Por su tono de voz no parecia sentirse muy afectado por la muerte de Alda, aunque hubiera trabajado con ellos durante anos.
Dis se quito las manos de la cara y se incorporo.
– ?Como puedes ser asi? -exclamo casi en un chillido-. Una enfermera que ha estado trabajando a nuestro lado pierde la vida y tu piensas solucionarlo con una corona… o algo asi. Eso es carecer totalmente de sentimientos.
Miro un instante a su alrededor preguntandose a si misma que se habia esperado en realidad. Agust era en cierto modo igual que su despacho, frio y sin alma. Aunque el despacho de Dis no fuera nada especialmente personal, el de Agust estaba desprovisto de cualquier objeto innecesario y de todo adorno, de tal modo que en caso de necesidad se podria practicar una operacion encima de la mesa. Alli no habia nada que careciera de utilidad inmediata, ni un solo objeto que estuviera colocado unica y exclusivamente por ser bonito o divertido. Mas aun, las fotos enmarcadas que habia en las paredes, que mostraban ejemplos de cirugia cosmetica, no colgaban alli sin motivo. Cuando las puso, Agust le explico a Dis que tenian la funcion de espantar a los pacientes que no tuvieran demasiadas ganas de pasar por la mesa de operaciones. De modo que el razonamiento era que esa clase de pacientes se vieran obligados desde el primer momento a decidir si se atrevian a pasar por el quirofano unica y exclusivamente para estar mas guapos. Hacia poco, Agust le habia dicho a Dis que desde que habia colgado aquellas fotos habia disminuido el numero de intervenciones canceladas a ultima hora.
Agust se echo hacia atras en la silla, evidentemente alarmado.
– ?Hombre! -dijo, y callo. Suspiro-. Se que suena muy brusco, pero yo no soy de los que muestran sus sentimientos en la plaza publica. -Se inclino sobre el escritorio y cogio la mano de Dis, que descansaba en el borde-. Sabes perfectamente cuanto la apreciaba. Pero es que creo que aun no he conseguido asimilarlo del todo. Lo unico que se me viene a la cabeza cuando intento comprender lo sucedido es como vamos a encontrar una sustituta para las operaciones que tenemos planificadas -miro a Dis y sonrio debilmente-. Es mas facil enfrentarse a ese tipo de cosas.
Dis respondio con otra debil sonrisa.
– Lo se -dijo-. No es que yo no haya estado pensando tambien en como encontrar una sustituta -saco su mano de debajo de la de el y se la puso en el regazo. Le desagradaba tocar la piel de Agust, lo que era extrano teniendo en cuenta que cuando las manos de ambos, cubiertas con guantes de latex, se tocaban durante las operaciones no sentia el mismo desagrado-. Esto se ira aliviando -dijo, y se dispuso a ponerse en pie-. Las cosas tienen esa tendencia -se levanto de la silla-. Pienso que me sentiria mejor si no hubiera sido yo quien la encontro.
– Sin duda -respondio Agust-. Intenta dejar de pensar en eso. Piensa en Alda cuando estaba viva. Se merece que la recuerdes asi.
Dis asintio.
– ?Crees que pueden haberla asesinado? -pregunto entonces.
– ?Asesinarla? -pregunto Agust, desconcertado-. ?Quien iba a tener un motivo para ello?
– Ya, no lo se -dijo Dis, pensativa-. ?Algun violador que pretendiera vengarse? -aventuro.
– No, que va -dijo Agust carraspeando-. Tiene que haber alguna otra razon que no sea la atencion a violadas.
Dis sonrio.
– Se llama Seguimiento del servicio de urgencias, no «atencion a violadas», y no estoy nada segura de que alli lo tengan todo en orden. Por lo menos, Alda ya estaba harta cuando dejo de trabajar en urgencias.
La decision de Alda de abandonar su trabajo a tiempo parcial, hacia unos meses, habia llegado como un trueno en un cielo raso. Trabajaba alli desinteresadamente varias noches por semana y los fines de semana, y entre otras cosas se dedicaba al seguimiento y apoyo de victimas de violacion. Alda parecia estar muy satisfecha de su trabajo, y quiza fuera precisamente esa decision de dejarlo el aviso que Dis intentaba recordar sin exito alguno. Quien sabe si el sufrimiento del que tantas veces era Alda testigo en su trabajo habia acabado con ella.
– Quiza fuera alguna otra persona -anadio con cautela.
– ?Como quien? -dijo Agust, molesto-. ?Fulano, Mengano o Zutano?
– No. Tu, por ejemplo -dijo Dis con tranquilidad, mientras buscaba un sobrecito en el bolsillo de su bata blanca.
Agust se puso en pie. No parecia enfadado, solamente extranado:
– ?Yo?
Dis se acerco y puso la bolsa sobre la mesa, delante de el.
– Cogi esto de la mesilla de noche de Alda. A juzgar por el aspecto del cuerpo, la muerte no fue indolora. Nada parecido a lo que se podria esperar si hubiera decidido poner fin a su vida con pastillas para dormir.
Agust miro rigido a Dis a los ojos.
– ?Y tu crees que la he matado yo?
– Mira lo que hay en la bolsa -dijo Dis en voz baja-. Aun no estoy loca del todo.
Agust aparto los ojos de ella y los dirigio hacia el sobrecito oscuro. Alargo una mano y miro lo que contenia. Luego miro a Dis.
– Ni se te ocurra tocarlo -dijo ella con calma-. Quien sabe si esto acabara en manos de la policia -vio que el gesto de Agust se endurecia y se apresuro a anadir con toda sinceridad-: Si tu has tenido algo que ver, esto se queda asi; si no, no tendre mas remedio que entregarselo a la policia. Lo cogi de la mesilla de noche de Alda - senalo la bolsita-. Pero el problema llegara en su momento. Primero pongamos las cosas en claro -le miro-. No me mires asi hasta que hayas visto bien lo que es. Miralo.
Agust aparto cuidadosamente el plastico con el dedo indice. No necesito sacar la bolsa del todo, pues en cuanto aparecio, reconocio su contenido.
– Por mil demonios -dijo en voz baja; parecia abatido-. ?Y que hacemos ahora?
– Lo unico que se es que nadie se opuso a la excavacion, excepto Markus -dijo Hjortur dirigiendose a un estante que parecia a punto de venirse abajo por el peso de las carpetas y las montanas de papeles. El arqueologo puso en lo mas alto del monton las hojas que tenia en la mano, y luego se volvio hacia ?ora y Bella-. Ni sus padres ni sus hermanos o hermanas. Y esta completamente claro que esa tal Alda que mencionaste nunca se puso en contacto conmigo. Naturalmente, es posible que hablara con alguna otra persona del equipo, pero nadie ha hecho mencion de ello.
?ora asintio, decepcionada.
– ?Intentaras comprobarlo? Si lo hizo, tendria gran importancia para el caso.
Hjortur la miro con un gesto que era mezcla de compasion y frustracion.
– Lo hare, aunque me parece bastante improbable.
?ora percibio que habia de ser prudente en su trato con el arqueologo, para que no se le cerrara en banda. No tenia obligacion ninguna de contestar a sus preguntas ni de ayudarla de ninguna otra forma.
– Te lo agradezco muchisimo -dijo ?ora, sumisa-. Se que la aparicion de esos cadaveres os ha interrumpido los trabajos, y me doy cuenta de que estaras tan deseoso como yo misma de que se solucione el caso. Por eso puede decirse que tenemos intereses coincidentes.
Hjortur no parecia muy dispuesto a tragarse aquello sin mas.
– Ciertamente, espero que la policia termine lo antes posible, pero a mi no me importa tanto como a ti. Lo que me esta esperando a mi lleva ahi treinta y cinco anos. Unos dias o unas semanas mas no cambiaran demasiado el contexto general. De manera que no somos companeros de armas en este asunto -cruzo los brazos-. Si no hay nada mas que pueda hacer por vosotras, me gustaria seguir trabajando. Estoy utilizando este tiempo muerto para redactar unos informes que tengo pendientes. No nos podemos quedar rascandonos la barriga hasta que vuelvan a abrir el escenario, cuando llegue el momento.
Bella dejo escapar un bufido y ?ora se apresuro a volver a hablar antes de que la secretaria dijese cualquier barbaridad.
– Queria hacerte unas preguntas, y prometo ser breve -dijo ?ora-. Te veras libre de nosotras antes de que te des cuenta.
Sonrio esperanzada, pero Bella no apartaba los ojos del arqueologo. ?ora no sabia muy bien si fue la mirada de su secretaria o su propia sonrisa lo que conmovio a Hjortur, pero este se manifesto conforme con dedicarles al
