Matthew tomo otro bocado y miro el reloj.

– ?Que le parece ir a echar un vistazo al apartamento de Harald? Tengo las llaves y la policia ha devuelto las cosas que se llevaron en el registro. Quiza podriamos mirar los trastos a ver si sacamos algo en claro.

A ?ora le parecio bien la idea. Envio un SMS a su hijo pidiendole que fuera a recoger a su hermana a la guarderia en cuanto saliera del colegio. ?ora se sentia mejor sabiendo que Soley estaba pronto en casa, y de vez en cuando le encargaba a su hijo que fuese a buscarla antes de lo habitual. Hacia lo posible por no abusar de la bondad de Gylfi con estos encargos, aunque el solia aceptarlos de buen grado. ?ora se dio cuenta de que no habia hecho mas que apretar el boton de enviar cuando llego la respuesta de Gylfi. Abrio el fichero de mensajes y leyo: «Ok. cndo vns a ksa?». ?ora respondio de inmediato que llegaria hacia las seis y reflexiono un instante si seria solo por curiosidad por lo que Gylfi siempre queria saber exactamente cuando pensaba llegar ella a casa. A lo mejor era solamente para poder jugar con tranquilidad en el ordenador, pero no dejaba de llamarle la atencion que se lo preguntase tantas veces.

Antes de que ?ora dejase el telefono, llamo a la oficina para informar que no podria ir por el momento. Nadie respondio, pero tras la quinta llamada se conecto el contestador. ?ora dejo el mensaje informando de su ausencia y colgo. Una de las ocupaciones principales de Bella era atender el telefono, pero de las pocas veces que ?ora tenia que telefonear al bufete, solo contestaba la mitad. ?ora suspiro, sabia que de nada serviria volver a hablar del tema con aquella secretaria del demonio.

– De acuerdo, ya estoy -le dijo a Matthew, que habia aprovechado el rato para terminar la comida que quedaba. ?ora bebio el ultimo trago de cafe que quedaba en la taza antes de levantarse y ponerse el abrigo.

Fueron a la caja, donde Matthew pago la cuenta antes de salir los dos del cafe. Puso de relieve que todo aquello era a costa de la familia Guntlieb, pero ella no veia del todo claro si lo hacia para dejar bien claro que la invitacion estaba incluida en las citas, o si lo decia sencillamente porque sentia la necesidad de explicarselo. Se limito a asentir despreocupadamente con la cabeza y a dar las gracias.

Salieron al frio del aparcamiento, donde habian dejado el coche de alquiler. El apartamento de Harald estaba en la Bergsta?astr?ti, asi que no habia mucho camino desde Hverfisgata. ?ora conocia bien el barrio de ?ingholt desde que empezo a trabajar en Skolavor?ustigur, asi que pudo indicarle el camino a Matthew sin vacilaciones: aunque el barrio no tuviera demasiadas calles, resultaba bastante complicado para quienes no lo conocian bien circular por esas calles bastante estrechas y de direccion unica. Encontraron un sitio justo delante de una esplendida casa blanca de piedra en Bergsta?astr?ti donde Matthew dijo que se encontraba el apartamento de Harald. Era uno de los mejores edificios del barrio, muy bien conservado, y ?ora pudo imaginarse la cantidad en la que podria tasarse. Aquello explicaba por lo menos la exorbitante cuenta de alquiler que habia visto en los papeles de Harald.

– ?Ha estado aqui antes? -pregunto ?ora cuando subieron a la entrada lateral del edificio. La entrada principal, que daba a la calle, correspondia, segun conto Matthew, a otro apartamento de la planta baja, donde vivian los propietarios.

– Si, en realidad varias veces -respondio Matthew-. Aunque esta es solo la segunda que entro por mis propios medios, si asi puede decirse. Las otras veces vine con la policia. Necesitaban un testigo cuando se llevaron papeles y otras cosas con motivo de la investigacion, y otra vez cuando los devolvieron. Pero estoy seguro de que nuestra inspeccion del apartamento sera mas concienzuda que la que hizo la policia. Enseguida dieron por hecho que el asesino habia sido ese Hugi, e inspeccionaron el apartamento mas que nada por cubrir el expediente.

– ?El apartamento es tan extrano como el inquilino? -pregunto ?ora.

– No, es de lo mas normal -respondio Matthew mientras metia en la cerradura de la puerta exterior una de las dos llaves. Las llaves colgaban de un llavero de acero con la bandera islandesa, y ?ora saco la conclusion de que el llavero habia sido adquirido, especialmente para aquellas llaves, en una de las tiendas para turistas del centro. No le resultaba facil imaginarse a Harald en ese tipo de tiendas, rodeado de jerseis de lana y cosas por el estilo-. Si es tan amable -dijo Matthew al abrir la puerta.

Antes de que ?ora llegase a poner un pie dentro, aparecio por la esquina una mujer joven que se dirigio a ellos en un ingles impecable.

– Disculpen -dijo tapandose bien con la rebeca para protegerse del frio-. ?No seran ustedes parientes de Harald?

A juzgar por la ropa de la mujer, ?ora llego a la conclusion de que debia de haber salido del otro apartamento. Matthew le alargo la mano y dijo en ingles:

– Si, claro, hola, nos conocimos cuando fui a su casa a recoger las llaves, soy Matthew.

– Si, eso me parecio -dijo la mujer; le estrecho la mano y sonrio. Era muy elegante, delgada, con el cabello y la cara bien cuidados, saltaba a los ojos que le sobraba el dinero. Cuando sonrio, ?ora pudo comprobar que a lo mejor no era tan jovencita como le habia parecido al principio, pues la sonrisa dibujo numerosas arrugas alrededor de sus ojos y su boca. La mujer dio la mano a ?ora-. Hola, me llamo Gu?run -dijo, y anadio-: Mi marido y yo eramos los caseros de Harald.

?ora se presento y devolvio la sonrisa.

– Solo veniamos a echar un vistazo. No se cuanto tardaremos.

– Oh, perfecto -se apresuro a decir la mujer-. Solo vine a preguntar si tenian alguna idea de cuando van a dejar libre el piso. -Sonrio otra vez, ahora como pidiendo disculpas-. Ya nos han preguntado varias personas, ya comprenden.

?ora no lo comprendia del todo pues, por lo que sabia, la familia Guntlieb seguia pagando el alquiler y no deberia estar nada mal alquilar un piso de aquel valor sin tener que padecer molestia alguna por parte del inquilino. Se volvio hacia Matthew, quien probablemente podria responder a la mujer.

– Desgraciadamente no podra ser de inmediato -respondio laconico-. El contrato sigue en vigor, creo que se lo comente la ultima vez que hablamos del tema.

La mujer se apresuro a disculparse.

– Si, claro, claro… no me malinterprete… sigue en vigor. Simplemente nos gustaria saber cuando cree la familia que podra dejarlo libre. Esta propiedad es bastante cara y no siempre se pueden encontrar inquilinos que paguen un precio tan alto. -La mujer miro apurada a ?ora-. Es que tenemos una oferta de una empresa de exportacion que es tan buena que resulta dificil rechazarla. Necesitan el piso en un plazo de dos meses, por eso les pregunto cuanto tiempo necesitaran. Ya comprenden a que me refiero.

Matthew asintio con la cabeza.

– Comprendo sus problemas pero por desgracia no puedo prometerle nada por el momento -dijo-. Todo depende de lo que hagamos con las pertenencias de Harald. Quiero asegurarme de que no vaya a parar a un cajon alguna cosa que pueda resultar de importancia en el caso.

La mujer, que habia empezado a temblar de frio, movio energicamente la cabeza para mostrar su asentimiento.

– Si puedo hacer yo algo para aligerar el asunto, hagamelo saber, por favor. -Le dio la tarjeta de una empresa de importacion que a ?ora le resulto completamente desconocida. En ella podia leerse el nombre de la mujer y su numero de telefono, incluyendo el del movil. ?ora saco su propia tarjeta del bolsillo y se la dio a la mujer.

– Tome tambien la mia, y llameme si usted o su marido recuerdan algo que pudiera sernos util. Estamos intentando averiguar quien asesino a Harald.

La mujer abrio mucho los ojos, asombrada.

– ?Y que hay del hombre que detuvo la policia?

– Tenemos nuestras dudas de que sea el asesino -respondio ?ora como sin darle importancia. Noto que al oir aquello la mujer se estremecio. Se apresuro a anadir-: No creo que tenga usted por que preocuparse: sea quien sea, no creo que se le ocurra venir por aqui -sonrio.

– No, no era por eso -dijo la mujer precipitadamente-. Es solo que creia que ya se habia terminado todo.

Se despidieron y ?ora y Matthew entraron en el edificio. En el vestibulo se encontraron con una escalera pintada de blanco que subia al segundo piso, donde estaba el apartamento. Habia otra puerta mas y Matthew le dijo que daba a un lavadero compartido. Subieron por la escalera y Matthew abrio la puerta del apartamento con la segunda llave del llavero de la bandera. Lo primero que le llamo la atencion a ?ora al entrar fue que Matthew habia sido bastante poco fiel a la realidad al decirle que el apartamento era «de lo mas normal». ?ora miro extranada a su alrededor.

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