al borde de un bosque tenebroso. Y algo en mi reacciono de igual manera que en la audiencia, no con miedo sino de una manera humana, ante la magia de ese fragil decorado pintado, ante el misterio del mundo alli iluminado, el mundo en el que se movia aquella figura con su ondulante capa negra, con la gracia de una gran pantera, provocando esos murmullos, esos gemidos, esos susurros reverentes.

»Y entonces, detras de esa figura cuyos mismos gestos parecian poseer un poder cautivante como el ritmo de la musica con que se movia, aparecieron otras figuras por los costados. Primero, una anciana, muy encorvada y gacha, con su pelo gris como el musgo, sus brazos colgando con el peso de una gran canasta llena de flores. Sus pasos lentos se arrastraban por el suelo y su cabeza se sacudia con el ritmo de la musica y los pasos saltarines del Maldito Segador. Y entonces retrocedio cuando lo vio y, lentamente, deposito su canasta y puso las manos juntas como si estuviera en oracion. Parecia muy cansada. Poco a poco, fue dejando caer la cabeza hasta apoyarla sobre las manos, como si durmiera y las extendio hacia el, en suplica. Pero cuando el se le acerco y se agacho para mirarla directamente a la cara, que estaba ensombrecida debajo de sus cabellos, dio un paso atras y movio las manos como para refrescar el aire. De forma vacilante, se produjeron algunas risas timidas entre la concurrencia. Pero cuando la anciana se levanto y salio atras de la Muerte, las risas resonaron abiertamente.

»La musica acelero su ritmo mientras la anciana perseguia a la Muerte por todo el escenario hasta que, al final, se apoyo en la oscuridad de un viejo tronco metiendo su mascara bajo un brazo como un pajaro. Y la anciana, perdida, derrotada, recogio su canasta mientras la musica se ajustaba a sus pasos lentos. Y ella se fue del escenario.

»No me gusto. Ni me gustaron las risas. Pude ver que entraban otras figuras en el escenario, que la musica orquestaba sus gesticulaciones y que un monton de mendigos y mutilados, con muletas y vestidos con trapos grises, se acercaban a la Muerte, quien giro y escapo de uno con un subito arqueamiento de la espalda, del otro con un gesto femenino de disgusto, de todos ellos finalmente con una cansada muestra de aburrimiento y apatia.

»Fue entonces cuando me di cuenta de que la mano blanca y languida que hacia esos gestos comicos no estaba pintada. Era una mano de vampiro la que hacia reir al publico. Una mano de vampiro fue la que levanto entonces la calavera sonriente, cuando el escenario quedo vacio. Y entonces ese vampiro, todavia con la mascara tapandole el rostro, adopto de forma maravillosa la posicion de descansar su peso contra un arbol pintado en la seda, como si se estuviera durmiendo placidamente. La musica lo acompano como el canto de los pajaros, lo arrullo como el paso del agua; y el foco, que lo centraba en un circulo amarillo, se hizo mas palido y casi se desvanecio mientras el dormia.

»Otro rayo de luz traspaso el telon de fondo y parecio fundirlo para revelar a una joven de pie y solitaria al fondo del escenario. Era majestuosamente alta y estaba coronada por una voluminosa masa de cabellos dorados. Pude sentir el temor de la audiencia cuando parecio flotar en la luz y el bosque lugubre crecio y ella parecio perdida entre los arboles. Estaba perdida, y no era una vampira. Las manchas de su camisa y de su falda sucia no eran de pintura de decorado, nada habia tocado su cara perfecta, que ahora miraba a la luz, tan hermosa y finamente cincelada como la cara de una virgen de marmol. Su pelo era un velo aureolado. No podia ver en la luz, aunque todos la podiamos ver a ella. Y el gemido que dejaron escapar sus labios parecio emitir un eco por encima del cantico agudo y romantico de la flauta, que era un tributo a su belleza. La figura de la Muerte se desperto de pronto en su palido rayo de luz y se dio vuelta para contemplarla tal como la habia visto el publico. Y estiro su mano libre con reverencia.

»El sonido de la risa desaparecio antes de llegar a consumarse. Ella era demasiado hermosa, sus ojos estaban demasiado compungidos. La actuacion era perfecta. Y, subitamente, la mascara fue arrojada a un costado y la Muerte mostro al publico su rostro de un blanco brillante; sus manos rapidas se retocaron el pelo negro, enderezaron su abrigo, se limpio unas pelusas imaginarias en las solapas. La Muerte enamorada. Y el publico aplaudio las facciones luminosas, las mejillas relumbrantes, los agudos ojos negros, como si todo fuera una magistral ilusion, cuando, en realidad, se trataba simplemente, y sin duda alguna, del rostro de un vampiro, el mismo vampiro que me habia atacado en el Barrio Latino, ese vampiro de sonrisa maligna, brutalmente iluminado por el foco amarillo.

»Mi mano busco las de Claudia en la oscuridad y se las presione suavemente. Pero ella se quedo inmovil, fascinada. El bosque del escenario, a traves del cual esa indefensa muchacha miraba ciegamente hacia donde oia las risas, se dividia en dos mitades fantasmagoricas, alejandose del centro, dejando espacio libre al vampiro para que se pudiera acercar a ella.

»Y ella, que habia avanzado hacia los focos, lo vio de improviso y se detuvo en seco, gimiendo como una nina. Por cierto, era muy parecida a una nina, aunque claramente ya era una mujer. Unicamente una minima arruga bajo los ojos denunciaba su verdadera edad. Sus pechos, aunque pequenos, tenian una bella forma bajo la blusa; y sus caderas, delgadas, daban a su falda sucia y arrugada una angularidad sensual y pronunciada. Mientras queria alejarse del vampiro, vi que tenia lagrimas en los ojos a la luz de los focos. Y senti miedo por ella. Su belleza era sobrecogedora.

»Detras de ella, de pronto surgieron de la oscuridad unos craneos pintados; y las figuras que llevaban las mascaras, invisibles en sus trajes negros, solo mostraban las blancas manos agarradas al borde de una capa, a los pliegues de una falda. Alli habia vampiras y avanzaron junto a sus companeros sobre la victima. Y entonces, todos ellos, uno por uno, se quitaron las mascaras, que cayeron en una pila, donde las calaveras siguieron sonriendo a la oscuridad del techo. Y alli se quedaron, siete vampiros; ellas eran tres, y sus pechos asomaban, de un blanco brillante, sobre el traje ajustado y negro; sus rostros eran duros y luminosos, y miraban con ojos negros debajo de rizos de pelo negro. Sorprendentemente hermosas, parecieron flotar alrededor de la rosada figura humana; eran palidas y frias comparadas con aquel reluciente cabello rubio, y aquella piel como los petalos. Pude oir la respiracion del publico, los suspiros entrecortados, suaves.

»Era un espectaculo ese circulo de rostros blancos acercandose cada vez mas a la bella; y la figura principal, esa Muerte, dirigiendose entonces a la audiencia con las manos cruzadas sobre el pecho, la cabeza inclinada solicitando su simpatia: ?Acaso ella no era irresistible? Hubo un murmullo de risas cortadas de suspiros.

»Pero la joven fue quien rompio el magico silencio:

»—No quiero morir… —murmuro. Su voz fue como una campana.

»—Nosotros somos la muerte —respondio el.

»Y a su alrededor resono una palabra:

»—Muerte.

»Ella se dio vuelta y su pelo se convirtio en una verdadera lluvia de oro, algo lujurioso y vivo sobre el polvo de sus pobres vestimentas.

»—?Ayudadme! —imploro, pero suavemente, como si temiera levantar la voz—. Alguien… —dijo a la multitud, pues debia saber que estaba alli.

»Claudia lanzo una leve carcajada. La chica en el escenario apenas comprendia donde se hallaba, o lo que le estaba sucediendo, pero sabia infinitamente mas que la gente que la miraba asombrada desde la platea.

»—?No quiero morir! ?No quiero morir!

»Se le entrecorto la voz y fijo los ojos en el jefe alto y malevolo, el vampiro, ese demonio jugueton que ahora salio del circulo de los demas para acercarse a ella.

»—Todos morimos —le dijo el—. Lo unico que compartes con todos los demas mortales es la muerte. —Su mano senalo los rostros distantes de la platea, de los palcos, de las gradas.

»—No —protesto ella, incredula—. Me quedan tantos anos, tantos anos… —Su voz enmudecio en su dolor. Eso la hizo irresistible, al igual que el movimiento de su garganta desnuda y las manos que temblaban en el aire.

»—?Anos! —dijo el vampiro principal—. ?Como sabes que tienes tantos anos? ?La muerte no respeta las edades! Ahora puede haber una enfermedad en tu cuerpo, algo que ya te esta devorando desde adentro. O, afuera, ?un hombre puede acechar para matarte simplemente debido a tu pelo rubio! —y sus dedos se extendieron en su direccion y resono el sonido de su voz profunda, sobrenatural—. ?Necesito decirte ahora lo que te depara el destino?

»—No me importa… No tengo miedo —protesto ella con una voz fragil—. Correria riesgos…

»—Y si corres riesgos y vives durante anos, ?cual seria tu destino? ?El aspecto maltrecho y desdentado de la vejez?

»Y entonces le levanto el cabello dorado y mostro la garganta palida. Y lentamente tiro de la cinta que ataba

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