esperanza. Las cosas continuarian como antes y continuarian y continuarian…

Mi busqueda habia terminado. Me recoste en el respaldo, mirando en silencio las llamas.

»Era inutil que siguiera hablando, inutil viajar por todo el mundo para volver a oir la misma historia.

»— ? Cuatrocientos anos!

»Creo que repeti las palabras: “cuatrocientos anos”. Recuerdo que segui mirando al fuego. Habia un leno que caia lentamente en el fuego, resbalando en un proceso que habia tardado toda la noche, y estaba lleno de pequenos agujeros con una sustancia ignea que lo habia atravesado de punta a punta, y ahora se consumia rapidamente. Y en cada uno de esos agujeros diminutos bailaba una llamita entre las llamas mas grandes; y todas esas llamitas con sus bocas oscuras me parecieron rostros que formaban un coro; y el coro canto sin cantar; en el aliento del fuego, que era continuo, entonaba su cancion muda.

»De repente, Armand se movio y escuche el roce de sus ropas y senti su sombra, cuando quedo de rodillas a mis pies, con sus manos estiradas hasta mi cabeza y los ojos encendidos.

»—El demonio, el concepto demoniaco, ?proviene de la desilusion, de la amargura! ?No te das cuenta? ?Criaturas de Satan! ?Criaturas de Dios! ?Es esa la unica pregunta que me traes, es ese el unico poder que te obsesiona, el que nos transforma en dioses y demonios, cuando el unico poder que existe esta dentro de nosotros mismos? ?Como puedes creer en esas mentiras fantasticas y antiguas, esos mitos, esos emblemas de lo sobrenatural?

»Agarro al demonio colocado encima de la inmovil Claudia con un gesto tan veloz que no lo pude ver. Solo vi la sonrisa malefica del demonio ante mi y luego sus crujidos en las llamas.

»Algo se rompio en mi interior cuando el dijo eso; algo se desgarro de modo que un torrente de sentimientos se precipito sobre todos mis musculos. Me puse de pie, alejandome de el.

»—?Estas loco? —le pregunte, atonito ante mi propio enfado, mi propia desesperacion—. Aqui estamos nosotros dos, inmortales, eternos, levantandonos cada noche para alimentar esa inmortalidad con sangre humana; y alli, sobre tu escritorio, apoyada en el conocimiento de los siglos, esta una nina pura tan demoniaca como nosotros; ?y me preguntas como puedo creer que encontraria un significado en lo sobrenatural! ?Te digo, despues de haber visto lo que soy, que bien podria creer en cualquier cosa! ?No podrias tu? Al creer, al estar asi confundido, puedo ahora aceptar la verdad mas fantastica de todas: ?que todo esto no tiene el mas minimo sentido!

»Retrocedi hasta la puerta, me aleje de su rostro perplejo, con su mano moviendose por sus labios, y sus dedos escarbando en sus palmas.

»—No te vayas. Vuelve… —susurro.

»—No, ahora no. Dejame irme un momento… Nada ha cambiado. Es todo lo mismo. Permiteme que tome conciencia de ello. Dejame marcharme.

»Volvi la mirada antes de cerrar la puerta. El rostro de Claudia estaba vuelto hacia el mio, aunque seguia sentada como antes, con las manos cruzadas sobre las rodillas. Entonces hizo un gesto, sutil como su sonrisa, que estaba manchada por la tristeza mas leve, para que yo siguiera mi camino.

»Mi deseo era irme de ese teatro, encontrar las calles de Paris y vagabundear, dejando que la gran carga de experiencias se fuera agotando poco a poco. Pero cuando subia por el pasaje de piedra, me senti confuso. Quizas era incapaz de dominar mi propia voluntad. Me parecio mas absurdo que nunca que Lestat pudiera haber muerto si en realidad eso le habia pasado; y, recordandolo, como lo hice en ese momento, lo vi con mas carino que antes. Perdido como el resto de nosotros. No como el celoso protector de un conocimiento que no queria compartir. No sabia nada. No habia nada que saber.

»Unicamente que esa no era la idea que gradualmente se apoderaba de mi. Lo habia detestado por razones equivocadas, si, eso era verdad. Pero aun no lo comprendia por completo.

»Confundido, finalmente me encontre sentado en esos escalones; la luz del salon proyectaba mi propia sombra en el suelo rustico, tenia la cabeza entre las manos, y el cansancio me abrumaba. Mi mente decia: duerme. Pero, mas profundamente, mi mente decia: suena. Y, sin embargo, no hice el menor movimiento para retornar al Hotel Saint-Gabriel, que ahora me parecio un sitio muy seguro y despejado, un sitio de consuelo mortal lujoso y sutil, donde me podia echar en un sillon de terciopelo, poner un pie en un sofa y contemplar el fuego que lameria el suelo de marmol y buscar el mundo en mi mismo en esos grandes espejos, como un humano pensativo. “Escapa —pense—, escapa a eso que te llama.” Y una vez mas volvio esa idea: “Me he portado mal con Lestat; lo he odiado por razones equivocadas”. Lo susurre tratando de sacarlo del pozo oscuro y desarticulado de mi mente; y el susurro resono con un roce en la boveda de piedra sobre las escaleras.

»Pero, entonces, una voz me llego, muy leve, por el aire, demasiado baja para los mortales.

»—?Como es eso? ?Que mal le hiciste?

»Me di la vuelta tan rapidamente que me quede sin aliento. Un vampiro estaba sentado a mi lado, tan proximo que casi me tocaba el hombro con la punta de sus botas, con sus piernas cruzadas, y sus manos alrededor de ellas. Por un instante, pense que los ojos me enganaban. Era el vampiro actor a quien Armand habia llamado Santiago.

»No obstante, ningun gesto suyo indico la anterior actitud de ese ser demoniaco y egoista que yo habia visto unas pocas horas antes, cuando me ataco y Armand le habia pegado. Me contemplaba por encima de sus rodillas dobladas, con el pelo desordenado y la boca tranquila y sin mala intencion en su mirada.

»—No tiene la menor importancia para nadie —le conteste, y se me fue el miedo.

»—Pero tu pronunciaste un nombre. Te oi decir un nombre —me dijo.

»—Un nombre que no volvere a repetir —le conteste, y desvie la mirada. Pude ver como me habia enganado, por que su sombra no se habia cruzado con la mia; se escondia en mi sombra. Su vision bajando esos escalones de piedra detras de mi y sentandose alli fue bastante perturbadora. Todo en el era perturbador, y recorde que no se le podia confiar nada. Me parecio que Armand, con su poder hipnotico, buscaba la maxima verdad en su propia presentacion; habia sacado de mi, sin palabras, mi estado espiritual. Pero este vampiro era un mentiroso. Y podia sentir su poder, un poder rudo y elemental que era casi tan fuerte como el de Armand.

»—Habeis venido a Paris en nuestra busqueda y luego te sientas a solas en las escaleras… —dijo con tono conciliador—. ?Por que no vienes con nosotros? ?Por que no nos hablas y nos cuentas de esa persona de quien hablaste? Yo se quien era; conozco su nombre.

»—Tu no lo sabes, no podrias saberlo. Era un mortal —menti entonces, mas por instinto que por otra cosa. La idea de Lestat me molestaba; la idea de que esta criatura pudiera saber de la muerte de Lestat.

»—?Has venido aqui para hablar de mortales, de que se haga justicia a los mortales? —pregunto, pero no hubo reproche ni burla en sus palabras.

»—Vine para estar solo y no quiero ofenderte. Es un hecho —murmure.

»—Pero solo con esos pensamientos…, cuando ni siquiera oyes mis pasos… Tu me gustas. Quiero que subas conmigo.

»Y cuando dijo esto, me levanto lentamente hasta ponerme a su lado.

»En ese momento, la puerta de Armand lanzo un largo foco de luz en el corredor. Lo oi, y Santiago me dejo en libertad de movimientos. Me quede de pie, perplejo. Armand aparecio al pie de la escalera con Claudia en los brazos. Ella tenia en la cara la misma expresion opaca que habia tenido durante toda mi conversacion con Armand. Era como si estuviera sumergida en las profundidades de sus propias consideraciones y no viera nada a su alrededor; recuerdo haberlo notado, aunque sin saber que pensar de ello, y eso aun persiste hasta ahora. La salve rapidamente de los brazos de Armand, y sus miembros suaves se apretaron contra mi como si estuvieramos en el ataud, entrando en nuestro sueno paralitico.

»Y entonces, con un poderoso empujon del brazo, Armand dio un golpe a Santiago. Parecio caerse hacia atras, pero volvio solo para que Armand lo empujara hasta el rellano de la escalera. Todo esto sucedio con tal velocidad que pude ver el agitar de su ropa y oir los ruidos de sus botas. Luego Armand quedo solo, arriba de la escalera, y yo subi hacia el.

»—No puedes abandonar el teatro esta noche con seguridad —me susurro—. El sospecha de ti. Y al haberte traido yo aqui, el cree que tiene derecho a saber mas. Nuestra seguridad depende de eso.

»Me guio lentamente hacia el salon. Pero entonces se dio media vuelta y me dijo al oido:

»—Debo avisarte. No contestes preguntas. Pregunta y abriras una puerta tras otra a la verdad. Pero no des nada, en especial algo que se refiera a tus origenes.

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