Capitulo 3

?ora, por naturaleza, no tenia miedo a los ladrones, pero en el camino de regreso tras la reunion con Matthew procuro llevar su cartera bien sujeta. No podia ni imaginarse tener que llamar a aquel hombre para anunciarle que le habian robado los papeles. Por eso se sintio tan aliviada cuando cruzo la puerta del bufete. La recibio un fuerte olor a humo.

– Bella, sabes que esta prohibido fumar aqui.

Bella se aparto sobresaltada de la ventana en un torpe intento de decir algo.

– No estaba fumando. -Mientras lo decia, un hilo de humo se le escapo por la comisura de la boca. f»ora suspiro.

– Pues tienes un incendio en la boca. -Y anadio-: Cierra la ventana y fuma en la sala del cafe. Te sentara mejor que tener que salir a dar vueltas a la manzana.

– No estaba fumando, estaba echando del alfeizar a las palomas -respondio Bella molesta. Se sento a su escritorio sin mirar a ?ora.

?ora decidio no remover mas el asunto. La experiencia le habia ensenado que no valia la pena desperdiciar saliva con aquella chica. Se fue a su despacho y cerro la puerta con llave.

La carpeta que le habia dejado Matthew estaba repleta, y eso que se trataba del modelo mas grueso. Era de color negro, lo que en cierto modo resultaba muy apropiado, a la luz de su contenido.

La tapa no tenia marca alguna, sin duda seria dificil encontrar un titulo de buen gusto. «Harald Guntlieb en vida y muerte», murmuro ?ora de labios adentro al abrir la carpeta y contemplar el in dice, impecablemente impreso. La carpeta estaba dividida en siete partes con separadores intermedios y, al parecer, las secciones se encontraban ordenadas cronologicamente: Alemania, Servicio militar, Universidad de Munich, Universidad de Islandia, Cuentas bancarias, Investigacion policial. La septima y ultima se llamaba Autopsia. Decidio ir estudiando la carpeta en el mismo orden en que estaba organizada. Miro el reloj y vio que iban a ser las dos. Dificilmente podria verlo todo antes de las cinco, hora en que tenia que ir a recoger a su hija Soley a la guarderia… a menos que se diese mucha prisa. ?ora puso el movil para que sonara a las cinco menos cuarto. Se propuso tener visto lo mas importante de la carpeta antes de esa hora. Luego se llevaria la carpeta a casa, como hacia de vez en cuando si tenia mucho que hacer. El contenido, sin duda, no era el mas apropiado para estudiarlo detenidamente en casa, a la vista de los ninos. Fue a la primera hoja separadora y empezo a mirar.

En primer lugar habia una fotocopia de la partida de nacimiento. En ella podia leerse que la senora Amelia Guntlieb habia dado a luz a un nino sano, de sexo masculino, en Munich, el 18 de junio del ano 1978. El padre estaba registrado como el senor Johannes Guntlieb, director de banco. ?ora desconocia el lugar de nacimiento. A juzgar por el nombre, no se trataba de ninguno de los grandes hospitales nacionales, e imagino que seria alguna clinica privada carisima, o una maternidad para gente de mucho dinero. En la linea destinada a anotar la religion del nino habian escrito «catolica romana». Si la memoria no la enganaba, ?ora recordaba vagamente que alrededor de una tercera parte de los alemanes tenian esa religion, y que la mayoria vivia en el sur del pais. Cuando ?ora estudio en Alemania la sorprendio el elevado numero de catolicos. Siempre habia asociado a Alemania con la Reforma protestante y habia pensado que los catolicos se encontraban sobre todo en los paises del sur de Europa, como Italia y Espana, sin olvidar Francia.

?ora paso la hoja.

Las siguientes paginas consistian en fundas de plastico. Estas contenian fotografias, la mayor parte de ellas de la familia Guntlieb en circunstancias variadas. En cada funda habia recortes de papel con los nombres de las personas que aparecian en las fotos. Cuando ?ora fue repasando rapidamente las fotos, vio que en todas y cada una de ellas estaba marcado el nombre de Harald. Ademas de instantaneas familiares habia tambien algunas fotos escolares de el a diversas edades, recien peinado y cepillado, como Dios manda. ?ora estuvo pensando el motivo por el que estaban aquellas fotos en la carpeta. La unica explicacion aceptable era que se trataba de recordarle que el asesinado habia sido antes una una persona viva. Y aquello tuvo el efecto deseado.

En las primeras fotos, que eran las mas antiguas, se podia ver a un muchachito de buen aspecto, bien con su hermano, que parecia tener dos o tres anos mas que el, bien con su madre. A ?ora le llamo la atencion lo guapa que era Amelia Guntlieb. Aunque algunas de las fotografias eran bastante malas, saltaba a los ojos que era una de esas poquisimas mujeres que estan siempre alegres sin que parezcan darle demasiada importancia al hecho. Especialmente evidente resultaba, penso ?ora, una foto de madre e hijo en la que la senora Guntlieb estaba ensenando a su hijo a caminar. La foto habia sido tomada en el jardin, al aire libre, y la senora Guntlieb llevaba a Harald de la mano mientras este intentaba dar pasitos con el torpe caminar de los ninos de un ano de edad, con una de las piernas en el aire, bien doblada por la rodilla. La senora Guntlieb sonreia al fotografo y la felicidad chispeaba desde su hermoso rostro. La fria voz que ?ora habia oido en el telefono desde el otro lado del mar no parecia corresponder a aquella fisonomia. El chiquillo estaba todavia en la edad en la que el rostro aun no se encuentra bien definido en la barbilla, la nariz y las mejillas, pero pese a todo se podian ver rasgos del parecido de madre e hijo.

Las siguientes fotografias eran de Harald a los dos o tres anos de edad. Ahora se parecia aun mas claramente a su madre, aunque no tanto como para resultar afeminado. Su madre aparecia tambien en las fotos, primero embarazada, luego sonriendo con un bebe en los brazos, bien envuelto en ropas y panales. En la foto se veia a Harald junto a la silla en la que estaba sentada la madre, estirandose como para ver bien aquel fardito blanco, su hermana. Su madre le tenia sujeto por los hombros. Por el papel que habia debajo de la foto, ?ora supo que la nina fue bautizada con el nombre de su madre, Amelia, ademas de un segundo nombre, Maria. Esta era la chica que habia muerto a causa de una enfermedad congenita. A juzgar por la foto, al principio la familia ignoraba la enfermedad. La madre parecia, por decir poco, feliz y despreocupada. En las siguientes fotos, en cambio, era como si algo hubiese cambiado. La senora Guntlieb, que mostraba una amplia sonrisa en todas las fotos, sin excepcion, parecia remota y abatida. En una de las instantaneas habia adoptado una sonrisa de circunstancias pero que no le llegaba a los ojos. Tampoco se apreciaba aquel contacto fisico entre ella y Harald que habia sido tan caracteristico de fotos anteriores. El nino parecia mas bien afligido y perdido. La nina no se veia por ningun lado.

Parecia que se habian saltado una parte de la historia familiar, y ?ora tuvo la certeza de que las siguientes fotos correspondian a por lo menos cinco anos mas tarde. El capitulo comenzaba con una foto de familia, todos muy bien colocados, la primera en la que se veia al senor Guntlieb. Era un hombre de aspecto respetable, de edad claramente algo mayor que su esposa. Todos los de la imagen vestian sus mejores ropas, pero ahora habia ademas un bebe acostado en brazos de su madre. Era sin duda la hija mas pequena del matrimonio, el unico de sus hijos que seguia con vida. La nina enferma estaba alli tambien, ahora en una silla de ruedas. No era necesario tener estudios de medicina para darse cuenta de lo horrible de su invalidez, viendola alli sentada, amarrada a la silla, con la cabeza caida hacia atras y la boca abierta. La mandibula inferior no colgaba hacia abajo sino hacia un lado, lo que daba a entender que la nina apenas tenia control sobre ella. Lo mismo parecia suceder con las extremidades: un brazo estaba encorvado hacia arriba por el codo, y la mano colgaba doblada sobre el brazo de una forma que no parecia natural. Los dedos de esa mano estaban encorvados y le daban aspecto de garra. El otro brazo descansaba sobre su regazo, y daba la sensacion de que no podia moverse. Detras de la silla de ruedas estaba Harald, ahora con unos ocho anos. Su gesto no se parecia a nada que ?ora hubiera visto en su propio hijo a esa edad. Era como si el nino ya no existiese. Aunque los demas miembros de la familia, los senores Guntlieb, asi como el hijo mayor que Harald, no habian salido precisamente alegres, el muchacho parecia patetico en su desamparo. Algo habia sucedido, evidentemente, y ?ora estuvo dandole vueltas a si un nino tan pequeno podia verse afectado de aquella forma por la enfermedad de una hermana menor. Quiza solo tenia que luchar con problemas psicologicos, eso no era tan extrano en los ninos. Tal vez habia sido un nino depresivo y la competencia con la hermana pequena por conseguir la atencion de sus padres habia podido con el. Si era algo de ese estilo lo que habia estado pasando por entonces, quedaba claro en las siguientes fotos, donde los padres eran siempre figuras lejanas. En ninguna de ellas mostraban al nino cercania fisica alguna, el estaba siempre apartado del resto de la familia, excepto en unos pocos casos, en los que su hermano mayor estaba a su lado. Era como si su madre se hubiese olvidado de el, sin mas, o como si estuviera tratando de ignorarle. ?ora se recomendo a si misma no intentar sacar demasiadas conclusiones de aquellas fotos. Parecian simples instantes de la vida de aquellas personas y nunca podrian dar una imagen real de lo que pensaban o hacian.

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