parte de ellos; y su mano se levantaba ocasionalmente de la garra de leon de su silla. Mi corazon latio cuando lo vi de esa manera; vi que nadie habia pescado su mirada cuando me encontre con ella y nadie la encontraba de tanto en tanto como yo. No obstante, se mantuvo distanciado de mi y solo sus ojos retornaban a mi. Su advertencia seguia resonando en mis oidos; sin embargo, la descarte. Me queria ir del teatro y alli estaba reuniendo una informacion que, como minimo, me era inutil e infinitamente aburrida.

»—Pero, entre vosotros, ?no existe el crimen, algun delito maximo? —pregunto Claudia. Sus ojos violetas estaban fijos en mi, incluso en el espejo, cuando me encontraba de espaldas a ella.

»—?Un delito? ?El aburrimiento! —grito Estelle y senalo a Armand con su dedo blanco; el se rio un poco con ella desde su distante posicion al otro lado de la habitacion—. ?El aburrimiento es la muerte! —grito ella, y mostro sus colmillos de vampira, de modo que Armand se llevo la languida mano a la frente en un gesto teatral de panico y condena.

»Pero Santiago, que observaba con las manos a la espalda, intervino:

»—Un delito —dijo—: Si que lo hay; un delito por el cual buscariamos a otro vampiro hasta darle muerte. ?Os podeis imaginar de que se trata? —Miro a Claudia, luego a mi y volvio al rostro imperturbable de Claudia—. Vosotros deberiais saberlo, ya que sois tan misteriosos acerca del vampiro que os creo.

»—?Por que? —pregunto ella, abriendo los ojos apenas y las manos aun inmoviles sobre las piernas.

»Un murmullo se oyo en la habitacion, primero en un rincon luego en todo el recinto. Y todos los rostros se dirigieron a Santiago, que permanecio con las manos a la espalda, de pie frente a Claudia. Sus ojos brillaron cuando se percato de que tenia la palabra. Y entonces, vino en mi direccion, se puso detras de mi y, con una mano sobre mi hombro, dijo:

»—?Acaso tu no sabes de que crimen se trata? ?No te lo dijo tu maestro vampiro?

«Haciendome dar vuelta lentamente con esas manos intrusas y ya conocidas, me toco el corazon levemente siguiendo el ritmo de sus palabras.

»—Es el delito que significa muerte para cualquier vampiro que lo cometa. ?Se trata de matar a tu propia especie!

»—?Aaah! —exclamo Claudia, y se puso a reir a carcajadas; camino por la sala con su vestido de seda, a pasos firmes; me tomo de la mano—. Me temia que fuera haber nacido, como Venus, de la espuma. ?Como nos paso a nosotros! ?Un maestro vampiro! Vamos, Louis, vamos —me dijo y me hizo un gesto para que la siguiera.

»Armand se reia. Santiago quedo en silencio. Y fue Armand quien se puso de pie cuando llegamos a la puerta.

»—Sereis bienvenidos manana por la noche. Y la noche siguiente.

»Pienso —siguio contando el vampiro, tras una pausa— que contuve la respiracion hasta que llegamos afuera. Caia la lluvia y toda la calle parecia triste y desolada, pero hermosa. Volaban unos pocos pedazos de papel en el viento; un carruaje brillante paso con el ruido pesado y ritmico de los cascos de los caballos. El cielo era de un violeta palido. Camine rapidamente con Claudia a mi lado. Cuando se canso de mis largos pasos, me la puse en los brazos.

»—No me gustan —dijo con una furia acerada cuando nos acercabamos al Hotel Saint-Gabriel. Su entrada inmensa e iluminada estaba silenciosa en aquellas horas cercanas al alba. Pase al lado de los empleados semidormidos—. ?Los he buscado por medio mundo y los detesto!

»Se quito la capa y la arrojo en un rincon de la habitacion. Un golpe de lluvia azoto los vidrios del balcon. Me encontre apagando las luces una a una y levantando el candelabro hasta las lamparas de gas como si fuera Lestat o Claudia. Y entonces, al ver el sillon de terciopelo que habia deseado en aquel sotano, me desplome en el. Por un momento el cuarto parecio relumbrar a mi alrededor; cuando fije la vista en el marco dorado del cuadro de arboles y aguas serenas, se deshizo el embrujo de los vampiros. Ahi no nos podian tocar y, no obstante, yo sabia que eso era una mentira, una estupida mentira.

»—Estoy en peligro, en peligro —dijo Claudia con furia latente.

»—Pero, ?como pueden saber lo que le hicimos? Ademas, ?los dos estamos en peligro! ?Piensas por un momento que no reconozco mi propia culpabilidad? Y si tu fueras la unica… —estire mis brazos en su direccion cuando se me acerco, pero sus ojos furiosos se posaron en mi y deje que mis manos cayeran a un costado—, ?piensas que te abandonaria en el peligro?

»Ella sonrio. Por un instante, no pude creer en mis propios ojos.

»—No, Louis, tu no lo harias. Tu no lo harias. El peligro me ata a ti.

»—El amor me ata a ti —dije en voz baja.

»—?El amor? —murmuro—. ?Que quieres decir con el amor?

»Y entonces, como si se percatara del dolor en mis facciones, se me acerco y me puso las manos en las mejillas. Estaba fria, insatisfecha, del mismo modo en que yo me sentia frio e insatisfecho, provocado por aquel chico mortal, pero insatisfecho.

»—Tu siempre has dado mi amor por sentado. Nosotros estamos unidos… —dije; pero al mismo tiempo que decia estas palabras, senti que Saqueaba mi antigua conviccion; senti el tormento que habia sentido la noche anterior cuando ella me provocara con la pasion mortal; me separe de ella.

»—Tu me dejarias por Armand si el te hiciera un solo gesto —dijo.

»—Jamas… —dije.

»—Me dejarias. Y el te quiere tanto como tu a el. Te ha estado esperando…

»—Jamas… —repeti, y me levante, acercandome al armario. Las puertas estaban cerradas, pero no dejarian afuera a los vampiros. Unicamente nosotros podiamos mantenerlos alejados levantandonos tan pronto como nos lo permitiera la luz. Me di vuelta y le dije que se acercara. Ella estaba a mi lado. Quise hundir la cara en su cabello, quise rogarle que me perdonara. Porque, en realidad, ella tenia razon. Sin embargo, yo la amaba; yo la amaba como siempre. Y ahora, cuando la aprete contra mi, ella dijo:

»—?Sabes lo que dijo una y otra vez sin siquiera abrir los labios? ?Sabes en que estado de trance me puso, cuando mis ojos solo podian verlo a el, como si pusiera mi corazon en un hilo?

»—Entonces, tu lo sentiste… —susurre—. A mi me sucedio lo mismo.

»—?Me dejo indefensa! —dijo ella, y vi su imagen apoyada en los libros del escritorio, y su cuello laxo, como sus manos.

»—?Pero que dices? ?Que el te hablo, que…?

»—?Sin palabras! —repitio; pude ver que se apagaban las lamparas de gas, las llamas demasiado solidas en su inmovilidad; la lluvia golpeaba en los vidrios—. ?Sabes lo que me dijo…? —susurro—. Que yo debia morir, que debia dejarte en paz.

»Sacudi la cabeza y, no obstante, en mi monstruoso corazon senti una ola de excitacion. Ella dijo la verdad tal como la creia. En sus ojos habia una pelicula vidriosa y plateada.

»—Con su presencia me arrebataba la vida —dijo, y sus hermosos labios temblaron de tal manera que no lo pude soportar; la abrace, pero sus ojos continuaron llenos de lagrimas—. Le arrebata la vida al chico que es su esclavo, me la quita a mi, a quien 61 haria su esclava. Te quiere a ti. Te quiere y no tolerara que me interponga en su camino.

»—?No lo comprendo! —me resisti, besandola; quise cubrir de besos sus mejillas, sus labios.

»—No, yo lo comprendo demasiado bien —susurro ella ante mis labios, incluso cuando la besaba—. Tu eres quien no lo comprende. La admiracion te ha enceguecido, la fascinacion por su conocimiento, por su poder. Si supieras como sacia su sed con la muerte lo odiarias mas de lo que jamas odiaste a Lestat. Louis, jamas debes volver a el. Te lo digo, ?estoy en peligro!

»A la noche siguiente la deje, convencido de que entre todos los vampiros del teatro solo podia confiar en Armand. Ella me dejo ir sin ganas, y la expresion de sus ojos me produjo honda preocupacion. La debilidad le era desconocida y, sin embargo, senti miedo, como si algo se quebrara, cuando me dejo salir.

»Y me apresure en mi mision; espere fuera del teatro hasta que el ultimo de los espectadores se hubo marchado, y los porteros estaban cerrando ya las puertas.

»No estoy seguro de que supieran de quien se trataba. ?Un actor como los demas que no se quitaba la pintura? No importaba. Lo importante fue que me dejasen pasar, y entre; vi a varios vampiros en el recibidor; nadie me importuno y llegue ante la puerta abierta de Armand. El me vio de inmediato; sin duda habia oido mis

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