amor. ?Son lo mismo! ?Sabes cuanto te odio!
»Y me echo una mirada a traves de la pelicula roja que le cubria los ojos.
»—Si —susurre. Agache la cabeza. Pero se alejo de mi y se fue hacia Madeleine, que la
»—No llores, no llores —le susurraba a Claudia; y sus manos le acariciaban el pelo y la cara con una fuerza que hubiera hecho dano a un nino humano.
»Pero, de pronto, Claudia parecio perderse contra su pecho, con los ojos cerrados, el rostro inmovil, como si se le hubiera acabado toda la pasion, el brazo descansando alrededor del cuello de Madeleine, la cabeza caida sobre el tafetan y los lazos. Se quedo inmovil; las lagrimas mojaban sus mejillas como si todo lo que habia saltado a la superficie la hubiese dejado debil y desesperada; como si yo no estuviera alli.
»Y alli seguian las dos juntas, una mortal carinosa que lloraba ahora abiertamente, abrazando lo que ella no podia comprender de ninguna manera; a esa nina dura y blanca y anormal que ella creia amar. Y si no hubiera tenido lastima por esa mujer enloquecida e impetuosa que devaneaba con los condenados, si no hubiera sentido por ella toda la lastima que sentia por mi perdida naturaleza humana, le habria arrancado de los brazos esa cosa demoniaca, la habria abrazado y negado una y mil veces las palabras que acababa de escuchar. Pero solo me quede arrodillado alli, pensando. El amor es igual al odio: meti egoistamente eso en mi pecho, me aferre a eso cuando me apoye pesadamente en la cama.
»Mucho tiempo antes de que Madeleine lo supiera, Claudia habia dejado de llorar y estaba sentada, inmovil como una estatua, en la falda de Madeleine, con sus ojos liquidos fijos en mi, ignorante del pelo rojo y suave que caia alrededor de ella, y de la mano de la mujer que aun la acariciaba. Y yo, sentado contra el pie de la cama, devolvi esa mirada de vampiro, incapaz y sin ganas de hablar en mi defensa. Madeleine susurraba al oido de Claudia y dejaba caer sus lagrimas en los rizos de la nina. Y entonces, suavemente, Claudia le dijo:
»—Dejanos solos.
»—No. —Ella sacudio la cabeza aferrandose a Claudia. Y entonces cerro los ojos y le temblo todo el cuerpo con una vejacion terrible, con algun espantoso tormento. Pero Claudia la expulso de la silla. Y ella quedo alli suplicante, espantada y palida, con el tafetan verde flotando alrededor del pequeno vestido amarillo de Claudia.
»Se detuvieron en la entrada de la sala y Madeleine quedo de pie como si estuviera confusa, con una mano en la garganta, batiendola como un ala y luego quieta. Miro alrededor como esa victima indefensa en el escenario del Theatre des Vampires, que no sabia donde estaba. Pero Claudia habia ido a buscar algo. Y la vi salir de las sombras con lo que parecia ser una inmensa muneca. Me puse de rodillas para verla. Era una muneca, la muneca de una ninita con pelo rubio y ojos verdes, adornada con lazos y cintas, de cara amable y ojos grandes, con sus pies de porcelana repiqueteando cuando Claudia se la puso a Madeleine en los brazos. Y los ojos de Madeleine parecieron endurecerse cuando tuvo la muneca y sus labios se estiraron en una sonrisa cuando le acaricio el pelo. Ahora se reia entre dientes.
»—Echate —le dijo Claudia, y juntas parecieron hundirse entre los cojines del sofa, el tafetan verde crujiendo y cediendo cuando Claudia tomo asiento a su lado y le echo los brazos al cuello. Vi que la muneca resbalaba y casi caia al suelo, pero la mano de Madeleine la mantuvo en el aire, con su cabeza echada hacia atras, los ojos firmemente cerrados y los rizos de Claudia acariciandole la cara.
»Volvi a sentarme en el suelo y me apoye contra el borde suave de la cama. Ahora Claudia hablaba en voz baja, apenas un murmullo, diciendole a Madeleine que tuviera paciencia, que se quedara quieta. Temia el sonido de sus pasos en la alfombra; el sonido de las puertas cerrandose tras de Madeleine para dejarnos a solas con el odio que se levantaba entre los dos como un vapor asesino.
»Pero cuando levante la mirada, Claudia estaba alli de pie, como transfigurada y perdida en sus propios pensamientos, todo el rencor y la amargura habian desaparecido de su cara, de modo que tenia la expresion en blanco de una muneca.
»—Todo lo que me has dicho es verdad —le dije—. Me merezco tu odio. Lo mereci desde el momento en que Lestat te puso en mis brazos.
»Ella parecio ignorante de mi presencia y en los ojos tenia una tenue luz. Su belleza me hizo arder el alma de un modo que apenas lo pude soportar, y, entonces, ella dijo, como preguntandose:
»—Podrias haberme matado entonces, pese a el. Lo podrias haber hecho. —Sus ojos, serenos, se posaron en mi—. ?No lo deseas hacer ahora?
»—Quiero que lo hagas —dijo ella—. Agachate ahora tal como lo hiciste entonces, sacame toda la sangre gota a gota, toda la que puedas con tu fuerza, empuja mi corazon hasta el limite. Soy pequena; tu lo puedes hacer. No resistire. Soy algo fragil que tu puedes aplastar como a una flor.
»—?Estas hablando en serio? ?Hablas en serio? —le pregunte—. ?Por que no pones aqui el punal? ?Por que no lo retuerces?
»—?Moririas conmigo? —me pregunto con tono ironico y burlon—. ?Moririas de verdad conmigo? —insistio —. ?No comprendes lo que me esta sucediendo? Que el me esta matando, ese vampiro principal que te tiene en trance, ese con quien no quieres compartir conmigo tu amor. Veo su poder en tus ojos. Veo tu sufrimiento, tu pena, el amor que no puedes ocultar. Da media vuelta, hare que me mires con esos ojos que lo desean; te hare escuchar.
»—Basta ya, no prosigas… No te abandonare. Estoy obligado contigo, ?no lo ves? No puedo darte esa mujer.
»Yo me negue.
»Oh, si ella pudiera haberme comprendido.
»Ni por un instante pude creer realmente en sus palabras contra Armand: que, de ese distanciamiento que estaba mas alla de la venganza, el pudiera desear egoistamente su muerte. Pero eso no significaba nada para mi en ese momento. Algo mucho mas terrible, que yo podia comprender, estaba sucediendo; algo que solo yo empezaba a comprender, algo contra lo cual mi furia no era mas que una burla, un intento vacio de oponerme a una voluntad tenaz. Ella me odiaba, me detestaba, como ella misma lo habia confesado, y se me habia encogido el corazon como si, al negarme ese amor que me habia sostenido toda una vida, me hubiese dado un golpe mortal. El cuchillo estaba alli. Yo me moria por ella, me moria por ese amor tal como me habria muerto aquella primera noche en que Lestat me la habia entregado, la habia hecho fijarse en mi y le habia dicho mi nombre; ese amor que me habia abrigado en el odio que sentia por mi mismo, que me habia permitido existir. ?Oh, como lo habia comprendido Lestat! Y esta noche, por ultimo, su plan habia fracasado.
»Pero algo superaba eso, en algun ambito del que yo desaparecia mientras caminaba de un lado a otro, con las manos abriendose y cerrandose a mis costados, sintiendo no solo el odio en sus ojos liquidos: era su dolor. ?Ella me habia mostrado su dolor!
»Habia un ataud en la otra habitacion, una cama para Madeleine, a la que se retiro Claudia para dejarme a solas con lo que yo no podia soportar. Y di la bienvenida al silencio. En algun momento durante las pocas horas que quedaban de noche, me encontre ante la ventana abierta sintiendo la lenta bruma de la lluvia. Brillaba en las
