Capitulo 8
Gunnar Gestvik, decano de la Facultad de Historia de la Universidad de Islandia, se dirigia con agiles zancadas hacia el despacho de la presidenta del Instituto Arni Magnusson, y al pasar saludo con una inclinacion de cabeza a un joven historiador que se cruzo en su camino. El joven sonrio azorado y Gunnar vio reafirmada de ese modo su recien ganada popularidad dentro de la universidad y sus diversos departamentos. Al parecer no habia mucha gente capaz de olvidar que fue a el a quien se le vino encima el cadaver de Harald Guntlieb, o que no recordasen el shock nervioso que resulto de aquel hallazgo. Nunca habia sido tan popular, si podia expresarse asi, aunque muy pocos de los que se aventuraban a buscar ahora su compania pudieran llamarse exactamente amigos. Aquella situacion tendria que pasar, naturalmente, pero solo Dios sabia lo harto que estaba ya de tener que responder a tantas preguntas idiotas de tanta gente sobre aquel suceso, preguntas que no obedecian nada mas que a pura curiosidad. En cuanto juntaban fuerzas para preguntarle algo, se les ponia cara de asco. Era un gesto destinado a indicar a la vez tristeza por la temprana perdida de un hombre joven y compasion por Gunnar, pero el resultado era invariablemente muy diferente. En los rostros de la gente se leia unica y exclusivamente interes por lo morboso y alegria porque aquello le hubiera pasado a otro en vez de a ellos mismos. ?Quiza habria debido seguir el consejo del rector y tomarse dos meses de permiso para investigar? Vaya, no estaba seguro. Seguramente, con el paso del tiempo, la gente acabaria por perder casi todo el interes, pero por otro lado el interes floreceria de nuevo en cuanto el caso llegase a los tribunales. Entonces tendria que posponer lo irremediable y tomarse unos dias libres. Asi daria pie a interminables habladurias de que estaba tratandose de los nervios, que estaba en casa borracho como una cuba, o cosas aun peores. No, seguramente rechazar el permiso y dejar que las cosas pasaran era la decision correcta. Al final la gente se cansaria del tema y todos volverian otra vez a no hacerle caso alguno.
Gunnar llamo suavemente a la puerta de la directora, Maria Einarsdottir, mas por una cuestion de cortesia que por otro motivo, pues abrio nada mas llamar, sin esperar respuesta indicandole si podia pasar. Maria estaba al telefono, pero con un movimiento de la mano dio a entender a Gunnar que se sentara, lo que este hizo. Se sento y espero impaciente mientras ella concluia su conversacion telefonica, que parecia tener que ver con un pedido de toner para impresoras, el cual no habia sido entregado aun.
Gunnar intento dejar patente lo nervioso que le ponia aquello. Cuando Maria le llamo unos minutos antes, le dijo que el asunto era serio y expreso el deseo de que fuera a verla inmediatamente. El habia dejado el trabajo en el que estaba enfrascado en aquel momento, una solicitud de fondos Erasmus para la Facultad de Historia en colaboracion con la Universidad de Bergen. La solicitud tenia que presentarse en ingles, y Gunnar habia conseguido empezar a cogerle el tranquillo a la lengua, justo cuando llamo Maria. Si aquel asunto suyo tan serio se referia al toner, le iba a soltar unas cuantas cosas muy bien dichas. Ya habia empezado a juntar unas cuantas palabras bien elegidas cuando ella colgo y dirigio su atencion a el.
Antes de empezar a hablar, miro meditabunda a Gunnar… como si estuviera buscando las palabras. Los dedos de su mano derecha marcaron un ritmo rapido sobre el borde del escritorio, y suspiro profundamente.
– ?Cojonudo!-dijo al fin.
«Obviamente no habia aprovechado el tiempo para preparar bien su discurso», penso Gunnar, intentando no dejar traslucir lo inapropiado que le parecia que la directora del Instituto Arni Magnusson pronunciase una palabra como aquella. Los tiempos habian cambiado mucho desde que Gunnar era joven, cuarenta anos atras. Entonces parecia deseable preparar cuidadosamente lo que se iba a decir; ahora a todo el mundo aquello le parecia una perdida de tiempo y una memez. Peor aun, que precisamente una mujer como Maria, de elevada cultura y que ya no estaba en la flor de su edad, dejase correr por su boca expresiones como aquella. Gunnar carraspeo.
– ?Que era eso tan apremiante, Maria?
– ?Cojonudo! -repitio ella, pasandose los dedos de ambas manos por el cabello, que llevaba muy corto. Habia empezado justo a encanecer, y aquello hacia resbalar algo de cabello plateado hacia las sienes cuando lo removia de aquel modo. Sacudio entonces la llbe/a y por fin entro en materia.
– Falta una carta antigua. -Hubo un breve silencio y prosiguio-: La han robado.
La cabeza de Gunnar se echo hacia atras y el no pudo ocultar su asombro y su desaprobacion.
– ?A que te refieres? ?Robada? ?De la coleccion?
Maria suspiro.
– No. De la coleccion no. De aqui… de dentro.
Gunnar estaba boquiabierto. ?De dentro?
– ?Como puede ser eso?
– Buena pregunta; que yo sepa, es la primera vez que sucede aqui algo parecido -reforzo el tono de su voz y anadio-: Quien sabe, quiza han desaparecido mas cosas, y no solo esta carta. Como sabes, aqui se conservan los manuscritos y fragmentos de manuscritos del siglo XVI pertenecientes a la coleccion de Arni Magnusson, ademas de todas las cartas antiguas de esa coleccion y unos ciento cincuenta manuscritos del grupo del
– ?Por que quieres consultarlo conmigo? -pregunto Gunnar molesto y algo enfadado. Como decano de la facultad, no necesitaba tener demasiada relacion con el instituto y no colaboraban demasiado estrechamente-. ?No estaras acusandome de haber cogido yo esa carta?
– Por todos los dioses, Gunnar. Sera mejor que te lo explique antes de que me preguntes si sospecho del rector. -Le paso una carta que estaba sobre la mesa-. ?Recuerdas los documentos que nos presto la Biblioteca Nacional danesa?
Gunnar sacudio la cabeza. Frecuentemente, el instituto recibia en prestamo materiales extranjeros relacionados con los temas de investigacion que se llevaban a cabo en Islandia. Gunnar solia enterarse la mayoria de las veces, pero no los guardaba especialmente en la memoria excepto cuando se trataba de documentos relacionados con las areas de interes de su especialidad. Aquella coleccion de cartas danesas, evidentemente, no estaba entre ellas. Leyo por encima la carta, escrita por un tal Karsten Josephsen, jefe de seccion de la Biblioteca Nacional danesa. Estaba escrita en danes, y en ella recordaba que habia concluido el plazo para restituir los documentos. Devolvio la carta a Maria.
– No tengo ni la mas minima idea.
Maria cogio la carta y volvio a ponerla en el mismo sitio de la mesa, justo enfrente de ella.
– Puede ser. Era una coleccion de cartas a los sacerdotes de la Iglesia episcopal de Roskilde. Todas pertenecian al periodo 1500-1550. Tengo entendido que no habia en ellas demasiado que llamara la atencion de nuestros especialistas, aunque las cartas datadas en torno a la fecha de la Reforma luterana en el pais, 1536, resultaron interesantes. Sin embargo, la carta desaparecida no era una de ellas.
– ?Cual era el tema de la carta? -pregunto Gunnar, aun ignorante de su papel en el asunto.
– Naturalmente, no se exactamente lo que decia la carta que ha desaparecido; pero recuerdo que era del ano 1510 y estaba escrita por Stefan Jonsson, obispo de Skalholt por entonces, a un sacerdote del obispado de Roskilde. Es la informacion que pude obtener del inventario que acompanaba a la coleccion cuando llego aqui. Es asi como descubri, en realidad, que la carta habia desaparecido; utilice el inventario para comprobar si todo estaba bien empaquetado para proceder a la devolucion de los documentos a Dinamarca.
– ?No puede ser que nunca llegara aqui… que hubiera faltado desde el principio? -pregunto Gunnar.
– Descartado -fue la respuesta-. Yo estaba presente cuando se recibio la coleccion el ano pasado, y se comprobo cuidadosamente con el inventario que la acompanaba. Todo se encontraba en el mismo orden, todo estaba en su sitio.
– ?No sera que la carta se ha prestado a alguien de algun otro sitio? -pregunto Gunnar-. ?No puede ser que se haya mezclado con otros documentos por error?
– Pues mira -respondio Maria-, si no hubiera habido otras cosas mas, habria sido una posibilidad, efectivamente. -Callo un momento y siguio con enfasis-: Cuando descubri la desaparicion fui inmediatamente al ordenador a ver la carta; supongo que sabras que escaneamos todos los documentos, sin excepcion, que caen en
