pasos, y me saludo y rogo que tomara asiento. Estaba ocupado con el chico humano, quien cenaba en el escritorio utilizando un plato de plata con carnes y pescado. Una jarra de vino estaba a su lado y, aunque seguia febril y debil desde la noche pasada, su piel estaba rosada y su calor y su fragancia fueron un tormento para mi. Al parecer no para Armand, quien se sento en una silla de cuero frente a mi y al lado del fuego y miro al humano con los brazos cruzados. El muchacho lleno su copa y la levanto en un brindis para Armand.
»—Tu esclavo —susurro Armand con voz profunda, que parecio apasionada. Y lo observo mientras el chico bebia. Lo pude ver saboreando los labios humedos, la carne movil del cuello mientras bajaba el vino. Entonces el chico tomo un bocado de carne blanca, hizo el mismo saludo y la consumio lentamente, con sus ojos fijos en Armand. Fue como si Armand participara de su fiesta, bebiera esa parte de la vida que ya no podia compartir salvo con los ojos. Aunque parecia concentrado en ello, era algo calculado; no era la tortura que yo sintiera anos atras cuando me quedaba fuera de la ventana de Babette ansiando tener vida humana.
»Cuando el chico hubo terminado, se arrodillo con los brazos alrededor del cuello de Armand, como si saboreara de verdad esa piel helada. Pude recordar la primera noche que Lestat se habia acercado a mi; como le ardian los ojos, como le brillaba la cara.
»Por ultimo, todo termino. El chico se fue a dormir y Armand cerro las puertas enrejadas detras de el. En pocos minutos, pesado con la comida ingerida, estaba durmiendo. Armand se sento a mi lado y sus grandes ojos hermosos y tranquilos parecieron inocentes. Cuando senti que me empujaban hacia el, cerre los ojos; desee que hubiera fuego en la chimenea, pero solo habia cenizas.
»—Dijiste que no revelara nada de mis origenes, ?por que? —le pregunte. Fue como si sintiera que yo me defendia, pero no se ofendio; solo me miro con un leve asombro. Pero yo me sentia inseguro, demasiado inseguro para esa sorpresa, y, una vez mas, desvie la mirada.
»—?Mataste al vampiro que te creo? ?Por eso estais aqui sin el? ?Por que no nos decis su nombre? Santiago cree que lo matasteis.
»—Y si eso es verdad, o si no podemos convenceros de lo contrario, ?tratareis de destruirnos? —pregunte yo.
»—Yo no trataria de haceros nada —dijo el con calma—. Pero, como ya te he dicho, yo aqui no soy el jefe en el sentido en que tu crees.
»—Sin embargo, ellos creen que tu eres el jefe, ?no es asi? A Santiago ya me lo has quitado dos veces de encima.
»—Soy mas fuerte que Santiago, mas viejo. Santiago es mas joven que tu —dijo. Su voz fue simple, desprovista de orgullo. Recalcaba los hechos, simplemente.
»—Nosotros no queremos conflictos con vosotros.
»—Ya han empezado. Pero no conmigo. Con los de arriba.
»—?Pero que razon tienen para sospechar de nosotros?
»Parecio pensar, con los ojos entornados y el menton descansando en el puno. Despues de unos segundos que me parecieron interminables, levanto la mirada y dijo:
»—Te podria dar razones: que son demasiado callados; que los vampiros del mundo son muy pocos y viven aterrorizados, peleandose entre ellos, eligiendo con cuidado sus pares, asegurandose de que respetan mucho a los demas vampiros. En esta casa hay quince vampiros y ese numero es cuidado con meticulosidad. Se teme mucho a los vampiros debiles; te lo debo decir. Es obvio que tu eres imperfecto para ellos: piensas demasiado, sientes demasiado. Como tu mismo dijiste, la frialdad del vampiro te tiene sin cuidado. Y luego esta esa nina misteriosa: una nina que no puede crecer, que jamas puede bastarse a si misma. Yo ahora no transformaria a este chico en vampiro aunque su vida, que para mi tiene mucho valor, estuviera en serio peligro. Porque es demasiado joven, sus miembros no tienen la fuerza suficiente; apenas ha saboreado su copa mortal. ?Que clase de vampiro la creo a ella?, se preguntan. Por tanto, ?ves?, llevas contigo esos fallos y ese misterio y, sin embargo, te mantienes en completo silencio. En consecuencia, no se puede confiar en ti. Santiago esta buscando una excusa. Pero hay otra razon mas cercana a la verdad que todas las que te acabo de enumerar. Y es la siguiente: cuando tu encontraste por primera vez a Santiago en el Barrio Latino, tu, por desgracia…, le dijiste que era un bufon.
»—Quizas hubiera sido mucho mejor que te hubieses callado —dijo; y sonrio para ver si yo comprendia la ironia de sus palabras.
»Me recoste en el respaldo, meditando acerca de lo que acababa de decirme, y lo que mas sopese fueron las admoniciones que me habia hecho Claudia: que este joven de ojos generosos le habia dicho: “Muere”. Aparte, senti que en mi se acumulaba cada vez mas el disgusto contra los vampiros de arriba.
»Senti un deseo abrumador de sincerarme con el y contarle todas estas cosas. Del miedo de Claudia, no, todavia no; aunque no pude creer, cuando lo mire a los ojos, que hubiese tratado de ejercitar ese poder con ella. Sus ojos decian: vive. Sus ojos decian: aprende. Y, ah, cuanto desee confiarle todo lo que yo no llegaba a comprender; lo que me habia escandalizado que, despues de tantos anos de busqueda, esos vampiros de arriba hubieran hecho de la inmortalidad un circulo de diversiones y de conformismo baratos. Empero, a traves de esta tristeza, de esta conclusion, me di cuenta con claridad de todo: ?por que habria de ser de otra manera? ?Que habia esperado? ?Que derecho tenia para estar tan amargamente desilusionado con Lestat hasta el punto de dejarlo morir? ?Por que no me habia mostrado lo que debia encontrar en mi mismo? Las palabras de Armand, ?cuales habian sido?:
»—Escuchame —dijo entonces—. Debes alejarte de ellos. Tu rostro no esconde nada. Tu te sincerarias si yo te hiciera una pregunta. Mirame a los ojos.
»No lo hice. Fije la mirada en una de esas pequenas pinturas encima del escritorio, hasta que ceso de ser la Virgen y el Nino y se convirtio en una armonia de linea y color. Porque yo sabia que lo que el me decia era verdad.
»—Detenlos si quieres; diles que no pensamos hacer ningun mal. ?Por que no puedes hacer eso? Tu mismo dijiste que no somos sus enemigos, pese a cualquier cosa que hayamos hecho…
»Le pude oir suspirar levemente.
»—Los he detenido por el momento —dijo—. Pero no tengo todo el poder que seria necesario para detenerlos por completo. Porque, si yo ejercitara semejante poder, entonces tendria que protegerte. Me haria de enemigos. Y tendria que lidiar con esos enemigos cuando lo unico que deseo aqui es cierta paz; determinada paz. Si no, no estaria aqui. Acepto la autoridad que me han conferido, pero no para gobernarlos sino unicamente para mantenerlos a distancia.
»—Tendria que haberlo sabido —dije, con los ojos aun fijos en la pintura.
»—Por tanto, debes mantenerte alejado. Celeste tiene mucho poder, por ser una de las mas viejas, y siente celos de la belleza de la nina. Y Santiago solo esta esperando que aparezca una minima pista que os senale como malhechores.
»Me di la vuelta lentamente y lo volvi a mirar, alli sentado con su fantasmagorica inmovilidad de vampiro, como si en realidad no tuviera la menor vida. El momento se alargo. Oi sus palabras como si las estuviese repitiendo: “Lo unico que deseo aqui es cierta paz, determinada paz. Si no, no estaria aqui”. Y senti tal atraccion que me costo refrenarla y poderme quedar alli sentado mirandolo, simplemente. Yo queria que las cosas fueran de la siguiente manera: Claudia a salvo de algun modo entre estos vampiros, inocente de cualquier crimen que le pudieran llegar a imputar, de modo que yo quedase en libertad, en libertad para permanecer para siempre en esa habitacion, todo el tiempo en que fuera bienvenido, incluso tolerado, permitido bajo la condicion que fuera.
»Pude volver a contemplar a ese chico mortal como si no estuviera dormido en la cama sino de rodillas al lado de Armand, con los brazos alrededor de su cuello. Para mi, era una imagen del amor. El amor que yo sentia. No el amor fisico, como debes comprender. No hablo de ninguna manera de eso, aunque Armand era hermoso y simple y ninguna intimidad con el podria haber sido repelente. Para los vampiros, el amor fisico culmina y es saciado con una sola cosa: la muerte. Hablo de otra clase de amor que jamas habia sido Lestat. Armand jamas esconderia el conocimiento y yo lo sabia. Pasaba por el como por una vitrina de cristal, de modo que yo me podia aproximar y absorberlo y crecer. Pense que le oi hablar, tan bajo que no pude estar seguro. Parecio decir:
»—?Sabes por que estoy aqui?
» Volvi a levantar la mirada preguntandome si el conocia mis pensamientos, si podia leerlos en realidad, si esa podia ser concebiblemente la extension de sus poderes. Ahora, despues de tantos anos, puedo perdonarle a
