poder rechazarlo por su propio bien, vi la herida azulada en su garganta tierna. Me la ofrecia. Apretaba todo su cuerpo contra mis piernas y senti la firme fortaleza de su sexo debajo de las ropas. Se me escapo un gemido de los labios, pero el se apreto aun mas, presionando sus labios contra lo que debe haberle resultado frio y exanime. Hundi mis dientes en su piel, y senti su cuerpo rigido, ese duro sexo apretado contra mi cuerpo, y lo levante del suelo con pasion. Ola tras ola de su corazon palpitante entro en mi, sin peso. Lo meci, lo devore con su extasis, su placer consciente.
»Luego, debil y jadeante, lo vi alejado de mi, con los brazos vacios. Mi boca estaba aun inundada con el sabor de su sangre. Se apoyo contra el vampiro moreno, paso su brazo alrededor de la cintura del vampiro y me miro de la misma forma tranquila del vampiro; sus ojos se veian humedos y debiles por la perdida de vida. Recuerdo que me adelante sin pronunciar palabra, atraido por el, y sin poder dominarme ante esa mirada que me provocaba, esa vida consciente que me desafiaba; el moriria y no moriria; ?continuaria viviendo, comprendiendo, sobreviviendo esa intimidad! Me di media vuelta. El grupo de vampiros se movio en la oscuridad. Sus velas temblaron y se movieron en el aire frio. Y arriba de ellos aparecio un inmenso paisaje de figuras dibujadas en tinta: el cuerpo dormido de una mujer, coronado por un cuervo con rostro humano; un hombre atado de pies y manos a un arbol, a cuyo lado colgaba el torso de otro, y, sobre una pica, estaba la cabeza cortada del muerto.
»Volvio el canto, ese canto etereo, suave. Lentamente se calmo mi hambre, pero mi cabeza palpitaba y las llamas de las velas parecieron fundirse en pulidos circulos de luz. De improviso, alguien me toco, me empujo con fuerza de modo que casi perdi el equilibrio y, cuando me enderece, vi el rostro delgado y angular del vampiro al que detestaba. Me acerco sus blancas manos. Pero el otro, el distante, se adelanto y, subitamente, se interpuso entre los dos. Parecio golpear al otro vampiro pues lo vi moverse y, entonces, ya no vi mas movimientos; ambos estaban inmoviles como estatuas, con los ojos fijos en los del otro, y el tiempo paso como ola tras ola de agua desde una playa silenciosa. No puedo decir cuanto tiempo estuvimos alli, los tres, en aquellas sombras, y cuan absolutamente quieto me parecio todo; unicamente las llamas tremulas detras de ellos parecian tener vida. Luego recuerdo haber avanzado a tropezones a lo largo de una pared hasta encontrar una silla de roble en la que me desplome. Claudia parecio estar en las proximidades hablando con alguien en voz baja y contenta. Mi frente transpiraba sangre, calor.
»—Ven conmigo —dijo el vampiro moreno.
»Busque en su rostro ese movimiento de labios que debia haber precedido el sonido, pero fue en vano. Y luego caminamos, los tres, bajando una escalera de piedra que iba a las profundidades de la ciudad. El aire se enfrio y refresco con la fragancia del agua y pude ver las gotas que resbalaban por la piedra como abalorios de oro a la luz de la vela del vampiro.
»Entramos en una pequena camara donde ardia el fuego en una chimenea empotrada en la pared. Al otro lado habia una cama tambien en la piedra y cerrada por dos puertas enrejadas. Al principio vi claramente todas estas cosas y vi la larga pared llena de libros frente a la chimenea y el escritorio de madera en medio y el ataud al otro lado. Pero entonces el cuarto empezo a esfumarse y el vampiro moreno me puso las manos en los hombros y me llevo a un sillon de cuero. El fuego era intensamente fuerte cerca de mis piernas, pero eso me hizo bien; fue algo claro y agudo, algo que me sacaria de la confusion. Tome asiento, con los ojos entreabiertos, y trate de ver de nuevo lo que habia a mi alrededor. Era como si esa cama distante fuera un escenario, y sobre las almohadas de ese escenario estaba ese chico, con su cabello negro partido al medio y con rizos sobre las orejas, de modo que ahora parecia en el estado febril y ensonador de una de esas criaturas androginas de las pinturas de Botticelli; y a su lado, la mano blanca desnuda contra su piel rosada, estaba Claudia, con el rostro hundido en su cuello. El vampiro moreno los contemplo con las manos cruzadas; y cuando Claudia se levanto y el muchacho se estremecio, el vampiro la levanto con la misma suavidad con que la podria levantar yo; las manos de Claudia se agarraron de su cuello, con los ojos entrecerrados, y los labios enrojecidos de sangre. El la deposito sobre el escritorio y ella se apoyo en los libros forrados de cuero y sus manos cayeron con gracia sobre su falda rosada. Las puertas se cerraron tras el chico y el, hundiendo el rostro en las almohadas, se quedo dormido.
»Habia algo que me perturbaba en ese cuarto y no sabia de que se trataba. No sabia realmente lo que me sucedia; unicamente que me habia visto obligado a caer en dos estados febriles y feroces: mi concentracion ante esos cuadros espantosos y la muerte a la que me habia entregado, obscenamente, ante los ojos de todos.
»Ahora no sabia que era lo que me amenazaba, que era aquello de lo que mi mente queria escapar. Segui mirando a Claudia, el modo en que se apoyaba contra los libros, la manera en que se sentaba entre los objetos del escritorio: la pulida calavera blanca, el candelabro, el libro abierto de pergamino cuya escritura a mano brillaba a la luz; y entonces, arriba de ella, aparecio la imagen lacada y tremula de un demonio medieval, con cuernos y cascos, y su figura bestial presidia un aquelarre de brujas adoradoras. Claudia tenia la cabeza apenas debajo de el; los rizos libres de su cabello acaso lo tocaban; y ella miraba al vampiro de ojos castanos con los ojos muy abiertos y maravillados. De pronto quise recogerla; y, en forma horripilante, la vi caer en mi imaginacion asustada como una muneca. Yo contemplaba al demonio, ese rostro monstruoso que era preferible a Claudia en su fantasmagorica inmovilidad.
»—No despertareis al nino si hablais —dijo el vampiro de ojos castanos—. Habeis venido de tan lejos…, habeis viajado tanto…
»Y gradualmente desaparecio mi confusion, como si el humo se elevara y se alejara en una corriente de aire frio. Y me quede muy despierto y muy calmo mirandolo mientras el se sentaba en una silla frente a mi. Claudia tambien lo miraba. Y el miro al uno y al otro; su pulido rostro y sus ojos pacificos se mostraban como si hubieran sido asi desde siempre, como si jamas hubiera habido un cambio en ellos.
»—Me llamo Armand —dijo—. Envie a Santiago a que os diera la invitacion. Conozco vuestros nombres. Os doy la bienvenida a mi casa.
»Junte fuerzas para hablar y senti extrana mi voz cuando le dije que nosotros habiamos temido estar solos.
»Claudia apenas levanto la mano de su falda y sus ojos se movieron mecanicamente de mi rostro al suyo. Yo lo vi y supe que el otro tambien debia haber visto el gesto, pero no se dio por enterado.
»—No quereis contestar —dijo Armand, con voz mas baja y mas medida que la de Claudia, mucho menos humana que la mia.
»Senti que volvia a caer en la contemplacion de esa voz y de esos ojos, de los que tuve que separarme con un gran esfuerzo.
»—?Eres el jefe del grupo? —le pregunte.
»—No de la forma en que dices
»—Yo no he venido…, perdoname…, a hablar de como pase a esta existencia. Porque eso no representa ningun misterio para mi, no me presenta ningun interrogante. Por tanto, si no tienes un poder al que yo me vea obligado a rendir pleitesia, preferiria no hablar de esas cosas.
»Ojala pudiera describir su manera de hablar, como, cada vez que hablaba, parecia salir de un estado contemplativo parecido al que a mi me inducia y que tanto esfuerzo me costaba evitar; y, sin embargo, jamas se movia y parecia siempre alerta. Esto me distrajo al mismo tiempo que me atrajo con fuerza, y del mismo modo en que atraia esa habitacion, su simpleza, su rica y calida combinacion de elementos esenciales: los libros, el escritorio, las dos sillas al lado del fuego, el ataud, los cuadros. El lujo de las habitaciones del hotel me parecio vulgar, peor aun, absurdo al lado de esa habitacion. Yo lo comprendi todo, salvo el chico mortal, a quien no entendi en absoluto.
»—No estoy seguro —dije, incapaz de quitar los ojos del horrible Satan medieval—. Tendria que saber de que provienes…, de quien provienes. Si vienes de otros vampiros… o de otra parte.
»—De otra parte… —dijo—. ?Que significa de otra parte?
»—?Eso! —dije senalando el cuadro medieval.
»—Eso es un cuadro —dijo.
»—?Nada mas?
»—Nada mas.
»—Entonces, Satan… ?Algun poder satanico te ha dado el poder como jefe o como vampiro?
