– ?Conduce!
Henrik entro y cerro la puerta. Resoplo cuando el vehiculo comenzo a rodar, y se recosto con el corazon desbocado.
– ?Donde diablos te habias metido? -le pregunto Tommy por encima del hombro.
Respiro hondo y sujeto el volante con fuerza. La tension de la colera agarrotaba sus hombros.
– Me he perdido -respondio Henrik, y se quito la mochila-. He tropezado con la raiz de un arbol.
Freddy se rio para si.
– ?Yo he tenido que saltar por una ventana! -explico-. He caido entre unos arbustos.
– Por lo menos, el botin ha valido la pena -dijo Tommy.
Henrik asintio, apretando los dientes. ?Que pasaria con el anciano al que Tommy habia golpeado? No queria pensar en eso ahora.
– Conduce por la carretera del este -dijo-. Vamos al cobertizo.
– ?Por que?
– La policia pasara por aqui esta noche -contesto-. Cuando atacan a alguien, vienen volando de Kalmar… No quiero encontrarmelos en la carretera nacional.
Tommy suspiro, aunque tomo la salida hacia la carretera de la costa.
Descargar el botin y esconderlo en el cobertizo les llevo apenas media hora, aunque la emocion habia valido la pena. Al regresar a la furgoneta, en la mochila de Henrik ya solo quedaban los billetes y la vieja lampara.
Dieron un rodeo por la carretera de la costa para regresar a Borgholm, pero no se cruzaron con ningun policia. A las afueras de la ciudad, Tommy atropello un gato o un conejo, pero en esa ocasion estaba demasiado cansado para alegrarse.
– Paremos por hoy -dijo Tommy cuando entraron en las calles iluminadas de la ciudad-. Nos merecemos un descanso.
Llegaron al barrio de Henrik. Eran las tres y cuarto.
– De acuerdo -dijo este laconico, y abrio la puerta-. Ademas tenemos que contar el dinero.
No iba a olvidar que los hermanos Serelius habian estado a punto de abandonarlo en el bosque.
– Te llamaremos -dijo Tommy a traves de la ventanilla bajada.
El asintio y se dirigio a su casa.
Una vez alli se miro y se dio cuenta de lo sucio que estaba. El anorak y los vaqueros tenian manchas negras de tierra. Los tiro al cesto de la ropa sucia y bebio un vaso de leche mirando ausente a traves de la ventana.
Sus recuerdos de la casa parroquial eran borrosos y no deseaba avivarlos. Por desgracia, la imagen mas nitida era la mano del anciano que el habia aplastado con la bota. No lo habia hecho a proposito, pero…
Apago la luz y se acosto.
Le resulto dificil conciliar el sueno; le dolia la frente y tenia los nervios de punta, pero finalmente se sumio en la bruma en algun momento cerca de las cuatro.
Un debil golpeteo le desperto un par de horas mas tarde.
Oia repicar contra cristal. Luego silencio.
Levanto la cabeza de la almohada y, desconcertado, escruto la habitacion en penumbra.
Oyo de nuevo el vago repiqueteo. El ruido parecia proceder del recibidor.
Abandono el calor de la cama y se adentro en las sombras tambaleandose y aplicando el oido.
El sonido provenia de la mochila. Tres golpecitos y silencio. Luego otro par de golpes.
Se agacho y abrio la cremallera de la mochila. Dentro tenia la vieja lampara de la casa parroquial, aun envuelta en el mantel.
Henrik la saco.
Supuso que la madera se habria enfriado en la furgoneta, y que ahora se calentaba de nuevo. Esa era la razon del ruido y los crujidos.
Coloco la lampara sobre la mesa de la cocina, cerro la puerta y se acosto de nuevo.
De vez en cuando, le llegaban debiles golpecitos desde la cocina. Resultaban tan irritantes como el goteo de un grifo, pero Henrik estaba tan cansado que aun asi acabo durmiendose.
13
Lo mas importante era no olvidar nunca a Katrine.
Cada vez que Joakim lo hacia, aunque fuera solo un instante, el dolor regresaba inexorable cuando de repente recordaba que ella ya no existia. Por esa razon, intentaba tenerla constantemente en sus pensamientos: justo antes de cruzar la frontera de la pena, pero siempre presente.
El domingo de la tercera semana despues del accidente, salio de excursion con los ninos por los alrededores de la casa. Se dirigieron al oeste, hacia el interior. Joakim sintio la presencia de ludden tras si e imagino que Katrine se habia quedado alli para colocar unas tiras de papel pintado. Enseguida saldria al campo y los alcanzaria.
Era un dia de noviembre ventoso pero soleado, llevaban bollos y chocolate caliente. La mochila de Joakim tenia acoplada una sillita en la que Gabriel se podia sentar si se cansaba, pero la mayor parte del tiempo el nino corrio con Livia por la pradera.
Al llegar a la carretera nacional, les grito que se detuvieran, y luego cruzaron juntos, despues de mirar a ambos lados, como les habian ensenado a hacer a los ninos.
Las ultimas noches, Livia habia dormido mas tranquila y no parecia en absoluto cansada, a diferencia de Joakim, a quien la constante falta de sueno le provocaba una pesada hinchazon detras de los ojos. Ahora que trabajaba de nuevo en la casa, se sentia algo mejor durante el dia, pero las noches todavia le resultaban dificiles. Aun cuando Livia dormia profundamente, el permanecia despierto en la oscuridad, esperando. Escuchando.
A la nina no parecia afectarle hablar en suenos, mas bien al contrario.
Habia empezado a llevar a casa dibujos hechos en la guarderia. Muchos de ellos mostraban a una mujer de pelo rubio que unas veces estaba frente al mar y otras delante de una gran casa roja. En la parte superior solia escribir «MAMA» con letras rudimentarias.
Livia seguia preguntando cada manana y cada noche cuando iba a volver Katrine a casa, y Joakim siempre daba la misma respuesta: «No lo se».
Al otro lado de la carretera nacional se extendia un viejo muro de piedra. Despues de saltarlo, se hallaron ante una extension llana y plomiza de agua alternada con zonas de juncos y matorrales de hierba pajiza. No se podia determinar la profundidad de aquella agua negra y estancada.
– Esto es una cienaga -explico Joakim.
– ?Alguien se podria ahogar aqui? -pregunto Livia.
La nina intento clavar un palo en la charca embarrada, ajena al efecto que su pregunta habia producido en Joakim.
– No…, solo si no supiera nadar.
– ?Yo se nadar! -exclamo ella.
Durante el verano, habia recibido cuatro lecciones de natacion en Estocolmo.
Gabriel grito de repente y luego rompio a reir: se habia quedado atrapado, con las botas de goma hundidas en la hierba, junto al agua. Cuando Joakim tiro de el el suelo embarrado lo solto emitiendo un desilusionado gorgoteo. Dejo a su hijo en el suelo seco, observo el agua negra y recordo de pronto algo que el agente inmobiliario que les enseno ludden les habia contado al pasar junto a la cienaga.
– ?Sabeis que se hacia aqui durante la Edad de Hierro, hace miles de anos? -les pregunto Joakim.
– ?Que? -quiso saber Livia.
– He oido decir que ofrecian sacrificios a los dioses.
– Sacrificios… ?Que es eso?
– Significa que uno da algo que le gusta para recibir otras cosas a cambio -explico Joakim.
– ?Que ofrecian, entonces? -pregunto la nina.
– Plata, oro, espadas y cosas por el estilo. Lo tiraban al agua como un regalo para los dioses.
