– No. Pero tiene casi tu edad.
El nino asintio. Volvio a frotarse la nariz y se decidio a entrar.
– Solo un rato. Pronto comeremos.
Recogio la pelota y desaparecio detras de una esquina de la casa.
Joakim cerro la ventana y salio de la habitacion.
– ?Livia y Gabriel! -grito-. Tenemos visita.
Pasaron unos segundos, luego aparecio su hija con Foreman en la mano.
– ?Que?
– Hay alguien que quiere conocerte.
– ?Quien?
– Un nino.
– ?Un nino? -Livia abrio los ojos-. No quiero verlo. ?Como se llama?
– Andreas. Vive en la granja de al lado.
– Pero ?yo no lo conozco, papa!
Habia panico en su voz, pero antes de que Joakim pudiera decir algo sensato sobre las ventajas de conocer gente nueva, se abrio la puerta de la calle y el nino entro en el recibidor. Se quedo parado sobre la alfombrilla.
– Pasa, Andreas -dijo el-. Quitate el gorro y el abrigo.
– Vale.
Hizo lo que le decia y dejo la ropa tirada en el suelo.
– ?Habias estado ya en esta casa?
– No. Siempre esta cerrada.
– Ya no, ahora esta abierta. Nosotros vivimos aqui.
Andreas miro a Livia y ella le devolvio la mirada, pero no se saludaron.
Gabriel observaba con timidez desde su habitacion, pero tampoco dijo nada.
– He ayudado a recoger las vacas -explico el nino al cabo de un rato, y echo un vistazo alrededor-. De la dehesa de aqui al lado.
– ?Hoy? -inquirio Joakim.
– No, la semana pasada. Ahora tienen que quedarse dentro. Si no se moririan de frio.
Livia seguia mirandolo con curiosidad, pero sin participar en la conversacion. Joakim tambien habia sido timido de pequeno, seria una pena que ella heredase ese rasgo de su caracter.
– Podeis jugar a la pelota -dijo entonces-. Se de un cuarto perfecto para eso.
Empezo a andar por la casa y los ninos lo siguieron. En el salon, que aun estaba sin amueblar, solo habia un par de sillas y algunas cajas de carton.
– Aqui podeis jugar -dijo, y coloco tres cajas de carton ante la ventana como proteccion.
Andreas dejo caer su pelota de plastico, regateo con cuidado y a continuacion chuto hacia Livia. El polvo se arremolino creando una fina nube gris.
Livia le dio una patada a la pelota, pero fallo. Gabriel la persiguio sin alcanzarla.
– Paradla primero con el pie -les explico Joakim a su hijos-. Asi la podreis controlar.
Livia lo miro enfadada, como si no aceptara consejos. Despues, se dio la vuelta deprisa y atrapo la pelota con los pies en un rincon de la habitacion; a continuacion, le dio un fuerte puntapie.
– Buen disparo -dijo Andreas.
Vaya forma de flirtear, penso Joakim, pero Livia sonrio satisfecha.
– Ponte alli -pidio entonces el nino, y senalo la otra puerta, en la pared de enfrente-, asi podremos tirar a gol.
Livia corrio hacia la puerta doble, y Joakim abandono el salon y regreso al empapelado. Oyo botar la pelota.
– ?Gol! -grito Andreas, y Livia y Gabriel aullaron con voz chillona antes de que los tres rompieran a reir.
A Joakim le gustaron los alegres chillidos y carcajadas que resonaban por la casa. Muy bien; habia conseguido un amigo para sus hijos.
Metio la brocha en el bote de cola, lo revolvio unas cuantas veces y luego se puso manos a la obra en otra pared. Pego tira tras tira, y la habitacion fue cambiando de color, volviendose poco a poco mas clara. Aliso las burbujas del papel y elimino la cola restante con una esponja humeda.
Cuando apenas le quedaba por cubrir una franja de mas o menos un metro, se dio cuenta de que ya no se oian las voces de los ninos.
En la casa, el silencio era absoluto.
Joakim se bajo de la escalera y aguzo el oido.
– ?Livia? -grito-. ?Gabriel? ?Quereis un zumo? ?Y galletas?
No hubo respuesta.
Escucho un rato mas y luego salio de la habitacion y avanzo por el pasillo en direccion al salon. Pero a medio camino miro a traves de la ventana, hacia el patio interior, y se detuvo.
La puerta del establo estaba entornada.
Antes estaba cerrada, ?no?
Luego vio que el abrigo y el gorro de Andreas Carlsson habian desaparecido del suelo.
Joakim se puso la chaqueta y unas botas y salio al patio.
Los ninos debian de haber abierto la pesada puerta juntos. Quiza tambien se habian adentrado en la oscuridad.
Joakim se acerco y se detuvo en el umbral del establo.
– ?Hola?
Nadie respondio.
?Jugaban al escondite? Camino por el suelo de piedra y percibio el olor a heno viejo.
Katrine y el habian pensado convertir el establo en una galeria de arte en el futuro, cuando hubieran retirado el heno, los excrementos y todo rastro de animales.
De nuevo estaba pensando en Katrine, a pesar de que no deberia hacerlo. Pero se acordo de que la manana del mismo dia en que se habia ahogado, la habia visto salir del establo. Parecia avergonzada, como si el la hubiera sorprendido haciendo algo que no debia.
Nada se movia alli dentro, pero a Joakim le parecio oir chasquidos o crujidos, ruidos de pasos que procedian del altillo.
Una estrecha y empinada escalera conducia a el; se agarro a la barandilla y empezo a subir.
Llegar alli desde los pasillos oscuros y las cuadras de abajo era como entrar en una iglesia, penso Joakim. En el altillo solo habia un gran espacio donde antano se secaba el heno -distribucion diafana, como solian llamarlo las inmobiliarias- y un techo puntiagudo que se elevaba en la oscuridad. A un metro por encima de su cabeza vio unas gruesas vigas de madera.
A diferencia del piso superior de la casa, alli era imposible perderse, aun cuando resultara dificil avanzar entre toda la basura acumulada en el suelo.
Pilas de periodicos, macetas, sillas rotas, viejas maquinas de coser: el altillo del heno se habia convertido en un vertedero. Habia tambien un par de ruedas de tractor, tan altas como un hombre, apoyadas contra la pared. ?Como las habrian subido hasta alli?
Al ver el desorden, de repente recordo que habia sonado que veia a Katrine en aquel lugar. Pero en su sueno el suelo estaba limpio y ella le daba la espalda, de pie junto a la pared del fondo. Joakim tenia miedo de acercarse a su mujer.
El viento invernal producia un debil susurro al atravesar el tejado del granero. No le acababa de gustar encontrarse solo en aquel sitio tan frio.
– ?Livia? -llamo.
La unica respuesta fue el crujido del suelo de madera. Quiza los ninos se habian ocultado en la oscuridad, seguro que lo espiaban desde las sombras, que se escondian de el.
Miro a su alrededor y aguzo el oido.
– ?Katrine? -dijo en voz baja.
