»—?Basta ya! —le rogue—. Si tu supieras de que forma imagino lo que tu describes, no lo harias. ?Te digo que jamas ha sucedido! ?Lestat me sangro hasta el borde de la muerte para hacerme un vampiro! ?Y me devolvio toda esa sangre mezclada con la propia! ?Asi lo hizo!

»Ella desvio la mirada y luego parecio que se miraba las manos. Creo que la oi suspirar, pero no estoy seguro. Y entonces sus ojos se movieron en mi direccion lentamente, de arriba a abajo, hasta que al final se encontraron con los mios. Luego parecio sonreir.

»—No te atemorices de mi fantasia —dijo en voz baja—. Al fin y al cabo, la decision final siempre sera tuya. ?No es asi?

»—No comprendo —dije. Y ella lanzo una fria carcajada cuando se dio la vuelta.

»—?Te lo puedes imaginar? —pregunto en voz tan baja que apenas pude oirla—. ?Un aquelarre de ninos? Eso es lo unico que puedo hacer…

»—Claudia… —murmure.

»—Tranquilizate —me dijo abruptamente, en voz aun muy baja—. Te dire algo: pese a todo lo que odiaba a Lestat… —se detuvo.

»—?Si? —murmure—. ?Si…?

»—Pese a todo lo que lo detestaba, con el nosotros eramos… completos. —Me miro, y sus ojos se arquearon como si el leve aumento de su voz me hubiera perturbado.

»—No, solo tu eras completa… —le dije—. Porque eramos dos, uno a cada lado, desde el principio.

»Creo que la vi sonreir, pero no estoy seguro. Agacho la cabeza, pero vi que sus ojos se movian debajo de sus cejas de un lado al otro. Entonces, dijo:

»—Los dos a mi lado. ?Te lo imaginas como lo dices, como siempre te imaginas todo?

»Una noche, hacia mucho tiempo, eso era para mi tan real como si aun estuviera inmerso en ella, pero no se lo dije. Esa noche ella estaba desesperada, escapandose de Lestat, quien le habia pedido que asesinara a una mujer en la calle a quien Claudia habia dejado en paz, obviamente alarmada. Yo estaba seguro de que esa mujer se parecia a su madre. Por ultimo, ella se escapo de nosotros dos, pero yo la encontre en el armario, debajo de las chaquetas y los abrigos, aferrada a su muneca. Y, al llevarla a su cuna, me sente a su lado y le cante y ella me miro, aferrada a su muneca como si se tratara de una forma misteriosa y ciega de calmar un dolor que ella ni siquiera podia empezar a comprender. ?Te lo puedes imaginar, esta esplendida situacion domestica, el padre vampiro que canta a su hija vampira? Unicamente la muneca tenia un rostro humano, unicamente la muneca.

»—?Pero debemos irnos de aqui! —dijo subitamente la Claudia de anos despues, como si el pensamiento se le hubiera formado en la mente con una urgencia especial; se habia llevado las manos a las orejas, como si se protegiera contra un sonido de espanto—. Por los caminos que hemos recorrido, por lo que ahora veo en tus ojos; debido a que he pronunciado pensamientos que para mi no son mas que simples consideraciones…

»—Perdoname —dije con la mayor amabilidad posible, retirandome lentamente de aquella habitacion de tanto tiempo atras, de esa nina monstruosa. Y Lestat, ?donde estaba Lestat? En el otro cuarto encendieron una cerilla, una sombra broto de repente a la vida, como si la luz y la oscuridad llegaran a una vida donde unicamente habia oscuridad.

»—Perdoname… —me dijo entonces en ese hotel pequeno, cerca de la primera capital del Occidente europeo que tocabamos—. No, nos perdonamos mutuamente. Pero a el no lo olvidamos. Y sin el, ya ves las cosas que pasan entre los dos.

»—Solo porque estamos cansados y las cosas son dificiles —le dije a ella y a mi mismo, porque no habia nadie mas en el mundo con quien yo pudiera hablar.

»—Ah, si, y eso es lo que debe terminar. Te lo digo, empiezo a comprender que hemos hecho todo mal desde el comienzo. Debemos pasar de largo por Viena. Necesitamos nuestro idioma, nuestra gente. Quiero ir directamente a Paris.

Tercera parte

—Creo —reinicio su relato el vampiro— que el mismo nombre de Paris me trajo un soplo de placer que fue extraordinario, un alivio tan proximo al bienestar que me sorprendi no solo de poder sentirlo sino de haberme olvidado casi de esa sensacion.

»Me pregunto si puedes comprender lo que significo. Mis palabras no lo pueden expresar ahora porque lo que Paris implica para mi es muy diferente de entonces, de aquellos dias, de aquella epoca; pero aun ahora, cuando lo recuerdo, siento algo parecido a la felicidad. Y ahora tengo mas razones que nunca para decir que la felicidad no es lo que jamas llegare a conocer ni lo que merecere conocer. No obstante, el nombre de Paris me hace sentirla.

»A menudo la belleza mortal me duele y la grandeza mortal me puede llenar con esa anoranza que senti con tanta desesperacion en el Mediterraneo. Pero Paris me acerco a su corazon, y me olvide por completo de mi mismo. Me olvide de esa cosa condenada y sobrenatural que andaba con una piel mortal y unas vestimentas mortales. Paris me abrumo y me ilumino y me recompenso con mas riquezas que cualquier promesa.

»Era la madre de Nueva Orleans: comprende eso primero; le habia dado su vida a Nueva Orleans, y era lo que Nueva Orleans habia tratado de ser durante mucho tiempo. Pero Nueva Orleans, aunque hermosa y desesperadamente viva, era tambien desesperadamente fragil. Habia algo salvaje y primitivo para siempre, algo que amenazaba su vida exotica y refinada tanto desde adentro como desde afuera. Ni un centimetro de esas calles de madera, ni un ladrillo de esas atestadas casas espanolas habian sido traidos de la fiera intemperie que rodeaba eternamente a la ciudad, lista para tragarsela. Los huracanes, las inundaciones, las fiebres, la plaga y los pantanos de Luisiana trabajaban, incesantes, en cada tabla martilleada, en cada fachada de piedra, de modo que Nueva Orleans siempre parecia como un sueno en la imaginacion de su populacho ansioso, un sueno mantenido intacto por una voluntad colectiva y tenaz, aunque inconsciente.

»Pero Paris, Paris era en si misma una totalidad, pulida y modelada por la Historia; asi parecia en aquella epoca de Napoleon III, con los edificios con sus torres, sus imponentes catedrales, sus grandes avenidas y sus antiguas callejuelas medievales: tan vasta e indestructible como la misma naturaleza. Ella todo lo abarcaba. Su poblacion volatil y encantada llenaba las galerias, los teatros, los cafes, dando vida, una y otra vez, al genio y la santidad, la filosofia y la guerra, la frivolidad y el arte mas bello; de modo que parecia que todo el mundo fuera de ella estuviera a punto de hundirse en la oscuridad y todo lo que era hermoso y esencial podia llegar alli a dar su mejor fruto. Incluso los arboles majestuosos que agraciaban y protegian sus calles estaban a tono con ella. Y las aguas del Sena, contenidas y hermosas mientras pasaban por su corazon. Y la tierra en ese lugar, tan formada por la sangre y la conciencia, parecia haber dejado de ser la tierra y haberse convertido en Paris.

»Nuevamente estabamos con vida. Estabamos enamorados, y tan euforico estaba yo despues de esas noches sin esperanza vagabundeando por el este de Europa, que me entregue por completo cuando Claudia nos instalo en el Hotel Saint-Gabriel, en el boulevard des Capucines. Se decia que era uno de los hoteles mas grandes de Europa; sus habitaciones inmensas empequenecian el recuerdo de nuestra vieja casona, pero, al mismo tiempo, lo invocaban con un agradable esplendor, ibamos a tener una de las mejores suites. Nuestras ventanas daban al boulevard iluminado con lamparas de gas, y alli, a primera hora del atardecer, las aceras se llenaban de paseantes y una hilera interminable de carruajes pasaban llevando a damas lujosamente ataviadas, junto a sus caballeros, camino de la Opera —o la Opera Comique—, los teatros, las fiestas y las recepciones infinitas de las Tullerias.

»Claudia dio sus razones para ese gasto de un modo amable y logico, pero pude darme cuenta de que se impacientaba teniendo que pedir todo por mi intermedio; le era irritante. Dijo que el hotel nos permitiria una libertad completa; nuestros habitos nocturnos pasarian inadvertidos con la continua afluencia de turistas europeos; nuestras habitaciones serian mantenidas inmaculadas por un equipo anonimo, mientras que el elevadisimo precio que pagabamos nos garantizaria la intimidad y la seguridad. Pero habia algo mas en sus palabras. Habia un proposito frenetico en sus compras.

»—Este es mi mundo —me explico, sentada en una sillita de terciopelo delante del gran balcon y contemplando la larga fila de carruajes que se detenian a la puerta del hotel—. Debo tenerlo segun

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