»Lo que entonces hice fue puro impulso. Le di la espalda y empece a alejarme, quiza para obligarlo a seguirme y preguntarme quien era. Pero, en un movimiento tan rapido que no me fue posible verlo, volvio a ponerse delante de mi como si se hubiera materializado alli. Le volvi a dar la espalda, solo para volver a enfrentarme con el bajo el farol, y el movimiento de su pelo fue la unica indicacion de que se habia movido.
»—?Te he estado buscando! ?He venido a Paris a buscarte! —me obligue a pronunciar esas palabras y vi que sus modales y su cuerpo recuperaban su autentico ser, y extendio una mano como para pedir la mia, pero, de repente, me empujo hacia atras haciendome perder el equilibrio. Pude sentir la camisa empapada y pegada al cuerpo cuando me enderece con una mano tiznada, porque me habia apoyado en la pared humeda.
»Cuando me di la vuelta para enfrentarme a el, me arrojo al suelo.
»Ojala pudiera describirte su fortaleza. Si yo te atacara, sabrias lo que es recibir el golpe de un brazo al que ni siquiera ves moverse.
«Pero algo en mi interior me dijo: “Muestrale tu propio poder”, y me puse de pie de un salto y me abalance contra el con los dos brazos extendidos. Le pegue a la noche, la noche vacia girando debajo de ese farol, y me quede mirando a mi alrededor, solitario y hecho un perfecto idiota. Esto era una prueba de alguna clase, lo supe entonces, aunque conscientemente fije mi atencion en la calleja oscura, en el vacio de los portales, en cualquier sitio donde pudiera haberse escondido. Yo no tenia la menor gana de pasar esa prueba, pero no vi ninguna escapatoria. Estaba pensando alguna manera de dejar en claro, desdenosamente, ese punto cuando, de pronto, volvio a aparecer, me agarro, me hizo girar y me arrojo en el empedrado donde antes habia caido. Senti sus botas en mis costillas. Enfurecido, le agarre un pie y apenas pude creerlo cuando senti la tela y los huesos. Cayo contra la petrea pared y dejo escapar un rugido de furia irrefrenable.
»Lo que entonces sucedio fue pura confusion. Me aferre a esa pierna, aunque la bota trataba de patearme. Y, en un momento, despues de haberme atropellado y haber liberado su pierna, me senti lanzado al aire por dos manos fortisimas. Bien me puedo imaginar lo que me podria haber pasado. Me habria arrojado a varios metros de distancia, porque tenia fuerza suficiente para ello; y golpeado, severamente castigado, yo podria haber quedado inconsciente. Me perturbo mucho el hecho de que en la pelea no pude saber si podia perder el sentido o no. Pero eso nunca se puso a prueba. Porque, aunque yo estaba confundido, estuve seguro de que alguien se nos habia interpuesto, alguien que peleaba con gran fortaleza y que le hizo desprenderse de mi.
»Cuando levante la mirada, estaba en la calle y vi dos figuras solo por un instante, como el contorno parpadeante de una imagen despues de haber cerrado los ojos. Solo vi un revoloteo de vestimentas, una bota que golpeo las piedras y la noche quedo vacia. Me sente, jadeante, con la cara empapada de sudor, mirando a mi alrededor y luego arriba, a la angosta cinta del cielo desfallecido. Una sola figura, porque mis ojos se concentraron de forma total en ella, salio de la oscuridad del muro. Agachada en las piedras salientes del dintel, se dio vuelta de modo que vislumbre un debil rayo de luz sobre el pelo y luego el rostro blanco, tieso. Un rostro extrano, mas ancho y no tan delgado como el anterior; solo uno de sus grandes ojos negros era visible, y me miraba fijamente. Un susurro salio de sus labios, aunque en ningun momento parecieron moverse.
»—?Esta usted bien?
»Yo estaba mas que bien. De pie, listo para el ataque. Pero la figura siguio agachada, como si fuera parte del muro. Pude ver la mano blanca hurgando en lo que parecio ser un bolsillo de abrigo. Aparecio una tarjeta blanca como los dedos que me la ofrecieron. No me movi para aceptarla.
»—Venga a vernos manana por la noche —me dijo con el mismo susurro la cara pulida e inexpresiva que aun mostraba solo un ojo a la luz—. No le hare dano. Tampoco lo hara el otro. No se lo permitire.
»Y su mano hizo aquello que los vampiros pueden hacer; es decir, dejo su cuerpo en la oscuridad para depositar la tarjeta en mis manos y la escritura purpura brillo de inmediato a la luz. Y la figura, subiendo por el muro como un gato, desaparecio rapidamente entre las buhardillas.
»Entonces supe que me encontraba definitivamente a solas; pude sentirlo. Los latidos de mi corazon parecieron llenar la calleja desierta cuando me puse, bajo el farol, a leer la tarjeta. Conocia la direccion, porque habia ido a los teatros de esa calle. Pero el nombre era sorprendente: “Theatre des Vampires”, y la hora de la cita era a las nueve de la noche.
»Di la vuelta a la tarjeta y alli descubri que habian escrito una nota: “Traiga a su pequena belleza consigo. Seran bienvenidos. Armand”.
»No habia dudas de que la figura que me la habia entregado era quien habia escrito el mensaje. Tenia muy poco tiempo para regresar al hotel y contarle a Claudia lo que habia sucedido. Corri a toda velocidad y la gente que pase en las avenidas no vio la sombra que pasaba rozandoles.
»Al Theatre des Vampires solo se asistia por invitacion, y a la noche siguiente el portero examino la mia un momento mientras la lluvia caia suavemente a nuestro alrededor: sobre el hombre y la mujer delante de la taquilla cerrada; sobre los carteles arrugados de vampiros baratos con los brazos extendidos y las capas parecidas a alas de murcielagos, listos para caer sobre los hombros desnudos de una victima mortal; sobre las parejas que nos pasaban en el recibidor, donde con toda facilidad pude percibir que el publico era enteramente humano; no habia vampiros en su seno, ni siquiera el muchacho que nos admitio por ultimo en la muchedumbre llena de conversaciones y lana humeda y dedos enguantados de damas que tocaban sus sombreros y sus rizos mojados. Me fui a las sombras con una excitacion frenetica. Nos habiamos alimentado mas pronto para que en la calle concurrida del teatro nuestra piel no resultara tan blanca ni nuestros ojos demasiado brillantes. Y el sabor de la sangre que no habia saboreado me habia dejado intranquilo; pero no tenia tiempo para preocuparme de ello. Esta no era una noche para matar. Esta seria una noche de revelaciones, no importa como terminara. Estaba seguro de ello.
»Y alli estabamos con todo ese gentio de mortales; las puertas del auditorio se abrieron y un joven se nos acerco y senalo las escaleras por encima de los hombros de la gente. Teniamos un palco, uno de los mejores, y si la sangre no habia oscurecido por completo mi piel ni habia convertido a Claudia en una nina humana, este ujier no parecio percatarse de ello o no le importo. De hecho, sonrio con mucha amabilidad cuando abrio las cortinas que daban a las dos sillas delante de la barandilla de metal.
»—?Crees que tienen esclavos humanos? —me pregunto Claudia.
»—Lestat nunca confio en los esclavos humanos —le conteste. Observe que se llenaban los asientos; contemple los sombreros maravillosamente floreados que navegaban ahi debajo, por las filas de butacas de seda. Los hombros blancos brillaban en la amplia curva de los palcos, alejandose de nosotros; los diamantes centelleaban a la luz de las lamparas.
»—Recuerda: se astuto esta vez —me susurro Claudia con su rubia cabeza gacha—. Eres demasiado caballeroso.
»Se apagaban las luces, primero en los palcos y luego a lo largo de las paredes de la planta baja. Un grupo de musicos se habian colocado ya frente al escenario. Y al pie del largo telon de terciopelo, el gas parpadeo, luego gano intensidad y la audiencia retrocedio como envuelta por una nube gris en la cual solo brillaban los diamantes sobre las munecas, los cuellos y los dedos. Y un murmullo descendio como una nube gris hasta que todo el sonido se concentro en una unica tos persistente. Luego, el silencio. Y el ritmo lento de una pandereta. A la vez, se oyo la aguda melodia de una flauta de madera que parecia seleccionar el agudo toque metalico de la pandereta y que la conjugaba en una melodia fantasmagorica y medieval. Entonces, el sonido de las cuerdas subrayo a la pandereta. Y la flauta subio y, en esa melodia, expreso algo melancolico, triste. Esa musica tenia encanto, y toda la audiencia parecio acallada y en comunion, como si la musica de esa flauta fuera una cinta luminosa que se desenrollaba en la oscuridad. Ni siquiera cuando se levanto el telon se rompio el silencio. Las luces se encendieron y el escenario no parecio un escenario sino un lugar en un denso bosque; la luz relumbraba sobre los troncos naturales de los arboles y en la espesura de las hojas, debajo del arco de oscuridad que reinaba mas arriba, y a traves de los arboles se podia ver lo que parecia una ribera baja y de piedra y, mas alla, las aguas luminosas del rio. Ese mundo tridimensional estaba creado por una pintura en una fina pantalla de seda que se movia suavemente debido a una debil rafaga de aire.
»Unos aplausos recibieron a la ilusion, reuniendo adherentes de todas partes del auditorio hasta que consumo su breve
»Hubo murmullos entre el publico. Era la Muerte de pie ante la audiencia, con la guadana en alto; la Muerte
