el frente de la camisa. La tela barata se abrio, las mangas cayeron de sus hombros delicados y sonrosados y ella levanto las manos, pero el la agarro de las munecas y se las separo violentamente. La audiencia parecio dar un suspiro al unisono; las mujeres detras de sus binoculares, los hombres inclinandose hacia adelante en sus butacas. Pude ver caer la ropa, ver la piel palida y palpitante y los pequenos pezones que dejaron caer precariamente el genero, y el vampiro aferrado a su muneca izquierda, y las lagrimas bajando por las mejillas, los dientes mordiendo los labios.
»—Con la misma seguridad con que ahora esta piel es sonrosada, se volvera gris y arrugada con el tiempo —dijo el.
»—Dejeme vivir —rogo ella, y su rostro evito el de el—. No me importa… no me importa lo que dice.
»—Pero, entonces, ?que te importa si te mueres ahora mismo? ?Esas cosas acaso no te aterrorizan, esos horrores?
»Ella sacudio la cabeza, sorprendida, vencida, indefensa. Senti en las venas tanta furia como pasion. Con la cabeza gacha, ella habia asumido toda la responsabilidad de defender su vida. Era injusto, monstruosamente injusto que ella tuviera que enfrentar su logica a la de el para defender lo que era obvio y sagrado y tan hermosamente corporizado por ella misma. Pero el la dejo ahora sin palabras; hizo que su instinto abrumador pareciera pequeno, confundido. Pude sentir que ya se moria interiormente y odie a ese vampiro.
»La blusa cayo hasta la cintura. Un murmullo resono entre la multitud fascinada cuando quedaron a la vista sus pechos pequenos y redondos. Ella trato de liberar su muneca, pero el se la mantuvo agarrada.
»—Y supongamos que te dejamos ir… Supongamos que el Maldito Segador tiene un corazon que no puede resistir tu belleza… ?A quien entonces deberia dirigir su pasion? Alguien debe morir en tu lugar. ?Elegirias tu misma a la persona indicada? La persona que vendria aqui y sufriria tal como tu sufres ahora. —Senalo a la audiencia; la confusion de la joven era terrible—. ?Tienes una hermana…, una madre…, una hija?
»—No —respondio ella—. No… —y sacudio los cabellos.
»—Sin duda alguien debe tomar tu lugar. ?Una amiga? ?Elige!
»—No puedo. No lo haria… —respondio, mientras se contorsionaba tratando de liberarse. Los vampiros a su alrededor la observaban, inmoviles, sus rostros seguian sin mostrar la menor emocion, como si la carne sobrenatural estuviera hecha de mascaras.
»—La muerte inconsciente: el destino de todos los mortales. —Se acerco a ella, agachado, enloquecido por ganarla pero receloso—. Humm, ?pero nosotros somos la muerte
»Ella lo miro, aturdida por el terror. Y entonces sus ojos parecieron humedecerse, sus labios parecieron perder fuerza. Miraba detras de el a la figura de otro vampiro que habia aparecido lentamente de las sombras. Durante largo rato, habia permanecido apartado del grupo, con las manos cerradas y los grandes ojos negros inmoviles. Su actitud no era una actitud de hambre. No parecia estar en trance. Pero ella lo miraba a los ojos y su dolor la banaba con una luz hermosa, una luz que la hacia irresistiblemente atractiva. Eso era lo que mantenia en suspenso al publico, ese dolor terrible. Yo podia sentir la piel de ella, sentir sus pequenos pechos erectos, sentir que mis brazos la acariciaban. Entrecerre los ojos y la vi deslumbrado contra esa oscuridad privada. Era lo que sentian todos los que estaban a su alrededor, esa comunidad de vampiros. Ella no tenia la menor oportunidad de salvacion.
»Y entonces, volviendo a abrir bien los ojos, la vi brillar a la luz humosa de las lamparas, vi sus lagrimas como oro cuando, suaves, resonaron las palabras que pronuncio el vampiro que se mantenia a distancia:
»—Nada de dolor.
»Pude ver que el actor se ponia rigido, pero nadie mas podia verlo. Ellos unicamente verian el rostro suave e infantil de la muchacha, esos labios entreabiertos, paralizados por la sorpresa inocente mientras miraba al vampiro distante; escucharon que ella repetia sus palabras:
»—?Nada de dolor?
»—Tu belleza es un regalo para nosotros. —Su voz sonora y rica lleno sin esfuerzo la sala y parecio fijar y reducir la creciente ola de excitacion.
»El actor retrocedio y se transformo en uno de aquellos rostros blancos, pacientes, cuya hambre y ecuanimidad era extranamente unanime. Ella estaba languida, olvidada ya su desnudez, con los parpados en movimiento, y un suspiro escapo de sus labios humedos:
»—Nada de dolor —repitio.
»Yo apenas podia soportar la vision de su entrega, verla morir ahora ante el poder del vampiro. Quise avisarle a gritos, romper el hechizo. Y la desee. La desee mientras el se le acercaba, con su mano extendida hacia la falda, y ella inclinada ante el, con la cabeza ladeada y la ropa negra resbalando por sus caderas, sobre el brillo dorado del pelo entre sus piernas —una nina agachada, con aquel vello delicado— y cayendo finalmente a sus pies. El vampiro abrio los brazos, de espaldas a las luces centelleantes, y su pelo negro parecio temblar cuando el dorado de ella cayo sobre su abrigo negro.
»Y entonces, moviendola lentamente a un costado para que todos pudieran contemplar su cara serena, el la levanto; ella arqueo la espalda cuando sus pechos tocaron los botones del abrigo, y sus palidos brazos rodearon el cuello del vampiro. Ella se crispo y grito cuando el le hundio los dientes, y su cara quedo inmovil mientras el teatro reverberaba con esa pasion compartida. Su mano blanca relumbro sobre las nalgas rosadas, y el cabello de ella lo acaricio. El la levanto del suelo mientras bebia, y la garganta brillo contra la mejilla blanca. Me senti debil, mareado, hambriento; mi corazon y mis venas se hicieron un nudo. Senti que mi mano se aferraba a la barandilla metalica del palco y que el metal crujia en las junturas. Y ese sonido suave, estremecedor, que ningun mortal podia oir, parecio clavarme en el sitio donde estaba.
»Baje la cabeza; quise cerrar los ojos. El aire parecio fragante con la piel salada; e intimo y caliente con su aroma dulce. A su alrededor, se acercaron los demas vampiros; la mano que la abrazaba temblo y el vampiro de pelo negro la dejo ir, haciendola girar, mostrandola, con su cabeza caida, cuando el la entrego a una de aquellas vampiras de sorprendente belleza que, detras de ella, se puso a acariciarla mientras bebia. Ahora todos la rodeaban y ella paso de uno en uno delante de la audiencia fascinada, con su cabeza inclinada sobre el hombro de un vampiro, y su cuello tan atractivo como las pequenas nalgas o la piel impecable de sus largos muslos, o la piel tierna detras de sus rodillas languidamente dobladas.
»Yo estaba apoyado en el respaldo, y sentia mi boca llena de su sabor, y mis venas atormentadas. Y en el rabillo de mi ojo estaba ese vampiro moreno que la habia conquistado, apartado como antes; sus ojos negros parecieron fijos en mi por encima de las corrientes de aire caliente.
»Uno por uno, los vampiros retrocedieron. Retorno el bosque pintado, deslizandose silencioso. Hasta que la chica mortal, fragil y muy blanca, quedo desnuda en ese bosque misterioso, anidada en una sedosa raiz negra, como si se hallara sobre el suelo del mismo bosque; y la musica habia vuelto a escucharse, fantasmagorica y alarmante, subiendo de volumen mientras se oscurecian las luces. Todos los vampiros desaparecieron salvo el actor que habia recogido su guadana y su mascara de las sombras. Se puso de cuclillas al lado de la muchacha durmiente mientras las luces se apagaban lentamente, y solo la musica tenia poder y fuerza en la oscuridad reinante. Y luego tambien dejo de oirse…
»Durante unos instantes, toda la gente se quedo absolutamente en silencio.
»Luego se oyeron aplausos aqui y alla y, de repente, todos se unieron y aplaudieron a nuestro alrededor. Las luces se encendieron a ambos lados y las cabezas giraron en todas direcciones y se desato la conversacion. Una mujer se puso de pie en medio de una fila para sacar su abrigo de zorro del asiento, aunque todavia nadie le habia abierto camino; alguien se apresuraba por el pasillo central, y toda la audiencia se levanto como empujada hacia la salida.
»Pero entonces los murmullos se convirtieron en el comodo y cansado rumor de conversacion de la multitud
