– ?No deberiamos irnos yendo? -se contento con decir-. Tengo que acostarme temprano para ponernos a trabajar manana temprano.

Bella miro su reloj y luego a ?ora, extranada.

– ?Estas bromeando? Yo no me he ido a la cama tan temprano desde que tenia tres anos.

Las mejillas de ?ora se ruborizaron.

– No estoy hablando de dormir. Tengo que telefonear a mis hijos antes de que se haga mas tarde.

Bella se encogio de hombros.

– Pues hazlo -volvio a mirar alrededor como buscando algo-. Yo voy a dar una vuelta por ahi a ver si encuentro algun bar, o mejor, varios.

?ora penso que era una idea absurda, pero sabia bien que carecia de toda autoridad sobre el tiempo libre de sus empleados.

– No hagas ninguna tonteria -le dijo con alegria artificial en la voz-. Creo que ire a ver a los arqueologos encargados de la excavacion, y luego tenemos que ir al archivo. Y nunca se puede saber con que nos podemos encontrar. Eso nos tendra bastante ocupadas.

– No te preocupes por mi -dijo Bella, y se marcho en direccion contraria del hotel-. Seguramente no sere yo quien se levante tarde.

?ora procuro que el comentario de Bella no la afectase. De la secretaria podian decirse muchas cosas, pero solia aparecer a trabajar a su hora. En cambio, ?ora se retrasaba con frecuencia porque era dificil salir de casa, y sacar a sus hijos de la cama, una manana si y otra tambien. Aunque la situacion no era especialmente buena cuando solo tenia en casa a sus propios hijos, era mucho peor aun cuando se anadian la nuera y el nieto.

– Cuando estes por ahi de copas, no olvides que eso no entra en las dietas -le grito ?ora a la secretaria-. El contable se negara a aceptar los recibos -no habia hecho mas que pronunciar esas palabras cuando las lamento. ?Habria podido escoger una replica mas ridicula?

Bella no se volvio, sino que siguio caminando, levanto una mano y le envio a ?ora una buena higa.

Capitulo 10

Lunes, 16 de julio de 2007

?ora se cabreo al comprobar que Bella, efectivamente, habia llegado antes que ella a desayunar. La secretaria acababa de instalarse junto a una ventana, y la mesa que tenia delante estaba rebosante de platos de todo lo que dicen que se come en los banquetes. Tenia tal cara de satisfaccion que por un momento ?ora penso sentarse en otro sitio. Al final se trago el orgullo, fue a la mesa y se sento delante de Bella.

– Bueno -dijo, cogiendo la jarra del cafe-, ?te lo pasaste bien anoche?

Ella habia subido directamente a su habitacion y habia llamado a su casa, pues sus padres se habian ido a casa de ?ora para ocuparse de los ninos durante su ausencia. Eso representaba para sus padres un trastorno menor que llevarse toda la tropa a su casa, porque ademas esos dias estaban tambien Orri y su madre. El padre de ?ora estaba en su elemento, se dedico a hacer habitable el garaje, una idea que llevaba arrastrando mucho tiempo; pero su madre no estaba igual de feliz. Segun ella, ?ora lo tenia todo patas arriba, el filtro de la lavadora estaba a punto de atascarse, en los armarios reinaba tal desorden que se le venia encima un autentico tsunami cada vez que los abria para buscar alguna prenda para Soley, y en el fondo del frigorifico aparecio un frasco de mermelada que habia caducado el siglo pasado. Asi que ?ora tuvo que escuchar media hora de explicaciones sobre lo pesima ama de casa que era, cosa que ya sabia ella perfectamente sin necesidad de que se lo confirmara su madre. Al final habia podido hablar con Soley, que le dijo tan contenta que llevaba puestos unos calcetines enormes de Gylfi porque la abuela no habia podido encontrar los suyos. Luego se puso Gylfi, que le dijo en voz baja que tenia que volver a casa: la abuela le estaba volviendo loco y deprimiendo a Sigga. ?ora le pidio que pensara solo en las cosas buenas y luego le dijo que tambien ella estaba empezando a contagiarse de la tristeza de su nuera. Despues de la conversacion encendio la television y estuvo zapeando por los canales sin encontrar nada que le apeteciera, como de costumbre. Termino mirando a unos hombres con gafas de sol jugando al poquer, y se durmio sin llegar a entender del todo en que consistia el juego.

– De miedo -dijo Bella cogiendo una gran rebanada de pan con mermelada. Naturalmente, habia tal cantidad de mermelada que parecia mas bien mermelada con pan, de modo que una esquina del pan se doblo por el peso y un pegote de mermelada de color violeta oscuro aterrizo en su mejilla. No por eso se corto lo mas minimo, se lo quito con el dedo indice y se lo chupo-. Conoci a un monton de gente estupenda.

– Que bien -dijo ?ora echandose leche en el cafe-. ?Era gente de tu edad?

– No les pedi el carnet de identidad -respondio Bella dispuesta a tomar un sorbo de cafe. Miro a ?ora desde su taza de cafe y fruncio el ceno-. Me acoste con un hombre.

?ora se atraganto con el cafe.

– ?Como dices? -dijo entre toses.

– Ya sabes a lo que me refiero -dijo Bella triunfante-. Fue estupendo. Es obvio que los marineros son especiales.

– ?Los marineros? -dijo ?ora, aun aturdida-. ?Eran mas de uno?

?Como podia esa chica ser capaz de encontrar un companero de cama, o varios, como si tal cosa, mientras que ?ora lo tendria dificil para encontrar un hombre interesado en una prision masculina? En realidad no era realmente asi, lo mas habitual era que le faltara interes a ella mas que a los hombres que conocia. De todos modos, aquello la puso de los nervios.

– No, fue uno solo -dijo Bella-. Pero si es por eso…, podria haberme llevado a dos perfectamente.

?ora se quedo sin nada que decir y estuvo en silencio el resto del desayuno. En realidad no importo en absoluto, porque Bella no dejo la lengua quieta explicando todo lo sucedido esa noche, de modo que ?ora no habria podido meter baza aunque hubiera querido.

Dis escondio la cabeza en las manos.

– ?Que vamos a hacer ahora?

Aun no se habia recuperado de haberse encontrado a Alda muerta. La primera noche, nada mas encontrar el cuerpo, se habia metido en la cama, exhausta de cansancio e incapaz de conciliar el sueno. No hacia mas que darle vueltas a como era posible que ni ella ni su socio Agust se hubieran dado la mas minima cuenta de que su enfermera se encontraba mal. Toda la relacion entre ellos, por lo que podia recordar, giraba en torno al trabajo, las proximas intervenciones o el estado de su pequeno almacen. Asi que Dis no podia encontrar nada que anunciara algo como lo sucedido; en todo caso, no eran indicios significativos. Justo antes de que el sueno se apiadara de ella en las primeras horas de la madrugada, se habia dicho que el tiempo curaba todas las heridas. Pero se tardaba mas en recuperarse de una herida psicologica que de una enfermedad fisica. Por lo menos, no seria demasiado facil acostumbrarse a la desaparicion de Alda con el paso del tiempo. Si acaso, Dis se sentia peor que el dia en que encontro a la enfermera. No se le iba de la memoria lo sucedido; tras informar de la defuncion, se quedo en el dormitorio a esperar. Estuvo pensando si no seria mas prudente esperar abajo, en el salon, o en la cocina, o incluso fuera, en el coche, pero en aquellos instantes le parecio un desprecio a la difunta, de modo que se sento junto al pequeno tocador que habia enfrente de la cama. Transcurrieron apenas diez minutos desde que llamo al telefono de emergencias hasta que aparecio la ambulancia, pero aquellos diez minutos fueron los mas largos de su vida. Casi todo el tiempo estuvo rigida en la silla mirando el cuerpo de Alda, que tenia los ojos fijos clavados en el quicio de la puerta, como si alli pudiera encontrarse la gran verdad, y la boca exageradamente abierta, que parecia agarrotada en su agonia. A juzgar por los objetos que habia en la mesilla de noche, se trataba de un suicidio; pero el cadaver indicaba otra cosa. Dis no tenia conocimientos suficientes de patologia o medicina legal para saber el aspecto que tenian las personas fallecidas como resultado de una sobredosis de los medicamentos que habia al lado de la cama, pero si esas pastillas habian sido la causa del obito de Alda, estaba claro que no habia preparado la combinacion lo suficientemente bien. Tenia las manos crispadas y Dis se dio cuenta de que sus mejillas, siempre perfectamente tersas, estaban aranadas hasta sangrar, tan profundamente que la sangre habia llegado a formar un charquito oscuro sobre el que reposaba su rostro.

– ?Que quieres decir? Nosotros no podemos hacer nada. Ella se quito la vida -respondio Agust con frialdad-. Asistiremos al entierro y llevaremos flores. Una corona o algo asi.

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