»El se puso de pie. Por un instante pense que se caeria. Se agacho, porque era mucho mas alto que yo, luego retrocedio antes de conseguir el equilibrio y puso las manos sobre los bordes de la mesa. Tenia el abrigo manchado de vino y lo mismo los punos de la camisa.
»—?Quiere ver? —dijo mirandome a los ojos—. ?Quiere ver por usted mismo?
»Su voz tuvo un tono suave y patetico cuando pronuncio esas palabras.
»—?Deje a la nina! —dijo abruptamente la mujer con un gesto rapido e imperioso.
»—Esta durmiendo —dije, y, poniendome de pie, segui al ingles hasta la puerta al pie de la escalera.
»Se produjo una leve conmocion entre aquellos cercanos a la puerta cuando abrieron paso. Y entramos juntos en una pequena sala.
»Unicamente ardia una vela en un aparador y lo primero que vi fue una hilera de platos delicadamente dibujados sobre un estante. Habia cortinas sobre una pequena ventana y una luminosa imagen de la Virgen Maria y el Nino sobre una pared. Pero las paredes y las sillas apenas encuadraban una gran mesa de roble y, sobre esa mesa, yacia el cuerpo de una mujer joven, con las manos blancas cruzadas sobre el pecho, y el cabello castano peinado sobre su cuello fino y blanco sobre los hombros. Alrededor de su muneca brillaban los abalorios de ambar de un rosario, que caian al lado de su oscura falda de lana. Y a su costado habia un muy bonito sombrero rojo de fieltro con un velo y un par de guantes oscuros. Todo estaba puesto como si ella muy pronto se fuera al levantar y ponerse esas cosas. Y el ingles, entonces, toco cuidadosamente el sombrero y se acerco a ella. Estaba a punto de echarse a llorar. Habia sacado de su abrigo un gran panuelo y se lo llevo a la cara.
»—?Sabe lo que quieren hacer con ella? —me susurro cuando me miro—. ?Tiene alguna idea?
»La mujer vino por detras y lo tomo del brazo, pero el se la quito de encima.
»—?Sabe usted? —me pregunto imperioso, con fuego en los ojos—. ?Salvajes!
»—?Basta ya! —dijo la mujer, casi sin aliento.
»El hizo rechinar los dientes y sacudio la cabeza, y un rizo de sus cabellos pelirrojos le cayo sobre los ojos.
»—Alejese de ella —le dijo en aleman a la mujer—. Y alejese de mi.
»Alguien murmuraba algo en la otra habitacion. El ingles volvio a contemplar a la joven y se le llenaron los ojos de lagrimas.
»—Tan inocente… —dijo en voz baja; entonces miro el techo cerrando la mano derecha y susurrando—. ?Maldito seas, Dios! ?Maldito seas!
»—?Ve usted esto? —me pregunto el. Y levanto con sumo cuidado el lazo de la joven como si no quisiera, o no pudiera, tocar la carne endurecida. Alli, en la garganta, sin la menor duda, estaban las dos heridas que yo habia visto mil y mil veces, talladas en la piel amarillenta. El hombre se llevo las manos a la cara, y su cuerpo, alto y delgado, oscilo sobre las plantas de sus pies—. Pienso que me voy a volver loco —dijo.
»—Vamos —dijo la mujer cogiendolo, y su rostro se encendio de improviso.
»—Dejelo —le dije—. Dejelo. Yo cuidare de el.
»Ella contorsiono la boca.
»Ella estaba demasiado exhausta para ello, demasiado cerca ella misma de un ataque. Pero entonces nos dio la espalda, se puso el manton sobre los hombros, salio y los hombres afuera le abrieron paso.
»El ingles sollozaba.
»Me di cuenta de lo que debia hacer, pero no se debio solo al hecho de que quisiera enterarme por el de lo ocurrido y a que el corazon me latiera excitado, en silencio. Era abrumador verlo. El destino inmisericorde me llevo demasiado cerca de el en ese momento.
»—Me quedare con usted —le ofreci. Y traje dos sillas al lado de la mesa. El se sento pesadamente, con los ojos fijos en la vela que ardia a su lado. Cerre la puerta, y las paredes parecieron retroceder y el circulo de la vela crecio mas brillante alrededor de su cabeza gacha. Se apoyo en el aparador y se limpio la cara con el panuelo. Entonces saco del bolsillo un frasco cubierto de cuero, me lo ofrecio y dije que no.
»—?Quiere decirme que ha sucedido?
»El asintio con la cabeza.
»—Quizas usted pueda traer un poco de cordura a este lugar —dijo—. Usted es frances, ?verdad? Yo soy ingles.
»—Si —asenti.
»Y entonces, cogiendome la mano con fuerza —el licor habia adormecido tanto sus sensaciones que no noto mi frialdad—, me conto que se llamaba Morgan y que me necesitaba desesperadamente, mas de lo que jamas habia necesitado a nadie. Y, en ese momento, cogido de esa mano, sintiendo su fiebre, hice algo extrano. Le dije mi nombre, lo que no confiaba a casi nadie. Pero el contemplaba a la muerta como si no me oyese, y sus labios parecieron formar la mas leve de las sonrisas, con las lagrimas visibles en sus ojos. Su expresion hubiera emocionado a cualquier ser humano; podria haber sido mas de lo que muchos hubieran podido aguantar.
»—Yo lo hice —dijo—. Yo la traje aqui. —Y arqueo las cejas como preguntandose.
»—No —replique rapidamente—, usted no lo hizo. Digame quien lo hizo.
»Pero entonces el parecio confundido, perdido en sus pensamientos.
»—Jamas he estado fuera de Inglaterra —empezo a decir—. Yo estaba pintando ?sabe?… Como si ahora eso importara…, las pinturas, el libro. ?Pensaba que todo era tan curioso, tan pintoresco!
»Paseo la mirada por la habitacion y su voz se fue apagando. La miro durante largo rato y luego le dijo suavemente:
»—Emily.
»Me parecio que estaba vislumbrando algo precioso que el guardaba en su corazon.
»Poco a poco, entonces, empezo a revelar la historia. Un viaje de luna de miel a traves de Alemania y otros paises, dondequiera que los llevaran los transportes publicos, dondequiera que Morgan encontrase paisajes para pintar. Y, por ultimo, habian llegado a este sitio remoto porque en las cercanias habia un monasterio en ruinas del que se decia que se conservaba muy bien.
»Pero Morgan y Emily jamas habian llegado a ese monasterio. Sin lugar a dudas la tragedia les habia estado esperando.
»Resulto que ninguno de los transportes publicos llegaban a ese lugar y que Morgan habia pagado a un campesino para que los trajera en su carro. Pero la tarde en que llegaron habia una verdadera conmocion en el cementerio en las afueras del pueblo. El campesino, despues de haber echado una mirada, se nego a dejar el carro para investigar lo que pasaba.
»—Era un especie de procesion —dijo Morgan—, con toda esa gente con sus mejores ropas y algunas flores. Y la verdad es que me parecio bastante fascinante. Queria ver el acontecimiento. Senti tal ansiedad que permiti que el rustico nos dejara aqui con las maletas y todo. Podiamos ver el pueblo. En realidad, fueron mas deseos mios que de Emily, pero ella era tan complaciente… Finalmente la deje sentada sobre nuestro equipaje y subi la colina sin ella. ?Vio usted el cementerio cuando venia? No, por supuesto que no. Gracias a Dios que su carruaje los trajo hasta aqui, sanos y salvos. De cualquier manera, de haber seguido adelante, por mas mal estado en que esten sus caballos…
»—?Cual es el peligro? —lo interrumpi.
»—Le creo, continue —dije.
