Domingo, 22 de julio de 2007
?ora se despidio y cerro el telefono.
– ?Y que? -pregunto Bella con curiosidad.
– No se si dice la verdad o si sigue ocultandome algo -dijo ?ora enfadada-. Claro que tambien es posible que este mintiendome directamente -habia conseguido hacerse con el telefono de Kjartan en la oficina del puerto y le habia llamado con la esperanza de obtener algo mas de informacion sobre el caso del contrabando de alcohol y averiguar si disponia de informacion sobre el charco de sangre-. Despues de mucho insistirle, reconocio que sospecharon de el en el caso del contrabando de alcohol, y tengo la firme impresion de que fue el quien lo conto todo, aunque eso no lo ha reconocido.
– ?Y el Da?i «Malacara» ese? -pregunto Bella-. ?Te dijo Kjartan si tambien le habian acusado a el?
– Si, y ademas todo el mundo lo sabia -dijo ?ora mirando fijamente su movil en espera de inspiracion-. Segun Kjartan, Da?i era el jefe de la banda dedicada al contrabando, que al parecer llevaba bastante tiempo actuando. Da?i estaba en contacto con marineros de un barco de carga que solia venir aqui desde el extranjero. Echaban el alcohol por la borda y lo ataban al lado del timon. Luego, Da?i iba a buscarlo en una barca. Cuando empezo la guerra del bacalao, se hizo algo mas dificil, pues habia vigilancia permanente. Por eso se descubrio, segun Kjartan. Seguramente vieron a Da?i recoger un fardo y marcharse con una carga desconocida. Parece que no pillaron a Da?i con el alcohol, aunque, de un modo u otro, a la policia de las islas le llego informacion sobre el misterioso paseo, y la investigacion de Gu?ni permitio descubrirlo todo.
– ?Que papel se supone que tuvo Kjartan en este caso? -pregunto Bella.
– Como te he dicho, nego tener la menor relacion con este asunto pero, de todos modos, me dijo que habian sospechado de el -respondio ?ora-. La policia pensaba que el llevaba a tierra firme el alcohol que no se vendia en la isla. Por entonces trabajaba en un barco de cabotaje de propiedad estatal.
– Es una forma muy logica de repartirse el trabajo -dijo Bella, moviendo la cabeza con admiracion.
?ora no se dio por enterada.
– Dijo que el caso se desinflo porque la erupcion freno la investigacion a medio camino, y porque esta tomo un rumbo muy inesperado cuando Magnus se presento en la comisaria y lo confeso todo.
– A lo mejor es que era culpable -dijo Bella-. No quiso que sus amigos inocentes pagaran el pato.
– Kjartan dijo que era totalmente imposible que Magnus hubiera tenido parte alguna en el contrabando -dijo ?ora-. Y en eso le creo, porque estoy segura de que el si estaba involucrado. Dijo que se quedo pasmado cuando empezo a circular esa version de los hechos, pero que el no habia podido hablar del asunto con Magnus ni preguntarle por que habia querido cargar con las culpas porque la erupcion empezo justo la noche siguiente. Cuando volvieron a verse en el transcurso de las labores de salvamento, poco despues, nadie queria hablar del asunto, porque todos confiaban en que se acabaria olvidando, como efectivamente sucedio.
– Pero ?no estaria Magnus realmente metido en el jaleo? -pregunto Bella estirandose-. En primer lugar, nadie hace esas cosas por sus amigos, aunque alguien diga lo contrario. Ademas, andaba rondando por el puerto con Da?i «Malacara» a media noche, lo que a lo mejor tiene que ver con el contrabando.
– Si hacemos caso a Kjartan, eso esta descartado -respondio ?ora-. Magnus andaba con muchas cosas entre manos, dedicandose a poner en marcha su empresa, y no habria tenido tiempo ni ganas de complicarse la vida de semejante forma.
– ?Y que dijo Kjartan de la sangre?
– Practicamente nada -respondio ?ora-. Afirmo haber oido la historia de los paseos de Da?i y Magnus esa noche, pero dijo que no tenia ni la menor idea de a que se debia la mancha de sangre. No veia ninguna relacion con el yate -?ora suspiro-. Tengo que sacarle algo a Magnus.
– ?Crees en serio que te dira algo?
– No lo se -respondio ?ora-, pero esta claro que el es uno de los pocos que siguen vivos y conocen lo que sucedio, aunque naturalmente es imposible saber lo que permanece aun en su memoria.
– Si yo hubiera asesinado a cuatro personas, olvidaria cualquier cosa antes que eso -dijo Bella-. Olvidaria todo lo referente al trabajo, todo lo relacionado con la oficina, pero eso no.
?ora sonrio.
– Ojala tengas razon -dijo cruzando los dedos-. Pronto lo comprobaremos.
Magnus miro fijamente con sus ojos empanados la brujula que ?ora acababa de darle. Los viejos libros estaban en un montoncito en la mesa que tenia a su lado, pero no mostro ningun interes por ellos. Las manos, de venas prominentes, reposaban sobre los brazos del sillon y los agarraban con fuerza.
– ?Por que? -pregunto de pronto. No habia apartado la vista de la brujula, de modo que no estaba claro quien debia responder la pregunta.
?ora miro de reojo a Maria, que se limito a encogerse de hombros. ?ora puso su mano sobre la grisacea mano del anciano y se sobresalto al notar lo fria y huesuda que estaba.
– ?Te alegras de recuperar tu brujula? La encontre en el sotano.
De pronto, el anciano levanto los ojos y miro a ?ora.
– ?Por que?
?ora no supo que responder.
– Creo que lamentabas haberla dejado en la casa cuando la erupcion -dijo, procurando que sus miradas no se cruzaran-. ?No te parece bien?
El anciano dirigio de nuevo los ojos a su regazo y sacudio la cabeza de una forma que daba pena ver.
– Estas vieja, Sigri?ur-dijo entonces, sacudiendo la cabeza-. No eras mas que una nina.
– ?Igual que Alda? -pregunto ?ora. Dudada que la tal Sigri?ur importase mucho, desde que Leifur le dijo que su padre la confundia a ella con su hermana.
– Pobre Alda -dijo Magnus, que volvio a sacudir la cabeza-. Horrible.
– ?Que era horrible? -pregunto ?ora-. No recuerdo lo que era -en el instante en que pronuncio la ultima palabra se dio cuenta de que habia cometido un error: el hombre la miro, entorno los ojos y parecio ensombrecerse.
Maria llego inmediatamente al rescate.
– ?Tienes frio, Maggi? -pregunto carinosa, y el anciano se relajo-. Voy a ponerte bien la manta -dijo luego, y se puso en pie para extender la manta sobre sus piernas-. Asi -dijo, dandole una palmadita en la rodilla-. Se bueno con ?ora. Esta ayudando a Markus, tu hijo.
– Markus quiere a Alda -dijo el hombre, asintiendo a la vez con la cabeza, con un gesto de alegria-. Es una buena chica -el gesto se hizo mas frio-. Que pena.
– ?Que pena? -se le escapo a ?ora. Anadio, mucho mas tranquila-: ?Que le paso? ?Se hizo dano?
– Que pena -dijo el anciano-. Un sacrificio -miro la brujula, rigido-. Horrible. Llevate eso.
?ora tuvo que reprimirse para no agarrarle por los hombros y agitarlo mientras le quitaba la brujula del regazo. Maldita sea, el sabia lo que ella necesitaba conocer. Intento recordar si se podia hipnotizar a los enfermos de Alzheimer.
– Alda esta muerta, Magnus -dijo por fin-. Para poder ayudar a Markus tengo que saber lo que le sucedio.
– Markus -dijo el anciano, mirando por la ventana-. Markus quiere a Alda -dejo caer la cabeza.
– Lo se -dijo ?ora, cogiendo el hinchado monedero que habia encontrado Bella, lleno de monedas que parecian de oro-. Mira lo que tengo -dijo, ensenandole el monedero-. El hombre intento mirar a otro sitio, evidentemente no queria ver lo que ?ora tenia en las manos. Ella lo abrio y le mostro el contenido-. Es oro, Magnus -dijo-. Monedas de oro -inesperadamente, el anciano dio un manotazo al monedero, quitandoselo a ?ora de las manos, y las monedas salieron volando por todas partes. Algunas cayeron en el regazo del anciano y fue como si hubieran sido ardientes ascuas de lava. El hombre se revolvio, haciendo ruidos e intentando quitarse las monedas de encima.
Maria se levanto de un salto e hizo lo posible por tranquilizarle. Entre las dos consiguieron retirar las monedas. Solo entonces Magnus se calmo un poco.
– Sangre -dijo-. Dinero de sangre.
– ?Sangre? -dijo ?ora, que sabia que su tiempo se estaba agotando-. ?Murio alguien, Magnus? ?Murieron cuatro hombres?
Magnus dejo de revolverse y la miro; su aspecto era horrible.
