cambiado de nuevo la hora de emision, asi que me he perdido el parte local. Pero hara mas frio en Norrland, asi que seguramente aqui tambien. -Dio un desconfiado vistazo al barometro que habia junto a la estanteria y luego miro por la ventana el arbol sin hojas, y anadio-: Este ano tendremos un invierno duro, frio y anticipado. Se puede ver en la claridad con que brillan las estrellas por la noche, sobre todo la Osa Mayor. Y tambien por el verano.

– ?El verano?

– Un verano humedo significa un invierno riguroso -contesto el-. Eso lo sabe todo el mundo.

– Yo no -reconocio Tilda-. Pero ?eso es importante para nosotros?

– Si, claro. Un invierno largo y duro influye en muchas cosas. La navegacion por el Baltico, por ejemplo. El hielo retrasa los barcos y las ganancias son menores.

Tilda entro en la habitacion y vio los recuerdos de la epoca marinera de Gerlof. De las paredes colgaban fotografias de sus barcos en blanco y negro, las placas con el nombre de los mismos estaban relucientes y los documentos de navegacion enmarcados. Tambien tenia pequenas fotografias de sus difuntos padres y esposa.

«El tiempo no transcurre aqui dentro», penso Tilda.

Se sento frente a el y coloco la grabadora sobre la mesa del cafe. Despues conecto el cable con el microfono de mesa.

Gerlof lo miro del mismo modo en que habia mirado el barometro. La grabadora no era grande, y Tilda observo como el desviaba la mirada desde el aparato hasta ella.

– Entonces, ?solo vamos a hablar? -pregunto-. ?De mi hermano?

– Entre otras cosas -respondio Tilda-. Es sencillo, ?no?

– Pero ?por que?

– Bueno, para conservar los recuerdos y las historias… antes de que desaparezcan -dijo ella, y enseguida anadio-: Viviras muchos anos mas, Gerlof. No me referia a eso. Quiero grabar para estar segura. Papa no me conto gran cosa del abuelo antes de morir.

El asintio.

– Podemos hablar. Pero cuando se graban las cosas, uno tiene que tener cuidado con lo que dice.

– No te preocupes -contesto Tilda-. Siempre podemos borrar la cinta.

Gerlof habia aceptado la grabacion casi sin pensarlo cuando ella lo llamo en agosto y le conto que se mudaria a Marnas, pero ahora parecia que la grabadora lo inquietara.

– ?Esta encendida? -pregunto en voz baja-. ?La cinta esta rodando?

– No, todavia no -respondio Tilda-. Ya te avisare.

Pulso el boton de grabacion, controlo que la cinta empezara a girar y asintio con la cabeza alentando a Gerlof.

– Bien…, entonces comenzamos. -Tilda se irguio y le parecio que, al hacerlo, su voz adquiria un timbre mas tenso y solemne-. Soy Tilda Davidsson y me encuentro en Marnas con Gerlof, el hermano de mi abuelo Ragnar, para hablar de la vida en Marnas de nuestra familia…, y la de mi abuelo.

Gerlof se inclino hacia el microfono y la corrigio con voz clara:

– Mi hermano Ragnar no vivia en Marnas. Vivia junto al mar, a las afueras de Rorby, al sur de Marnas.

– En efecto, Gerlof… ?Que recuerdos guardas de Ragnar?

El dudo unos segundos.

– Muchos buenos recuerdos -dijo por fin-. Durante los anos veinte, pasamos la infancia juntos en Stenvik, pero despues elegimos oficios completamente distintos…, Regnar se compro una pequena casa y se convirtio en campesino y pescador, y yo me mude a Borgholm y me case. Y compre mi primer barco.

– ?Os veias con frecuencia?

– Bueno, cuando regresaba a casa despues de una temporada en el mar, un par de veces al ano. En Navidad y en alguna ocasion durante el verano. Generalmente, Ragnar venia a la ciudad para visitarnos.

– ?Entonces celebrabais una fiesta?

– Si, sobre todo en Navidad.

– ?Como era?

– Eramos muchos, pero era divertido. Comiamos muchisimo. Arenques, patatas, jamon, pies de cerdo y kroppkakor. Y Ragnar, por supuesto, siempre traia anguilas, ahumadas y encurtidas, y grandes cantidades de bacalao remojado…

Cuanto mas hablaba, mas se relajaba. Y Tilda tambien.

Siguieron charlando durante media hora. Pero tras contar una larga historia sobre un incendio en un molino de Stenvik, Gerlof alzo la mano hacia ella y la agito debilmente. Tilda comprendio que estaba cansado y apago enseguida la grabadora.

– Muy bien -dijo-. Te acuerdas de muchisimas cosas, Gerlof.

– Si, aun recuerdo las historias familiares, las he oido tantas veces. Contar historias es bueno para la memoria. -Miro la grabadora-. ?Crees que se ha grabado algo?

– Si, claro.

Tilda rebobino y pulso el boton de play. La voz grabada de Gerlof sonaba apagada, un poco temblorosa y monotona, pero se oia claramente.

– Bien -dijo el-. Sera algo que los investigadores de la cultura popular podran escuchar.

– Es sobre todo para mi -replico Tilda-. Yo no habia nacido cuando el abuelo se ahogo, y a papa no se le daba bien contar historias de la familia. Asi que siento curiosidad.

– Eso pasa con los anos. Cuando uno tiene mas pasado a sus espaldas empieza a interesarse mas por sus raices -dijo Gerlof-. Lo he notado tambien en mis hijas… ?Cuantos anos tienes?

– Veintisiete.

– ?Y ahora vas a trabajar en Oland?

– Si. Mi ano de practicas ha terminado.

– ?Cuanto tiempo te quedaras?

– Ya veremos. Por lo menos hasta el proximo verano.

– Fantastico. Esta bien que los jovenes vengan aqui y encuentren trabajo. ?Y vives aqui, en Marnas?

– Tengo un estudio en un edificio de la plaza. Desde el se divisa la costa sur…, casi puedo ver la casa del abuelo.

– Ahora es propiedad de otra familia -dijo Gerlof-, pero podemos ir a visitarla. Y tambien mi casa de Stenvik, claro.

Tilda abandono la residencia de Marnas a las cuatro y media pasadas, con la grabadora en la mochila.

Despues de que se hubiese abrochado la chaqueta y hubiese entrado en el camino que conducia al centro de Marnas, paso un joven con una ruidosa motocicleta azul claro. Tilda nego con la cabeza, mirandolo, para mostrarle lo que pensaba de la gente que conducia demasiado rapido, pero el ni la miro. Se habia alejado en menos de veinte segundos.

En otro tiempo, Tilda creia que los quinceaneros con moto eran el no va mas. Hoy dia le parecian mosquitos: pequenos e irritantes.

Se ajusto la mochila y emprendio el camino a Marnas. Penso pasar por el trabajo, aunque en realidad no empezaba hasta el dia siguiente, y luego continuar hasta su apartamento y seguir desembalando. Y llamar a Martin.

El petardeo del motor no se habia apagado del todo tras ella, y ahora volvia a aumentar. El joven motociclista habia dado la vuelta en algun lugar junto a la iglesia y regresaba al pueblo.

Esta vez, se vio obligado a adelantar a Tilda por la acera. Redujo un poco la velocidad, pero luego acelero al maximo e intento pasarla. Ella clavo la mirada en el y se interpuso en su camino. La motocicleta se detuvo.

– ?Que pasa? -la increpo el muchacho por encima del estruendo del motor.

– No se puede circular en moto por la acera -contesto ella alzando tambien la voz-. Es conduccion indebida.

– Si, claro. -El muchacho asintio-. Pero se va mas deprisa por aqui.

– Y tambien puedes atropellar a alguien.

– Vaya -respondio el chico, y le lanzo una mirada de hastio-. ?Vas a llamar a la policia?

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