»—?Yo solo fui un aprendiz de brujo! —exclame de improviso—. ?Un aprendiz! —dije. Quise tocarla, acariciarle el pelo, pero me quede sentado, temeroso de ella, y su furia fue como una cerilla a punto de encenderse.

»Volvio a sonreir y me tomo una mano, se la puso en la falda y la cubrio como pudo con las suyas.

»—Un aprendiz, si —dijo riendose—. Pero dime una cosa, una sola cosa desde tu elevada posicion. ?Como era… hacer el amor?

»Me aleje de ella antes de pensarlo siquiera, y busque mi capa y mis guantes como un hombre aturdido.

»—?No te acuerdas? —me pregunto con perfecta calma cuando puse la mano en el picaporte.

»Me detuve, sintiendo sus ojos en mi espalda, avergonzado, y me di vuelta e hice como que pensaba: ?Adonde voy? ?Que hare? ?Por que estoy aqui?

»—Fue algo efimero —dije, tratando de encontrar su mirada; cuan perfecta, friamente azules eran esos ojos, y que decididos—. Y… fue muy pocas veces saboreado… Algo agudo que se perdia rapidamente. Pienso que era la sombra palida del asesinato.

»—Aaah… —murmuro ella—. Como herir tal como lo hago ahora yo… Esa es tambien la palida sombra del asesinato.

»—Si, madame —le dije—. Tiendo a creer que es lo correcto.

»Y haciendo una leve reverencia, le di las buenas noches.

Tras una pausa, el vampiro prosiguio:

—Largo rato despues de haberla dejado, aminore el paso. Habia cruzado el Sena. Queria la oscuridad. Esconderme de ella y de los sentimientos que me agobiaban y del gran miedo consumidor ante la evidencia de que yo era absolutamente inadecuado para hacerla feliz, o para hacerme feliz a mi mismo haciendola feliz a ella.

»Hubiera dado el mundo para satisfacerla, el mundo que ahora poseiamos, que al mismo tiempo parecia vacio y eterno. No obstante, me sentia ofendido por sus palabras y sus ojos, y ninguna explicacion —que me pasaban y pasaban por la cabeza, incluso formandose en mis labios con susurros desesperados cuando deje la rue St. Michel y entre mas y mas profundamente en las callejas mas oscuras y antiguas del Barrio Latino—, ninguna explicacion parecia calmarme cuando imagine su propia insatisfaccion o mi propio tormento.

»Por ultimo deje las palabras, excepto un cantico extrano. Estaba en el silencio negro de una calleja medieval, y ciegamente segui sus bruscos giros, reconfortado por la altura de sus angostos edificios que parecian capaces de caerse en cualquier momento, cerrando la calleja bajo las estrellas indiferentes.

»Me dije: “No la puedo hacer feliz, no la hago feliz y su infelicidad crece cada dia”.

»Ese era mi cantico, que repetia como un rosario, un encantamiento para cambiar los hechos; su desilusion inevitable con nuestra busqueda, que nos dejara en este limbo donde yo sentia que ella se alejaba de mi, empequeneciendome con su inmensa necesidad. Incluso concebi unos celos salvajes de la fabricante de munecas a quien ella habia confiado sus ganas de tener esa diminuta mujer de porcelana, porque esa fabricante, en un momento, le habia dado algo que ella apreto contra si en mi presencia como si yo no existiera.

»?Que importancia tenia? ?Adonde nos podia llevar?

»Desde que llegara a Paris unos meses antes, jamas habia sentido de esa manera el tamano enorme de la ciudad; como podia pasar de esa callejuela retorcida y oscura de mi eleccion a un mundo de deleites; y jamas habia sentido tan profundamente su inutilidad. Inutil para Claudia si no lograba atemperar su furia, si ella no podia de algun modo asir los limites de lo que parecia tan furiosa y amargamente consciente. Yo estaba indefenso. Ella estaba indefensa. Pero ella era mas fuerte que yo. Y yo sabia, habia sabido incluso en el momento en que me aleje de ella en el hotel, que detras de sus ojos habia un amor continuo por mi.

»Y mareado, cansado y ahora perdido, adverti, con los sentidos inextinguibles del vampiro, que alguien me seguia.

»Mi primer pensamiento fue irracional. Ella habia salido detras de mi. Y, mas avispada que yo, me habia seguido a gran distancia. Pero con tanta seguridad como se me ocurriera eso, se me presento otra idea, una idea bastante cruel a la luz de todo lo que habia pasado entre nosotros. Los pasos eran demasiado pesados para ser de ella. Simplemente se trataba de un mortal que caminaba por el mismo callejon, que caminaba, ignorante, hacia la muerte.

«Entonces prosegui mi camino, casi dispuesto a caer en mi propio dolor, porque me lo merecia, cuando mi mente me dijo: “Eres un tonto; escucha”. Y se me ocurrio que esos pasos, haciendo eco a gran distancia alla atras de mi, sonaban al mismo tiempo que los mios. Una casualidad. Porque si eran mortales, estaban lejos del oido mortal. Pero cuando me detuve para considerar eso, se detuvieron. Y cuando me di vuelta diciendo: “Louis, te enganas a ti mismo”, y volvi a empezar, ellos tambien lo hicieron. Paso con paso, hasta cuando aumente la velocidad. Y entonces ocurrio algo innegable, notable. En garde como estaba con los pasos que me seguian, tropece en unas piedras y cai sobre la pared. Y, detras de mi, aquellos pasos hicieron un eco perfecto del subito ritmo de mi caida.

»Me quede atonito. Y en un estado de alarma superior al miedo. A mi derecha e izquierda, la calle estaba a oscuras. Ni siquiera una luz mortecina brillaba en la ventana de alguna buhardilla. Y la unica seguridad que tenia era la gran distancia que me separaba de esos pasos, y la garantia de que no eran humanos. No supe que hacer. Senti el deseo casi irresistible de llamar a ese ser y darle la bienvenida, hacerle saber lo mas rapida y completamente posible que lo esperaba, que lo habia buscado, que lo enfrentaria. Pero tuve miedo. Lo que me parecio sensato fue seguir caminando, esperar a que se aproximara; y, cuando lo hice, volvio a imitar mis pasos y la distancia siguio siendo la misma. Aumento mi tension y la oscuridad a mi alrededor se hizo cada vez mas amenazante. Me pregunte una y otra vez, midiendo aquellos pasos: “?Por que me sigues? ?Por que me haces saber que estas alli?”

»Entonces doble una esquina y un rayo de luz aparecio delante de mi, en la siguiente calle. Esta subia en cuesta, y avance muy lentamente; el corazon me aturdia los oidos, renuente a mostrarme en esa luz.

»Y, cuando vacile —de hecho, me detuve—, justo antes de la curva siguiente, algo resono encima como si el techo de la casa se hubiera derrumbado. Salte hacia atras justo a tiempo de evitar que una carga de piedras cayera sobre mi. Todo quedo en silencio. Mire las piedras escuchando, esperando. Y entonces, lentamente, di la vuelta hacia la luz para ver, debajo de la lampara de gas, la figura inequivoca de un vampiro.

»Era de una enorme estatura, aunque tan delgado como yo; su rostro largo y blanco brillaba bajo la luz; sus ojos negros y grandes me miraban con lo que me parecio una franca curiosidad. Tenia la pierna izquierda ligeramente doblada, como si se hubiera quedado petrificado en medio de un paso. Y entonces, de repente, me di cuenta de que no solo tenia el largo pelo negro peinado exactamente como el mio, y que no solo estaba vestido con un abrigo y una capa identicos a los mios, sino que imitaba mi mirada y mi expresion facial a la perfeccion. Trague saliva y deje que mi mirada lo recorriera lentamente, mientras trataba de ocultarle el ritmo rapido de mi pulso cuando sus ojos me recorrieron del mismo modo. Y, cuando lo vi parpadear, me percate de que yo acababa de parpadear, y cuando abri los brazos y los cruce lentamente sobre mi pecho, el hizo lo mismo. Era una locura, peor que una locura. Porque, cuando apenas movi los labios, el tambien lo hizo, y encontre muertas las palabras y no pude encontrar otras para decirle que se detuviera. Y, entretanto, seguian fijos alli esa estatura desmesurada, esos negros ojos agudos y esa atencion poderosa que, sin duda, era una burla perfecta, pero de cualquier manera clavada en mi. El era el vampiro; yo parecia el espejo.

»—Muy habil —le dije, breve y desesperadamente, y, por supuesto, el repitio la palabra con tanta rapidez como yo la habia dicho. Y furioso como estaba, mas por eso que por cualquier otra cosa, me esforce por mostrar una lenta sonrisa que desafio el sudor que me habia aparecido en cada poro y el temblor violento de mis piernas. El tambien sonrio, pero sus ojos tenian una ferocidad animal, diferente de la mia, y la sonrisa era siniestra en su pura cualidad mecanica.

»Di un paso adelante y el hizo lo mismo, y, cuando me detuve, el tambien lo hizo. Pero entonces, lentamente, muy lentamente, levanto el brazo derecho aunque el mio seguia inmovil y, crispando el puno, se golpeo el pecho imitando el ritmo de mi corazon. Lanzo una carcajada. Echo la cabeza hacia atras mostrando sus dientes caninos y la risa parecio llenar el callejon. Lo deteste. Por completo.

»—?Quieres molestarme? —pregunte, solo para escuchar mis propias palabras repetidas—. ?Payaso! —grite—. ?Bufon!

»Esas palabras lo detuvieron. Se desvanecieron en sus labios cuando las estaba diciendo, y el rostro se le congestiono.

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