?ora carraspeo.

– Y ese, ?a que grupo pertenece? -pregunto senalando la fotocopia del tatuaje Love Sex que Bella habia tomado prestada.

El hombre miro a ?ora con desprecio.

– Eso es una pasada, tia.

?ora queria estar a buenas con aquel hombre, de modo que prefirio no malgastar palabras para corregir su expresion: ella no era su tia.

– ?Y te acuerdas aunque hayan pasado seis meses desde que lo grabaste? -pregunto, sin saber con seguridad el verbo que se utilizaba para los tatuajes-. No veo ninguna foto de ese tatuaje en las paredes -anadio finalmente, aunque fuera imposible excluir que hubiera una foto de ese tatuaje concreto metida en algun sitio.

– Yo no me dedico a colgar esas cosas en las paredes, igual que no lo hago con los cientos de maripositas que se han ido poniendo las chicas en todos estos anos -dijo el hombre, encogiendo los labios en una expresion de asco por las mariposas y otras gilipolleces semejantes-. Si tuviera que decir que me parece mas pasado, si las maripositas o esa barbaridad, te diria que el tattoo de Love Sex. Es lo mas fuerte que he hecho nunca. Esa chica esta majara, no tiene nada en el coco.

?ora sonrio para si, pues ella se habia hecho el mismo juicio sobre el un poco antes.

– ?Te explico por que se lo queria poner, lo que significaba?

– No -dijo el hombre-. Tampoco se lo pregunte. Intente quitarle esa idea de la cabeza, pero ella no me hizo ni puto caso. Y eso que perdi el tiempo ensenandole otras estampas mucho mas guapas, pero fue como echarle maripositas a un cerdo.

?ora estuvo a punto de explicarle que lo que no hay que echar a los cerdos son margaritas, no maripositas, pero se contuvo.

– ?Vino por aqui una mujer llamada Alda ?orgeirsdottir a pedirte la misma informacion? -pregunto en vez de corregirle-. Era enfermera.

El hombre asintio con la cabeza.

– Como ya le dije a esta… -senalo a Bella-, es fuerte que varias personas quieran hablar conmigo de esa barbaridad. No ha habido las mismas reacciones que por los tattoos de los que estoy realmente orgulloso. Si quereis que os lo haga a vosotras, la respuesta es no.

– ?Alda tambien queria hacerse el mismo tatuaje? -pregunto ?ora, muy extranada.

– No -respondio el hombre con una sonrisa. Se vio un destello en sus grandes dientes, amarillentos por el tabaco-. La otra tia queria saber si el tattoo se habia hecho aqui y en cuanto le dije que si se empeno en saber cuando.

– ?Y pudiste proporcionarle esa informacion? -pregunto ?ora.

– Si, claro -respondio el hombre-. Tengo un fichero con esas cosas, asi que lo mire. La tia estaba tan interesada que no pude decirle que no. Me conto que estaba haciendo una investigacion para el servicio de urgencias, y que este asunto tenia su importancia -el hombre apago el cigarrillo, que estaba quemado ya hasta el filtro-. Anadio que la investigacion esa no tenia nada que ver conmigo ni con mi trabajo, aunque era lo logico, pues yo tengo mucho cuidado con todo lo de la higiene.

– Te creo -dijo ?ora, prefiriendo no mirar las manchas que adornaban el chaleco de cuero negro-. ?Hace mucho tiempo que llamo?

– No, no tanto -respondio el hombre-. Unas pocas semanas, quiza dos meses, como mucho. Dijo que antes habia estado buscando el origen del tattoo por otros sitios porque no sabia de la existencia de mi estudio; es que no salgo en las paginas amarillas. Hacia poco que le habia hablado de mi un chico que queria que le quitasen un tattoo que le habia hecho yo -volvio a encoger la nariz-. Menudo idiota.

– Tal vez puedas darnos tambien a nosotras esa misma informacion -sugirio ?ora-. Tampoco nosotras la utilizaremos en contra tuya.

– Dejadme mirar un momento cuando se hizo el tattoo -dijo el hombre con una sonrisa-. Por lo demas, a mi me es igual. Bueno, si lo encuentro rapido; acabo de cerrar y me gustaria irme a casa.

Lo mismo podia decirse de ?ora.

Capitulo 33

Lunes, 23 de julio de 2007

Soley se habia quedado dormida en el regazo de su madre. ?ora acaricio el pelo de su hija mientras cogia el mando a distancia y apagaba el televisor. El programa que habia dormido a la pequena iba encaminando tambien a ?ora hacia el mundo de los suenos. Bostezo, coloco un cojin debajo de la cabeza de la nina y la arropo. Soley murmuro algo, pero no se desperto. ?ora cogio los documentos que se habia llevado de la oficina. Despues de volver del salon de tatuajes, ?ora preparo a toda prisa algo para la cena: puso agua a hervir y echo pasta precocinada. Su hijo Gylfi desaparecio despues de la cena, se fue a casa de la madre de su hijo, donde pensaba pasar el resto de la tarde con ella y Orri. ?ora y Soley se quedaron solas. Se instalaron en el sofa cuando Soley termino sus deberes, pero los programas de la television eran tan interesantes que la nina se durmio en la primera parte de la velada.

?ora se instalo en un sillon al lado del sofa y miro la primera pagina, en la que figuraba el nombre de la chica que habia echado a perder las artes del tatuador: Halldora Dogg Einarsdottir, 26 de febrero de 2007. Ese era el dia en que fue alli la muchacha para hacerse el tatuaje, segun el dueno del salon. Aquello no le decia nada a ?ora, de modo que busco a la chica en el censo. Habia nacido en 1982, asi que tenia veinticinco anos de edad cuando fue al salon. Su nombre le resultaba familiar, por lo que ?ora la busco en Internet, pero no encontro nada.

– ?Que interes podia tener Alda por aquella chica?

?ora imagino que seria por el tatuaje en si. Bien podria tratarse de algo de su trabajo en la clinica de estetica, o motivos personales que ?ora fue incapaz de adivinar, por mucho que lo intento. Tampoco se imaginaba la relacion que podia tener aquella chica con el asesinato de Alda, aunque algo le decia que tal conexion existia. Naturalmente, habia una via facil de averiguarlo, y de saber si la chica y Alda se conocian. A lo mejor resultaba que era ella la persona que ?ora habia estado intentando localizar por activa y por pasiva: la persona a la que Alda habia confiado el secreto de la caja con la cabeza. ?ora miro su reloj y vio que eran las nueve y media, y que no era demasiado tarde para una llamada telefonica. Busco el numero en la guia telefonica y marco.

– ?Diga! -la voz era juvenil, aunque en realidad de una forma un tanto forzada, como si la muchacha intentara parecer una nina.

– Hola. ?Halldora Dogg Einarsdottir? -pregunto ?ora.

– Soy yo -la voz seguia siendo desagradablemente parecida a la de una nina.

?ora se presento y pregunto si podia hacerle unas cuantas preguntas, porque su nombre habia salido a relucir en un caso relativo a un cliente de ella.

No se oyo nada al otro lado, pero cuando la muchacha volvio a hablar, la voz sonaba mucho mas adulta.

– ?De que caso se trata? -pregunto; toda la alegria de su voz habia desaparecido.

– Un caso criminal -respondio ?ora-. Como te digo, tu nombre ha aparecido en relacion con el, y querria tener la ocasion de hacerte unas preguntas que espero puedan explicar tu conexion con la persona asesinada.

– ?A quien han asesinado? -pregunto la muchacha. El asombro era manifiesto. Y anadio, un poco nerviosa-: Yo no he matado a nadie.

– Perdona si no me he expresado con claridad -dijo ?ora-. Tu no eres sospechosa, y ademas yo no trabajo para la policia. Sencillamente, estoy intentando excluir que tu tengas cualquier clase de conexion con este caso. Seria totalmente absurdo insinuar que estes involucrada de cualquier modo en un crimen.

– ?Has dicho que eres abogada? -pregunto la chica, cuya voz sonaba todavia cautelosa-. ?Trabajas para Adolf? -su voz termino en un grito.

– No, que va -dijo ?ora, sin saber si debia decir que conocia el nombre o no. Prefirio no correr riesgos-. El hombre para el que trabajo se llama Markus.

– No conozco a ningun Markus -dijo la muchacha, molesta-. ?Estas segura de que no trabajas para Adolf?

– Completamente -dijo ?ora. Decidio entrar directamente en el asunto que la habia hecho llamar-. ?Conocias

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