anadio.
Leifur se encogio de hombros.
– Claro que lo he pensado -respondio-. Aunque, a decir verdad, no he conseguido llegar a ninguna explicacion. Ni sobre quienes podian ser ni por que acabaron precisamente alli. Pero lo que me parece obvio es que tienen que ser extranjeros. Cuatro islandeses nunca habrian podido desaparecer en la erupcion sin que se supiera.
– ?Habia extranjeros por aqui en esa epoca? -pregunto ?ora-. Me refiero al momento de la erupcion, pero tambien a un poco antes de su comienzo.
– Bueno -dijo Leifur, pensativo-. Antes de la erupcion siempre habia extranjeros, aunque no tantos como ahora. Eran marinos y gente de las pesquerias, no turistas como es ahora lo mas frecuente -sonrio a ?ora como disculpandose-. Tengo que confesar que no se si habia extranjeros aqui durante la erupcion propiamente dicha. Tengo una vaga nocion de que algunos echaron una mano en las labores de salvamento. Soldados de la base americana, tal vez.
?ora no habia pensado en esa posibilidad, y anoto en su memoria que tenia que informarse sobre la desaparicion de militares de la base aerea de Keflavik en esa epoca. Esperaba que con la repatriacion de las fuerzas americanas de defensa no hubieran desaparecido tambien los informes.
– ?Hay alguna forma de tener una charla con tu padre? -pregunto con cautela-. A lo mejor recuerda aun aquello, aunque el momento actual este ya fuera de su alcance.
Leifur sonrio con tristeza.
– Desgraciadamente no me parece muy probable. Aunque mi padre tiene sus altibajos, ya ha pasado la epoca en que se pueda tener con el una conversacion con sentido. Habla, pero las palabras que pronuncia suelen carecer de cualquier contenido, y no tienen nada que ver con el tema de la conversacion. En cambio, mi madre tiene la cabeza perfectamente -miro a ?ora a los ojos-. ?Vas detras de algo en concreto? ?Crees que mi padre puede haber tenido alguna clase de relacion con eso?
?ora se dio por satisfecha con que Leifur no pareciese enfadado, sino simplemente lleno de curiosidad.
– No, en absoluto. Confiaba en que el pudiera explicarme algo sobre la gente que entraba en vuestra casa, o en que tuviera alguna conjetura sobre quienes son esos hombres -respondio-. Es bastante probable que controlara lo que pasaba en su propia casa. Sin duda, otros miembros del equipo de salvamento estaban menos interesados en ella.
– Eso es cierto, sin duda -dijo Leifur-. Pero me temo que no podra ayudarte. Por desgracia. Y con mi madre tampoco se puede contar, porque no estuvo aqui durante los trabajos de salvamento. Aunque quiza si que podria recordar las idas y venidas de extranjeros los dias anteriores a la erupcion -sacudio la cabeza-. Aunque, a decir verdad, no se que pensar. Tal vez no recuerde absolutamente nada de aquello. Han pasado mas de treinta anos. Yo solo recuerdo retazos.
Un debil olor a humo les llego a la nariz, y Bella se revolvio en su silla.
– ?Se puede fumar aqui? -pregunto mirando a Leifur con ojos esperanzados.
– Maria se va a fumar a la cocina -respondio indicandole la puerta con una mano-. Si quieres, puedes fumar tu tambien. Estara encantada de tener compania.
Bella no se lo hizo repetir dos veces.
– ?Tu conocias mucho a Alda? -pregunto ?ora a Leifur cuando se quedaron solos-. Ella parece ser el personaje clave de todo esto, si es verdad la historia de tu hermano sobre el origen de la caja con la cabeza. Algo me dice que los cadaveres y la cabeza son dos ramas de la misma historia. Cualquier otra explicacion seria un tanto rebuscada.
– Estoy de acuerdo con eso -respondio Leifur-. Pero por desgracia he de reconocer que en realidad no conocia a Alda. Naturalmente, sabia quien era y que habia bastante relacion entre sus padres y los nuestros en esa epoca pero, como ya te he dicho, ella era mas joven que yo y por eso no le preste nunca demasiada atencion. Despues de que llegaramos a tierra firme, la relacion entre nuestros respectivos padres se corto casi por completo. Ella se fue con su familia al noroeste del pais, a Vestfir?ir, si no recuerdo mal, mientras que mi padre siguio trabajando en la pesca, en el sur.
– Pero su madre vive aqui en Heimaey, ?no? -pregunto ?ora-. Me entere por Kjartan, el de la administracion del puerto, y tambien de que el padre murio hace poco -y anadio como explicacion-: Fui a verle por recomendacion de Markus.
Leifur asintio.
– Como ya te dije antes, Johanna, la hermana de Alda, sigue viviendo en la isla, pero no se exactamente si la madre tambien vive aqui-dijo entonces-. Si tengo que ser sincero, nunca tuve excesivo aprecio por ese viejo amigo de mi padre. Sobre todo desde que yo me hice cargo de la empresa.
– ?Y eso? -pregunto ?ora con extraneza-. ?Que sucedio?
Leifur se encogio de hombros con indiferencia.
– Mi padre era demasiado sentimental, en mi opinion, en su relacion con ellos. No quiero dar a entender que no fueran buena gente, sobre todo Geiri, el padre de Alda, aunque no todas sus relaciones fueran del todo como deberian.
– Ahora si que no entiendo -dijo ?ora-. ?De que relaciones me estas hablando?
– La compra del primer barco -respondio Leifur-. Formaron una sociedad para comprarlo mi padre y Geiri, el padre de Alda. De modo que al principio la empresa era propiedad de los dos -senalo el oleo de un barco que estaba colgado en la pared detras de ?ora-. Ese es el barco, Strokkur VE, un buque de motor de cien toneladas. Ese cuadro estaba en la oficina de mi padre. Lo quite de alli cuando tome la direccion, porque recordaba demasiado a mi padre y queria que estuviese perfectamente claro que era una persona nueva la que estaba ahora al mando. Pero queria seguir teniendolo a la vista. No solo en el trabajo -Leifur sonrio para si-. Hoy dia no se consideraria un barco del otro mundo, pero en su tiempo no estaba nada mal -el gesto de Leifur dejaba ver que aun se sentia unido a aquel barco, aunque el cuadro en si no pudiera contarse entre las obras de arte maestras-. Llevaban solo un par de anos con el barco cuando se produjo la erupcion, y mi padre tuvo un enfrentamiento con Geiri sobre la continuidad de la empresa. Mi padre queria seguir con ella despues de la erupcion, pero Geiri simplemente renuncio y le vendio su parte.
– Vi una noticia de esa epoca que trataba de un arrastrero que hundieron para cobrar el seguro -dijo ?ora-. Eso parece indicar que la pesca no enriquecia a la gente.
– Exactamente -dijo Leifur-. En esa epoca hubo problemas tremendos, aunque afortunadamente nunca se llego a medidas tan desesperadas como la que acabas de decirme; pero en los peores momentos se estuvo realmente cerca.
– ?Tu padre era rico antes de la creacion de la empresa? -pregunto ?ora apartando la vista del oleo y mirando a Leifur-. No se practicamente nada sobre barcos, pero me imagino que costaran lo suyo.
Leifur sonrio.
– No, no era rico en realidad. Invirtio todo lo que tenia para adquirir su parte, pero no alcanzaba mas que para una participacion no demasiado grande del valor total del barco. El y Geiri pidieron un credito bastante elevado a fin de comprar el barco, hipotecando todas sus propiedades. El barco, naturalmente, tambien estaba completamente hipotecado. En consecuencia, mi padre solo tuvo que pagarle a Geiri lo que habia puesto al principio, pero no se preveia un crecimiento de la empresa en esos primeros anos y no estaba claro si podria mantenerse despues de la erupcion. Una parte de las cosas hipotecadas desaparecio con nuestra casa, lo que complico considerablemente la situacion financiera -Leifur bebio un sorbo de vino-. Pero mi padre no se rindio pese al viento en contra, y lo cierto es que le echo aun mas coraje al asunto. Logro conservar el barco y mejoro aun mas la situacion cuando compro, a precio de saldo, la unica planta de procesamiento de pescado que habia en el puerto; lo hizo antes de que terminara la erupcion. El anterior propietario se habia declarado en quiebra y el aprovecho la oportunidad y la puso en marcha antes incluso de que la erupcion acabara del todo. Cuando se acordo la venta, nadie creia que fuera a conseguirlo, pero es que entonces todo el mundo pensaba que cualquier propiedad que hubiera en las Islas Vestmann perderia todo su valor.
– ?Y como pudo tu padre hacer frente a los gastos? -pregunto ?ora-. ?Se podia pescar a pesar de la erupcion?
– La flota de las Vestmann consiguio un record ese invierno. Mi padre pesco mas que nunca, aunque no desembarco el pescado en Heimaey hasta que adquirio la planta. Mi padre era muy trabajador, pero tambien un hombre afortunado. Las buenas pescas y la inflacion, que fue suavizando el coste del prestamo con el paso del
