– No, ninguno -respondio Kjartan al tiempo que se le endurecian los rasgos del rostro-. Definitivamente, no.

?ora decidio no preguntar mas al respecto, aunque habia confiado en que pudiera haber barcos extranjeros en el muelle.

– ?Te acuerdas de algo referente a Markus durante esa noche, o sobre su amiga Alda? -pregunto ?ora.

– No -respondio Kjartan sin titubear. Callo, dando a entender claramente que no queria decir nada mas al respecto.

– ?Estas completamente seguro? -pregunto ?ora con cierta extraneza por la rapidez y seguridad con que habia respondido a su pregunta-. ?No estaba con su padre, que era amigo tuyo?

– Claro que vi a su padre, aunque no recuerdo muy bien cuando ni donde -respondio Kjartan molesto-. Formaba parte de los grupos de salvamento y por eso estuvo en la isla los dias posteriores a la erupcion, de modo que a lo mejor me confundo al pensar que le vi esa misma noche. Al chico no le recuerdo, ni tampoco a Alda. Habia un gentio terrible y lo que puedo recordar es solo una masa de gente. Iban todos cargados con lo que consideraron mas valioso en el momento en que escaparon de sus casas, eran trastos de lo mas variopinto. Lo realmente valioso se quedo atras en la mayor parte de los casos; albumes de fotos y otras cosas por el estilo quedaron olvidados en las viviendas arrasadas, para salvar la nueva lampara de pie o cualquier clase de objetos normales y corrientes que, naturalmente, con el tiempo perderian todo valor.

– Pero sabes quien es la Alda a la que me refiero, ?verdad? -pregunto ?ora. Le parecia curioso que Kjartan no hubiera vacilado lo mas minimo cuando menciono su nombre. A lo mejor habia oido la version de Markus sobre la cabeza y se habia acordado entonces de quien era aquella chica. Si era aquel el motivo, seria una pena, porque significaria que Markus era mas indiscreto de lo conveniente.

– Solo habia una Alda en la isla por entonces. Tenia la misma edad que Markus y su padre formaba parte de mi grupo de amigos. Se llamaba ?orgeir y fallecio recientemente. Ademas, era uno de los que se quedaron para participar en el salvamento, junto conmigo y con Magnus, el padre de Markus.

– ?Sabias que Alda ha muerto esta misma semana? -pregunto ?ora.

– Si, me he enterado -respondio Kjartan-. Su madre y su hermana viven todavia en la isla y las conozco. Es un suceso realmente triste, por decirlo en pocas palabras, y no consigo entender lo que lleva a la gente a tomar semejantes decisiones irreversibles. La madre de Alda esta totalmente destrozada, como se puede comprender - Kjartan echo un rapido vistazo al puerto antes de continuar. Todo indicaba que preferiria cambiar de tema, que le resultaba dificil hablar de cuestiones tan delicadas, como les sucedia a tantos hombres de su generacion-. Pero no recuerdo a Alda ni a Markus esa noche. Intenta imaginarte a cinco mil personas ahi fuera. Era un caos absoluto y no habia tiempo para charlar con adolescentes en estado de shock.

– Markus dice que le llevaron a tierra en el mismo barco que a Alda, y que estuvieron hablando a bordo -dijo ?ora-. ?Es posible confirmarlo? En otras palabras, ?existen registros que digan quien fue esa noche en cada barco hasta tierra firme?

Kjartan se encogio de hombros.

– A decir verdad, no lo se. La Cruz Roja apunto los nombres de los que llegaban a tierra y se encargaron de enviar a la gente a Reikiavik o a ?orlakshofn. Creo que tambien hicieron un registro de los que iban a vivir a casas de parientes. Pero no se si esos registros indican que barco transporto a quien, y mucho menos si se han conservado.

– Probablemente estaran en el Archivo Nacional -surgio inesperadamente de la boca de Bella. Se ruborizo un poco cuando ?ora y Kjartan la miraron extranados. Ambos se habian olvidado de ella-. Por lo menos, ahi es donde guardaria yo esas cosas -anadio, para callarse inmediatamente.

– Tambien hay un archivo aqui, en la ciudad -dijo Kjartan-. En el piso de encima de la biblioteca. A lo mejor tienen esos papeles alli.

– Si no estan alli, entonces estaran en el Archivo Nacional como senalaste, Bella -dijo ?ora, encantada de la atencion que estaba poniendo la secretaria a su conversacion. Aquella era una posible tarea para la muchacha mientras estuvieran alli, penso. Bella podia buscar los registros en el archivo municipal y repasarlos a fondo hasta encontrar los nombres de Markus y Alda. Si no aparecian, Bella podria continuar mas adelante en Reikiavik. Habia alguna probabilidad (aunque esos papeles por si solos no pudieran librar a Markus de ninguna sospecha) de que al menos pudieran prestar cierto apoyo a su historia. En el barco le habia dicho a Alda que la caja se habia quedado en el sotano y, aunque Alda ya no pudiera confirmarlo, habia que echar mano de todo lo que, por insignificante que fuera, pudiera apoyar la version de Markus.

?ora se volvio hacia Kjartan.

– Los hombres que se quedaron para las actividades de salvamento -dijo-, ?podian viajar por la isla sin restricciones o habia algo establecido al respecto?

Kjartan sonrio.

– Los dos o tres primeros dias no se puede hablar de organizacion de ninguna clase. Los hombres se limitaban a apanarselas como Dios les daba a entender para salvar sus propias pertenencias. Luego cambiaron las cosas y empezo a formarse un equipo adecuado. Aunque se habia intentado organizar a los hombres, en realidad era la naturaleza, con sus caprichos, la unica que mandaba. Luego llegaron otros hombres de tierra firme para colaborar en el salvamento, pero por desgracia no dispongo de cifras exactas sobre su numero ni sobre como se organizaron los grupos. Pero si que recuerdo que en los momentos decisivos hubo aqui trescientos o cuatrocientos hombres trabajando en el salvamento -Kjartan miro a ?ora a los ojos-. Si me estas preguntando si alguno de ellos puede haber entrado en la casa a dejar alli los cadaveres o a matar alli a aquella gente, la respuesta, sin duda alguna, es que si. Mas aun, se puede decir que no existia la mas minima dificultad. Esas casas que estan excavando ahora no desaparecieron enseguida bajo las cenizas. Pasaron por lo menos dos semanas desde el principio de la erupcion hasta que las cubrio la ceniza. En realidad, dudo que yo mismo me hubiera atrevido a entrar alli en aquellos momentos, por la proximidad del crater, pero es posible que alguien fuera lo suficientemente insensato como para hacer algo asi. Quedaron enterradas bajo lava en torno a las cuatrocientas casas, y en esas, naturalmente, no hubo posibilidad de salvar nada. Pero esa fila de casas quedo cubierta de ceniza, que no acarrea la misma destruccion que una lengua de lava ardiendo. Si yo hubiera tenido que deshacerme de unos cadaveres habria elegido una casa que fuera a quedar cubierta por la lava, aunque para ello habria hecho falta una buena dosis de coraje. La lava no se desplaza muy deprisa, pero pocas cosas hay mas terrorificas que observar esa masa burbujeante que no se detiene ante nada. Y no era solo la lava ardiendo lo que habria echado atras a cualquiera, sino tambien los vapores toxicos que salian de ella.

– ?Tienes alguna idea de quienes podian ser los que aparecieron en el sotano? -pregunto ?ora-. ?Sabes de alguien que se le hubiera echado en falta? Alguien del equipo de salvamento, por ejemplo.

– No que yo sepa -respondio Kjartan-. Que yo sepa, al final todos volvieron a sus casas. Durante la erupcion no murio nadie.

– Aparte, naturalmente, del que murio en el sotano de la farmacia -dijo ?ora.

– Ese no murio directamente en la erupcion -respondio Kjartan-. Era un alcoholico.

?ora se quedo estupefacta. De modo que asi estaban las cosas en las Islas Vestmann: los alcoholicos no contaban. Decidio no permitir que aquel asunto la apartara de sus intenciones.

– Pero habras pensado en quienes pudieron ser, ?no? -dijo entonces-. Esta poblacion no es una gran ciudad, ni mucho menos, y naturalmente lo mas probable es que estos hombres tuvieran alguna relacion con ella.

– Ni idea -dijo Kjartan, apretando los labios-. Si he leido bien las noticias, nadie sabe quienes eran ni como acabaron en el sotano.

– Exactamente -dijo ?ora con paciencia-. Pero eso no es obstaculo para que tu puedas haber pensado en ello. A mi se me ocurrio que podia haber alguna relacion con la guerra del bacalao, que fueran marineros que murieran en alguna colision en el mar, o en alguna otra clase de enfrentamiento entre islandeses e ingleses. Algo me dice que deben de ser ingleses.

– No lo creo muy probable -respondio Kjartan-. En esa epoca sucedieron muchas cosas, pero nunca se estuvo cerca de nada como lo que estas imaginando. Ademas, de suceder algo asi, no se habria podido mantener en secreto. Nunca habriamos podido matar a cuatro ingleses sin que se hubiera convertido en una noticia de primera plana. Yo no tengo ni idea de quienes eran, lo siento.

?ora decidio dejar las cosas en ese punto, aunque estaba extranada de que ese hombre no recordara ni siquiera haber pensado por un momento que los muertos hubieran llegado de costas extranjeras. Resultaba totalmente evidente: cuatro islandeses no podian desaparecer sin dejar huellas y sin que nadie les echara en falta.

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