»—No, se lo que tengo que hacer. ?Acaso no lo he hecho en el pasado? —le dije.

»Fue ella quien cerro la persiana y la pesada puerta. Recuerdo haberme arrodillado y haber palpado la antigua pared. Estaba podrida debajo de la superficie pintada y cedio ante mis dedos. De improviso vi que mi puno la traspasaba y senti que se me clavaban las astillas en la muneca. Y luego recuerdo haber buscado en la oscuridad y cazado algo calido y pulsante. Una corriente de aire frio y humedo me golpeo la cara y vi que a mi alrededor se hacia la oscuridad, fria y humeda como si el aire fuera un agua silenciosa que traspasara la pared rota y llenara la habitacion. El cuarto desaparecio. Yo bebia de una corriente infinita de sangre calida que fluia por mi garganta y a traves de mi corazon que latia, y a traves de mis venas, de modo que mi cuerpo se calento contra esta agua fria y negra. Y entonces el pulso de la sangre que bebia disminuyo; mi corazon latia tratando de que ese corazon latiera al unisono. Me senti elevar como si flotara en la oscuridad y entonces, esa oscuridad, al igual que el latido, empezo a desaparecer. Algo brillo; temblo muy debilmente con el sonido de unos pasos en las escaleras, en los suelos, el ruido de ruedas y de cascos de caballo sobre la tierra, y emitio un sonido de tintineo mientras vibraba. Veia a su alrededor una pequena estructura de madera y, en ese marco, salio a traves del brillo la figura de un hombre. Era conocido. Yo conocia su cuerpo largo y delgado, su cabello sedoso y negro. Entonces vi que sus ojos verdes me observaban. Y en sus dientes…, en sus dientes…, tenia algo enorme y suave y marron, algo que el presionaba suavemente con las manos. Era una rata. Tenia una inmensa rata asquerosa, con su gran rabo curvado y congelado en el aire. Con un grito, la arrojo al suelo y se quedo mirando perplejo mientras la sangre le manaba de la boca abierta.

»Una luz penetrante me hirio los ojos. Luche tratando de abrirlos y entonces brillo toda la habitacion. Claudia estaba frente a mi. No era una nina pequena, sino alguien mayor que me empujo hacia adelante, hacia ella, con ambas manos. Ella estaba de rodillas y mis brazos la tomaron por la cintura. Entonces descendio la oscuridad mientras la abrazaba. El cerrojo encontro su lugar exacto. Mis miembros se durmieron y luego senti la paralisis del olvido.

»Y asi fue —dijo el vampiro— como pasamos por Transilvania, Hungria, Bulgaria y todos esos paises donde los campesinos creian que los muertos vivientes caminaban y en donde abundaban las leyendas de los vampiros. En cada poblado donde encontramos un vampiro, sucedia lo mismo.

—?Era un cadaver sin mente? —pregunto el joven.

—Siempre —dijo el vampiro—. Cada vez que los encontrabamos. Recuerdo un punado de esas criaturas. A veces solo las veiamos a distancia. Conociamos muy bien sus cabezas bovinas gachas, los hombros caidos, las ropas podridas y andrajosas. En una poblacion fue una mujer que habia muerto unos seis meses antes; los vecinos la habian visto y conocian su nombre. Ella fue la unica que nos dio una esperanza en nuestras experiencias en Transilvania. Y esa esperanza termino en la nada. Se escapo de nosotros en un bosque; corrimos tras ella y la agarramos de su largo cabello negro. Su largo vestido de entierro estaba empapado de sangre seca; sus dedos, llenos de la tierra de la fosa. Y sus ojos… no tenian inteligencia, estaban vacios, dos agujeros que reflejaban la luna. Nada de secretos, ninguna verdad; unicamente la desesperacion.

—Pero, ?que eran esas criaturas? ?Por que eran asi? —pregunto el muchacho con una mueca de asco en los labios—. No lo comprendo. ?Como podian ser tan diferentes de usted y de Claudia?

—Yo tenia mis teorias. Lo mismo Claudia. Pero lo mas importante que entonces senti fue la desesperacion. Y, en esa desesperacion, senti una y otra vez el miedo de haber matado al unico vampiro que era como nosotros: Lestat. Sin embargo, parecia algo impensable… De haber el poseido la sabiduria de un brujo, los poderes de una bruja…, quiza yo hubiera llegado a creer que, de algun modo, se las hubiese arreglado para sacar una vida consciente de las mismas fuerzas que gobernaban a esos monstruos. Pero el era unicamente Lestat, tal como te lo he descrito: una persona sin misterios. Y, al final, en esos meses pasados en el este de Europa, sus limitaciones me eran tan conocidas como sus encantos. Queria olvidarme de el y, no obstante, siempre parecia estar pensando en el. A veces me encontraba tan vividamente consciente de su persona como si acabara de dejar la habitacion y el sonido de su voz aun estuviese alli. De algun modo, yo sentia un alivio perturbador. Y pese a mi mismo, me imaginaba su cara, no como la habia visto la ultima noche del incendio, sino en otras noches, la ultima que pasara con nosotros, en nuestra casa, con sus manos jugando con las teclas de la espineta y su cabeza inclinada hacia un lado. Cuando comprendi en que direccion marchaban mis suenos, senti una enfermedad mas terrible que la angustia. ?Yo queria que estuviese vivo! En las noches negras del este de Europa, Lestat era el unico vampiro que yo habia encontrado.

»Pero los suenos de Claudia eran de una naturaleza mucho mas practica. Una y otra vez me hizo contarle esa noche en el hotel de Nueva Orleans, cuando ella se convirtio en una vampira, y, una y otra vez, busco en ese proceso alguna pista de por que las cosas que encontrabamos en las fosas rurales carecian de inteligencia. ?Que hubiera pasado si despues de la succion de la sangre de Lestat, a ella la hubieran puesto en una fosa y la hubieran encerrado hasta que el impetu sobrenatural de la sangre le hubiera hecho romper la puerta de piedra que la encerraba? ?Como hubiera sido entonces su mente, famelica casi hasta el limite? Su cuerpo se podria haber salvado a si mismo, pero la mente no. Y en el mundo ella hubiera pillado, matado donde era posible, tal como hacian esas criaturas. Asi fue como ella lo explicaba. Pero, ?que las habia creado, como habian empezado? Eso era lo que ella no podia explicarse y lo que le daba esperanzas de descubrirlo cuando yo ya no tenia ninguna, de puro cansancio…

»—Ellos procrean su propia especie; eso es obvio, pero, ?como empezaron? —preguntaba ella.

»Y entonces, en algun sitio de las inmediaciones de Viena, me hizo una pregunta que nunca habia pronunciado sus labios. ?Por que no podia yo hacer lo que Lestat habia hecho con ambos? ?Por que no podia yo crear otro vampiro? No se por que al principio ni siquiera la comprendi, salvo que, al odiar con todas mis fuerzas lo que yo era, senti un miedo muy especial a esa pregunta que casi era peor que cualquier otra. ?Ves?, yo no comprendia algo poderoso de mi mismo. La soledad me habia llevado a pensar en esa misma posibilidad hacia muchos anos, cuando estaba bajo el embrujo de Babette Freniere. Pero la deje encerrada dentro de mi como una pasion sucia. Despues de ella, me cerre a los mortales. Mataba a desconocidos. Y el ingles Morgan, debido a que yo lo conocia, estuvo tan a salvo como Babette de mi abrazo fatidico. Ambos me causaron demasiado dolor. No pude pensar en brindarles la muerte. La vida en la muerte… era algo monstruoso.

»Me aleje de Claudia. No quise contestarle. Pero, enfadada como estaba, miserable con su impaciencia, no pudo tolerar que me fuese. Y se me acerco, acariciandome con las manos y con la mirada como si fuera mi amante hija.

»—No pienses en ello, Louis —me dijo luego, cuando estabamos comodamente instalados en un pequeno hotel suburbano. Yo estaba en la ventana, mirando el distante resplandor de Viena, tan deseoso de estar en esa ciudad, en su civilizacion, en su pura dimension. La noche era clara y la bruma de la ciudad rondaba el cielo—. Deja que tranquilice tu conciencia, aunque jamas sabre con exactitud de que se trata —me dijo al oido, y me acaricio el pelo.

»—Hazlo, Claudia —le conteste—. Tranquiliza mi conciencia. Dime que jamas me volveras a hablar de crear nuevos vampiros.

»—?No quiero huerfanos como nosotros! —exclamo subitamente; mis palabras la molestaron, y mis sentimientos—. Quiero respuestas, conocimiento —me dijo—. Pero dime, Louis, ?que te hace estar tan seguro de que tu no lo hayas hecho sin saberlo?

»Nuevamente senti en mi una deliberada confusion. Tuve que mirarla como si desconociera el significado de sus palabras. Yo queria que se mantuviera en silencio y a mi lado, y que los dos estuvieramos ya en Viena. Le acaricie el pelo, toque con mis dedos sus largas cejas y mire la luz.

»—Despues de todo, ?que cuesta hacer esas criaturas? —continuo diciendo—. ?Esos vagabundos monstruosos? ?Cuantas gotas de tu sangre debe haber mezcladas con la sangre de un hombre… y que clase de corazon sobrevive al primer ataque?

»Podia sentir que me observaba. Me quede alli con los brazos cruzados, de espaldas a un costado de la ventana, mirando hacia afuera.

»—Esa Emily era tan palida, ese ingles miserable… —dijo ella, ignorando la mueca de dolor en mi cara—. Sus corazones no fueron nada y lo que los mato fue tanto el miedo a la muerte como la sangria que sufrieron. La idea los mato. ?Pero que pasa con los corazones que sobreviven? ?Estas muy seguro de que no has procreado una legion de monstruos, quienes, de vez en cuando, luchan vana e instintivamente por seguir tus pasos? ?Cuanto duraron las vidas de esos huerfanos que tu dejaste atras? ?Un dia alli, una semana alla, antes de que el sol los convirtiera en cenizas o alguna victima mortal los hiciera picadillo?

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