– No, el ha seguido su propio camino -respondio Leifur-. Mejor asi, quiza -anadio-. Nunca se puede llevar bien una empresa con dos directores. Una vez que mi padre se retiro, yo he sido el unico al cargo, y la conozco bastante bien. Markus no se queja, porque no hay motivo alguno para ello. Esta encantado con su parte de los beneficios.

Maria resoplo.

– Os iria aun mejor si la vendierais. Tu eres el unico experto en direccion de empresas de toda la familia, y se perfectamente cuanto se gana con las cuotas y los barcos. Magnus dice que podriamos vivir tan ricamente solo con los dividendos. Markus incluido -tomo un trago-. Pero que Dios nos asista si nos quedamos sin cuota y sin pesqueria.

?ora no sabia a que Magnus se referia, aunque estaba bastante segura de que no seria el padre de Leifur y Markus. Independientemente de quien fuera, ?ora creyo saber donde radicaba el desacuerdo entre marido y mujer. Maria queria vender y marcharse a la capital. Alli habia grandes almacenes y todas esas tiendas en las que gastar el dinero. Se instalaria en un carisimo atico en pleno centro de Reikiavik, donde podria contemplar sus lirios puestos en un jarron y el mar azul mientras bebia un cafe au lait. En cambio Leifur disfrutaria mucho mas viviendo en una mansion minimalista y con fundas de cojines de punto de cruz. Evidentemente, el queria conservar la empresa y vivir en Heimaey, para seguir dirigiendo la pesqueria. Tal vez una obligacion moral tenia tambien algo que ver en su deseo. Si se vendian la cuota y la pesqueria, no estaba nada claro que pudiera seguir en las Vestmann. No tenia que ser una idea nada agradable la de ser responsable del trabajo de una gran cantidad de personas en una comunidad tan pequena. Aunque ?ora no fuera especialista en la sociedad de las Vestmann, tras dos breves visitas tenia la sensacion de que era semejante a la que caracterizaba a Islandia entera hasta hace no demasiado tiempo. La de la Islandia anterior a la epoca de los ricos, la Islandia en la que casi todo el mundo tenia una misma condicion social y las personas mas ricas eran los farmaceuticos. La casa de Leifur y Maria no era muy distinta a las demas casas del vecindario: grande y razonablemente elegante, pero nada lujosa. Era un tanto peculiar que contaran con un montonazo de dinero y no lo usaran, sobre todo en el caso de Maria, que tenia toda la pinta de saber hacerlo a la perfeccion. ?ora se dio cuenta de que era mejor cambiar de tema de conversacion.

– ?Viven aun tus padres? -pregunto a Leifur, tomando otro bocado de huevo. Parecia no acabarse nunca y no podia ni imaginarse que hubiera ninguna ave capaz de poner unos huevos tan grandes, aparte de las avestruces.

– Si -respondio Leifur-. Viven aqui mismo, a unas pocas casas de distancia, pero no esta nada claro por cuanto tiempo mas podra seguir siendo asi. Mi padre esta ya de lo mas dificil y mi madre es tan mayor que no podra seguir encargandose de el por mucho tiempo. Maria la ayuda mucho, pero va a hacer falta una asistencia mas especializada, que es dificil de encontrar por aqui.

Aquello era algo que ?ora nunca hubiera esperado. Miro a la mujer y vio que, a pesar de su apariencia fria, debia de ser una mujer carinosa. No era dificil ponerse en su lugar, con los ninos ya fuera de casa y poco que hacer, mientras su marido no paraba de trabajar. El que la mujer fuese de Reikiavik hacia que su mundo estuviera realmente alli; en Heimaey no tendria muchas oportunidades para invitar a sus viejas amigas a tomar cafe.

– Teneis hijos, ?verdad? -pregunto dirigiendose a Maria-. ?Viven aqui?

– No -respondio Maria, bastante triste. Al instante anadio-: Quiero decir que no, que no viven aqui, pero si tenemos hijos. Dos, exactamente. Magnus y Margret -estiro la espalda-. Margret esta en el extranjero, haciendo un posgrado en medicina, y Magnus estudio direccion de empresas como su padre. Trabaja en uno de los grandes bancos y desde hace poco es director del departamento de gestion de activos -miro a su esposo-. No tiene sentido pensar que ninguno de los dos se vaya a hacer cargo de la empresa familiar. Magnus ya gana un sueldo que es el doble del de su padre.

– No es tan sencillo -respondio Leifur a su mujer-. Lo sabes perfectamente -se volvio hacia ?ora-. Aunque nuestros hijos hayan seguido otros derroteros en su vida, nunca se puede saber si las cosas no van a cambiar algun dia. Por ejemplo, Hjalti, el hijo de Markus, esta muy interesado por el mar y la empresa. Pasa con nosotros mas o menos todo el verano y muchos fines de semana del invierno. No le gustaria nada que la empresa cambiara de manos.

La conversacion parecia retomar el rumbo de los conflictos de la pareja que aun no se habian podido solucionar. ?ora oyo a Bella suspirar en voz baja y penso que debia de ser por el tema de conversacion, aunque tambien podia ser por el huevo, que seguia aun a medias en el plato delante de ella.

– ?Recuerdas algo de la erupcion? -pregunto a Leifur en un intento desesperado por relajar la tension.

– Claro que si, carino -respondio Leifur apartando su plato-, es dificil olvidarla.

– ?Fuiste tu a Reikiavik en el mismo barco que Markus cuando se evacuo la isla? -pregunto entonces ?ora-. Estoy buscando a alguien que pueda testificar que Markus y Alda tuvieron una conversacion a bordo del barco.

– Yo estaba a bordo -respondio Leifur, que parecia estar haciendo memoria-. Aunque tengo que confesar que no recuerdo especialmente a Alda en el barco, lo cual no quiere decir nada especial. Alda era de la misma edad que Markus, o sea dos anos mas joven que yo. En esa epoca no haciamos mucho caso a los pequenos -bebio un sorbito de vino blanco-. Pero si que puedo garantizarte que si Alda estaba a bordo, Markus no podia andar muy lejos -dejo la copa en la mesa-. Creo que nunca ha llegado a superar del todo el enamoramiento que tenia con ella; ni siquiera en su edad adulta.

– Eso tengo entendido -dijo ?ora, intentando meter el huevo en el fondo de la cascara para que pareciese que ya se lo habia terminado. Dejo la cuchara y se seco la boca con la servilleta para completar la ficcion-. ?Hay alguna otra persona que pudiera recordar esa circunstancia? ?Quiza tu madre?

Leifur sacudio la cabeza.

– No, mi madre no. Sufrio un mareo espantoso y ya tenia suficiente consigo misma. Dudo incluso que supiera donde estaba Markus -volvio a posar su copa en la mesa-. Dejame que lo piense. A lo mejor me viene a la memoria quienes mas estaban alli. Son sobre todo los amigos de infancia de Markus los que podrian haberse dado cuenta de algo. Todo el curso se derretia por esa chica y a lo mejor queda aun algo en sus recuerdos.

?ora metio la mano en el bolso, que estaba colgado en el respaldo de la silla, y busco la fotocopia de la lista que Bella habia encontrado en el archivo.

– Tengo aqui una lista de los que fueron a tierra en ese barco. A lo mejor te suenan los nombres -paso la lista a Leifur.

Leifur repaso la lista, que estaba manuscrita y ocupaba cuatro paginas en total. De pronto se le ilumino el rostro.

– Johanna, la hermana pequena de Alda. Sigue viviendo en la isla y trabaja en el banco que lleva mis asuntos. A lo mejor ella puede ayudar, aunque tal vez no recuerde el traslado. Hablare manana con ella, si te parece bien.

?ora dijo que si. Vio que Bella se rendia ante el huevo y dejaba la servilleta encima de el, con un gesto inusualmente remilgado.

– Yo ya no puedo mas, muchas gracias -dijo en voz baja apartando el plato-. Un sabor muy especial -anadio sin levantar la mirada. Se quedo mirando el mantel.

Maria les sonrio, aunque con una sonrisa no muy sincera. Se levanto y empezo a recoger la mesa. Luego desaparecio, con un monton de cosas en las manos, por la puerta de la cocina, y la oyeron preparar el plato principal. ?ora cruzo los dedos esperando que no hubiera mas aperitivos especiales, pero no consiguio evitar la horrible fantasia de que apareceria con una bandeja llena de estrellas de mar asadas.

– ?La policia no os ha pedido que vayais a declarar? -pregunto ?ora dirigiendose a Leifur mientras apartaba de su mente la idea de nuevas exquisiteces-. ?Ni a tus padres?

– Me llamaron el otro dia desde Reikiavik y les dije por telefono que no sabia nada de ese asunto, lo que es totalmente cierto -respondio Leifur-. Dudo que se quede en eso, porque la persona con quien hable me pregunto mucho sobre mis futuros viajes y tambien sobre mis padres. Me anuncio que volverian a contactar conmigo para una declaracion formal. Le indique que no seria posible interrogar a mi padre, le hable de su enfermedad. Eso fue el viernes, pero desde entonces no he vuelto a tener noticias suyas -Leifur se encogio de hombros para poner de relieve una despreocupacion que ?ora fue incapaz de adivinar si era real o fingida-. Que vengan sin quieren. No tenemos nada que ocultar.

– Entonces no tienes de que preocuparte -dijo ?ora con una sonrisa cortes-. Pero, en todo caso, ?cual crees que pueda ser la explicacion de esos cadaveres en el sotano? -pregunto-. Debes de haber pensado en ello -

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