refinada y perfumada que antes habia llenado la entrada del teatro. Se rompio el sortilegio. Las puertas se abrieron a la lluvia fragante, al ruido de los cascos de los caballos y las voces que llamaban a los coches. Alla en el oceano de las sillas apenas inclinadas, brillaba un guante blanco sobre un cojin de seda verde.
»Me quede sentado, observando, escondiendo con una mano mi cara de los demas, con el codo en la barandilla y el sabor de la muchacha en los labios. Fue como si el aroma de la lluvia aun perdurara en su perfume, y en el teatro vacio pude oir los latidos de su corazon. Retuve la respiracion, saboree la lluvia y mire a Claudia, sentada e infinitamente inmovil, con sus manos enguantadas sobre las rodillas.
»Yo tenia un sabor amargo en la boca. Y confusion. Vi a un acomodador solitario que avanzaba por el pasillo de abajo, enderezando las sillas, recogiendo los programas abandonados que ensuciaban la sala. Tome conciencia de que ese dolor, esa confusion, esa pasion enceguecedora que se alejaba de mi con una terca lentitud, solo podrian calmarse si me ponia al acecho en uno de esos arcos encortinados y arrastraba a la oscuridad a aquel empleado y lo poseia tal como habia sido poseida la muchacha del escenario. Queria hacerlo y, al mismo tiempo, no queria nada. Claudia dijo cerca de mi oido:
»—Paciencia, Louis, paciencia.
»Abri los ojos. Alguien estaba cerca, en la periferia de mi vision; alguien que habia burlado mis oidos, mi aguda anticipacion; que penetro, como una antena afilada, en mis distraidos pensamientos. Pero alli estaba, silencioso, detras de las cortinas de la entrada al palco, aquel vampiro moreno, el distante, de pie sobre el pasillo alfombrado, mirandonos. Yo entonces ya sabia, como habia sospechado, que se trataba del vampiro que me habia dado la tarjeta de admision al teatro: Armand.
»Me hubiera sorprendido a no ser por su silencio y la cualidad remota y ensonadora de su expresion. Parecia que habia estado contra esa pared durante muchisimo tiempo. No evidencio ninguna senal de cambio cuando lo miramos y nos acercamos a el. De no haberme absorbido de forma tan absoluta, me habria sentido aliviado de que no fuera el vampiro alto y de pelo negro, pero ni lo pense. Entonces sus ojos se movieron languidamente sobre Claudia sin el menor tributo al habito humano de reconocer las miradas. Puse una mano sobre el hombro de Claudia.
»No puedo exagerar esa cualidad suya. No obstante, tampoco puedo describirla, como no lo pude entonces. Y el hecho de que mi mente tratara de formar una descripcion era algo que ya me perturbaba. Me dio la profunda sensacion de que sabia lo que yo estaba haciendo, y su postura quieta y sus ojos castanos y profundos parecian decir que era inutil lo que yo pensaba, o, en especial, las palabras que entonces trataba de formar. Claudia, a su vez, no dijo nada.
»Se aparto de la pared y empezo a bajar las escaleras y, al mismo tiempo, hizo un ademan de bienvenida y de que lo siguieramos; pero todo esto fue fluido y veloz. Comparados con los suyos, mis gestos eran caricaturas de los humanos. Abrio una puerta en la pared inferior y nos admitio en las habitaciones debajo del teatro; sus pies apenas rozaban la escalera de piedra cuando descendiamos; el iba delante, dandonos la espalda, con una confianza total.
»Entramos en lo que parecio ser una gran sala subterranea, excavada en un sotano mas antiguo que el mismo edificio de arriba. La puerta que el habia abierto se cerro y las luces se apagaron antes de que yo tuviera tiempo de tener una impresion exacta del recinto. Oi el roce suave de su ropa en la oscuridad y, de pronto, el mas agudo de una cerilla al ser raspada. Su rostro aparecio como una inmensa llamarada encima del fosforo. Y entonces se puso a su lado un jovencito que le alcanzo un candelabro. La vision del muchacho me trajo de nuevo la desnudez incitante de la mujer en el escenario, con la sangre palpitante. Dio media vuelta y me miro de forma muy parecida a la del vampiro moreno, que habia encendido el candelabro y le susurraba:
»—Vete.
»La luz se expandio hasta las distantes paredes y el vampiro levanto el candelabro y camino al lado de un muro, haciendo un gesto para que lo siguieramos.
»Pude ver que nos rodeaba un mundo de murales; sus colores se mostraban, profundos y vibrantes, a la luz danzarina de la llama, y poco a poco el tema y el contenido a nuestro lado se hizo claro. Era el terrible
»La vela subio. Y los horrores se multiplicaron a mi alrededor: los condenados oscuramente pasivos y degradados del Bosco; los cuerpos sanguinolentos y metidos en ataudes de Traini; los jinetes monstruosos de Durero. Y en una escala imposible de soportar aparecio un desfile de emblemas medievales grabados. El mismo techo estaba ahito de esqueletos y muertos, de demonios e instrumentos de tortura, como si esa fuera la mismisima catedral de la Muerte.
»Cuando nos detuvimos en el centro de la habitacion, la vela parecio vivificar a todas las imagenes a nuestro alrededor. Me amenazo el delirio y empece a sentir como una desagradable oscilacion en el salon, una sensacion de caida. Busque la mano de Claudia. Ella me miraba, con su rostro pasivo y sus ojos distantes, como si quisiera que la dejara en paz. Y entonces sus pies se alejaron de mi con unos pasos rapidos que repiquetearon en el suelo de piedra y resonaron en las paredes, como dedos que golpearan mis sienes y mi cerebro. Me lleve las manos a los costados y mire, atontado, al suelo, como buscando refugio, como si mis ojos levantados me obligaran a mirar un sufrimiento cruel que no queria ni podia soportar. Entonces vi de nuevo el rostro del vampiro flotando encima de la llama, con sus ojos eternos envueltos en oscuros pliegues. Tenia los labios inmoviles, pero cuando lo mire parecieron sonreir sin hacer el mas minimo movimiento. Lo mire mas fijamente, convencido de que se trataba de una poderosa ilusion en la que yo no podia penetrar. Y, cuanto mas miraba, mas parecia sonreir y, por ultimo, se animo con un susurro, un murmullo, un cantico mudo. Lo podia oir como algo doblandose en las tinieblas, como papel retorciendose en las llamas o como pintura de la cara de una muneca ardiendo. Senti la necesidad de tocarlo, de sacudirlo violentamente para que se le moviera esa cara inmovil y admitiera ese suave canto; y, de improviso, lo encontre abrazado a mi, con sus brazos en mi pecho, sus pestanas tan proximas que las pude ver, espesas y brillando, por encima del orbe incandescente de sus ojos, y percibi su respiracion suave e inodora contra mi piel.
»Me iba a mover para apartarme de el y, no obstante, me senti atraido hacia el y no me movi; su brazo ejercio una presion firme; su vela relumbraba contra mi ojo, de modo que senti su calor; toda mi carne fria ansio ese calor, pero subitamente hice un gesto para apartarla pero no la pude encontrar. Lo unico que vi fue su cara radiante como jamas habia visto la cara de Lestat; blanca, sin poros, y nervuda y varonil. El otro vampiro. Todos los demas vampiros. Una procesion infinita de mi propia especie.
»La vision desaparecio.
»Me encontre con la mano estirada y tocando su cara; pero el estaba a una distancia de mi como si jamas se me hubiera acercado y sin hacer el menor intento de retirar mi mano.
»Di un paso atras, perplejo.
»A lo lejos, en la noche de Paris, doblo una campana; los circulos opacos y dorados del sonido parecieron traspasar las paredes y las maderas, que conducian ese sonido a la tierra y que fueron como tubos de organo. Una vez mas volvio el susurro, ese canto desarticulado. Y a traves de la penumbra, vi que un muchacho mortal me observaba y oli el aroma caliente de su carne. La mano del vampiro lo llamo y el se me acerco, con sus ojos sin miedo y excitados, y se puso a mi lado a la luz del candelabro y me paso los brazos por los hombros.
»Jamas habia sentido eso, jamas habia experimentado esta entrega consciente de un mortal. Pero antes de
