Tommy no dijo nada, apenas asintio, y fue el primero en cruzar el umbral. Henrik fue a seguirlo y, al darse la vuelta, vio a Freddy justo detras.
Algo no iba bien: tres hombres dentro de la casa eran demasiados. Le indico a Freddy que se quedara fuera, de guardia, pero este nego con la cabeza. A continuacion, traspaso el umbral.
Tommy abrio la siguiente puerta, y desaparecio en el interior. Henrik lo siguio.
Se encontraron en un amplio recibidor a oscuras. Alli dentro hacia calor; los jubilados eran una raza de frioleros, penso Henrik, y siempre ponian la caldera al maximo.
El suelo estaba cubierto por una alfombra persa granate que silenciaba sus pasos y un enorme espejo con marco dorado colgaba de una de las paredes.
Henrik se detuvo. Una abultada cartera reposaba sobre la mesa de marmol, debajo del espejo. Alargo la mano con rapidez y se la guardo en el bolsillo del anorak.
Al levantar la vista, se vio reflejado de medio cuerpo; una figura encogida, con ropa tan oscura como el pasamontanas que le cubria la cabeza, y con una mochila a la espalda.
«Ladron», penso. Oyo la voz de su abuelo Algot en su cabeza. Era culpa del pasamontanas: cualquiera pareciera mas peligroso con el.
En el recibidor habia tres puertas, dos de ellas estaban entornadas. Tommy se detuvo delante de la del medio. Escucho, nego con la cabeza y decidio abrir la de la derecha.
Henrik lo siguio. Oyo la respiracion y los pesadas pasos de Freddy tras el.
La puerta daba a un salon: una estancia con varias mesitas de madera repletas de baratijas. Parecian objetos de poco valor, pero sobre una de ellas habia un gran jarron de cristal de Smaland. Henrik lo metio en la mochila.
– ?Henke?
Tommy lo llamo en susurros desde el otro extremo del salon. Henrik vio que habia abierto una comoda, sacado los cajones y hecho un gran descubrimiento: hileras de cubiertos de plata y una docena de servilleteros de oro. Collares y broches, incluso varios fajos de billetes de cien, asi como billetes extranjeros.
Un tesoro escondido.
Vaciaron la comoda entre los dos sin decir nada. La cuberteria tintineo debilmente, y Henrik cogio unas cuantas servilletas para amortiguar el ruido.
Las mochilas ya estaban repletas, y pesaban.
?Algo mas que pudiera cambiar de dueno?
Las paredes estaban cubiertas de cuadros, aunque eran demasiado grandes. Henrik vio un objeto alto y delgado ante una ventana. Se acerco.
Era una vieja lampara de cristal y madera lacada, de unos treinta centimetros de alto y quince de ancho. Interesante. Si ningun perista la queria, quedaria bien en su apartamento. Enrollo un mantel alrededor de la lampara y la metio en la mochila.
Ya tenian de sobra.
Al regresar al recibidor, no vio a Freddy. ?Habria entrado en la casa?
Una puerta se entreabrio -era la de la cocina, y Henrik estaba tan seguro de que se trataba de Freddy que ni siquiera volvio la cabeza-, cuando de repente noto que Tommy contenia la respiracion.
Henrik se volvio y vio un duende de pelo cano de pie en el umbral.
El hombre llevaba un pijama marron y unas gruesas gafas.
«Joder. Nos han vuelto a pillar.»
– ?Que haceis?
Un pregunta estupida que no obtuvo respuesta. Pero Henrik vio a Tommy inmovil a su lado, como un robot preparado para atacar.
– Voy a llamar a la policia -dijo el propietario.
–
Tommy se puso manos a la obra. Le sacaba una cabeza al hombre y lo empujo al interior de la cocina.
–
El viejo perdio las gafas al tropezar en el umbral de la puerta y se cayo al suelo. Solo acerto a emitir un prolongado bufido.
Tommy lo siguio, armado con un objeto afilado. Un cuchillo o un destornillador.
– ?Ya vale!
Henrik se apresuro a frenar a Tommy, pero tropezo con una jarapa y piso al anciano con la bota, en toda la mano. Se oyo un crujido.
– ?Venga, vamonos! -grito alguien, quiza el mismo.
– ?Habla en ingles! -le espeto Tommy.
Mientras retrocedia, Henrik tropezo con la mesa de marmol del recibidor. El gran espejo cayo al suelo en una sucesion de choques. Diablos. Todo parecia tan borroso, intenso y espontaneo como en una pista de baile. La situacion estaba fuera de control. ?Y adonde diablos habia ido Freddy?
Entonces oyo una voz mas clara detras de el.
– ?Marchaos de aqui!
Henrik se dio la vuelta. Vio a una mujer de pie junto al hombre caido. Era aun mas menuda que el y parecia aterrada.
– ?Gunnar? -grito, y se agacho-. ?Gunnar, he llamado a la policia!
– ?Vamonos!
Henrik salio huyendo sin mirar si Tommy lo seguia o no. Freddy seguia desaparecido.
Salio al porche, a la noche.
Corrio por la hierba endurecida a causa de la helada, doblo la esquina de la casa y continuo en direccion al bosque. Pequenas ramas le aranaron el rostro, la mochila le desollaba los hombros y no encontraba el sendero; sin embargo, siguio corriendo.
El pie se le engancho en algo y de repente volo por los aires.
Las hojas mojadas y la tierra lo recibieron entre las sombras.
Se golpeo la cabeza con fuerza. La noche se torno borrosa.
Se sentia realmente mal.
Cuando Henrik se desperto, empezo a gatear a cuatro patas. Avanzaba despacio, con la cabeza dolorida. Distinguio una sombra negra que crecia ante sus ojos: una pequena cueva. Se metio en ella y se acurruco. Lo perseguian, pero alli dentro estaria a salvo.
Pasaron varios minutos antes de que se le aclararan las ideas. Levanto la cabeza y miro alrededor.
Silencio. Oscuridad total. ?Donde diablos se habia metido?
Sintio tierra bajo los dedos y comprendio que se habia arrastrado hasta el interior de un viejo sotano recubierto de piedra, en el bosque de la casa parroquial. Era frio y humedo.
Olia a hongos, a moho.
De pronto, se le ocurrio que se encontraba en un viejo cobertizo funerario. Un subterraneo, donde los muertos yacian a la espera de ser enterrados en el cementerio.
Un bicho de largas patas aterrizo de repente sobre su oreja. Una arana somnolienta. La aparto rapidamente con la mano.
Empezo a sentirse encerrado y salio de la cueva arrastrandose despacio. La mochila se le atasco en el techo, pero se puso de lado y se deslizo hasta el suelo congelado.
Aspiro el aire fresco de invierno.
Se puso en pie y camino, alejandose de las luces que brillaban en la casa parroquial entre los arboles. Cuando llego al muro del cementerio, supo que estaba en el camino correcto.
De repente, oyo como se cerraba la puerta de un coche. Escucho.
Un motor arrancaba a lo lejos, en la oscuridad.
Acelero el paso entre los arboles, salio a un ancho sendero y echo a correr. Los arboles se despejaron y diviso la furgoneta de los hermanos Serelius que salia al camino marcha atras.
Se apresuro hacia ella y abrio la puerta lateral.
Freddy y Tommy volvieron enseguida la cabeza, antes de reconocerlo.
