frio en la cara.

»Una de las mujeres dijo algo, enfadada y cortante, y uno de los ninos gimio en su sueno.

»—Yo me voy. Quiero una cosa de ustedes: diganme donde estan las ruinas para poder evitarlas. Diganmelo.

»—Usted no sabe, no sabe nada —dijo ella, y, entonces, puse mi mano en su muneca calida y la hice pasar lentamente la entrada, con sus pies rozando el suelo y los ojos desorbitados. Los hombres se acercaron, pero, cuando ella traspuso la puerta contra su voluntad, se detuvieron. Movio la cabeza; se le cayo el pelo sobre la cara y sus ojos miraron mi mano y luego mi rostro.

»—Digame —le dije.

»Pude ver que entonces no me miraba a mi sino a Claudia. Esta se habia vuelto y la luz del fuego le daba en el rostro. La mujer no veia las mejillas redondas ni los labios apretados sino los ojos de Claudia, que estaban fijos en ella con una inteligencia demoniaca y oscura. La mujer se mordio el labio con los dientes.

»—?Al sur o al norte?

»—Al norte —susurro.

»—?A la izquierda o a la derecha?

»—A la izquierda.

»—?A que distancia?

»Su mano se debatio con desesperacion.

»—Cinco kilometros —murmuro.

»La solte y cayo contra la puerta, con los ojos abiertos y llenos de confusion y temor. Me habia girado para irme cuando de repente pego un grito y me pidio que aguardara. Me di vuelta y vi que habia quitado el crucifijo de la pared y que lo tenia levantado en mi direccion. Y en el recuento de pesadillas de mi memoria vi a Babette mirandome como lo habia hecho hacia tantos anos diciendome aquellas palabras: Alejate de mi, Satan. Pero el rostro de la mujer estaba desesperado.

»—Llevelo, por favor, en nombre de Dios —dijo—. Y viaje rapido.

»Y la puerta se cerro dejandonos a mi y a Claudia en la oscuridad total.

»En pocos minutos —volvio a contar el entrevistado— el tunel de la noche se cerro sobre las debiles linternas de nuestro carruaje, como si el poblado no hubiera existido jamas. Avanzamos, giramos, con los flejes crujiendo. La luna mortecina revelaba por un instante la silueta palida de las montanas detras de los pinos. No podia dejar de pensar en Morgan ni dejar de oir su voz. Todo se entremezclaba con mi propia y horrible anticipacion de conocer la cosa que habia matado a Emily, la cosa que sin duda era alguien de nuestra propia especie. Pero Claudia estaba frenetica. De haber podido conducir los caballos ella misma, se hubiera hecho con las riendas. Una y otra vez me pidio que usara el latigo. Golpeo con salvajismo las pocas ramas bajas que de pronto sonaban contra las linternas delante de nuestras caras; y el brazo aferrado a mi cintura sobre el banco movedizo era firme como el acero.

»Recuerdo una curva cerrada, el crujir de las linternas y Claudia, que gritaba por encima del ruido del viento:

»—?Alli, Louis! ?Lo ves?

»Tire de las riendas.

»Ella estaba de rodillas, apretada contra mi, y el vehiculo se bamboleaba como un barco en alta mar.

»Una gran nube viajera descubrio la luna, y alla, por encima del campo y el camino, se vio el contorno oscuro de la torre. Una larga ventana mostraba el cielo palido detras. Me sente alli, aferrado al banco, tratando de enderezar un movimiento que continuaba en mi mente mientras el carruaje se equilibraba sobre sus muelles. Uno de los caballos relincho. Luego todo quedo quieto.

»Claudia me dijo:

»—Louis, ven…

»Susurre algo, una negativa rapida e irracional. Tenia la impresion clara y aterrorizadora de que Morgan estaba cerca de mi, hablandome de ese modo apasionado con que lo habia hecho en la posada. Ni una sola criatura viviente se movio a nuestro alrededor. Unicamente se oian el viento y el frotar de las hojas.

»—?Piensas que sabe que venimos? —pregunte, y mi voz no me resulto familiar en ese viento. Yo seguia mentalmente en aquella pequena habitacion, como si no hubiera escape de ella, como si el denso bosque no existiera. Creo que temble. Y luego senti que la mano de Claudia tocaba con mucha suavidad la mia. Los pinos delgados silbaban detras de ella y el fragor de las hojas se hizo mayor, como si una gran boca chupase la brisa y comenzase un remolino.

»—La enterraran en ese cementerio. ?Es eso lo que haran? ?Una inglesa! — susurre.

»—Si yo tuviera tu tamano… —dijo Claudia—. Y si tu tuvieras mi corazon. Oh, Louis…

»Y entonces inclino su cabeza, y era tal su actitud la de un vampiro a punto de morder que me aparte de ella, pero sus labios solo se apretaron suavemente contra los mios, encontraron una parte donde aspirar el aliento y dejar luego que pasara a mi cuando mis brazos la abrazaron.

»—Dejame guiarte… —me rogo—. Ya no es posible volverse. Llevame en tus brazos y bajemos por el camino.

»Pero me parecio una eternidad estar alli sentado sintiendo sus labios en mi cara y en mis parpados. Luego se movio, y de improviso la suavidad de su pequeno cuerpo se alejo de mi; hizo un movimiento tan gracil y rapido que parecio volar en el aire al lado del carruaje, con su mano aferrada a la mia un instante y luego dejandose ir. Entonces baje la vista para encontrarla mirandome, de pie en el camino y en medio del charco de luz de la

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