Segun el agente inmobiliario, a veces tambien se habian hecho sacrificios de animales y personas, pero esas no eran historias para ninos.
– ?Por que? -inquirio Livia.
– No lo se…, pero seguro que creian que asi los dioses estarian contentos y harian que la vida fuera mas facil para ellos.
– ?Que clase de dioses eran? -siguio preguntando Livia.
– Dioses paganos.
– ?Que es eso?
– Bueno, son… dioses algo malvados -contesto Joakim, que no sabia mucho de mitologia-. Dioses vikingos como Odin y Freya. Y los dioses de la naturaleza, de la tierra y de los arboles. Pero ahora ya no existen.
– ?Por que no?
– Porque la gente ha dejado de creer en ellos -respondio el, y retomo el camino-. Venga, vamos. Gabriel, ?quieres sentarte en la mochila?
El nino nego alegremente con la cabeza y de nuevo echo a correr detras de Livia. Un estrecho sendero de tierra seca corria a lo largo de la cienaga, y lo siguieron hacia el norte. Al acabar la zona pantanosa encontraron campos de cultivo, y mas alla de estos se veia Rorby, con su iglesia blanca alzandose en el horizonte.
A Joakim le hubiera gustado ir mas lejos, pero cuando alcanzaron los campos de cultivo los ninos redujeron notablemente el paso. Se quito la mochila.
– Nos detendremos un rato a comer algo.
Les llevo un cuarto de hora vaciar el termo de chocolate caliente y comerse todos los bollos. Cada uno se sento en una piedra seca. Todo era silencio a su alrededor. Joakim sabia que la cienaga era una zona protegida para las aves, pero ese dia no vieron un solo pajaro.
Tras la pausa, regresaron por la carretera nacional. Joakim eligio un sendero paralelo a esta, que discurria a traves de un pequeno bosque que quedaba al noroeste de ludden. Estaba formado por arboles bajos y matorral, como todos los bosques que habia visto en la isla; sobre todo habia pinos, que se inclinaban levemente hacia el interior, para evitar los fuertes vientos marinos. Entre estos crecia una espesa maleza de avellano y espino blanco.
Bajaron hacia el mar, donde el viento era mas fuerte y frio. El sol se ponia ya en el horizonte y el cielo habia perdido su brillo azulado.
– ?Ahi hay restos de un naufragio! -exclamo Livia cuando casi habian llegado a la playa.
– ?Naufragio! -repitio Gabriel.
– ?Podemos ir alli, papa?
Desde lejos, parecia el casco de un barco, pero al acercarse vieron que no era mas que un monton de viejos tablones partidos. Lo unico que seguia entero era la quilla; una retorcida viga de madera medio enterrada en la arena.
Livia y Gabriel dieron una vuelta alrededor de los restos, pero regresaron decepcionados.
– No se puede arreglar, papa -anuncio Livia.
– No -respondio el-, no hay manera.
– ?Se ahogaron todos los del barco?
A Joakim le dio la impresion de que su hija hablaba constantemente de gente ahogada.
– No, se salvaron -contesto Joakim-. Seguro que los fareros los ayudaron a alcanzar la playa.
Continuaron hacia el sur por la ventosa playa. Las olas rompian en la arena; Livia y Gabriel se aproximaron lo maximo posible sin mojarse. Cuando el agua se acercaba a ellos, saltaban hacia atras entre gritos y risas.
Despues de un cuarto de hora, llegaron al rompeolas que protegia los faros. Livia corrio hacia el por la playa y se subio al primer bloque de piedra.
Por alli paso Katrine hacia apenas tres semanas. Directa por el rompeolas hacia el mar.
– No te subas ahi, Livia -grito Joakim.
Ella se dio la vuelta y lo miro.
– ?Por que no?
– Te puedes resbalar.
– ?Que va!
– Si que puedes. ?Venga, vamos!
Al final, Livia se bajo de las piedras, en silencio y enfadada. Gabriel miro a su hermana y a su padre, inseguro sobre cual de ellos tenia razon.
Pasaron de largo el camino que llevaba a los faros, y a Joakim se le ocurrio una idea para que la nina recuperara el buen humor.
– Quiza podriamos ir a ver uno de los faros -propuso.
Livia volvio la cabeza deprisa.
– ?De verdad?
– Claro -dijo el-, si conseguimos abrir la puerta. Pero se donde hay un llavero.
Echo a andar hacia la casa con los dos ninos pisandole los talones, abrio con la llave la puerta de la cocina y, como de costumbre, contuvo el impulso de llamar a Katrine al entrar.
En unos de los viejos armarios habia una caja de hojalata que les habia dejado el agente inmobiliario, con documentos sobre la historia de la finca. Y tambien un antiguo llavero: una anilla de hierro con una docena de llaves, algunas de ellas, las mas grandes y pesadas que habia visto nunca.
Gabriel preferia quedarse en el interior caldeado, queria ver una pelicula de Pingu el pinguino. Joakim encendio el reproductor de video.
– Ahora volvemos -anuncio.
El nino apenas asintio, cautivado por las imagenes.
Joakim cogio el tintineante llavero y salio de nuevo al frio de fuera con Livia.
– ?Cual prefieres?
Ella recapacito y dijo, senalando:
– Ese. El faro de mama.
Joakim observo la torre norte. Era la que no alumbraba, aunque creia haberla visto iluminada una vez, el amanecer del mismo dia en que Katrine fue al rompeolas.
– De acuerdo -contesto-. Iremos alli.
Asi que se dirigieron al mar por el camino de piedras, y en la bifurcacion se desviaron a la izquierda.
Llegaron al pequeno islote. Frente a la puerta de hierro, habia una roca plana de piedra caliza, tan grande que padre e hija podrian ponerse de pie sobre ella.
– Veamos si podemos entrar, Livia…
Joakim estudio la cerradura y eligio una de las llaves. Cogio la que parecia encajar, pero resulto ser demasiado grande. Pudo meter la segunda llave elegida, pero una vez dentro, no giro.
La tercera tambien encajo, y con esfuerzo, Joakim consiguio hacerla girar, aunque la cerradura se resistio chirriando.
Tiro del picaporte con todas sus fuerzas y la puerta se abrio despacio sobre sus oxidados goznes, pero se quedo atascada tras desplazarse quince o veinte centimetros.
Era por culpa de la piedra pulida. Las olas invernales y el hielo -o quiza la hierba que habia crecido alrededor- habian hecho que la piedra se elevara con el paso de los anos, y ahora la parte inferior de la puerta chocaba con ella.
Joakim tiro hacia arriba de la parte superior de la puerta de acero, logrando que esta se elevara unos centimetros, pero aun asi no llego a abrirse.
Echo un vistazo por la rendija entreabierta con la sensacion de estar mirando dentro de una oscura grieta en la roca.
– ?Que hay dentro? -pregunto Livia tras el.
– ?Huy! -exclamo-. ?Hay un esqueleto en el suelo!
– ?Que?
Volvio la cabeza y sonrio hacia su hija, que tenia los ojos abiertos como platos.
– Es una broma. No se ve gran cosa…, esta muy oscuro.
Se aparto y dejo que Livia mirara.
