centro del salon; eran bastante mas bajos que los sofas a los que ?ora estaba acostumbrada. Le entraron unos deseos tremendos de sentarse en uno de ellos, pero no queria que Matthew viese lo atractivos que le resultaban. Entre los dos habia una mesa aun mas baja que los sofas, que a ?ora le parecia imposible que tuviera patas: era mas bien como si la mesa descansara directamente en el suelo. Busco objetos de decoracion y lo unico que pudo descubrir fue lo que habia en las paredes. Aparte de una gran pantalla plana en una de ellas, habia obras de arte, todas ellas con siglos de antiguedad. Habia ademas varios objetos antiguos, entre otras cosas un viejo mamotreto de silla de madera que ?ora imagino autentica, no de imitacion. Empezo a pensar si Harald habria tenido algo que ver personalmente con la decoracion, o si habia sido un decorador de interiores quien se habia encargado de todo. Combinar cosas tan antiguas con otras tan modernas convertia el espacio en algo de lo mas infrecuente y le daba un toque personal.
– ?Que le parece? -pregunto Matthew despreocupadamen-ii ll tono daba a entender que, a diferencia de ?ora, el estaba acostumbrado a la opulencia.
– Es un apartamento realmente esplendido -respondio, y fue hacia una de las paredes pintadas de blanco para contemplar una plancha de cobre enmarcada, que parecia muy antigua. Miro detenidamente la imagen y al momento dio un paso atras-: ?Pero que es este horror? -La plancha estaba repleta de figuras, y el artista habia tenido que esforzarse para poder meter en aquel cuadro sin colores a toda aquella gente, especialmente varones, ordenadamente distribuidos en parejas, en las que uno se dedicaba a torturar al otro o a castigarlo de una u otra forma.
Matthew fue hacia ella y miro el grabado.
– Ah, ya. -Hizo una mueca y continuo-: Esto es una plancha de cobre que Harald heredo de su abuelo. Es alemana y muestra como eran las cosas en Alemania hacia 1600, cuando estaban en su apogeo las persecuciones por motivos religiosos. Como puede ver, no se andaban con chiquitas. -Matthew se dio la vuelta y se alejo de la plancha-. Lo que la convierte en algo especial es que procede de esa misma epoca y no es una interpretacion, por asi decir, posterior a los hechos representados. Esas otras representaciones suelen ser menos realistas y mas exageradas. Claro que quiza esta plancha es un poco de ese estilo.
– ?Mas exageradas? -pregunto ?ora asombrada. ?Que podia haber mas exagerado que aquello?
– Si, ya, bueno -respondio Matthew encogiendose de hombros-. A base de trabajar para la familia Guntlieb, he llegado a conocer esa epoca como si me fuera algo en ella; esta de aqui no es, ni de lejos, una de las piezas mas tremendas de su coleccion. -Sonrio friamente-. En comparacion con las peores, esta podria ponerse de adorno en el cuarto de los ninos.
– Mi hija tiene en la pared un poster de Minnie -dijo ?ora, y se acerco al siguiente cuadro-. Puede estar seguro de que un cuadro como ese no colgara nunca de una pared de su cuarto, ni en ninguna parte de mi casa.
– No, no es para todos los publicos -respondio Matthew, y siguio a ?ora hasta el cuadro que representaba a un hombre al que estaban desarticulando sobre un potro, delante de unos hombres encapuchados. Estos estaban sentados en un apretado grupo observando con cara de suficiencia a dos verdugos que hacian girar, aparentemente con gran esfuerzo, una rueda sujeta al potro. La intencion era evidentemente, tensar los miembros del hombre para hacerle sufrir vez mas. Matthew senalo el centro del grabado-. Este muestra las torturas que se aplicaban en las investigaciones judiciales, y procede tambien de Alemania. Para ellos tenia gran importancia obtener confesiones, como puede ver. -Miro a ?ora-. Seguramente sera interesante para usted, como abogada que es, comprender las raices de la tortura, pues sus principios en Europa pueden considerarse parte del sistema judicial, bueno, hablando en sentido amplio.
?ora se preparo para otra ofensa mas a su profesion: habia tenido que acostumbrarse a que la trataran asi desde que empezo la carrera de Derecho.
– Si, faltaria mas… los abogados somos los unicos responsables de todo eso.
– No, de veras -respondio Matthew-. En la Edad Media el poder de acusar estaba en manos de los individuos. De forma que quien se consideraba ofendido o perjudicado injustamente por la conducta criminal de alguien tenia que realizar la acusacion por si mismo y ejercer de acusador en el caso. Los procesos judiciales eran casi de broma. Si el acusado no confesaba sin mas ante el tribunal o si no habia algo que demostrara claramente su culpabilidad, el veredicto de culpabilidad se dejaba en manos de Dios. Se sometia al acusado a una serie de pruebas, como hacerle caminar sobre carbones encendidos, arrojarle al agua atado de pies y manos, o cosas por el estilo. Si, digamos, sus heridas se habian curado en cierto plazo, o si se hundia en el agua, se le consideraba inocente. En ese caso, quien le habia acusado se encontraba en una situacion mas bien funesta, porque el juicio se volvia entonces en su contra. Como se puede comprender, la gente era mas bien reacia a acusar al projimo, pues al hacerlo corrian el riesgo de que el caso se volviera contra ellos. -Matthew senalo al hombre torturado en el potro-. Este sistema se modifico cuando las autoridades y los eclesiasticos se dieron cuenta de que por este procedimiento los crimenes, fuese en el campo terrenal o en el espiritual, aumentaban de forma exorbitante a causa de la incapacidad de los tribunales. A fin de reducir el numero de delitos recurrieron a las leyes romanas, donde tanto el sistema de acusacion como la realizacion del proceso estaban organizados de forma completamente distinta. Se centraban en la investigacion, que se denominaba instruccion, nombre que seguimos dandole. Fue la Iglesia la que inauguro el nuevo sistema, y a remolque de ella lo hicieron tambien los tribunales laicos, y la persona afectada por el delito dejo de tener que ser quien realizaba la acusacion y llevaba el caso ante los tribunales. -Matthew sonrio a ?ora-.
?ora le devolvio la sonrisa.
– Hace ya demasiado tiempo como para echar la culpa de esas barbaridades a la justicia. -Ahora le tocaba a ella senalar al pobre hombre tendido en el potro-. Tampoco veo muy clara la relacion entre la instruccion y las torturas, perdoneme.
– Ya -respondio Matthew-. Por desgracia fue culpa del nuevo sistema. Para poder declarar culpable a alguien era preciso disponer de dos testigos del delito, o bien conseguir la confesion del acusado. Para algunos delitos, como la herejia, era dificil encontrar testigos incuestionables, de modo que todo dependia de la confesion. Esta la tenian que obtener los jueces, y lo mejor era usar la tortura. A eso se llamaba instruccion del sumario.
– Repugnante -dijo ?ora, que dio la espalda al grabado y miro a Matthew-. ?Y como sabe usted todo eso?
– El abuelo de Harald estaba increiblemente versado en ese periodo y su pasion le hacia hablar de el sin parar. Era muy entretenido oirle, pero en comparacion con el viejo yo no tengo mas que un conocimiento muy superficial de estas cosas.
– Ya veo -dijo ?ora-. ?Todos estos grabados los ha visto antes?
Matthew recorrio con los ojos las paredes.
– La mayoria, creo. En realidad esto no es mas que una fraccion de los grabados y otras cosas pertenecientes a la coleccion. Es obvio que Harald solo se llevo una parte. Su abuelo dedico una buena parte de su vida a coleccionar todas esas cosas, por no hablar del dinero que se gasto en ellas. Diria que debe de tratarse de una de las colecciones mas importantes del mundo sobre la tortura y las persecuciones a lo largo de los siglos. En ella se encuentra un conjunto casi completo de las ediciones del
?ora miro alrededor.
– ?Y toda la coleccion era para colgar de las paredes del salon?
– ?Que va, esta usted loca!-respondio Matthew-. Los libros y algunos otros documentos, cartas y demas, estan guardados en una caja fuerte del banco, porque son muy valiosos. Ademas, en casa de la familia Guntlieb hay dos salas especiales que albergan la paite expuesta de la coleccion. Parte de lo que ve aqui procede de ellas. Supongo que no les importara demasiado perder de vista una seccion de las piezas. Harald era el unico descendiente que compartia el interes de su abuelo por estas cosas. Sin duda alguna, ese fue el motivo por el que su abuelo le lego la coleccion.
– ?Y Harald podia llevarsela de un pais a otro segun le pareciese? -pregunto ?ora. Matthew sonrio.
– Pues yo diria que, en realidad, se la habria llevado consigo aunque no la hubiese heredado. Supongo que para los padres de Harald ha sido un autentico alivio librar su casa de esas cosas, aunque solo fuera parte de la coleccion.
?ora asintio.
– ?Esta silla es de la coleccion? -Senalo la vieja silla de madera colocada en una esquina del salon.
– Si -respondio Matthew-, es una silla de inmersion, utilizada para sumergir a la gente en agua. Es un buen ejemplo de la tortura de castigo, que es completamente diferente a las torturas que se practicaban durante la
