Lestat el haber sido solamente una criatura mediocre que no pudo ensenarme el uso de mis poderes. Pero aun ansiaba tenerlos, caer en ellos sin la menor resistencia. Una tristeza lo invadia todo; tristeza por mi propia debilidad y por mi propio dilema espantoso. Claudia me esperaba. Claudia, que era mi hija y mi amor.
»—?Que voy a hacer? —murmure—. ?Alejarme de ellos, alejarme de ti? Despues de todos estos anos…
»—
»Yo sonrei y asenti con la cabeza.
»—?Que es lo que quieres hacer? —me pregunto. Y su voz asumio ese tono afectuoso, diferente.
»—?No lo sabes tu? ?No tienes el poder? —pregunte—. ?Acaso no puedes leer mis pensamientos como si fueran palabras?
»El sacudio la cabeza.
»—No como tu te crees. Lo unico que se es que el peligro en que estan tu y la criatura es real porque es real para ti. Y se que tu soledad, pese a tu amor, es casi mas terrible de lo que puedes soportar.
»Entonces me puse de pie. Pareceria algo facil de hacer, levantarse, ir a la puerta, apresurarme por el corredor. Y, sin embargo, necesite de todas mis fuerzas, cada pizca de esa cosa tan curiosa que yo llamaba distanciamiento.
»—Te pido que los mantengas alejados de nosotros —le dije cuando llegue a la puerta, pero no pude volver la mirada; ni siquiera quise la suave intrusion de su voz.
»—No te vayas —dijo.
»—No tengo otra posibilidad.
»Yo ya estaba en el pasillo cuando lo senti tan proximo a mi que me quede atonito. Estaba a mi lado, sus ojos a la altura de mis ojos y en su mano tenia una llave que puso en la mia.
»—Aqui hay una puerta —dijo, senalando el fondo a oscuras que yo pensaba que era nada mas que una pared—. Y una escalera que da a la calle lateral que solo uso yo. Vete por aqui y podras evitar a los otros. Estas ansioso y ellos se darian cuenta —agrego. Me di la vuelta para irme de inmediato, aunque cada poro de mi cuerpo me pedia que me quedara—. Pero dejame que te diga lo siguiente —dijo, y levemente poso la palma de su mano contra mi corazon—: Usa el poder interior que tienes. ?No lo rechaces mas! ?Usa ese poder! Y cuando te vean arriba en la calle, usa ese poder para hacer una mascara de tu rostro, y cuando los mires a ellos, o a cualquiera, piensa: cuidado. Lleva esa palabra como si fuera un amuleto que te hubiera dado para que lo uses atado al cuello. Y cuando tus ojos se crucen con los de Santiago o con los ojos de cualquier otro vampiro, dile amablemente lo que se te ocurra, pero piensa en esa palabra y en esa palabra unicamente. Te hablo de esta forma simple porque se que tu respetas la sencillez. Tu la comprendes. Esa es tu fortaleza.
»Me lleve la llave y no recuerdo haberla puesto en la cerradura ni haber subido los escalones; o donde estaba o lo que el hizo, salvo que, cuando pise la oscura calleja detras del teatro, le escuche decirme en voz muy baja en algun sitio cerca de mi:
»Eche una mirada a mi alrededor y no me sorprendio no verlo. En algun momento, tambien me habia dicho que no abandonara el Hotel Saint-Gabriel, que no debia darles a los otros un solo indicio de la culpabilidad que ellos buscaban.
»Y entonces me parecio despertar: a las calles de Paris brillantes con la lluvia, a los edificios cerrados para constituir otra vez una solida pared oscura a mis espaldas, y a que Armand ya no estaba alli.
»Y aunque Claudia me esperaba, aunque pase por el hotel y vi las ventanas iluminadas, y ella, una figura diminuta, estaba de pie entre flores de petalos de cera, me aleje de la avenida; deje que me tragaran las calles mas tenebrosas, como lo habian hecho con tanta frecuencia aquellas calles de Nueva Orleans.
»No se trataba de que yo no la amara; mas bien fue que la queria mucho y que mi pasion era tan grande como la pasion por Armand. Y ahora escape de ambos, dejando que el deseo de matar creciera en mi como una fiebre esperada, una conciencia amenazadora, un dolor amenazador.
»De entre la bruma que siguio a la lluvia, aparecio un hombre y camino hacia mi. Puedo recordarlo como caminando en un paisaje de ensueno, porque la noche a mi alrededor era oscura e irreal. Ese lugar podria haber estado en cualquier parte del mundo y las luces suaves de Paris eran un resplandor amorfo en la niebla. Con los ojos hundidos y borracho, el caminaba ciegamente a los brazos de la misma muerte, y sus dedos vivos se extendieron para tocar los huesos de mi rostro.
»Yo aun no estaba en el limite, todavia no sentia una sed desesperada. Le podria haber dicho: “Pasa”. Creo que mis labios formaron la palabra que me habia dicho Armand: “Cuidado”. Y, sin embargo, le permiti que me pasara sus brazos borrachos por la cintura; cedi ante sus ojos adoradores, ante la voz que me rogaba que me dejase pintar, y que hablo con carino del olor rico y dulce de los oleos que manchaban su camisa abierta. Lo segui a traves de Montmartre y le susurre:
»—Tu no eres un miembro de los muertos.
»Me guio por un jardin descuidado, a traves de las hierbas fragantes y mojadas y se rio cuando le dije:
»—Estas vivo, vivo…
»Su mano me toco las mejillas, la cara, y por ultimo el menton, mientras me guiaba hacia la luz del portal bajo y su cara enrojecida se ilumino subitamente con la luz de la lampara y el calor cuando se cerro la puerta.
»Vi los grandes globos chispeantes de sus ojos, las diminutas venas rojas que llegaban a los centros oscuros, la mano calida que hacia arder mi hambre helado cuando me guio hasta la silla. Entonces, en todas partes vi rostros brillantes, caras que se elevaban por encima del humo de las lamparas, o de las ascuas de la cocina; una maravilla de colores en telas que nos rodeaban bajo el techo bajo e irregular; un brillo de belleza que latia y palpitaba.
»—Sientate, sientate… —me dijo, con esas manos febriles sobre mi pecho, estrechadas por las mias, pero apartandose, mientras crecia en mi el hambre en oleadas.
»Luego lo vi a distancia, con los ojos concentrados, la paleta en una mano, la tela enorme oscureciendo el brazo que se movia. Y sin pensar e indefenso, me quede alli sentado, descansando con sus pinturas, descansando con esos ojos adoradores, dejando que todo continuara hasta que recorde los ojos de Armand, y Claudia, que corria por aquel pasillo de piedra y se alejaba con pasos resonantes, se alejaba de mi…
»—Estas vivo —murmure.
»Y los vi amontonados, sacados de esas fosas de Nueva Orleans tal corno estan alli, puestos en camaras detras del sepulcro para poder poner otros en esos angostos espacios. Senti que se me cerraban los ojos; el hambre se me transformo en agonia, y mi corazon clamo por un corazon vivo; entonces senti que se me acercaba, con las manos extendidas hacia mi cara…, ese paso fatal, ese impulso fatal. Un suspiro se escapo de mis labios.
»—Salvate —susurre—. Cuidado.
»Entonces algo sucedio en el resplandor humedo de su rostro, algo desangro las venas rotas de su fragil piel. Se separo de mi y se le cayo el pincel de las manos. Me puse de pie sintiendo los dientes contra los labios, sintiendo que se me llenaban los ojos con los colores de su cara, mis oidos llenos con su grito apagado, mis manos llenas con esa carne firme, rebelde hasta que lo acerque a mi, indefenso, y le rasgue la carne y tuve la sangre que le daba vida.
»—Muere —susurre cuando lo deje en libertad de movimientos, con su cabeza apoyada en mi abrigo—, muere —insisti, y senti que luchaba por levantar la cabeza y mirarme. Y volvi a beber y el volvio a removerse hasta que, por ultimo, se dejo caer, sin fuerzas, espantado y proximo a la muerte, al suelo. No obstante, no cerro los ojos.
»Me puse ante su tela, debilitado, en paz, mirando sus vagos ojos grises, mis propias manos rosadas, mi piel tan lujosamente calida.
»—Soy un mortal nuevamente —dije—. Estoy con vida. Con tu sangre, recupero la vida.
»Cerro los ojos. Me apoye en la pared y me encontre contemplando mi propio rostro.
»Lo unico que habia hecho era un boceto, una serie de lineas negras que, sin embargo, formaban mi cara y
