a una mujer llamada Alda ?orgeirsdottir? -le respondio un largo silencio acompanado de la pesada respiracion de la muchacha, y ?ora opto por repetir la pregunta para asegurarse de que la chica la habia comprendido bien. La chica tomo aire con tanta fuerza que se la oyo perfectamente inspirar. Luego respondio, y era evidente que la pregunta la habia afectado:

– ?Como te atreves a mentirme? Los abogados no pueden mentir.

?ora no comprendio la retahila de reproches que siguio a estas palabras.

– ?No seria mas facil responder simplemente si o no? -pregunto ?ora-. No te he mentido, si eso es lo que piensas.

– Claro que trabajas para Adolf-solto la muchacha-. Lo sabia -anadio con tono victorioso-. Te voy a denunciar.

– ?Denunciarme? -pregunto ?ora, extranada-. Creo que aqui hay una confusion -no queria que la chica pensara que temia sus amenazas-. Lo unico que intento saber es si conocias a Alda ?orgeirsdottir o si oiste mencionar su nombre alguna vez.

Paso un breve rato hasta que la muchacha respondio. ?ora supuso que estaria pensando si era mejor decir que si o que no, o simplemente colgar. Evidentemente, aquel nombre habia hecho sonar una campanita.

– Se quien es -dijo la chica, de pronto al borde de las lagrimas.

– ?Puedes decirme cuando o como la conociste u oiste hablar de ella? -pregunto ?ora, contenta de haber encontrado por fin una salida para aquella extrana conversacion.

– No -respondio la muchacha-. No quiero hablar de eso.

?ora se quedo atonita. Pero ?a que venia eso?

– ?Tuvo algo que ver con tu tatuaje Love Sex?

Volvio a responderle el silencio. Y la chica colgo el telefono.

?ora dejo a un lado el grueso monton de documentos. Estaba ya hasta la coronilla de lo que parecia una enumeracion infinita de todos los objetos posibles e imposibles encontrados en las casas excavadas en Heimaey. Aun no habia conseguido identificar nada que pudiera tener importancia para el caso de Markus, con la excepcion de un gran numero de botellas de vidrio rotas encontradas en las casas de Kjartan y Da?i, en el garaje del primero y en el trastero del segundo. ?ora imagino que seguramente habrian estado intentando borrar las huellas del contrabando de alcohol en un momento de nerviosismo, al ver que el cerco de la policia se iba cerrando sobre ellos. La lista no incluia la casa de Markus, pues todavia tenian que vaciarla, pero ?ora no habia visto alli botellas ni rotas ni enteras. Eso no significaba nada, las botellas podian haberlas escondido en las partes de la casa que aun no habia visto. Pero lo dudaba mucho. Kjartan parecio muy convincente cuando le aseguro que Magnus no estaba involucrado en ese asunto. Sintio una punzada de dolor en los hombros. Tuvo que levantarse y estirarse.

?ora paseo por el salon moviendo los brazos en arco para activar la circulacion sanguinea. Claro que no sabia si aquello funcionaria, pero esperaba que pudiera servir de algo. Lo que es indudable es que era aburridisimo y agotador. Volvio a sentarse y cogio un papel que habia en la mesa del sofa. En el habia escrito el nombre y el numero de telefono de la abogada del caso de violacion de Adolf. El juicio estaba a la vuelta de la esquina, y ?ora habia entrado en la pagina de acceso restringido del Tribunal de Distrito de Reikiavik para buscar el nombre del abogado. Lo habia hecho con la esperanza de conocerle para poder averiguar algo sobre la posible relacion entre el asesinato de Alda y la violacion. Aunque Markus ya no parecia sospechoso del asesinato de su amor de juventud, habia algo que le decia a ?ora que ambos casos estaban relacionados. Afortunadamente, reconocio el nombre de la abogada, habian estado en el mismo curso en la Facultad de Derecho. A cambio, estaba resultando muy complicado hablar con ella, porque cada vez que llamaba estaba comunicando. Habia empezado a creer que el numero no era correcto, pero decidio hacer un ultimo intento antes de que se hiciera demasiado tarde.

Contesto el marido de la abogada, que suspiro pesadamente antes de pronunciar su nombre en voz alta. El golpe que sono a continuacion indicaba a las claras que habia dejado el telefono sin demasiado cuidado.

Al poco ?ora oyo que volvian a coger el telefono.

– Svala -dijo una voz femenina con cansancio.

– Hola, soy ?ora -respondio-. De la Facultad de Derecho -anadio para mayor precision.

– Anda, hola -dijo la mujer, ahora con la voz mas alegre-. Me alegra saber de ti. ?Cuanto hace desde que nos vimos por ultima vez?

– Puf -respondio ?ora intentando, sin exito, hacer memoria-. Demasiado -intercambiaron algunas historias sobre lo que les habia pasado en ese tiempo, y luego ?ora entro en materia-: Lo cierto es que te llamo por otro asunto -dijo ?ora-. Desgraciadamente, nunca hablamos con nadie excepto por asuntos de trabajo. Estoy trabajando en un caso bastante raro y en ese contexto ha salido a relucir el nombre de tu cliente.

– Ah -dijo Svala-. ?De quien? Porque tengo varios, a decir verdad.

– Adolf Da?ason-respondio ?ora-. Aunque la conexion es bastante peculiar, como otras muchas cosas de este caso; se trata, entre otras cosas, de un tatuaje que tiene una joven llamada Halldora Dogg Einarsdottir. La llame hace un rato y se llevo un buen susto; estaba convencida de que yo trabajaba para Adolf.

– ?Y que caso es ese en el que estas trabajando? -pregunto Svala, pronunciando muy rapidamente las palabras-. ?No sera el de la enfermera?

?ora dijo que asi era.

– Mi cliente esta en prision provisional por su asesinato, asi como por el hallazgo de unos cuerpos en las Vestmann. La enfermera en cuestion parece que estaba interesada en Adolf y en ese tatuaje. Eso me llevo hasta la tal Halldora Dogg. ?No tendre la suerte de que puedas explicarmelo tu? Estoy en un punto muy dificil del caso y me temo que si no se soluciona las consecuencias seran bastante negativas para mi cliente.

Svala chasqueo la lengua.

– De tatuajes no se nada -dijo-. Pero si se algunas cosas sobre la enfermera y Halldora Dogg -respiro hondo-. Halldora acuso a Adolf de violacion. El mantiene su inocencia, y aunque lo cierto es que ya tengo a mis espaldas muchos casos parecidos a este, y todos los acusados aseguran siempre que son inocentes, tengo la sensacion de que este hombre dice la verdad. No vayas a pensar que es un angelito, todo lo contrario. Adolf es de lo mas desagradable, pero eso no quiere decir que sea un delincuente. Sin embargo lo cierto es que seguramente le condenaran, porque la chica es de lo mas convincente. Encima, parece que alguien le hizo tomarse unas pildoras del dia siguiente para evitar un embarazo, y ha aparecido un testigo que afirma que las compro para Adolf, y mas de una vez. Sera dificil que el juez se trague que compro esas pastillas con un objetivo decente. El hombre en cuestion es soltero.

– ?Y donde entra Alda en este asunto? -pregunto ?ora-. ?Le dio ella los medicamentos?

– No, no -respondio Svala-. Adolf y ella no se conocian. Fue ella la que atendio a Halldora cuando finalmente aparecio por el hospital para que la vieran. La tal Alda estaba alli y hablo con la chica, como una especie de consejera, y entre otras cosas le ofrecio ayuda para superar el shock. El testimonio de Alda era tremendamente danino para Adolf. Desmontaba nuestra argumentacion de que la sinceridad de la chica resulta dudosa en virtud del tiempo transcurrido desde que se produjo la presunta violacion hasta que informo de ella. Pero resulta que Alda hizo ante la policia una declaracion en la que puso de relieve que es normal y habitual que las victimas de una violacion no se presenten enseguida a poner la denuncia. Por eso, ella no figuraba entre los testigos que yo pensaba convocar al juicio.

– En eso puedes estar tranquila -dijo ?ora-. No testificara.

– Ese es el asunto -dijo Svala-. Porque de pronto cambio de opinion. Me llamo y me dijo que queria reunirse conmigo, porque disponia de una informacion que exculparia a Adolf de aquella acusacion.

– ?De que se trataba? -pregunto ?ora.

– No tengo ni idea -dijo Svala, decepcionada-. Murio, o la mataron, mas exactamente, antes de que pudieramos vernos. No quiso decirmelo por telefono y fijamos la reunion para el dia siguiente. Fue de lo mas misteriosa y, por desgracia, al final no pude enterarme.

– ?Que le preguntaste?

– Me quede tan desconcertada cuando llamo que realmente no sabia que hacer. Al principio se me ocurrio que se habia vuelto loca, y no tenia nada claro si deberia hablar con ella. Naturalmente, intente sacarle de que iba aquella informacion, pero al no conseguir nada intente averiguar el motivo de su cambio de opinion. Era un giro de ciento ochenta grados, porque esa mujer se mostro de lo mas dura con Adolf en su declaracion ante la policia. Anormalmente dura, incluso.

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